Me estoy aficionando a una vieja serie norteamericana: The West Wing. Sé que llego tarde (la serie es antigua en los cánones veloces de la tele actual), pero no importa. En uno de los capítulos de la primera temporada se contraponen dos visiones sobre el derecho y las libertades. Por un lado, el burócrata que piensa en positivo: un juez sólo puede defender la libertad que expresamente se ha decidido proteger. Por el otro, el sentido común que no limita las libertades a listas en textos legislativos. Para los más curiosos, sí, yo soy capaz de mezclar ambas visiones y sin contradiccón, hala.
Durante esta pasada legislatura hemos visto un abultado ejemplo de la primera visión. El Presidente Zapatero, convencido de que la misión del legislador es no dejarse ningún derecho en el tintero, ha ido escribiendo leyes y leyes que amplían y crean derechos. Parece rehén de la propia paradoja que presenta esa idea: como se le olvide listar un derecho ese derecho no existirá, o vete tú a saber. Es absurdo.
El todo caso, lo que ha hecho Zapatero es reconocer explícitamente en las leyes la existencia de esos derechos y proteger su ejercicio, que es bastante distinto. Los homosexuales tienen derecho a formar una familia y a quererse, aquí y en la homófoba Irán. En Irán no tienen posibilidad de hacer efectivo ese derecho; aquí se ha legislado para que así sea. Pero el derecho está ahí antes. En todo caso lo discutible es si la Ley debe proteger especialmente derechos y cuáles deben ser los elegidos.
Lo que no es discutible es que la Ley no debe impedir el ejercicio de ningún derecho, cosa que ocurre.
Derecho a morir dignamente
Yo tengo el total derecho a decidir cuándo quiero morir y a ejecutar mis deseos cuando mejor me parezca. Faltaría más. El suicidio es un derecho fundamental que no acepto nadie (nadie) pueda cercenar. Mi vida no es que sea mía, es que soy yo, y yo decido cuándo he sido ya demasiado tiempo y prefiero no ser.
Mi vida sigue siendo mía si no puedo moverme. Hasta los tetraplégicos tienen derecho a suicidarse. Por tanto, como éste es un derecho que claramente necesita ser protegido, necesitamos legislar sobre él. Necesitamos una legislación que garantice que todos vamos a poder decidir libremente mediante un sistema de Voluntades Adelantadas.
Porque si yo decido morir tú no puedes hacer nada para evitarlo. No debes.
Aborto
Mucho discuten sobre este tema los políticos profesionales para no moverse nada. Algunos prometen cosas por el placer de prometer, con la seguridad de que en el futuro pueden volver a prometer (e incumplir) lo mismo, una y otra vez. Otros se enconan en posiciones irracionales basadas en una forma particular de entender la moral, y tratan de imponerlas al resto.
El asunto del aborto necesita un debate serio y riguroso. Científico. La conclusión no puede ser otra que una ley de plazos real y valiente, complementada con acceso a la píldora del día después y a la educación sexual real (no las pantomimas de campañas que muy de vez en cuando vemos en los institutos).
Regulación del cannabis
Otra asignatura pendiente. El consumo de derivados del cannabis es una práctica común, muy común. Extremadamente común, me atrevería a añadir. Aunque sólo fuera porque el derecho no puede contradecir los hábitos de los ciudadanos, la penalización por posesión y consumo deberían desaparecer. Sigo sin entender por qué tuve que pagar una multa de 301,11 € por poseer 0,36 gramos de resina de hachís, una cantidad demasiado pequeña para formar siquiera una dosis (vamos, que no llegaba para un porro).
Pero no sólo se nos persigue en la calle, sino también en casa. Cultivar marihuana es ilegal. Cultivar tu propia marihuana es ilegal. Lo escribo, lo leo y no le encuentro el sentido. Yo no puedo plantar en mi casa lo que quiera y luego fumarme lo verde. Sigo sin creérmelo.
