El Destino del Iscariote

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14.05.08

Red & Liberal

Ahora que no nos lee nadie y cuando las aguas ya permiten a las palomas traer ramas de olivo, creo que es un buen momento. Un buen momento para dar un paso atrás y contemplar la escena desde una sana distancia. Un buen momento, en fin, para analizar y divagar. Desde una perspectiva mayor que permita entender el auge y la caída de una pieza muy importante de la Red política española de los últimos años. Para una experiencia completa, prepara un buen café o pilla una cervecita, ponte cómodo y sigue los enlaces hasta el último comentario.

Histórica es la única manera que se me ocurre de calificar esta entrada, y no por su repercusión o falta de ella, sino por remontarse varios años. Viajemos a mayo de 2005… y procuren no reírse ni de mi estilo literario (ejem) ni de mi púber inocencia (y por Zeus obvien esa errata asquerosa de «govierno»). Por esa época empezaba mi roce (en el sentido cariñoso) con Red Liberal. Hace tres años no había participación visible y agregada de progresistas (salvo que las faldas de escolar.net se tomaran como tal) mientras que sí existía algo que se denominaba Red Liberal, que agrupaba a lo que se entendía que era «la derecha» en Internet. Así nació el mito de que la derecha estaba mejor posicionada en la Red porque llegó antes y porque supo organizarse. Y no es del todo falso: llegaron antes.

Igual que en cualquier partido de fútbol, la incomparecencia del contrario concede victorias, a las que se añade la saña ante el cagao que no contesta. Así, mientras en algunos sitios sindicados en Red Liberal era posible mantener un debate serio, sosegado y ciertamente interesante (recuerdo varios y variados) en otros se gritaba de una manera faltona y bastante disonante con el marco, si se me permite decirlo, porque nadie les llevaba la contraria so pena de censura (secreto a voces que aún hay quien niega). Confieso que los primeros me conquistaron el corazón. Uno es de izquierdas, pero no imbécil, y se cansa muy rápido de dialécticas de clases y casas construídas desde tejados. Nunca me gustó per se la buena intención que recubre a la Izquierda porque, dicen y con razón, que de buenas intenciones está lleno el infierno. Encontrar sitios de debate y aprendizaje (sobre todo esto último) en los que te respondían personas inteligentes (nada que ver con los iluminados evangélicos con los que trataba antes) fue un oasis en medio de mi desierto. A nadie engaño si digo que siempre he sido de la facción individualista de la Izquierda (y mis palos me he llevado por ello), o que creo que uno de nuestros mayores pecados es no tener una base real y meditada de principios más allá de las ganas de mejorar, de progresar. Creí encontrar personas que sí habían hecho esos ejercicios aunque partieran de axiomas distintos a los que yo asumiría. Lo que pude comprobar a lo largo de esos meses es que una parte de los que integraban Red Liberal no tenían idea de nada de eso, sino que se habían arrimado al palabro como quien se acerca a un buen árbol esperando buena sombra y lo demostraban defendiendo secuestros judiciales de publicaciones satíricas o pidiendo cárcel para parlamentarios autonómicos. Eran mis primeros viernes con Batiburrillo (uno, dos, tres).

Entonces empezó la melodía: ser liberal equivalía a declarar que se era liberal. En algún comentario a enlaces anteriores hay quien dice con una sonrisa que es liberal-conservador y que lo descubrió «la semana pasada», como quien se encuentra un grano en el labio. Y quienes se declaraban liberales eran lo mejorcito de nuestra derecha patria: conservadores acomplejados, peones negros (misteriosamente silenciosos ahora) y desideologizados profesionales al servicio del garrote dialéctico. Así, han ido naciendo las diferentes famiglias de Red Liberal agrupando sensibilidades irreconciliables dialécticamente: republicanistas de la razón, teocones nacionalistas, anarquistas de mercado, hasta algún creacionista como toque chic. Todo aquel que quisiera ser liberal inauguraba una nueva versión del liberalismo. Bastaba que aportara un nuevo ángulo con el que criticar a la Izquierda (y a veces ni eso) para que se hiciera un hueco en los comentarios de los miembros, iniciando el camino a los altares libres, siempre y cuando escribiera de vez en cuando «libertad» o algo así.

Ya se había consumado. Si Red Liberal existió alguna vez como referente del pensamiento liberal en la Red española, pronto mutó en algo compuesto de dos partes: una liberal y otra una Red. Las geniales conversaciones se perdieron. El ruido ganó y yo empecé mi erosión, en la idea de que una gota es poco pero una gota tras otra tras otra terminan rompiendo hormigón. Mi motivación es conocida desde hace siglos: creo que España, Europa y Occidente necesitan un giro radical, y que ese giro sólo puede venir de la mano de izquierdistas y liberales trabajando juntos contra los reaccionarios (ahora sí) de ambos lados del eje ideológico. Por aquel entonces, y hasta hace muy poco, tenía a Daniel Rodríguez Herrera por alguien comedido y sensato. Equivocado en sus ideas, pero comedido y sensato. No entendía qué podía llevarle a sindicar y mantener ciertos sitios en Red Liberal, pero siendo esa su casa lo único que me quedaba por patalear era que así no íbamos juntos a ningún lado y que con el frentismo antiizquierdista presumir de ser un referente liberal provocaba sonrojo.

