Si yo fuera un cabronazo, un hijodeputa y quisiera hacer daño, seguramente no habría borrado la primera frase que iba a comenzar esta entrada.
Pero además de judas traidor (no digáis que no doy ideas, que eso aún no lo he oído susurrar y me extraña, sólo me falta echar cremita en esas manos tan frotadas) debo ser imbécil, como seguro alguien confirmará en los comentarios, y no sé si decidirme entre el enfado infantil o la negación peonesca. Lo primero me sorprende. Lo segundo me asusta. Pongan esos verbos reflexivos en pasado y hagan un fifty-fifty.
Como mi twitter indica, el nivel de cabreo no ha llegado a la mágica cifra de 70, pero si me permitís sigo con la criptografía.
Seguramente con calma chicha la pesca hubiera sido mayor, ya se sabe que los pececillos cuando hay oleaje no osan ni hablarle a Poseidón, y se refugian en cuevas cerrando fuertemente los labios o su equivalente acuático. Me encantaría poder quitar el tapón del océano y dejarlos secos, tan secos que abran espasmódicamente la boca de una vez. Aunque a tenor de los osados que pican en los anzuelos en las noches tempestuosas, el dicho de la memoria de los peces es cierto. Seguro que ni recuerdan cuando decidieron, eso si, democráticamente, que la democracia quedaba relegada a los animales terrestres, pensando que por el monte corren las sardinas. Pobres, que creen que el océano tiene su misma edad e historia. Más que una transición evolutiva esperan un nuevo testamento.
A través de los escritos, es posible entender a las personas. Y ponerles cara aunque sepas que tienen otra que ya has visto. Por ejemplo, he descubierto uno de esos que aparentan ser césares jóvenes e idealistas como aprendices de quijote, pero cuando los conoces son más de esos emperadores que gritan «cállate, cállate» mientras se atiborran de uvas en su diván, esperando a que su Bruto (no el perro, sino el hijo, adoptado) le llegue, oh, siempre llegan. Claro, siempre que no seas como Saturno, que cualquiera sabe a estas alturas. Desde luego, tras una masturbación que duraba meses, todos se sorprendieron cuando Calígula salió malhumorado de sus aposentos porque habían osado despertarle con el ruido del funeral. Quizá esperaba el emperador interesadamente que la plebe corriera a acusarlo públicamente de sus abultadas vergüenzas. Qué torpe.
Por suerte alguien me ha soplado en el ojo, y casi lloro y todo. Pero eso fue hace ¿horas? ¿días? y ahora por fin dejo de mirar ya esta gore telenovela de serie C. Quizá cambie y vea ese documental que cuenta que los pollitos, cuando nacen, al primer ser vivo que ven lo identifican como su madre y lo siguen a todas partes.
Aunque los hermanos del patito feo se callaran cuando su madre lo echó de casa (al fin y al cabo, era feo, y eso sentencia tu vida en esta naturaleza divina), no creo que esos patitos afirmen sin rubor que el abandono infantil es algo normal. Pensé que los humanos habíamos evolucionado algo (más). Seguramente me equivoqué.
Como aquél técnico que en medio del Debate sobre el Estado de la Nación coló un anuncio de porno espacial cibernético. Todos nos equivocamos, y así va el mundo. Los que no tienen sentido de la oportunidad no tienen ni gota. Pero es que los que lo tienen… lo tienen dominado. A veces los extremos necesitan tocarse también para joder la linea que los une. Si se quiebra, se oirá en Dinamarca, pero no pasa nada. Será por lineas. Sin ir más lejos, yo acabo de comprarme una circunferencia con la indemnización: O
Para los del equipo de fútbol de enfrente: intenté explicaros en qué consiste una salida decente con la frente alta al campo. Al final os he tenido que poner un ejemplo de a qué me refería. Os iba a poner deberes de Caucus y conspiranoias políticas antiguas norteamericanas, pero esa ni encriptándola dejaba de ser evidente. Como alternativa, piensa en un topo, de padres topetes e hijos topillos, leyendo la Patriot Act. Y visualiza a los Padres Fundadores dando golpes de furia en sus tumbas, que hablar ya ni pueden.
Tampoco los topos ni los peces sueltan prenda cuando toca. Los pollitos dicen pío pio, pero sólo si tienen (individualmente) hambre o frío. Pero los primeros se diferencian en que al menos saben qué leches pasa a su alrededor, mientras los segundos y terceros no saben de la misa la mitad aunque les des un libro de rezos. Para mi sorpresa, quedan obispos despiertos aún a estas horas.
Precisamente ahora que acababa de reformar el BlogRoll, toca nuevo recorte. Qué mala suerte, aunque bien mirado no es tan mala. Si alguien tiene la suerte, esta sí buena, de entender algo de lo que he dicho, felicidades. Si tienes intención de discutirlo, vaquero del ahora otro lado del río, que sepas que si con una mano doy un puñetazo en la mesa, con la otra cargo una maleta de argumentos. Tengo para aburrir, ya sabes a lo que me refiero. Es un aviso «preventivo».
¿No ha quedado claro? Me voy de Red Progresista.


















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