El Destino del Iscariote

It's better a Kiss of Death than nothing...

Archivo del mes 11/2008

30.11.08

Oído al pasar

… y él me ha dicho que los médicos naturistas no creen en las vacunas, que no son buenas, porque te meten cosas malas dentro y …

Murcia, 29 de Noviembre de 2008.

Hay que joderse. Sólo he acertado a responder eso.

23.11.08

¿Hace ruido un árbol cayendo en un bosque solitario?

La física cuántica requiere un cambio de nuestra visión de la naturaleza muy drástico. Es decir, según la física cuántica, las propiedades de los objetos no están definidas, o no tienen por qué estar definidas mientras no los observamos y esto es un hecho que se puede experimentar. Uno está acostumbrado a que cuando ve un objeto y lo deja de mirar, el objeto todavía está ahí, tiene una posición, tiene un color; sus propiedades están definidas y no hace falta que las mire nadie. Sin embargo, en el mundo atómico sabemos que esto no es así. Que cuando dejamos de observar un objeto, sus propiedades no están definidas, no se puede hablar de la posición, no se puede hablar de su velocidad, no se puede hablar de la órbita de un electrón. No se puede hablar de la polarización de un fotón. Todas las propiedades dejan de tener sentido y por muy extraño que esto parezca las cosas son así y solo cuando las observamos entonces cambiamos las propiedades o definimos las propiedades. Los observadores somos parte de la realidad como observadores y eso no hay quien se lo quite a la física cuántica. Esto conlleva un cambio en nuestra visión de la naturaleza.

Juan Ignacio Cirac en Cultura 3.0

El pasado miércoles 19 se presentó en Madrid la Plataforma Cultura 3.0 - Tercera Cultura, en un acto al que me fue imposible asistir. Inauguraron a la vez su Web, y ya desborda contenidos interesantes. El caso es que leyendo esta entrevista, concretamente ese párrafo, no he podido evitar recordar esa paradoja del árbol que cae solitario en el bosque y la eterna pregunta acerca de si hace ruido. La realidad cuántica es como es, y los enlaces de la entrevista nos regalan este vídeo:

Directo a mi SiteRoll, por derecho propio.

21.11.08

Cuatro años y un día

Publiqué la primera entrada de El Destino del Iscariote un 20-N hace ya cuatro años y un día. No creo que nadie se sorprenda si digo que trataba sobre Judas el apóstol, mi alter ego, mi nombre de guerra, pero sí puede haber alguien sorprendido por la distancia temporal. Cuatro años. Soy casi un abuelo en esto de los blogs. Y sin embargo, no he dado todo lo que he podido en este campo.

No voy a enlazar esa primera entrada, alojada en un servicio gratuito de blogs que va viento en popa y a toda vela (una casa madre donde descubrí allá por el 2003 qué eran eso de los blogs y me hice asiduo de algunos Padres de la Iglesia que ya duermen el sueño de los justos). Está todo lleno de faltas de ortografía y de lenguaje adolescente (un efecto colateral de perder tu adolescencia es que, tarde o temprano, llega y te pilla), y no consiguió su objetivo. Tampoco lo consiguió mi segundo hogar blogueril, del mismo nombre pero alojado en otro sitio. Pequeños arranques sin coro permitido en este colorido lugar definitivo tampoco consiguen su meta.

Nota al margen: A pesar de que el mundo ya ha dado once vueltas y pico, parece que se ha movido poco. Es simplemente una sensación irreal, lo sé, pero sensación al fin y al cabo. Es curioso que recuerde más vivamente y con mucho más detalle una clase cualquiera de Filosofía en el Instituto que lo que hice el martes pasado. Eres, entiéndeme el guiño que sólo tú entenderás, un resfriado muy mal curado.

