El Destino del Iscariote

Lookin' for someone to betray...

19.04.08

Once vueltas

Últimamente me recuerdo a mí mismo escondiéndome tras los árboles, en la sombra de la noche, para llorar el miedo acumulado. Te perdiste sólo unas horas, pero qué horas. Sin saber nada de ti me esforzaba en consolar a mi mejor amigo, a quien ocupaba el lugar que siempre lamenté no poder tener a tu lado porque sencillamente no me amabas. Suficiente para ambos.

No puedo borrar de mi retina tu vestido blanco, ese que usaste el día de mi bautizo, ese que relucía en tu risa de adolescente. Ni tus pantalones, también blancos y manchados, del primer día de clase. Lo recuerdo: recuerdo cuando te conocí porque todo mi ser se giró al ver saltar el corazón en mi pecho. Recuerdo el momento exacto en que tu luz llegó hasta mí. Sé en qué momento perdí totalmente la cabeza: en el primero. Nunca antes me sentí tan vulnerable. Qué maravillosa inocencia.

Me domaste como a un perrillo sin hogar. Me comprendías como nunca pensé que sería posible. Leías en mi mente, sentías antes que yo mismo mis dolores y alegrías. Me entendiste mientras era todavía algo entendible. A tu lado estaba entre iguales, sin prejuicios ni malentendidos. Con muchísima empatía.

Me hiciste sentir como un hermano, pero no me amabas. Un día me di cuenta de que eso me estaba volviendo loco. Me enroqué en el dolor y te culpé a ti de todo. Sentí que debía soltarte la mano, porque ambos nos pesábamos mucho el uno al otro. Demasiadas piedras acumuladas en el camino, y demasiado negras y densas. Me dolías tú. Me dolía yo.

Te lo dije y discutimos. No querías que me fuera. No podía quedarme. Ojalá me hubiese quedado. Ojalá me hubieses echado. Ojalá algo fuera distinto.

Hoy la Tierra completa once vueltas alrededor del Sol desde que te fuiste, y yo sigo sin poder parar de llorarte. Te quiero todavía, y aunque sé que lo que en realidad quiero es volver a la inocencia que me robaron y que tú me redescubriste mientras tuviste tiempo no puedo evitar quererte. No hay nadie en este planeta con más ganas de creer, y sin embargo sé que nunca más. Nunca. Te echo mucho de menos, Sara.

Intento sobreponerme. Pienso que todo tu ser forma parte ahora del Universo. Que seguramente habré mantenido encuentros con algunos de tus átomos, tus restos reales y únicos. Que aunque la conciencia se haya ido, algo queda aunque sea materia fria. Un nicho si acaso, al que visitar de vez en cuando si es que se encuentran fuerzas. Empecé un blog para intentar contar mi historia, y descubrir si es cierto eso que dicen de que, al desahogarte, parece menor. Ni siquiera me he atrevido a empezar.

Soy capaz de mirarlo todo como desde arriba. Sé que lo que nos pasó acabó con nuestra niñez, nuestra adolescencia, y que seguramente lo amplificamos demasiado. Lo que siempre me he preguntado es qué se exije a una tragedia para que te destroce la vida entera. Porque a veces me parece que cumplimos de sobra, y me siento un traidor si no te recuerdo. Nadie puede competir con una muerta. Nadie debería, pero la vida nunca es justa y yo no puedo evitar seguir queriéndote, aunque lo intente.

Ni siquiera pude besarte, pero me desahogo llevándote rosas rojas una vez al año. Este año también.

Tags:
Guardado en Asuntos Internos | | Permalink | |
Los comentarios de esta entrada están cerrados