La política española apesta en su práctica totalidad. No es que de repente me haya hecho antisistema, no, es que los directores de ese sistema apestan.
Siguiendo una conversación que todo hijo de vecino con derecho a voto debería leer (uno, dos, tres, cuatro…) me he replanteado muchas cosas. Muchas cosas importantes. En estos momentos en que por encima de proyectos pongo personas y derechos, me replanteo ciertas decisiones tomadas, como sólo pueden serlo las incorrectas, sin meditación y con desgana. Como levantarse un domingo, es algo que sabes que tienes que hacer, que se espera que hagas, que en cierto modo tu propia conciencia te indica que es positivo. Algo que en el fondo de tu alma sabes que representa la antítesis de tus deseos. Aún no sé por qué es tan negativo pasar todo el domingo en la cama.
No vivimos en una democracia genial: sufrimos una partitocracia horrible. Tenemos dos estructuras gigantescas cuyo único fin es vendernos la moto para dejarles hacer lo que consideran mejor para nosotros.
Da la impresión de que, con las cadenas sacudidas en 1789 en el corazón de Europa, se perdió la oportunidad de hacer las cosas bien. Parece que el tren, caso por comodidad, caso por una idea de finalización del trayecto, pasó y no hay billetes de vuelta nii ruta alternativa. Una vez nosotros, el pueblo, la fuerza legitimadora de las cosas, nos quitamos de encima reyes (ejem) y tiranos, una vez conseguido el poder para disponer de nuestra vida y conciencia, una vez que decidimos dotarnos, como pueblo, de unas leyes justas y virtuosas… creamos una nueva casta político-sacerdotal y les permitimos que pensaran por nosotros. Es como pretender que el pan saqueado en la toma de la Bastilla calmará el hambre de toda la Historia, a base de mandar latas de conserva a Bolivia según acuerdo parlamentario. Hasta les dejamos tener lenguaje propio, y encima vemos sus peleas en la tele de vez en cuando, como si de unos Sims cualquiera se tratara. Incluso en la Tierra de las Oportunidades hizo falta que se creara es casta para que alguien pudiera firmar la Independencia.
Es francamente triste haber cambiado a reyes, cortesanos y similares por secretarios generales, secretarios de organización y responsables de economía. Nos hemos lavado las manos en opinar sobre las cosas, confiando en que en el fondo los políticos no son tan malos. Que choricean, pero tampoco tanto y es medio normal. Que se doblan más que un junco para no desentonar, pero al menos son moderados. Hemos devuelto los reyes a la tienda pero a cambio nos han endosado una profesión de fe en la bondad del pastor.
Hombre, todo no está igual. Ahora votamos. Y existe la Iniciativa Legislativa Popular. Ya. También votan en Cuba. La cantidad de cosas sonrojantes que se leen al respecto es para dejar boquiabierto al más pintado. El próximo 9 de Marzo nada más y nada menos que se nos convoca a las urnas. Toma ya. Tenemos para escoger entre los que meten miedo con el contrario y… los que meten miedo con el contrario.
El miedo es algo muy humano (nota mental: incluír el miedo en mis pullas a los liberales acerca de su Ley Natural que comprende la Naturaleza Humana). Por miedo a la muerte hemos creado una fábula increíble que apuesto que matará de risa al primer extraterrestre que tenga la desgracia de ver su grado de aceptación, y dejamos gustosos que los contadores de ese cuento nos digan con quién es bueno o no meternos en la cama, a quién votar o a qué hora cenar (si la Comunión es la Cena del Señor, ¿por qué se hace a mediodía?). Pero en nombre del miedo no se construye sociedad. Se crean bandos, amistades convenientes, pero no sociedad.
En realidad, las acusaciones de miedo sobran. El PSOE no va a romper España, véase lo que hizo en Navarra. Aunque alguno de sus militantes y/o directivos del norte tengan convicciones algo más matizadas, el PSOE nunca hará nada que ponga en riesgo su chiringuito, que dicta que al menos la mitad de las legislaturas son suyas. Con mantener el tipo en las vacas flacas de votos ya tienen bastante para repartirse cargos y, cuando toque, hacer algo por la gente (Ley de Dependencia, Matrimonio Homosexual). Tampoco van a empezar a hacer nada real contra la Iglesia y su posición destacada, ni contra los que desde sus púlpitos cedidos cometen presuntos delitos, cuando tanto a unos como a otros les viene de perlas que su gente esté cerrando filas en torno a la última parida de su jefe. Rediós, que el programa socialista ni siquiera es laicista.