Empecé un blog, este blog, con este nombre y este nick, por una razón. Una causa muy clara. Quería desahogarme. Quería soltar ese fuego que tenía dentro quemándome cada célula, cada impulso neuronal. Soltarme estas cadenas que aún me atan un poco, que me impiden asomarme al mundo y ver algo más que desinterés y nihilismo. Quería gritarle a dios que ya no lo odiaba, que había llegado al punto de lamentar su misma existencia memética. Quería contar las mentiras que me han contado, las tormentas que he vivido. El miedo. El dolor. La angustia. La soledad infinita e inevitable. No he hecho nada de eso.

Los días van sumándose, y cuando llegan a su cuenta se llevan una, como siempre. Pasan semanas, meses. La puerta a la que se asomaron hace un tiempo se ha quedado entreabierta, y los goznes chirrían cosa mala. El mismo aceite que la consiga abrir debería servir para descorrer la cremallera de los labios, pero siempre se corre el riesgo de la incomprensión y, lo que es peor, la indiferencia. Mis carnes aún duelen su presencia. La condescendencia y la pena me tienen bastante sin cuidado.

Las mismas razones que me llevaron a intentar gritar en este cubo de silicio de la Red me han llevado a cerrar la cremallera de mis labios en su versión teclado. Tengo palabras que ya suenan viejas en mi boca pero que son vírgenes de oídos aún, que han dejado una marca de desgaste en estas teclas que ahora toco, pero que nunca verán la luz de lo público. No quiero parecer demasiado dramático, dejémoslo en que me cuesta añadir peso a lo que ya sé pesado. Hay cosas que no sólo no les deseas a tus enemigos, sino a sus propios allegados por lo que les pueda salpicar. No salpiquemos, pues. Tampoco conviene olvidar que no sólo yo soy un voyeur.

En esos cuatro años y un día he sido sobre todo eso: voyeur. También actor, poniendo más máscaras de finalidades a la finalidad de mi blog. Y lo he hecho corriendo un riesgo atroz: sabiéndome capaz pero incapacitado. Lo que para cualquiera serían verdaderas oportunidades terminan diluidas en tiempo y silencio, y vergüenza de silencio y tiempo. Mi aguijón en la carne, por suerte, parece disfrutar aún del dulzor de mi sangre y algunas cosas sí se me ha cruzado. Por poner finalidades, he acabado poniendo en pie (ni más ni menos) un agregador de gafapastosos a base de autodidactismo, y el menos gafapastoso resulto ser yo aunque haya sido por falta de tiempo. Que a uno lo llamen figura valiosa en según qué sitios y por según qué inventadas causas tampoco ayuda. Lo dicho: las mismas razones para callar. Pero en el silencio he encontrado de nuevo el placer del código así que por ahí nacerá un retoño algún día, que ya hasta nombre tiene el jodío.

Todos los domingos me propongo empezar de una santa vez la semana al día siguiente, y mis status de FaceBook lo atesiguan. Suelo arrastrar el twitt del lunes hasta el siguiente lunes. No publico en mi blog. ¿Ya he dicho todo lo que tenía que decir? Bueno, no, ni mucho menos. Pero antes necesitaba decir todo esto. Vosotros, si os incomoda, mejor haced como que no lo habéis visto. No pasa nada. Pero ya no volveré a repetirlo, y pienso enterrar estas letras que lees en avalanchas de actualizaciones que no tendrán nada que ver con la verdadera finalidad de este blog pero también serán mías.

Debería decir que me he quedado muy a gusto, totalmente desahogado, y que las cosas mañana serán mejores. Pero los cambios, y más los necesarios, no llegan al instante. Me conforma por ahora el consuelo de que no se me ha olvidado del todo escribir medianamente bien, ¿no?

07.11.08

El efecto Obama

Es curioso lo mal que se me da hacer vaticinios político-electorales, y quizás por eso he preferido ser un lector silente en esto de la campaña norteamericana. Teniendo cerca a gente como egócrata y sus noches de caucus y primarias en twitter, a uno le quedan ya pocas cosas que comentar. Pero me parece que queda algo en el fondo del bote, algunas ideas que no he visto a nadie poner negro sobre blanco (y valga), algunas circunstancias colaterales al efecto Obama.

