Si tuviera que hacer una comparación grosso modo entre disputa política postelectoral y religión, el PSOE sería la Iglesia Católica, el PP sería la FEREDE e IU sería la Conferencia Episcopal. Déjame explicarme.
Zapatero dejó caer en el segundo debate televisado que mantuvo con Rajoy la puya de la presencia permanente de su partido en todos los grandes acuerdos en España desde la Transición. Son, pues, una facción viva y activa en todas partes, con tradición de permanencia y de presencia. Son un calco a la Iglesia Católica. Con mensajes algo gastados de tanto repetirlos se siguen manteniendo en el poder con la excusa, que no entro a probar o negar, de que quedan muchas cosas por hacer por el bien de los demás. Mientras realizan ese lento trabajo no le hacen ascos al poder terrenal, llegando incluso a gustarles tanto que procrastinan la labor, no vaya a ser que al finalizar ya no hagan falta, y posponen legislatura tras legislatura casi todo lo que le da la S y la O a sus siglas. Poco a poco se van adaptando, pero ante cada cambio de escenario deben adoptar una postura nueva que, a la vez, encaje con toda la anterior desde la fundación del mundo (lo que a veces acarrea más incompatibilidades con versiones anteriores que Microsoft™ Word™).
El Partido Socialista Obrero Español es un partido normal, que propone políticas normales de acuerdo a los cánones de la socialdemocracia europea. Si te han contado que es extremista y te has acongojado, con poco te asustas. Ha sido el refugio del miedo. Han subido como sube la asistencia a las Iglesias tras un terremoto. Y eso no es malo: es el refugio de la moderación en España, la salida para los que tienen motivos para preocuparse con el modo y el fondo de un Partido Popular cuyas iniciativas y ocurrencias tienen evidentes paralelismos con esas actividades tectónicas: mucho ruido, pronto olvido.
Mientras, IU tiende a ser la guardiana de las esencias que administra el PSOE desde el poder terrenal. Muchos socialistas los ven como utopistas llenos de teoría pero sin un ápice de práctica, la visión exacta de buena parte de la feligresía católica sobre su Conferencia Episcopal. A más marcado carácter izquierdista, más en teoría se escora la persona a IU; a más marcado carácter católico, más cercano se siente el feligrés a la Conferencia Episcopal. Dejamos a IU decidir, incluso formar, Ayuntamientos como el que administra su propia Ciudad-Estado vaticana. Son buenos compañeros izquierdistas que nos apoyan en los principios, le dan un barniz de solemnidad institucional católica (de pureza izquierdista) a todo lo que hacen sus feligreses (socialistas), pero eso no quiere decir que pensemos que llevar sus postulados tan desnudos de matiz al Parlamento sea tan importante como mantener la compostura ante lo que se avecina (sigue el enlace y navega por allí bajo tu propio riesgo, no acepto responsabilidad en daños neuronales).
A todo esto, hay una alternativa real: la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE). La causa para esta identificación es simple. Una de las principales marcas de identidad de evangelismo (más camuflado en España, evidente en Latinoamérica y Estados Unidos, el enlace anterior sirve de muestra) es el sectarismo, el fraccionamiento, el frentismo. Dicen, al principio, lo que la gente quiere oír. Abusan de la demagogia hasta convencer a los bienintencionados de sus supuestas novedades espirituales, que en la práctica no difieren mucho de las católicas, pero se viven de una manera mucho más íntima. El evangélico dice sentir algo llamado «el bautismo del espíritu» (o bautismo de fuego en contraposición al de agua) que cree relacionado con Pentecostés, algo similar a un ataque de epilepsia autoinducido que se supone le acerca a dios, a la Luz, lo Bueno, lo Decente mediante la aprobación directa de uno de los dioses de la trinidad, mientras el exaltado popular entiende que sólo su partido está cerca de la democracia, su nuevo dios con el mismo nombre y distinta naturaleza al que todos conocemos, y es capaz de pedir la dimisión del recién elegido (horas antes) candidato rival que bate récords de voto obtenido simplemente porque en su culto de ese domingo todos gritan eso mismo. El votante popular más convencido entiende que su partido, su secta, no sólo es la mejor opción, sino que es la única opción válida. Aún cuando se le digan cosas raras como que la Iglesia Católica, con la que ha convivido toda su vida sin problemas, está compuesta de asesinos de bebés (eso lo he leído yo), el protestante medio acepta eso sin inmutarse, porque en realidad al descubrir su nuevo pasatiempo mental (en todo el significado de esa perífrasis) ha conseguido racionalizar con argumentos (sic) el odio que ha llegado a autoconvencerse siempre ha sentido. Son pues no un partido conservador con seguidores conservadores, sino que se disfrazan bajo un nombre («evangelio», «liberal»), lo vacían de significado y le ponen un lazo azul, dejándolo en una masa de anti-izquierdismo informe. Esa es la mejor prueba de que los socialistas forman parte de la hechumbre de este país: los odian por ello y quiene ocupar su puesto, pero en vez de ganárselo con acuerdos, diálogo y tradición democrática se lo quieren cobrar rapidito, y con el mismo resultado de simpatía natural. Y así les sale de mal.
