Creo que el mejor sitio para hacer política es la calle, y en su defecto el sillón de pensar del salón. No soy mitinero (ya sabes, fobia social y a las aglomeraciones…), por lo que para mí no tiene importancia que la campaña electoral empiece un día antes o después. Lo único diferente al final suele ser el día de votar.
Presiento que aún sin esas fobias no iría a muchos saraos políticos. Como ex-miembro de una religión alternativa he tenido ya mis dosis suficientes de minutos de odio y de adhesión. Miles y miles de personas coreando un nombre cual salvador sólo pueden tener un efecto en mí: asco, desesperación, incomprensión intelectual. Nunca lograré entender la mente de tribu, de rebaño.
El caso es que dicen que sí, que la campaña electoral ha empezado. Y eso se nota en la vergüenza ajena que nos hacen pasar papá y mamá, el PSOE y el PP que, sin ser lo mismo (ni de lejos), tienen gestos similares en su manera de dirigirse al votante. La cantidad de tonterías por palabra que tenemos la desgracia de escuchar cada vez que miramos un medio online, leemos el periódico, vemos la tele o escuchamos la radio aumenta y aumenta, poniendo a la población en la tesitura de tener que, contra su voluntad, familiarizarse con el concepto de infinito.
Podemos hablar de xenófobos y gilipollas aunque eso suponga el uso de palabras malsonantes que me disgustan. Es tan absurdo todo el asunto del contrato de integración para inmigrantes que descoloca incluso que alguien lo proponga. Un documento que obliga al que lo firma a cumplir la Ley. Con un par. Ya me veo a la Guardia Civil con su carpetilla de impresos de contrato de integración (pagada de su bolsillo, claro) persiguiendo ilegales por las calles españolas, bolígrafo en ristre, al grito de toma tus derechos. Y lo más risible, si es que puede haber un máximo en toda esta estupidez, es que se pretende con todo ello salvaguardar la cultura y las costumbres españolas. Que me las vayan presentando, que un natural como servidor no tiene el gusto. Sería la repera que yo también tuviera que firmar el dichoso documento.
Pero si eso es absurdo, no queda lejos la majadería sobre el matrimonio homosexual, que tanto y tanto he comentado por aquí. Primero uno que concede derechos, así, de pronto, cuando lo que hace es, si acaso, reconocerlos jurídicamente. Otro que los quiere quitar, como si un derecho pudiera ser otra cosa que conculcado. No me extraña que lo llamen, pues, homófobo. Hasta en Israel saben pensar con la cabeza y no con los pies.
Lo que clama al cielo como la sangre de los justos es el uso garrotesco que se da a las lenguas en este maravilloso y civilizado país. Casi nadie se siente orgulloso de contar en su Estado con tantas lenguas, tanta cultura y tanto potencial de comunicación, de pensamiento. Unos imponen una lengua, otros otra, nadie piensa en las lenguas en sí y en su uso. Las lenguas son un medio, no un fin, aunque algunos quieran hacer de ellas su medio al miedo y nos amenacen veladamente con tiros. Antes de todo eso, prefiero que todos nos quedemos mudos. Incluso de castellano.
Siguiendo con los temas mediáticos (pues los políticos profesionales gustan hablar de ellos) tocaría hablar de terrorismo. Paso. Baste decir que me encuentro mucho más cerca en este asunto de las ideas de la Izquierda (sin etiqueta partidista) que de el PP. Lo único que firmaría ahora mismo sería esto, por corto y directo.
Ah, pero si eso es lo que ocurre de cara a la galería hay muchas más cosas que pasan desapercibidas. Desde el logo del Valencia FC que mutó hasta el PSOE-DS Bain Training, con el sonrojo normal que provocan. Desde el ridículo dominguero a la estulticia jurídica que propone, y a mi libre interpretación me remito, castigar judicialmente a los médicos por no trabajar 30 horas diarias. Y si nos metemos en su entrada en la Red como el cuñado que se coje confianzas pero luego no apechuga su parte en la cuenta, nos ponemos a llorar fijo.
Han perdido totalmente la cabeza. Uno, que ya ha sido miembro de más de una secta (contando la oficial), reconoce esos tics a legua y media. Ideas, aunque sean estúpidas, pero que no falten. Que cuando alguien acabe de recibir el estímulo y la primera impresión de la propuesta A ya tenga la B delante, que se las trague sin masticar, sin matizar, sin pensar. El contrario es el demonio, nosotros salvadores. Y si no salvamos, es que la masa es estúpida. No me extraña que la masa se estupidice: de un lado, en la radio de la buena nueva se grita como sólo un mal despertador puede hacerlo. Enfrente, adoctrinan niños y adolescentes a base de Bisbal en su filial curentaprincipalesca (siempre quise meterme con ellos).
Pero no pierdas la esperanza fe, que todo puede arreglarse. Tengo la mala suerte de que nunca vienen a verme Testigos de Jehova, ni mormones, ni pirados similares. Me encataría que vinieran, porque sé que conocer la Biblia es el primer paso al ateísmo en Occidente, y ellos sólo saben lo que les han contado (a pesar de presumir de haberla leído entera, casi nunca se fijan en lo importante). Más de uno se iría de mi casa dudando. Y yo me alegraría. Pero es que estos han decidido hacer lo mismo. La próxima vez que veas por la mirilla una pareja bien vestida, lo mismo viene a convencer tu voto. Por caridad, déjalos pasar y explícales que te avergüenzas de ellos, de sus jefes y de la madre que parió al sistema electoral.
Serie Judas en campaña
- Judas en campaña (I) - Motivaciones
- Judas en campaña (II) - Programa, programa, programa
- Judas en campaña (III) - ¿Ya ha empezado?
- Judas en campaña (IV) - Más allá del debate
- Judas en campaña (V) - Vota en positivo
- Judas en campaña (VI) - Derechos y libertades
- Judas en campaña (VII) - Batacazo ciudadano
- Judas en campaña (VIII) - Bipartidismo asimétrico
















