Archivo del mes
08/2007
21.08.07
Una de las cosas que más me llama la atención al leer un buen libro de Ciencia Ficción es el marco político en el que se desarrolla.
Atención: post plagadito de spoilers. Si no eres aficionado a la Ciencia Ficción, te parecerá aburrido. Si lo eres, y has leído los textos que cito, tal vez te encante o lo odies. Si no has leído esos libros y planeas hacerlo, joder, date prisa, que no me sobran lectores.
Isaac Asimov en el genio del género. Si dios existiera, su apellido debería ser Asimov, y su nombre, Isaac. Asimov, en sus textos, nos muestra situaciones a veces increíbles, pero siempre intenta rozar (y lo consigue) algo de la psicología humana para integrar sus historias en un marco coherente.
Uno de los libros de Asimov que más me gusta, y que releo cada X tiempo, es El Fin de la Eternidad. En él, se nos cuenta la historia de un ejecutor, un hombre que vive en el hipertiempo y cuyo trabajo consiste nada más y nada menos que en viajar por el tiempo y realizar micro-cambios en determinados momentos específicos (calculados por los programadores) para conseguir un efecto en el futuro relativo que aumente la cantidad de felicidad absoluta de la Humanidad. Un argumento poco rebuscado y sencillito.
El caso es que el libro no nos cuenta cómo se organizan políticamente las sociedades en los siglos en que la Eternidad (nombre de la organización que vela por esa suma de felicidad humana) actúa. Pero sí nos cuenta cómo se organiza jerárquicamente esa Eternidad. Existe un Gran Consejo Pantemporal, formado por personas eminentes extraídas de sus siglos y que tienen sobrada experiencia en programación de micro-cambios, y en estudios de impacto de éstos. Forman una especie de oligarquía, pero por supuesto no existe la democracia.
Siguiendo con Asimov, el ejemplo más claro de su nula confianza en el género humano lo tenemos en su obra cumbre, Fundación, secuelas y precuelas incluídas. En Fundación, la Galaxia está gobernada por un Emperador (en principio, parece que elegido de forma democrática o similar pero en el fondo se trata de un despotismo que casi ni es ilustrado). El Emperador es un clasista con graves pataletas de divinidad. Cleón, el Emperador asesinado por su jardinero (toma spoiler del bueno), parece un semi-dios que hace y deshace a su antojo, sin que nadie le pueda toser, y con bastantes caprichos dignos de un Rey Sol.
Decía que Asimov muestra en esta saga su escasa confianza en el género humano, y esta forma de gobierno galáctico no es la única señal al respecto. Por ejemplo, el cometido de la Fundación es impedir milenios de barbarie tras la caída del Imperio Galáctico, acelerando su reconstrucción y fijándola a mil años vista. Así, Asimov dice entre líneas que la sociedad humana no puede autogestionarse y autoregularse, que necesita de una directriz marcada por los sabios, los enciclopedistas transformados en mercaderes de Términus. Con la inestimable ayuda de los mentalistas de la Segunda Fundación. El trasfondo es evidente: la humanidad necesita de alguien, unos nobles o mejores, que le muestre cómo desenvolverse y cómo organizarse.
Esta apreciación me provoca sentimientos enfrentados.
Asimov, por seguir con su ejemplo, termina novelando el fin de la Humanidad tal y como la conocemos. El fin último que se entiende en la saga de Fundación es que la Humanidad, para ser completa, debe dejar de ser humana. La elección entre otro Imperio Galáctico y la Galaxia-Mente no es trivial. Asimov, a mi juicio, nos dice que él cree que la Humanidad nunca podrá comportarse de modo ético en su conjunto hasta que deje de ser Humanidad y se integre en algo mayor, algo que obligue a la solidaridad. No, algo que sea o solidaridad o desaparición.
Es bastante inquietante, la verdad.
Pero no es el único autor que presenta un escenario similar. Arthur C. Clarke, en su serie sobre Rama (una historia con protagonista femenina) nos presenta a una sociedad de bichos (octoarañas en la traducción que yo he leído) con unas reglas sociales curiosas. En la sociedad de las octoarañas, toda la comunidad debe participar en la producción para participar en los bienes producidos. Tampoco se trata de una imposición, ya que los individuos que no aceptan el contrato social pueden autoexiliarse a una zona que la comunidad dispone para que puedan vivir sin problemas, eso sí, buscando sus propios recursos. No es un destierro, sino un exilio voluntario.
