El Destino del Iscariote

It's better a Kiss of Death than nothing...

12.02.08

Matrimonio es una palabra (respondiendo a Aquiles)

Esta entrada es una respuesta a Aquiles en Madrid: El matrimonio no es un derecho, es una obligación

Comenta Aquiles que ha caído en la duda cartesiana y en su búsqueda ha descabezado a un dragón conceptual. Pregunta tras pregunta ha encontrado su animal de poder y ha resultado ser, sorprendentemente, justo la especie que esperaba. No se me malinterprete, no creo que Aquiles sea un fake (por enésima vez…) sino una persona tan inteligente que tiene que racionalizar sus sentimientos. En este caso, su distancia del concepto de matrimonio homosexual. Pero tampoco pretendo psicoanalizar a nadie. Mejor vamos a los argumentos.

Se equivoca Aquiles. No porque el concepto de matrimonio homosexual no sea discutible, que lo es, sino por el palo con el que el atiza. Realmente, los dos palos. El primero, la concepción social del matrimonio; el segundo, las ventajas sociales que se obtienen con él.

El matrimonio tradicional hombre-mujer no nace de una forma espontánea ni optimizadora en el arte de perpetuar la especie humana. La necesidad de supervivencia humana no ha dado como fruto un hogar acogedor de roles distinguidos. No es así. Esa es una visión tan localista que escuece, pero a veces hay que mirar desde más arriba. Existen comunidades humanas viables que mantienen poligamia sin ningún tipo de problema, y racionalmente es una estrategia de perpetuación de especie más eficaz. Existen culturas donde a los niños y adolescentes los cuida toda la tribu, todos son padres, todos madres. Cuando digo que son comunidades humanas viables no digo ni de lejos que sean deseables, pues eso es ya un juicio de valor moral que presupone una elección. Sí, la comunidad de Un Mundo Feliz es viable (un número reducido de antisistema no puede derribar la realidad, eso debería considerarse probado), pero eso no implica que sea beneficiosa.

El problema parte de lo mismo de siempre, y aún a riesgo de parecer pedante: el platonismo ha sido la peor idea que ha podido pensar Occidente. Cuando pensamos en matrimonio todos le asociamos una imagen mental, clásica en nuestro entorno. Un arquetipo de comportamientos históricamente relacionados con lo masculino y lo femenino. Y elevamos ese arquetipo a modelo universal válido y excluyente, cuando no es precisamente lo principal: Universal.

El modelo de familia tradicional no está grabado en nuestra evolución social como especie, sino como cultura occidental. Son conceptos distintos que a veces solemos mezclar. La familia en toda su expresión es el concepto que Aquiles busca, la familia como concepto abierto y aplicable a todas las culturas. La familia no como progenitores y descendentes directos, sino como quien efectivamente se encarga, activa o pasivamente, del perpetuamiento de la especie. Ya sea un matrimonio tradicional o un grupo formado por abuelas cuidadoras y padres cazadores.

Ese es el otro error en la crítica al matrimonio homosexual: su incapacidad intrínseca de reproducirse. Sólo con nombrar el paralelismo que existe con las parejas heterosexuales estériles no se resuelve la paradoja de mantener unos privilegios en unos grupos sobre otros. El problema viene de confundir de dónde vienen esos privilegios.

Las parejas obtienen privilegios por procrear. Privilegios que son tan corrientes como permisos de maternidad y paternidad o exenciones fiscales por gastos evidentes. También se han derivado otras ventajas, como por ejemplo las pensiones de viudedad o de manutención en caso de separación, en previsión de sostener económicamente a la pareja y a la descendencia si el matrimonio desaparece, y bajo el paradigma tradicional de un cónyuge trabajando fuera y otro dentro de casa.

Ese paradigma se ha movido bastante. Las parejas ahora no necesitan de pensiones de viudedad por si el que trae los cuartos tiene un problema y la prole se queda sin nada, sino porque con un sueldo no llegan, y ante un caso fatal un sueldo equivale a dormir bajo un puente, con hijos o sin ellos. Es decir: se ha pasado de un apoyo a la procreación a una ayuda a la simple independencia. El cambio de paradgma en la familia, en el matrimonio, en la convivencia en general, es evidente, pero los modelos de accion social y política relacionados son antiguos y caducos. Se intenta solucionar problemas que ya no existen mientras se esperan 10 o 20 años para reconocer los actuales.

Al final Aquiles y yo no estamos tan en desacuerdo. Pero creo que todo es más racionalizable. Por ejemplo, evitando las categorías de preferencias sexuales. Las ventajas por la procreación, si existen, deben ser para todos los padres (y los homosexuales adoptarán si así lo estiman oportuno los que deben: los psicólogos que evalúen si afecta o no al desarrollo de un niño, aquí y en Israel), estén casados o no. Mi hermana (a la que quiero con locura) está embarazada (se me cae la baba) y no está casada, sino que convive desde hace 10 años con su novio, y no encuentro ninguna razón para que no tengan esas ventajas. Para los matrimonios sin descendencia, sean homosexuales, heterosexuales o transexuales, son más discutibles: yo vivo con mi madre (y no, no me veo en plan Psicosis dentro de 30 años, pero tiempo al tiempo…) y nos cuesta exactamente lo mismo pagar la hipoteca, la luz y el agua que si viviera con una chica o un chico. Pero nada de eso tiene que ver con la inclinación sexual de nadie, sino con el tipo de relación que se tiene y la necesidades reales.

Necesidades reales que no encajan en tipos homo/hetero o matrimonio/pareja-de-hecho, sino más bien en el de familia y el de convivencia. Los nombres, realmente, son lo de menos. Matrimonio como pareja que se quiere y tiene como fin fundar una familia engloba perfectamente el deseo de muchos homosexuales y heterosexuales, y aunque no fuera así es simplemente una palabra, y significará lo que nosotros, hispanohablantes, queramos. Porque necesitamos una palabra para nombrar lo que sí es igual, y separarlo de lo que no lo es. Una familia no es un matrimonio. Y ninguno de los dos conceptos es exclusivamente heterosexual.

Así, tiene razón Aquiles: el Estado no puede regular el amor, sino los hechos, las ayudas a los hijos que lleguen, los apoyos una vez existente la necesidad. Si se quiere ayudar a la independencia de la juventud o a la convivencia de personas que no son pareja, para eso no hace falta apelar al concepto de matrimonio. Es decir: el Estado debe apoyar a la familia, pero no al matrimonio per se, en cuanto la familia proporciona una nueva generación de ciudadanos, y el matrimonio simplemente oficializa una relación voluntaria que ya, en nuestro tiempo, no equivale trivialmente a querer fundar una familia, en cuanto una familia no necesita de un matrimonio como marco para existir.

10 monedas de traición

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