Esta negación de la realidad nos empuja a la marginalidad. No puedo plantar en mi casa. No puedo fumar en la calle. Me queda comprar en mercado negro y esconderme. Un mercado negro que no puede garantizar lo que vende, ni su pureza, ni su origen, ni su fuerza. Los precios se disparan de una semana a la siguiente. Sufrimos grandes periodos de escasez que se complementan con otros periodos de exceso de oferta (que suele ser una oferta adulterada en demasía). No controlamos qué consumimos, porque el control es imposible.
Reclamamos un marco legal que regule nuestro derecho a consumir derivados del cannabis, fomentando la responsabilidad personal en este (y en todos) los aspectos relacionados con las drogas. Pero no podemos esconder la responsabilidad personal ni el hábito social extendido bajo capas de represión.
Regulación de la prostitución
Este tema es siempre peliagudo, y la política relacionada suele ser lineal cuando admite múltimples aristas. No es comparable la prostitución voluntaria a la forzada.
Para la primera, hay que ser más valientes y menos beatos si proclamar (Iracundo dixit). A mí personalmente me puede parecer inmoral (podría en verdad, pues no lo hace) que alguien venda su cuerpo por dinero. Yo soy bastante más pragmático: en todas nuestras actividades laborales lo estamos alquilando, y no distingo moralmente entre brazos y vagina. Esas personas tienen derecho a formalizar su trabajo y a disponer de las ventajas del Estado del Bienestar, tienen derecho a la protección de sus derechos como cualquier otro trabajador. En una palabra, deben salir de la marginalidad obligada por una moralidad si no hipócrita sí al menos abusiva e intrusiva en la intimidad ajena.
La prostitución forzada debe ser perseguida con fuerza, como cualquier tipo de explotación personal. Esa sí es denigrante.
Igualdad de sexos y discriminación
La igualdad de sexos no es un fin en sí mismo, sino un medio, una forma de vida. Así, para defenderla hay dos modos.
Las cosas se pueden hacer mal. Imponiendo cuotas que rompen la igualdad para pretender conseguirla. Discriminando positivamente no se iguala, sino que se discrimina positivamente. Aunque esa medida fuera algo transitorio, es profundamente anti-igualitaria.
Pero también se pueden hacer bien. Promoviendo la igualdad en los permisos de descendencia para que ambos progenitores se impliquen por igual en los asuntos familiares. Conciliando vida laboral y familiar.
Pero no todo es masculino-femenino. La homofobia crece en todo el mundo aupada por el islamismo radical y un país serio que se precie debe ser capaz de proteger a los más débiles. No sólo luchando contra la discriminación interna por motivos de preferencias sexuales sino cumpliendo las directivas internacionales referidas a derechos de asilo y protección (que obligan, es necesario recordarlo, a acoger a homosexuales con peligro de ser extraditados a sus países de origen si allí corren riesgo de ser condenados por ello).
No, todas estas no son propuestas que me he ido inventando, o que reflejan sólo mis deseos o ideas. No son fruto de mi sentido común simplemente. Son apuestas serias que forman parte del programa electoral de C’s que, con nuestro apoyo, pueden tener voz en nuestro Parlamento. Una voz real, no un anuncio de futuro que se queda en una amnesia de poder. Palabras cargadas de sentido que chocan con la demagogia institucional que se escucha normalmente en las cámaras de decisión.
Propuestas en positivo, con un fundamento debajo de principios e ideales radicales. Eso es lo que yo voy a votar.
Serie Judas en campaña
- Judas en campaña (I) - Motivaciones
- Judas en campaña (II) - Programa, programa, programa
- Judas en campaña (III) - ¿Ya ha empezado?
- Judas en campaña (IV) - Más allá del debate
- Judas en campaña (V) - Vota en positivo
- Judas en campaña (VI) - Derechos y libertades
- Judas en campaña (VII) - Batacazo ciudadano
- Judas en campaña (VIII) - Bipartidismo asimétrico

