En la sociedad octoarácnida de Rama no existen cargos políticos reales. cada uno hace lo que tiene que hacer. El sentido de solidaridad y de grupo está por encima de la conciencia de individuo hasta tal punto que los individuos que se saben improductivos, los que saben que consumen más de lo que producen y eso durante un tiempo prolongado, esos individuos, digo, asumen que su estancia en la sociedad es negativa para el conjunto, así que eligen entre exiliarse o morir. Sí, las octoarañas condenan a muerte a los miembros de su sociedad que no aportan nada. Es, pues, una sociedad de colmena.
También bastante inquietante.
Dan Simmons es otro autor recientemente descubierto por mí, y las sociedades que presenta son también provocativas. En su obra más alabada hasta la fecha (Hyperion y su saga) muestra hasta dos formas distintas en que se imagina la sociedad del futuro (lo que no quiere decir que comparta alguna de ellas, simplemente las muestra). En realidad, tres.
La primera de ellas es la que existe al iniciarse la trama. Los humanos han abandonado la Tierra, que no sólo es inhabitable por causa de la radiación residual de un mal experimento, sino que directamente nadie sabe dónde está, y los pocos que lo saben han descubierto que ha desaparecido de donde debería estar. Tras colonizar varios planetas en un sector de la galaxia, forman lo que se da en llamar Hegemonía del Hombre, una especie de confederación de mundos. No nos describe Simmons cómo se organizan los distintos planetas (parece que cada uno según los deseos de sus habitantes, habiendo desde planetas católicos hasta musulmanes, pasando por turísticos, contrabandistas y la capital, TC2). Tampoco nos dice Simmnon cómo es electa Meina Gladstone para su cargo de presidenta de la Hegemonía, pero parece que la democracia tampoco luce mucho en este autor. Meina tiene poderes cuasi plenos para hacer y deshacer a su antojo. Sumémosle una alta dosis de corrupción y de intrigas de poder (en este caso, el Tecno Núcleo formado por inteligencias artificiales sin apenas base física aprente sirve para hilar la trama). A nadie debe pedir permiso, por ejemplo, para acabar con todos los portales teleyectores, base de la economía y la sociedad de la Hegemonía. Aunque tuviera sus razones para hacerlo, una decisión así y las causas que la sustentan deberían ser de dominio público.
Por suerte, Meina no queda en los anales como una mala presidenta, ya que no sólo acierta en su acción, sino que acepta que los demás no la entiendan y muere a manos de la turba. Pero el caso es que tenía poderes cuasi totales. El hecho de que por fortuna no los usara para su propio beneficio egoísta es irrelevante: el sistema permite la corrupción.
Tras la caída de la Hegemonía, Simmons nos presenta la que, a mi juicio, es la forma de gobierno más inquietante de cuantas he encontrado en la Ciencia Ficción: la Teocracia. Una vez desaparece la federación de planetas que mantenía a Meina como presidenta, la Iglesia Católica, ayudada de las inteligencias del Tecno Núcleo, desarrolla un modelo gubernativo basado en la obediencia al Papa. Para llevarlo a cabo, cuentan con la colaboración de la última creación del Núcleo: un parásito cruciforme que tiene la capacidad de revivir el cuerpo de aquél que muera con él en el pecho. Además, el Nucleo ha desarrollado una técnica que no sólo revive el cuerpo, sino que le confiere los recuerdos de sus vidas anteriores. En la práctiva, la Iglesia promete la inmortalidad a cambio de la sumisión.
Claro, todo tiene trampa, y esa trampa no la voy a desvelar, pero ésta sí es una forma inquietante de ver la sociedad. De nuevo, Simmons, al igual que Asimov o Clarke, describe una sociedad idiota, sin valores, cuyo fin último es vivir para siempre sin importarle quién y cómo les gobierna.
