Inmenso, didáctico y fresco: así ha estado Savater. Antonio Elorza por su parte ha sido extremadamente sólido y fundado en todo lo que decía. Jacobo Israel, presidente de la Federación de Entidades Judías de España, ha creído. Detalles la semana que viene con entradas de enjundia. De momento todo perfecto y muy agradecido a María Teresa Giménez Barbat, que es una maravilla de persona.
El curso ha empezado con muy buen pie. He hecho una mini-entrevista para Localia (una pregunta, pero vaya), he terminado de cargar mis tímidos nervios entrando al debate de fondo (¡¡y algún otro participante se ha sumado a mi postura!!) y además he visto a Stewie. De cerca. Dos veces.
Mañana mandaré otro parte.
Escribo desde una habitación de hotel. A estas horas España es virtual campeona de Europa de fútbol: hace una hora no pasa un alma por la calle. Hace dos, podías freir un huevo sobre las aceras. El calor es parecido al de Murcia: asfixiante. Pero tienen algo distinto.
Aranjuez tiene río. Es una perogrullada, el Tajo atraviesa la ciudad. Igual que el Segura con Murcia. Pero no igual. Es muy curioso cómo el paisaje se enverdece en cuanto sales de la provincia murciana, cómo los ríos tienen agua y ésta fluye mientras el estanque del Segura se aburre.
Pero de esas cosas no eres consciente hasta que sales y ves otros caudales.
Mañana inaugura el curso de verano Democracia versus Teocracia al que asisto Fernando Savater con una conferencia titulada ¿Es tolerable la tolerancia religiosa?. Promete. La semana está completa, salvo la tarde del miércoles que no hay programación oficial aunque sí una visita al Palacio Real que no sé si haré. Y es que he encontrado otra cosa que hacer….
Nada más llegar nos han entregado un libreto con los programas de todos los cursos de verano, y cuál es mi sorpresa de enterarme que esta semana comparto ciudad y parece que Universidad con la crema y nata de Red Liberal, alrededores y anunciantes, que participan como ponentes en el curso Libertad individual y políticas públicas, que casualmente está patrocinado por el Instituto Juan de Mariana. Más allá del hecho yomeloguisoyomelocomo del Instituto, la casualidad hace que el miércoles Daniel Rodríguez Herrera participe en una mesa redonda por la tarde.
Desde aquí queda dicho, Daniel Rodríguez Herrera et al: como la situación es tremendamente injusta (yo sé quiénes sois, he visto fotos) podríamos balancearla un poco. Con lo que me gusta mi anonimato y tal. Pero es que el martes viene María Blanco y, habiendo oportunidad de conocer, pues se intenta aunque no venga Stewie. Quién sabe qué parirá Aranjuez.

Hyperion, de Dan Simmons, es la primera de las cuatro novelas que forman los Cantos de Hyperion.
Publicada en España por Ediciones B aunque no aparezca en su ficha, el formato de bolsillo suma 618 páginas en tapa blanda y unos 5€ de precio.
En un escenario futurista, la Humanidad forma la llamada Hegemonía del Hombre, que extiende su dominio en la Red de Mundos. Las Inteligencias Artificiales unidas en el TecnoNucleo, tras conseguir la independencia de sus creadores, aparentemente colaboran con el hombre. Unas sombras alargadas, humanos que se han adaptado a vivir en Espacio abierto, forman la extraña raza exter que amenaza la estabilidad de la Red de Mundos. El lugar donde estallará toda la presión es el planeta Hyperion, que pronto liberará su arma lanzada desde el futuro: el Alcaudón.
Los peregrinos del dolor
Hyperion corre peligro. La Iglesia de la Expiación Final ha decidido organizar la última peregrinación antes de que la guerra llegue al planeta. O antes de que la bestia que encerrará se libere. Cada uno de los peregrinos es especialmente seleccionado, y deben ser un número primo. Su objetivo es presentarse en las Tumbas de Tiempo, donde según la tradición el Alcaudón escuchará sus peticiones, concederá a uno solo su deseo y ensartará al resto en el Árbol del Dolor.
