Al final me equivoqué.
No entro a valorar la decisión de Mariano Rajoy, porque no tengo nada claro el tema. Hay muchas interpretaciones posibles, y lo único que probará una de ellas será el tiempo. Sabremos cómo se supera el enfrentamiento que se inicia hoy con el frente mediático próximo a Aguirre, si es que existe tal y no es humo o peor cortina de humo. Sabremos si el nuevo equipo de Rajoy es el viejo equipo de Rajoy o no. Sabremos si Gallardón pinta o borda. Si la Esperanza está ya perdida por calada. Muchas cosas sabremos.
No. Chapeau, Rajoy por otra cosa. Por ofrecer una declaración pública en soledad y por exponerte después, sin cortapisas, sin exclusiones y sin censura previa a las preguntas incisivas de los periodistas. Hayas respondido o no (más bien no), una situación así hace mucho tiempo que no se veía.
Minutos después te has vuelto a convertir en mi rival político, y no olvido tus palabras estos años. Nunca. Pero esos minutos me has caído bien. Lo malo es que otra de las posibilidades es que deliberadamente hayas decidido ese gesto, para caer bien subliminalmente. La izquierda también puede ser conspiracionista.
Mientras, esta noche en La Linterna de COPE César Vidal daba pábulo a la versión 2.0 de la locura peonesca. Nunca entenderán que si algo relacionado con un atentado modifica un resultado electoral es, como fue, su reacción, sus palabras, su desvergüenza y su indignidad. Lo que se ha vivido en este país, en la Red española, esta última semana quedará grabado en muchas cabezas. El asesinato de un socialista no empuja a votar socialista: vuestro empeño en aprovechar electoralmente la sangre ajena sí.
Rajoy, si de verdad se ha desligado de eso, debería disculparse y se ganaría otro chapeau, porque le va a costar mucho votante que está en modo secta on, y ese modo es muy difícil de desactivar. Lo veremos.
Atentos a sus pantallas.

