Y de nuevo, Simmnos termina como terminó Asimov: la Humanidad debe ser algo más, algo diferente, para merecer la libertad de elegir su propio destino. Simmons nos habla del Vacío que Vincula, y cómo el Momento Compartido al morir Aenea despierta las mentes para permitir la evolución del ser humano hacia la plena consciencia del Universo, con todas sus formas de vida pasadas, presentes y futuras.
Esa parece ser la tónica en la Ciencia Ficción: la Humanidad progresa, se extiende, pero no evoluciona socialmente. No se implica en su propio gobierno, lo que la lleva irremediablemente a dependerde las acciones de personas individuales, cada una con sus propios interese, ideas, fobias y filias.
¿Es necesario ser realista hasta ese extremo, que casi llega al negativismo? Es decir, ¿está la sociedad preparada para ser libre? Y lo que es más importante, ¿quién decide qué es estar preparado? ¿Puede la sociedad equivocarse aunque eso cueste millones de vidas? ¿Es la democracia con su dictadura de la mayoría sobre la minoría el camino? Es más, ¿existe otro camino que no sea éticamente deleznable? ¿Cuándo deja una democracia de serlo, cuando no respeta a sus minorías o cuando una mayoría decide no respetar los Derechos Humanos?
¿Existe algún libro de Ciencia Ficción que conozcas que presente un modelo de sociedad viable y democrático? ¿Existe ese modelo fuera de la Ciencia Ficción?
¿Por qué me hago estas mismas preguntas todos los días y nunca sé qué responderme?
19.08.07
Queridos hermanos, debéis perdonarme por el impetuoso título que acompaña hoy nuestra Misa de Domingo, pero una verdad es una verdad aunque duela. Los caminos del Señor son inexcrutables, y a veces hacen daño.
Hoy, en nuestra reunión semanal, vamos a disertar sobre la genealogía de nuestro Señor Jesús. Es un hecho ya conocido que la genealogía de Cristo aparece en los evangelios. Aunque existan pequeñas diferencias en nombres y cantidad de antepasados, tenemos la suerte de que ambas coincidan en el punto importante que consideraremos hoy.
Amados, abran sus Bibias por el Evangelio según Lucas, capítulo 3, versículos 23 al 38. Nos fijamos sobre todo en en 32. Nos da una parte de la línea sucesoria en la genealogía de nuestro Señor: Naasón engendró a Salmón, éste a Booz, éste a Obed, éste a Isaí y éste al maravilloso rey David del que hablamos el otro día.
Ahora muévanse por la Santa Palabra hasta el Evangelio según Mateo, capítulo 1, versículos desde el 1 hasta el 17. Y detenemos nuestra vista en los versículos 4, 5 y 6. Confirman a Lucas, y añaden valiosa información sobre la parte femenina en el arte de la procreación. Así, Booz engendró de Ruth a Obed, por ejemplo. Pero en nuestro caso, lo importante es que Salmón engendró a Booz de Rahab.
La historia de Booz y Ruth se puede encontrar fácilmente pues basta con acudir al libro llamado como la esposa, que se encuentra en la Palabra de Dios. La historia de Rahab está más escondida. Y el propósito de estas Misas de Domingo es precisamente mostrar esas historias escondidas. A ello vamos.
Rahab era una ramera de Jericó. No lo digo yo, lo dice el Señor en su Palabra (Josué 2,1):
…Y ellos fueron, y entraron en casa de una ramera que se llamaba Rahab, y posaron allí.
Contextualicemos la historia. El ejército de Israel está a punto de comenzar la conquista de la Tierra Prometida (porque la promesa divina no tiene validez inmobiliaria y se hace necesaria la toma por la fuerza humana). Han pasado el Jordán, Moisés acaba de morir (si bien Dios le permitió ver la Tierra Prometida, no le dejó entrar porque golpeó muy flojo a una roca… pero eso, otro Domingo) y Josué los dirige. Este nuevo dirigente envía dos espías a la cuidad de Jericó (los malvados científicos dicen que Jericó, en esa época, era un poblado de pastores sin muralla ni nada, pero ellos no tienen Fe) para calcular las defensas de la ciudad.
En esta situación, Rahab, la ramera, acoge en su casa a estos dos enviados y miente a su pueblo al decirle a su Rey que no sabía dónde estaban los espías. Este episodio se describe en el capítulo 2 de este libro de Josué.
