
Lo que más me ha sorprendido de Campamento Jesús es precisamente lo poco que me ha sorprendido. Campamento Jesús (I y II) es un documental de hace un año y pico que muestra muy gráficamente la forma en que la irracionalidad se abre paso en nuestra sociedad: golpeando donde más daño puede hacer.
Las imágenes nos llevan a un lejano pueblo de un lejano paÃs pero eso es sólo un engaño espacial, porque la mayorÃa de lo que allà ocurre, aquà ocurre (item más). Hace ya años que las iglesias evangélicas españolas organizan campamentos, actividades y retiros especializados en niños. En el verano de 1996 yo mismo asistà a uno. En ellos (y no sólo en ellos: en cada culto, en cada encuentro) ocurren cosas de las que ilustres protestantes nunca hablarán. Que se sepan.
Becky Smith es predicadora para niños, una actividad bastante más común de lo que parecerÃa desde la distancia y cuya misión consiste básicamente en el análogo de los catequistas católicos, adaptando el mensaje a su fe exaltada. «Los niños son muy aptos para el cristianismo», argumenta Smith, porque absorben como esponjas todo lo que ven entre los 7 y los 9 años. Si les dices que los judÃos son cerdos, se lo creen. Si les dices que Alah es grande y la gente merece morir por ello, lo creen. Si toda esa gente puede hacerlo, ellos también: ese es su frÃo argumento. Un argumento que encuentra un terreno perfectamente abonado en el individualismo post-ideológico que atraviesa Occidente, que dicta que cada cual haga de su capa un sayo y el que venga detrás que arree.
Una de las claves para entender el fundamentalismo religioso evangélico es su carácter atomizador. Los individuos se desentienden de la sociedad en la que viven hasta que logren transformarla en un calco de sus prejuicios. Se ofrece un bienestar interno que debe luchar cada dÃa con el mundo real y perder, por lo que se elimina el mundo real. Las personas presas de este tipo de creencias se separan de sus comunidades («¿Para qué voy a enviar a mi hijo al colegio 8 horas?» pregunta una madre que enseña creacionismo “cientÃfico” a sus hijos en su casa) y se aÃslan en su propio grupo cerrado, pero manteniendo roles determinados. Pesa mucho la propia relación con Dios. ¿El resultado? Sumando homeschooling a grupo infantil de la Iglesia obtenemos ostracismo social y comportamientos antisociales asumidos: sabemos que somos raros, por lo que esperamos que nos traten raro. Es más, si no nos tratan raro es que algo hacemos mal.
Para poder competir con la realidad, lo ofrecido tiene que ser bastante atractivo. De hecho, lo es. Música, respuestas, libros, respuestas, cultos, respuestas, compromisos, respuestas… Siempre hay respuestas, incluso a preguntas que no te haces. Hay una sensación de conocimiento extremo, total, ilimitado, pues si dios con nosotros, ¿quién contra nosotros? El exceso de información sumado al impacto sensorial que producen ciertas situaciones propicia un deslumbramiento que azuza nuestra curiosidad infantil y adolescente. Esas ciertas situaciones son tan corrientes como desmayos, pérdidas de conocimiento, glosolalia y visiones. Y cuando digo corrientes quiero decir que ocurren en cualquier culto de cualquier iglesia evangélica de esta piel de toro. Al final todo suele quedar reducido al autoconvencimiento de que tienes algo (un espÃritu santo dentro, un amigo imaginario) mejor que lo que sà puedes ver, palpar, tener.
La estrategia tiene incluso un nombre: avivamiento (revival). La finalidad del avivamiento no es más que reclamar la soberanÃa divina sobre un pedazo de terruño y permitirse sentir las anomalÃas fÃsicas propias del estado de trance. El avivamiento, en suma, consiste en irse olvidando de una cohabitación pacÃfica con un cristianismo social, cultural, y enfrentarnos a un cristianismo militante que reclama su entrada en polÃtica con la fuerza de los votos. Un giro vetotestamentario (impagable la condena a muerte a Harry Potter…) que deja en mantillas a los iluminados que nos quieres retrotraer al medievo al querernos llevar hasta el mismÃsimo Edén a base de sangre de Cristo. Casi se podrÃa decir que estos cristianos renacidos han pasado por encima del Jesús de los evangelios limitándose a paulinizar el Viejo Testamento. Lo cual no deja de ser indicativo de la evolución del dios del esclavo al dios del amo desde Babilonia hasta Washington.
El avivamiento es un concepto religioso fuerte. Contrapone arrepentimiento con ensañamiento: mientras uno realiza un verdadero acto de contricción ante su dios y sus hermanos, sufre la indiscreción de las confesiones públicas no forzadas pero sà inducidas. El propio planteamiento escénico del culto invita a esperar «que pase algo» o, más concretamente, «que me pase algo». En esas, cualquier músculo que se tense involuntariamente o cualquier palabra genérica que se te dirija y que puedas encajar en tu genérica vida es una señal divina irrefutable. También encierra un profundo autoengaño: tras los gritos, los ojos vueltos y las lenguas sueltas la ciudad no cambia, Jesús sigue no regresando pero ellos se sienten más realizados. Creo que alguien lo llamó soma.
Esos avivamientos suelen ser lugares propicios para quebrantamientos. Esa palabra tan fea viene a significar «cuando dios toma el control de ti y sólo puedes responder ante él» y se manifiesta normalmente con llanto abundante, temblores y gesticulaciones y una inmensa sensación de culpabilidad por los pecados más nimios. Cuanto más te quebrante dios más te ama, parece el dicho, y si eres bueno terminarás ese baile en el infierno, en el cielo o en cualquier otro lugar que el buen señor tenga a bien mostrarte en visión. No exagero: una amiga me relataba cómo se paseó entre los azufres un rato mientras reclamaba su ciudad para Cristo, o cómo en otra ocasión notó ciertamente la mano de dios impidiendo a su gozosa alma dejar sus restos mortales por ahà tirados en plena vigilia. Y no permitiré, y me pongo serio, que nadie cuestione su salud mental: era de lejos la persona más inteligente que he conocido.
¿Cómo hemos legado hasta aquÃ? La buena prensa de tener una ideologÃa ha pasado, y ahora es más corriente ser un -ista (socialista, nacionalista, conservador no termina en -ista pero se entiende…) por la etiqueta y dejarse de mirar contenidos. O ser un yo y mis circunstacias, que vienen a ser vestirse de bizantino para esclarece si yo soy mi cuerpo, lo poseo o lo tengo en usufructo. Las ideologÃas han muerto, y desde la Izquierda no hemos hecho nada para evitarlo: antes bien, nos hemos sumado a las puñaladas (¿internacionalismo? mola más ser nacionalista; ¿derechos humanos? eso es meterse en tradiciones ajenas, y un largo etcétera). Estamos viviendo una especie de tabula rasa del pensamiento, un todo vale y un vamos a probar que se me antojan espeluznantes. Un «somos más y estamos unidos» que recuerda gritos y agresiones del siglo pasado, como si la Historia quisiera jugar con nosotros y tras la Ilustración que trajo las guerras del XX quisiera hacer otro plalÃndromo con la Edad Media religiosa y el siglo XXI: una especie de ciclo cerrado de cerrazón humana. Como diciéndonos: sÃ, podéis progresar pero no es lo vuestro, pues sois poco más que monos bÃpedos soñando ser racionales.
O tal vez, dejemos por una vez un resquicio al optimismo, todo esto no sean más que los últimos estertores de la bicha. ¿Se imagina alguien que, por fin, los descreÃdos y librepensadores seamos una masa crÃtica capaz de pinchar y hacer sangre?

