Llevan cuatro años quejándose de los males de izquierdismo patrio: medios afines, demagogia, supuesta superioridad moral autoconcedida, falta de respeto, insultos… cuando en realidad lo que quieren es tener patente de corso para hacer lo mismo. Es más, lo han hecho cuatro años con un evidente aumento de nivel de ruido frente a lo que supuestamente criticaban. No critican por convicción, sino por envidia. No quieren introducir medidas liberales en economía ni en sociedad, quieren ser ellos los que implementen su economía socialdemócrata de derechas y su ideario fundamentalista en lo moral. Quieren dejar de parecer antipáticos por hacer cosas que creen parecidas a las que hacen los demás. Pero no se dan cuenta de que, en realidad, como los credos católico y evangélico y sus modos, relajado y naturalizado por la edad el primero, exaltado y sectario el segundo, las cosas no son parecidas, los hemos calado y no nos apetece dejarlos con las manos libres.
Por eso el Partido Popular no puede ganar con el discurso radical que ha empleado esta legislatura, porque antes de desbancar a nuestros malotes por otros nuevos nos vamos a fijar en quiénes son esos nuevos. Antes de dejar el sitio que la Iglesia Católica tiene en nuestra sociedad en manos de evangelistas recién bautizados queremos asegurarnos que el discurso de los novicios no nos retrotrae 20 años en derechos y libertades. Y mientras los discursos de FAES, de Aguirre y de Losantos, ecoificados hasta la náusea por los mal llamados liberalconservadores y sus colegas de enemigos comunes sigan pareciéndose tanto a los cómics de Chick (disponibles en casi cualquier templo evangélico nacional, son colección y muy reveladores), en España la mayoría lo tendremos claro: mejor de la mano con lo inofensivo, con lo ya socializado y aceptado como propio, que ha evolucionado hasta respetar, fíjate tú, mi diversidad ideológica sin insultarme por ello, que experimentos de nuevos valores únicos y adhesiones inquebrantables.
Sí. España ha votado relativismo, relajación, normalidad en vez de Estado de Excepción y dureza de discurso. Y lo haremos las veces que haga falta para evitar que los fundamentalistas saquen a los creyentes moderados del gobierno, aunque lo que nos gustaría es que el sistema fuera laico.
Por eso vivimos este bipartidismo asimétrico, en el cual un partido es ya patrimonio de todos por su Historia, el otro intenta serlo con malas artes y el tercero, guardián de esencias, tiende a perderse cuando se enfrenta el sentido común a los nuevos Inquisidores. Existen católicos de misa diaria y católicos del «yo creo en dios pero no en la Iglesia», y eso hace que exista mucho más porcentaje de creyentes dispuestos a ir de las esencias de IU al cristiano de celebraciones (boda-bautizo-comunión-entierro) que podría ser el centro. Mucha gente capaz de dejar de ir a una misa sin remordimiento, o que en las bodas se queda en los bares. Sin embargo, dejar de ir a un culto los domingos es una afrenta al señor para un protestante evangélico. No les va a resultar nada fácil sacarse encima el sectarismo de sus directivos, sus comunicadores y sus hooligans, porque están en una creencia tan ciega que cualquier paso atrás aunque sea para ver en perspectiva se considera un acto de apostasía. Piensa en lo mal que quedan las personas al salir de una secta, la fuerza de voluntad y el apoyo que necesitan. Y mira al Partido Popular. Es para echarse a llorar.
Aunque claro, esto en el fondo son pajas mentales literarias: el sábado un compañero de 21 años (novato, pues, en las elecciones) me comentaba que votaría Partido Popular porque entendía que era mejor poner en Madrid a alguien que se llevara bien con Valcárcel aquí en Murcia. Fue contarle las últimas declaraciones de Rajoy, Losantos y varios coleguillas de esta maravillosa Red para que se echara las manos a la cabeza. Igual de efectivo que leer la biblia para dejar de ser cristiano, oye.
Aunque vistos los resultados en mi Región de Murcia, lo que necesitamos no es Educación para la Cuidadanía solamente, necesitamos una nueva oleada de párrocos y obispos decentes. Traducido quiere decir que la izquierda partidista en esta tierra es tan absurda que es incapaz de ganar a un blanco tan facil como Valcárcel, demagogo de libro al que no le he oído hilvanar una idea en su vida. A veces, aunque uno no sea socialista, dan ganas de afiliarse sólo para poder defenestrar dialécticamente a ese pobre rico servidor público.
Serie Judas en campaña
- Judas en campaña (I) - Motivaciones
- Judas en campaña (II) - Programa, programa, programa
- Judas en campaña (III) - ¿Ya ha empezado?
- Judas en campaña (IV) - Más allá del debate
- Judas en campaña (V) - Vota en positivo
- Judas en campaña (VI) - Derechos y libertades
- Judas en campaña (VII) - Batacazo ciudadano
- Judas en campaña (VIII) - Bipartidismo asimétrico

