Corrección: Rahab era una ramera mentirosa.
Una vez se libra de las preguntas de su Rey, Rahab hace prometer a sus dos protegidos que cuando el ejército de Israel invada Jericó, deben tener misericordia de su casa, su familia y sus bienes. Aunque suponga que todos los demás de la cuidad mueran. Curiosamente, la señal que debe marcar su casa para protegerla es una marca roja sobre el dintel de su puerta, signo que en el pasado salvó a los primogénitos de Israel cuando el Ángel de Yahveh pasó por Egipto asesinando inocentes.
Corrección: Rahab era una ramera mentirosa y una egoísta cómplice de asesinato.
Una vez aprendido ésto, veamos las consecuencias de las acciones de Rahab. Nos trasladamos al capítulo 6 del mismo libro de Josué. Este capítulo nos muestra la consabida historia de las murallas de Jericó, derrumbadas a toque de trompetas. Pero añade detalles que tal vez alguien desconozca:
…Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas y los asnos…
…Y consumieron con fuego la ciudad, y todo lo que en ella había; solamente pusieron en el tesoro de la casa de Yahveh la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro. Mas Josué salvó la vida a Rahab la ramera, y a la casa de su padre, a sus hermanos y a todo lo que ella tenía; y habitó ella entre los israelitas hasta hoy, por cuanto escondió a los mensajeros que Josué había enviado a reconocer Jericó…
Gloria al Señor, que desde entonces contó con mucho más oro y plata en su tesoro y con menos infieles en la Tierra.
Gloria al Señor, que sabe llamar en su palabra ramera a la ramera. En realidad, a la ramera mentirosa y egoísta traidora, cómplice de múltiples asesinatos.
Y esa es la antepasada de nuestro señor Jesús. Otro Domingo les cuento en base a qué otro ascendiente de Jesús éste tiene prohibida la entrada al Templo del Señor según su propia Ley.
Quizá me quedé corto en el título.
17.08.07
Nuestra común patria nace con los Reyes Católicos. Bueno, eso es lo que se dice, eso es lo que se expone como base.
Yo tengo mi propia opinión, pero para el caso es irrelevante.
Si mi memoria de estudiante de Historia en el instituto no me falla (no sería la primera vez), estos Reyes Católicos tienen también su guasa. No sólo Isabel de Castilla no era reina legítima de su reino, sino que ella y Fernando de Aragón eran familiares consanguíneos. Esto les obligaba a pedir una expensa papal para poder contraer matrimonio y unificar lo que luego sería Patria Una, Grande y Libre bajo un palio que desde sus tiempos medievales no se separó del poder (nadie parece recordar que la Iglesia fue una especie de SS en España durante mucho tiempo, expulsando judíos). Pero esa expensa papal no llegó antes de la boda.
Podemos, pues, afirmar que España se funda sobre una suplantación en la línea dinástica, un incesto familiar y un revestimiento de santidad asesina. Y todo esto sin ruborizarnos.
Pero tampoco es esto de lo que quiero hablar hoy. Estamos en viernes, y hoy toca Batiburrillo.
La introducción que acaba de leer simplemente tiene un objetivo: mostrar a Isabel de Castilla y a Fernando de Aragón como los “padres” de la patria (cosa con la que repito estoy poco de acuerdo, pero que muchos patriotas acceden a creer). Recuerde: Castilla y Aragón, los gérmenes de lo que luego sería España.
Pero resulta que algunas firmas invitadas en el blog de nuestros conservadores recalcitrantes favoritos (Lüzbel dixit) tienen mucho más en cuenta a Castilla que a Aragón al pensar en sus ancestros nacionales. Por ejemplo, en esta maravillosa disertación sobre el problema de la plaga de topillos que asola el campo castellano, podemos leer cosas como esta:
El castillo de Fuensaldaña se había quedado pequeño para albergar la sede de los padres de esta “patria chica” que es Castilla y León y no han parado hasta contar con un edificio amplio, suficiente y, sin lugar a dudas, necesario.
A lo que el siempre solícito Smith responde, en el primer comentario, que qué acertado análisis, qué maravilla. Claro, es evidente que los ¿padres? de Castilla y León necesitan un hogar, y lo lógico es que se hagan una buena choza, aunque no hagan nada más.