Muchas cosas han pasado en estos años. Muchas salidas de tono bastante desagradables. No me he dedicado a recopilar enlaces de barbaridades (pero puedo pedir un compendio prestado), yo ya tenía bastante con unos concretos, pero los archivos de blogs y páginas están para eso: archivar. Lo que más me sorprendía no era lo que leía (a fin de cuentas, un nostálgico del franquismo no sorprende cuando entona un Cara al Sol), sino el silencio sepulcral alrededor de las bombas. La censura se colaba, y se justificaba, (y se cuela y se justifica) como problemas del servidor o protección contra contenido malsonante, aunque la nueva explicación de «es mi casa y tú no entras» tiene un punto. Los insultos y el lenguaje grueso incluso se fomentan, y me consta que en más de una ocasión se ha llamado a «responder con desdén» a las críticas.

Así iban engordando las filas de Red Liberal, formadas por facciones en un enfrentamiento soterrado. No son muchas, sino como he dicho dos: la Red y lo liberal. Lo liberal sigue estando, y sigue estando callado o barajando excusas. En la Red se pueden encontrar funcionarios que abogan por la desaparición del Estado sin pestañear. También conservadores necesitados de cobijo con etiqueta decente porque ellos no lo son. Muchos que sin ser reaccionarios sí parecen necesitar personalmente del colchón colectivo (?) y prefieren vender que hablan de libertad y respeto cuando quieren decir miedo a la intemperie y comodidad intelectual. Algunos protestantes (y dos) que necesitan de un sitio donde todo valga para que sus artículos divinos (y dos) no chirríen demasiado. Y el entrañable caso de un antiguo miembro de Nuevas Generaciones que parece haber sufrido una epifanía y se ha dejado cresta (vistas las fotos, sólo diré ejem), se declara de izquierdas y llama cómplice de asesinato a todo quisque. Lo de este elemento merece mayor análisis porque su situación es paradigmática.

Stewie dice que es anarcocapitalista, libertario de izquierdas y no sé qué más. Su discurso es sencillo, porque parte de unas bases muy facilitas: la ética de la libertad. Tan sugerente nombre sólo esconde dos principios, dos pilares donde basar todo el constructo de conviviencia: el principio de no agresión y la propiedad privada. Empezando por el final, la propiedad privada stewiesca es especial, en cierto sentido pionera: alguien es dueño de algo si puede obtenerlo, o el oro para el primero que llegue. Los resultados son evidentes. El principio de no agresión da un poco de vergüenza explicarlo, así que mejor describir el orden espontáneo que surgirá victorioso: por arte de magia, las personas van a empezar a realizar tratos justos sin restricciones de contenido de ningún tipo, y sin producir violencia nunca nunca. Lo que Stewie no sabe (además de las normas de puntuación) es que sus propios compañeros no le toman en serio. Su presencia da un toque fresco (en argumentos, helado) al agregador y sus diatribas acerca de lo cómplices que somos todos de la tiranía y la imposición forzosa que sufre es entrañable, pero nadie le contesta. Incluso, y esto es lo más divertido, algunos le compran extremos para usarlos cuando a las claras piensan lo contrario (véase la objeción a EpC basada en la incapacidad del Estado para educar en valores y compárese con el polvo y las cenizas levantados por la insinuación, siquiera, de retirar crucifijos de nombramientos públicos). Stewie, te están usando. Al menos, ponte un precio.

La situación de Stewie, decía, es paradigmática porque es tal la amalgama de ideas y carencias que todo es criticable o justificable dependiendo de quién lo diga. Como Stewie siempre da el callo a la hora de defender el rancho común con ferocidad, que nos mande aprender evasión fiscal abertzale es una chiquillería. Ahora bien, con él nunca debatiremos de derechos históricos nacionales ni de monarquías necesarias. Si acaso de laicismo, dependiendo de cómo se levante ese día. Y el chaval, mientras lo tratan así, asiente.

