Queridos hermanos y hermanas: el sermón de hoy es duro como la piedra, y largo como la procesión de Viernes Santo, así que tomad asiento y bebida, porque es necesario. En verdad es justo y necesario. Tan justo y necesario que esta semana habrá dos jornadas misales para completar temas.
Puede sonar herético e incluso malintencionado, pero la realidad a la luz bíblica es clara: nuestro Señor no pudo resucitar en Domingo.
Empecemos por el principio. Aún si desconociéramos más detalles, la doctrina de hombres de Viernes Santo y Domingo de Resurrección se invalida a sí misma. Porque nuestro Señor lo dijo bien claro:
La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches
Evangelio según Mateo, cap. 12, vers. 40
Las mentes más libres (y por tanto, más veraces) ya se habrán dado cuenta de que entre la tarde del Viernes y la mañana del Domingo mal caben tres días y tres noches. Tenemos, pues, un problema: o Jesús mintió, sabiendo que permanecería sepultado la mitad del tiempo que decía, o se equivocó, inconcebible en la divinidad encarnada, o esta división temporal es una pantomima. Analizando un poco más el tema, veremos que lo último será, precisamente, lo cierto.
Para ello, debemos ir poco a poco. Sabemos que Jesús debió resucitar al cabo de tres días y tres noches, esto es, 72 horas. Si nuestro Dios es Dios, es un Dios exacto y veráz, y tres días y tres noches suman esa cantidad. Así, podemos saber a qué hora se produjo el milagro. La Escritura nos dice que la muerte en la cruz tuvo lugar sobre la hora novena (alrededor de las 3:00 pm hora continental). La sepultura, pues, ocurrió entre las 3 y las 6 de la tarde. Los hebreos debían celebrar esa noche la cena pascual tal y como lo dice Mateo en el capítulo 26 de su Evangelio, por lo que el día sigueinte era declarado dia de reposo de gran solemnidad (Juan 19, 14 y Números 28, 16-17). La confusión proviene, sin duda, de que las fiestas religiosas hebreas eran señaladas como días de reposo, el mismo calificativo que recibe el Sábado común. Al afirmar en varios pasajes que la muerte de Cristo tuvo lugar en el día de preparación a la jornada de reposo, se ha llegado a asumir que debió ocurrir Viernes. Craso error.
Sabemos que el primer día de la semana, esto es, el Domingo (pues así funciona el calendario hebreo) nuestro Señor ya había resucitado. Sabemos que debió resucitar antes del anochecer. Podemos concluir que, en efecto, resucitó Sábado por la tarde. Y milagrosamente, eso concuerda perfectamente con el resto de la Escritura.
Si comparamos Marcos 16, 1 con Lucas 23, 55-56 veremos que las mujeres que acompañaban a Jesús vieron el sitio donde fue sepultado el cuerpo del Maestro, descansaron un día de reposo, compraron las especias aromáticas y los perfumes, descansaron otro día de reposo y tras éste último, el primer día de la semana, encontraron el sepulcro vacío. Esa es la clave: esa semana acontecieron dos días de reposo, el Sábado habitual y el día de la fiesta solemne de la pascua. Esta fiesta solemne, que se señalaba al día siguiente a la cena pascual (noche en que fue instaurada la Cena del Señor o eucaristía), es distinta al día de reposo habitual (Sábado) y por el contexto podemos inferir que cayó Jueves, permitiendo la compra de perfumes en el día intermedio.
Existe una prueba más, totalmente final. En la traducción de Ferran Fenton, una de las primeras traducciones al inglés del original griego de los evangelios, en Mateo 28,1 se habla de «Tras los sábados» debido a que, precisamente, el término griego original que refiere esos días de reposo es plural.
Esa semana pascual, Semana Santa de nueva creación, contuvo dos días de reposo con un día común separándolos. Si hemos de creer las palabras de Jesus y su señal de Jonás, debemos concluir sin duda que Jesús murió un Miércoles y resucitó un Sábado.
Una curiosidad. Según la profecía de las setenta semanas de Daniel, la predicación del Mesías duraría media semana (esto es, tres años y medio) y sería muerto a mitad de semana (esto es, Miércoles).
Una objeción aclarada. En Marcos 16, 9 se lee que Jesús resucitó el primer día de la semana. Es un error de puntuación, cuya simbología no usaba en griego original. Una coma mal situada cambia el significado de toda la frase: no había Jesús resucitado el primer día de la semana, sino que ese día, habiendo ya resucitado (antes) se apareció a ciertas personas.
Un comentario. En nuestras ciudades se suele celebrar una procesión durante Viernes Santo para conmemorar la pascua de nuestro Señor. Al mismo tiempo se mantiene otra procesión Jueves Santo y a ésta se la suele llamar Santo Entierro, dando por supuesto que el Señor murió Jueves y otra vez Viernes, intentando ajustar los tres días y tres noches entre el Jueves por la tarde y el Domingo por la mañana. Gran error, pues evidentemente falta casi un día entero. Error propiciado por considerar que la resurrección se produjo Domingo, cuando fue efectivamente el día anterior.
Pero si existe un error salvaje en la fijación de los días de la pasión, más salvaje es el propio concepto de procesión de Semana Santa a ojos de las Escrituras. Pero eso lo dejaremos para el sermón de mañana.

