Uno no duda de que Smith, puesto a hablar de una patria chica, prefiere a Castilla que a Aragón, dónde va a parar. Basta ver quién gobierna en cada sitio, y claro, unos son españoles de bien, y los otros, bueno, algunos son valencianos, mallorquines y peperos. A esos no los tenemos en cuenta, que aunque sean tan talibanes con sus lenguas como los catalanes, lo hacen sólo para fastidiarlos al diferenciarse de su catalán.
El caso de la entrada que enlazo es interesante, porque contiene una perla de sabiduría inmensa. Verán ustedes, el señor Juan Vicente Herrera es el presidente de la comunidad de Castilla y León, del Partido Popular para más señas. Pero claro, la culpa de que no haga nada en absoluto en casi ningún tema no es del todo suya:
Ahora entenderá la población el apoltronamiento de los consejeros de Herrera. No hay oposición y, por tanto, no hay que molestarse en exceso para seguir disfrutando de secretario, despacho, Internet y coche oficial.
Es decir, la culpa de que el señor Herrera no haga nada por su comunidad no es del señor Herrera, sino de que la oposición socialista es tan mediocre que el señor Herrera puede rascarse la barriga cuatro años, que como no tiene contra quién perder no importa. Si es que claro, si los malditos sociatas metieran más caña, alguno de nuestros insignes peperos despertarían y harían esas cosas maravillosas por la gente que no hacen porque, bueno, es que nadie se las recuerda. Como sólo han tenido cuatro legislaturas de mayoría absoluta…
Vamos, que a eso lo llaman criticar al PP. Y luego hablan de lo serviciales que somos en la izquierda para con el PSOE, del “desastre” en Andalucía por los gobiernos sucesivos socialistas que “no hacen nada por los ciudadanos” y demás. Como dije el otro día, yo quiero saber la tienda donde venden esas varas de medir tan convenientes.
Pero vaya, que este tampoco era el tema principal de hoy.
Lo que hoy quiero mostraros es un nuevo ejemplo que descalifica al señor Smith como analista político o simple opinador a tener en cuenta. Por mí, que grite en su blog lo que quiera, no se me malinterprete. Pero queda retratado como lo que es: alguien a no tener muy en cuenta a la hora de hacerse una opinión sobre cualquier tema.
Antes de que se me adelanten, lo digo. Sé que estoy descalificando a sus lectores. Lo sé y lo asumo. Si alguien, después de leer a Smith en esta expresión que mostraré, o cualquier otra de las mostradas o futuras mostradas, cree que es una persona cabal, sensata y con una opinión política medianamente objetiva, esa persona tiene un problema. Con la realidad. Y lamento no poder ayudarle. Su problema sólo se cura de una forma: pensando. Racionalmente. Y desde el principio, sin ideas preconcebidas.
Todo este rollo de los Reyes Católicos, las patrias chicas y Castilla y Aragón viene a cuento de la clara y evidente catalanofobia del señor Smith. No siente a Aragón como parte del germen de su querida España, porque parece que los considera más bien un agregado a su patria que le da problemas. Bueno, cada cual es libre de elegir su patria en su fuero interno (eso es lo que yo creo) y dejarnos a los demás en paz. Pero cuando uno insulta la inteligencia de los demás intentando espolear un sentimiento anti-otros, aún cuando esos otros forman parte de tu comunidad, se produce una situación bastante indignante. Yo estoy indignado.
No es que la frase sea la leche, no hay un insulto de esos a los que Smith acostumbra (al menos no uno de los más bastos), pero demuestra un cinismo, una intransigencia y un odio que provocan repulsa en quien lo lee. Destaca, como iluminado por neon.
Luego está Antoni Castells, sociata empeñado en que la Agencia Tributaria de Cataluña devenga en Administración tributaria de Cataluña. Tema este con el que los catalanes, todos sin excepción, sueñan y se despiertan cada mañana. Bien, pues este jacobino catalán, este centralista barcelonista, ha prometido “firmeza” contra Endesa y Red Eléctrica por el apagón de Barcelona.