Cada uno tiene una relación especial con Hyperion. Siete peregrinos y seis historias personales, pero que tienen un peso inmenso en el devenir de los acontecimientos de los libros sucesivos.
El maestro del padre Hoyt, el padre Duré, murió en Hyperion después de encontrarse con los bikura, una tribu descendiente de los primeros colonos del planeta que había establecido una extraña simbiosis con un organismo cruciforme que crecía en el laberinto de Hyperion. Como consecuencia, Hoyt llevaba adosados al pecho y a la espalda sendos cruciformes, el suyo y el de su maestro, obtenidos al intentar rescatarlo de los árboles tesla donde colgaban sus restos calcinados.
Fedmahn Kassad es un oficial de élite de FUERZA. Durante su entrenamiento, en simulaciones de batallas para aprender estrategia y curtir almas, algo no debía estar allí. Una mujer extraña a la simulación recreada por el TecnoNucleo aparecía y desaparecía, enamorándolo y usándolo sexualmente. Juegos de guerra y amor. Hasta que un día ambos se visten de cromo líquido y ayudan al Alcaudón a acabar con un comando exter en tiempo lento. Su vida ya está unida al guardian de las Tumbas del Tiempo.
El poeta Martin Silenus nació el Vieja Tierra, o eso asegura. Tratamientos Poulsen (con sus azules restos visibles) y varios viajes ilegales a velocidades relativistas le han permitido ver el nacimiento y la evolución de la Red de Mundos y de la Hegemonía. Paradójicamente, empezó a escribir buena poesía justo después de ver reducido su vocabulario a seis o siete obscenas palabras. Por casualidad termina en Hyperion, acompañando al Triste Rey Billy, el último mecenas, y por arte de musas se dispone a plasmar por escrito el fin de la Humanidad. Por arte, sobre todo, de su musa principal: el Alcaudón que mata a todos los demás habitantes de su ciudad.
El profesor universitario Sol Weintraub es un judío cuando eso ya no significa nada. Profesor universitario por vocación, también se encadena a Hyperion y al Alcaudón por una tercera persona: su hija Rachel, arqueóloga. En sueños, los ojos de rubí facetado del Alcaudón le exigían su sacrificio en un lugar apropiado, al modo de Abraham. El mensaje, de pura locura, es desechado y Rachel sufrió un extraño accidente en una de las Tumbas del Tiempo, la Esfinge, mientras estudiaba sus mareas del tiempo y sus efectos antientrópicos y desde entonces cada día que pasa lo rejuvenece y lo olvida. Sol tiene el tiempo justo: su hija nacerá pocos días después del momento en que se supone llegará a su destino.
Cuando un cíbrido se presentó en su dirección, la detective Brawne Lamia no esperaba terminar enamorada de una reconstrucción del poeta John Keats. Ni descubrir que el TecnoNucleo tenía una reconstrucción de Vieja Tierra. Saber todo eso provocó la muerte física de su poeta tras hacerse plenamente humano (al separarse totalmente del TecnoNucleo), que le regaló un embarazo y una copia de su personalidad en disco Schrón alojado en su cabeza.
El cónsul va a vengar una afrenta de generaciones, casi histórica. Es nieto de Siri, y la recuerda. Recuerda cómo era su planeta natal, Alianza-Maui, antes de entrar en la Red de Mundos y contar con portales teleyectores que inundaran las islas móviles de turistas. Recuerda a los delfines nadando en libertad y hablando mediante los medallones traductores. Recuerda cómo la Hegemonía con su uniformidad mediocre acabó con todas las formas de vida que pudieran competir con el hombre a lo largo de la Galaxia. Recuerda y espera. Pacientemente, entró en la burocracia. Pacientemente, ascendió de manera intachable hasta cónsul… en Hyperion, el mundo de la frontera en disputa con los exter. Pacientemente, hizo creer a ambos bandos que estaba de su lado cuando su lado era la libertad. Por eso libera al Alcaudón.