Una respuesta empezaba a ser mantra: «yo no los leo». Suponíamos un poco más de sangre en las venas (y menos de horchata) en quienes sí defienden un ideario liberal por derecho de nomenclatura, un poco más de amor propio y vergüenza de acompañar a determinados elementos en esa estafa que pretendía erigirse como referente de una ideologia decente a base de aglutinar todo lo que gritase. Yo no los leo. Y los reaccionarios conservadores aparecían a agradecer tan magnas palabras como si de un apoyo incondicional se tratase contra los malvados quita-carnés. Ya les lees, en tu casa. Cuando eso empezó a suceder, cuando ya no valía no leerlos porque iban a sus casas a agradecerles que les dieran la razón aunque no lo hubieran hecho, volvió el silencio hasta que apareció la siguente excusa: la historia. La nueva idea que blanquea conciencias se puede resumir en algo muy sencillo: vale, aceptamos que hay personas en Red Liberal que no son liberales ni por asomo, pero mientras quede un irreductible liberal ésta será la casa de los liberales, donde tan interesantes (y cubiertos de polvo) debates se han podido leer. Viene a ser una mezcla entre los lemmings y la nostalgia, me temo, que los mismos reaccionarios y conservadores transformaron en corporativismo desde su comienzo. Aunque seguramente nadie esperó que se llegara tan lejos.

Alguien se sorprenderá si digo que sinceramente creo que el anarcocapitalismo es el precio que tiene que pagar el liberalismo. De forma inversa, es como el comunismo al socialismo: consiste el llevar hasta el final los axiomas sin dejarlos ser moldeados por la Realidad de las personas. Es por tanto su roce fruto de excesos, de pragmatismo y realismo, de implementación al fin, y harán muy bien los liberales en poner coto a ciertos ramalazos igual que los izquierdistas obligamos a los comunistas a acatar ciertos mínimos. El problema real existe, y existe contra la reacción conservadora (con todos sus matices: nostálgica y/o ensotanada y/o divinizante) y con quienes aceptan pulpo y hasta tigre como animal de compañía un poco excéntrico.

No sé si de verdad alguien creía que el Partido Popular tenía posibilidades de ganar las pasadas elecciones, pero parece que a algunos les escoció demasiado perder. Y les sienta como un chorro de limón el desarrollo de los acontecimientos dentro de dicho partido desde entonces. Lo que algunos llamaron eclosión liberal (que coincide exactamente con las derrotas populares) y no era más que un frente antiizquierdista decidió huír hacia adelante. Losantos entró a la sindicación de Red Liberal y algunos, libremente, no recibieron la noticia con mucha alegría. Su periódico, donde trabaja Daniel Rodríguez Herrera a sueldo del radio-opinador (por decir algo que no sea «del seguramente condenado en el futuro por varios tribunales») y que pretende ser la cabecera de ídem del liberalismo patrio, incluyó una sección de adoctrinamiento religioso disfrazada de libertad pero sin mucho éxito en donde se sindicaba a un obispo que había pedido el voto para formaciones… especiales. Reaccionarios listos ayudados de arterias llenas de jugo de chufa y crestas gritonas cantaron a coro «liberal es quien quiera serlo, y nadie tiene derecho a dudarlo, fascista» aún más fuerte al ver que empezaban a cuestionarse tanto la deriva del hogar (bola extra) como los criterios de admisión y permanencia. Finalmente (y paradójicamente…) llegó la expulsión.

Red Liberal se aloja en el servidor del Instituto Juan de Mariana. No sólo eso, sino que es ese instituto el que paga las facturas de alojamiento de Red Liberal y, como quiera que Daniel Rodríguez Herrera es vicepresidente a la fecha y es su criaturita, mantiene la administración del agregador según su voluntad (según parece, no por confianza delegada del que paga sino por derecho paterno reconocido). Más allá de la descripción anterior, lo único cierto, real y negro sobre blanco es que la expulsión se encuadra en esa voluntad. Las explicaciones dadas indican a las claras que Daniel Rodríguez Herrera obró como obró porque quiso, según lo que él llama razones (y que convertirían Red Liberal en un desierto sin autores) que otros piensan que muy liberales no son. La nueva cortina de humo (no sorprende, siempre hay una) para no entrar a ese fondo es que en propiedad privada no entran moscas. Cuando se disipe el humo, el engaño seguirá ahí.

El problema de Red Liberal no es que un porcentaje importante de miembros sean de todo menos amantes de la libertad (sector reacción) o tengan un dedo y medio de frente (sección acción, anarquía, agora). El problema es que de verdad creen y hacen creer que son liberales mientras los que sí lo son no tienen permitido discutir ese extremo ni parece que tengan ganas. El problema es que alguien así crea de sí mismo que es liberal (que lo crea Daniel Rodríguez Herrera, pase, pues éticamente está muy desgastado desde su affaire peonesco) y que crea, iluso, que Red Liberal es el más importante agregador de blog liberales en español (¿de verdad eso es lo mejor que puede producir el movimiento liberal español?). Se están hundiendo a base de pérdidas de nivel, y seguramente quedarán como algo residual, testimonial, acorde a la realidad de lo que son en la sociedad. Las cosas caen por su peso, y si encima estallan cargas el edificio aguanta menos.

La única duda que queda es si el término liberal sobrevivirá a los escombros, y eso es algo que dependerá de todos. Llamemos a las cosas por su nombre y dejemos de hacerles el juego dialéctico. Los liberales están en otros sitios.

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