No sólo es vergonzoso que apele al sentimiento españolista-centralista-irracional-nacionalista del “los catalanes no sólo son insolidarios, sino que encima quieren robarnos” sino que causa rubor carmesí esa determinación al asegurar que conoce los pensamientos de todos y cada uno de los catalanes cuando se despiertan. Es, en fin, la típica falacia del espantapájaros pero disfrazada en un blog en el que, como alguien dijo, sobran adjetivos y faltan argumentos.
Odio. Esa frase destila odio por los cuatro costados a cualquier forma diferente de ver la Administración Pública que no sea un modo centralista y claramente estatista. Ese párrafo muestra cómo odia el señor Smith a aquellos que piensan diferente. Quien piensa diferente sueña, se despierta y piensa todo el día en la forma de destrozar este bonito país. Está obsesionado en hacer que mi gran nación deje de serlo. Yo, que escribo entradas como churros, no me preocupo tanto. Yo, Smith, no estoy obsesionado por estos temas, aunque les dedico miles de entradas en las que incluso insto a la detención de los parlamentarios catalanes por delito de traición.
Así funciona el señor Smith, proyectando sus filias y fobias, invirtiéndolas y tratando de que su “enemigo” cuadre en ellas. Si no lo consigue, no pasa nada. Se lo inventa. Por eso lo llaman falacia del espantapájaros.
¿Y qué dirá un liberal ante esto? Nada, que en Red Liberal existe libertad de expresión. Y una mierda. Lo que hay es mucho apoltronado que no se atreve a dar un golpe en la mesa, levantarse, despedirse e irse a montarse un chiringuito con clientes deseables. Con las ganas que tengo de tomarme una copa. Tendré que montarme un bar y repartir invitaciones. Al creador de RL no le fue mal, aunque admito que resultaría extraño que un izquierdista tuviera que desarrollar algo para ayudar a personas de otras ideologías a tender puentes, mientras ellos, amantes de la libertad y la iniciativa privada, están felizmente acomodados con sus totalitarios compañeros de viaje.
12.08.07
Queridos hermanos, amigos todos. Deseo transmitiros unos pensamientos que he llegado a tener al disfrutar de la siempre agradable lectura del Libro de Libros.
Hoy, día del Señor, inauguramos una costumbre que llamada está a convertirse en tradición. Es mi deseo que, ya que la asistencia vocacional a los llamados de la Casa del Señor es escasa, nadie se quede sin su ración semanal de alimento espiritual.
Creo entrever la causa de tanta deserción en las filas de bancos eclesiales. A nadie se le escapa que las lecturas misales no son precisamente improvisadas y que, salvo algún sermón especialmente lúcido, prácticamente toda una misa, salvo la comunión válida, se puede realizar en ausencia de compañía. Así pues, mi propósito, queridos hermanos en la Fe (con mayúsculas, claro), es traeros unas lecturas alternativas que complementen a las escogidas para adornar los cultos católicos ordinarios.
Quiero empezar, queridos todos, con la entrañable historia de una de las personas más importantes (si no la que más) de todo el Antiguo Testamento: el rey David. Animo a todos en sus propias casas a que tomen su Biblia en la mano. El pasaje de hoy se concentra en el Segundo Libro de Samuel, capítulo 11 completo y 12 completo.
Comencemos, pues.
David, rey de Israel, es un rey guerrero, un rey patriota y temeroso de Yahveh, un rey victorioso que aplastaba amonitas y sirios. Pero también era un ser humano.
Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa.
Ah, la naturaleza humana… David, rey de Israel, ya contaba con numerosas esposas. Pero esta mujer era verdaderamente hermosa. ¿Quién era esta belleza?
Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo.
Cruel destino, una mujer casada. ¿Qué hacer ante algo así? Mucho nos tememos, queridos hermanos, que el incidente no pudo ser sofocado con una ducha fría o simplemente con un desahogo personal. De ningún aliento espiritual nos valdría algo así. El propósito de la Palabra de Dios es instruírnos, por lo que la historia debe continuar. Pero… ¿cómo?
Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa.
Concibió la mujer, y envió a hacerlo saber a David, diciendo: Estoy encinta.