No soy habitante ni visitante de Equidistán, así que mentiría si dijera que no quiero ver un varapalo gigante al PP en estas elecciones. Que quiero ver a toda la generación Aznar fuera de ese parrtido antes de considerar que sus interlocutores son éticamente válidos. Acebes hace ya tiempo debería estar esquiando, y no Lamela. Aguirre y sus cosas «liberales». Zaplana o el morro personalizado. O cierto candidato por Murcia, que es de vómito directo. Rajoy ya tiene bastante con lo que tiene. Hace tiempo dije que esta campaña yo la haría contra el PP. Voy a ir más lejos.
Se habla del voto útil. Algunos, en esa conversación a la que espero no llegar tarde, dicen que el voto útil es el más inútil, pues mantiene la situación que lo fuerza. Discrepo: el voto útil es útil en la medida en que has aceptado como normal el votar a la contra, con miedo, con la nariz tapada. Cuando no te importa tanto que se implementen políticas reales de izquierda como que el directivo derechista de turno se coma los mocos. Cuando, en definitiva, tragas almacenes de ruedas de molino porque Acebes te cae, cosa objetivamente normal, peor que De La Vega (¿dotar a la Ley de Dependencia de ese presupuesto estaría tan mal visto?). Si votas para parar a la derecha, no esperes políticas de izquierdas. Para eso, vota activamente esas políticas. Otros hablan de matemáticas para obtener el mejor resultado posible para los grupos mayoritarios, para aupar algo que asombre a la derecha, o agradeciendo lo hecho esta legislatura por Zapatero.
Muchas gracias Zapatero. No me has fallado, has hecho exactamente lo que te pedí, lo que pensaba que ibas a hacer en esos temas en que confié en ti. Irak. ETA. Dependencia. Matrimonio homosexual. Muchas gracias. Pero adiós. Todo tu agradecible talante (nada mejor que un político que no pierde los nervios) es insuficiente cuando yo busco radicalidad. Sí, Zapatero, para mi gusto, se ha quedado muy corto, y lo que le demando no puede ofrecerlo porque tiene que contentar a demasiada gente, a demasiados votantes con los que no comparto casi nada. No hace falta ser áspero para ser firme, y hay demasiadas cosas que no puedo compartir en sus propuestas, demasiadas omisiones importantes, demasiada falta de solidez en la base. Demasiadas, eso sí, coincidencias con sus mayores adversarios en relación a cómo impedir que les quiten la licencia exclusiva del carrito de helados.
Tengo apenas 27 años y no cumpliré 28 antes de las elecciones. He participado en dos comicios generales. Y me quedan muchos más donde hacerlo. Sé que el tiempo conservifica a la gente, y que tendré momentos en el futuro lejano de pensar pragmáticamente en el valor de mi voto, en la media necesaria para un escaño en mi circunscripción, en comparaciones y estimaciones. Pero no esta vez. Esta vez voy a por un programa de máximos. No quiero votar en contra, quiero ilusionarme con un proyecto, quiero depositar mi voto, si lo hago, satisfecho de que las personas que lo reciben no son los enemigos de mis enemigos sino mis amigos. No me fío de quienes se postulan como únicos salvadores de la mitad de España frente a la muerte cívica. No si se lo arrojan meméticamente entre ellos, sin la decencia de exponer el propio modelo ciudadano.
Por primera vez, quiero que mi voto sirva para lo que realmente debería emitirse: valorar las propuestas que los grupos políticos nos lanzan. De momento me debato entre el voto en blanco o el voto válido, pero…
Judas toma partido y entra en campaña. Poco a poco iré desgranando los programas electorales de diferentes partidos, comparando los enfoques de cada uno a diferentes aspectos de la vida pública. Comentando las diferentes soluciones a los mismos problemas. Destacando positivamente y criticando si corresponde.
He de decir que ya tengo un favorito. Pero eso mejor lo cuento otro día, que más de uno necesitará frotarse los ojos cuando lo lea.
Serie Judas en campaña
- Judas en campaña (I) - Motivaciones
- Judas en campaña (II) - Programa, programa, programa
- Judas en campaña (III) - ¿Ya ha empezado?
- Judas en campaña (IV) - Más allá del debate
- Judas en campaña (V) - Vota en positivo
- Judas en campaña (VI) - Derechos y libertades
- Judas en campaña (VII) - Batacazo ciudadano
- Judas en campaña (VIII) - Bipartidismo asimétrico

