Het Masteen, la Verdadera Voz del Árbol, no tiene oportunidad de contar su historia. Como templario es un personaje extraño; como peregrino enigmático. Su caja de Möbuis contiene un erg, un ser viviente y sentiente con la capacidad de dominar la energía de los soles en ebullición nuclear; su nave templaria, la Yggdrasill, ardió en el espacio bajo el ataque exter. Su cuerpo desapareció en medio del camino, y sólo dejó un gran charco de sangre y ninguna pista.
La Humanidad, el TecnoNucleo, los exter e Hyperion
Cuando las Inteligencias Artificiales del TecnoNucleo se independizaron, cundió el pánico entre la Humanidad. Eran más poderosas de lo que sus amos estaban dispuestos a admitir públicamente, así que cuando la despedida se transformó en un acuerdo voluntario de colaboración hubo muchos suspiros de alivio. Nadie sabe realmente los planes, las motivaciones y las metas de las mentes binarias, pero ayudan a conservar el orden, mantienen nuestra esferas de datos alrededor de los planetas habitados y las enlazan entre sí en la Red de Mundos, y lo que es más importante: nos han regalado los portales teleyectores, que comunican instantáneamente dos puntos del Espacio.
Los exter, por el contrario, son aparentemente menos humanos que las máquinas. Sus cuerpos han evolucionado para adaptarse al vacío, y viven en colonias alrededor de las estrellas, cultivando y extrayendo agua de cometas y viajando al calor de las mareas de viento solar. La Humanidad estancada en una visión de sí misma como Imperio los teme y odia a la vez. Sucesos históricos, como la Batalla de Bressia donde se produjo una auténtica masacre, no ayudan a hacerles buena publicidad.
A todo esto, Hyperion es un planeta exterior, muy suculento para ponerlo en el ojo de los exter y forzar una guerra que terminara incluyéndolo en la Hegemonía. Pero el TecnoNucleo teme a Hyperion: conoce la existencia del Alcaudón, desconoce su naturaleza. Unos piensan que es un arma de las IAs para acabar con la Humanidad en su búsqueda de la Inteligencia Máxima. Otros que es un producto exter para destrozar a sus enemigos cibernéticos. Los terceros en discordia creen que es un justo castigo creado por la propia Humanidad estúpida. Nada es lo que parece, o nada parece lo que es, pero para ello tendréis que leer el próximo de la serie: La caída de Hyperion.
Nota al margen
Se agradece la existencia de versiones de bajo coste para poder permitirnos leer con cierto grado de elección. Sin embargo, la manera en que Ediciones B trata a sus lectores es bastante peculiar. Por ejemplo, Dan Simmons tiene otra genial tetralogía formada por Illión y Olýmpo, dos libros cada parte, pero no hay copias a la venta del tercer tomo desde hace años, con lo que de facto los lectores nos quedamos sin terminar la saga.
En este caso, la traducción y expresión usada en el texto es francamente censurable. Traduce Big Brother, en referencia al genial 1984 de Orwell, como Hermano Mayor (en una forma que nunca he visto en España, por cierto). Llama a El curioso incidente del perro a medianoche como El extraño caso del perro ladrando en la noche, demostrando una ignorancia remarcable de un libro recomendable.
Comas bailarinas, tildes desubicadas y disonancias en género y número para aburrir. Ni siquiera se cuidan los mínimos detalles, y una leyenda revolucionaria que juega un papel esencial en la trama pasa de llamarse Siri (bien) a Sira (mal) y alterna entre ambos con desdén.
En resumen: una pena de presentación para un libro que merece mucho más.