Se empieza a perfilar la eseñanza del Señor. David ha caído en el pecado de la carne. Ha tomado en su lecho a la esposa de Urías, que ha quedado encinta. David, el amigo de Yahveh, debe tomar una decisión. Debe arrepentirse. Debe…
Venida la mañana, escribió David a Joab una carta, la cual envió por mano de Urías.
Y escribió en la carta, diciendo: Poned a Urías al frente, en lo más recio de la batalla, y retiráos de él, para que sea herido y muera.
Como vemos, queridos hermanos, David sigue acumulando injusticia sobre injusticia, impiedad sobre impiedad, pecado sobre pecado. No sólo toma a la mujer de Urías en sus lugares reservados y apartados, sino que una vez ella queda encinta, manda al frente a su esposo y ordena que se le ponga en riesgo hasta el punto de morir. Sin duda alguna Dios castigará estas afrentas. Él mismo lo dice en su Santa Palabra.
Oyendo la mujer de Urías que su marido Urías era muerto, hizo duelo por su marido.
Y pasado el luto, entró David y la trajo a su casa; y fue ella su mujer, y le dio a luz un hijo. Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Yahveh.
Ah, David, David, tan favorecido por el Señor… Ejemplar, ejemplar será el castigo que Yahveh tu Dios te proporcionará. Ejemplar. Por usar las mismas palabras de David…
Vive Yahveh, que el que tal hizo es digno de muerte.
Vive Yahveh que es cierto. Pero veamos qué dice Yahveh, el que vive, por boca de su profeta Natán…
Entonces David dijo a Natán: Pequé contra Yahveh. Y Natán dijo a David: También Yahveh ha remitido tu pecado, no morirás.
Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Yahveh, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá.
¿No es divina la justicia? El pecado, como Dios manda, no queda sin expiar. No hay remisión de pecado sin derramamiento de sangre. Y en este caso es el objeto resultante del pecado el que debe derramarla.
Queridos hermanos, lo que quiero haceros ver es lo maravilloso del pasaje que hoy hemos compartido. Dios perdona nuestras ofensas, aunque nos hagan merecedores de la muerte. En cualquier caso, el bebé es inocente y Dios lo acogerá en su seno. Su sufrimiento antes de morir, si hubo, es poco importante. Lo mayúsculo de este asunto es la bondad de Dios para con David, ese mísero humano que supo ganarse poco a poco el perdón de su Dios.
Debemos tomar otra enseñanza de este pasaje. El matrimonio, la unión entre un hombre y una mujer, es sagrado a los ojos de Dios. Nunca debe ser mancillado con engaños ni adulterios. Recuerda: nunca cometas adulterio, o Dios se llevará al hijo que te nazca. Marcadlo a fuego en vuestros corazones, pues la justicia y el amor de Dios son infinitos.
Amados todos, algunos de vosotros tendréis la suerte de contar con una Biblia editada hace más de 25 o 30 años. Seguid leyendo con fe el final del capítulo 12 de este mismo libro. Si vuestra Santa Palabra es lo suficientemente antigua para no estar marcada por el relativismo que emponzoña este principio de siglo, comprobaréis lo misericordioso que fue David tras ese incidente para con los habitantes de la ciudad de Rabá, sitiada por el ejército israelita. Para todos aquellos desafortunados que sólo posean una Biblia producto de esos intentos de modernizarla, es necesario aclarar que cuando David pone a trabajar a los infieles y derrotados habitantes de Rabá con sierras, hornos y trillos, no los convierte en un pueblo de artesanos ni de recolectores y manufactureros de materias primas. Se trata de algo quizás más sangriento. Digamos que más que trabajar con, se trata de asesinar con.
Pero no quisiera despedirme, hermanos en la fe, sin desvelaros otro misterio que emana de la Sagrada Palabra. Una vez muerto por la herida que provocó Yahveh el hijo de David y Betsabé, ésta queda otra vez encinta. Y da un nuevo hijo a David, su hijo menor, el último en la línea de sucesón al trono de Israel. Ese hijo tendrá por nombre Salomón.
Pero, amados hermanos, sobre los hijos de David hablaremos otro día. Dios nos tiene reservado mucho conocimiento, y lo iremos mostrando todas las semanas aquí, el Misa de Domingo.