Lo que ya ha hecho el presidente electo Obama

Vale, Obama es negro. O no, mulato. Medio europeo y medio africano. Con pizcas, mezclas y lo que queráis. Es negro, en el sentido cotidiano del término, y las tonterías sirven sólo para divertirse un rato.

Repasando la prensa he estado leyendo la cobertura desde Chicago que ha hecho Público, y hay algunas frases que querría resaltar. Me ha llamado poderosamente la atención el indigente que gritaba «Lo han votado hasta los blancos. Nos han votado a nosotros, sus antiguos esclavos. Somos importantes». Puedo imaginarme a los dos jóvenes negros gritando casi sin creérselo eso de «El tío lo ha conseguido». Es curioso que Obama durante su campaña repitiera incesantemente que los principales problemas raciales en Estados Unidos no venían de un racismo blanco, sino de un derrotismo y un victimismo muy enraizado en la comunidad negra. Denunciaba que muchos, bajo la manta del sentimiento de ser «ciudadanos de segunda» escondían simplemente la pereza o el temor a tomar partido en la vida política, democrática o social, sentimientos propios del pensamiento cobarde y estático. Apelaba, en suma, a la responsabilidad de todos y cada uno y a dejar atrás estereotipos. Con su victoria, los negros que aún vivían con el ciego pensamiento de ser «de segunda» despiertan a la realidad. En un efecto doble, refuerzan su propia autoestima social a la vez que, por primera vez, comienzan a darse cuenta de que los problemas no terminan en su puerta, y de que ellos forman parte de una Nación que también les necesita.

Nadie duda de lo civilizados que son los norteamericanos, que nadie vea en el párrafo anterior una acusación implícita de racismo o segregación racial. Hablo de sentimientos. Hace menos de un siglo existía esa brecha social, y aunque las leyes cambien hay memorias que perduran algo más, y sentimientos difíciles de olvidar. También hay algunos que se ha preguntado en un alarde de patriotismo dislocado cuándo veríamos ecuatorianos o gitanos presidiendo España, lo que daría para una entrada entera nombrando diferencias de situaciones y errores de enfoque, así que mejor lo dejamos y sonreímos. Ains.

No sé si alguien recuerda haber visto celebraciones en pueblos y ciudades de África tras la elección de un presidente de Estados Unidos, o que le dediquen obras de teatro. No hay fronteras para Obama, y se celebra y comenta su elección en todo el mundo. Otra cosa que ya ha hecho el presidente electo Obama: mejorar la imagen de su país en el extranjero. Seguramente no entre las personas más exigentes, que esperarán prudentemente, pero sí entre la masa, tan dada a enloquecer y quemar banderas en ocasiones. Hay literalmente millones de pares de ojos que hoy miran a Estados Unidos con un color de cristal muy distinto respecto a hacer una semana en sitios donde antes no se los quería ni ver. Los europeos siempre creemos entenderlo todo, y las formas useñas no quedan fuera, pero lo cierto es que no entendemos un carajo de la forma de vida que se estila al otro lado del Atlántico. Creemos que Obama es lo que nos gustaría que fuera, y que hará lo que querríamos que hiciera, y si no lo hace… vamos a tener un problema. Por ahora, el electo Obama ha conseguido que el 60% de los europeos (cifra aproximada y, por qué no decirlo, inventada) queramos ser estadounidenses. Prácticamente todos nos daríamos la vuelta nada más llegar y ver cómo funciona aquello, pero esa es otra historia. Eso es un logro inobjetable, y más si tenemos en cuenta la opinión generalizada sobre los estadounidenses que circula por este viejo continente (fruto del desconocimiento, la incomprensión y la pereza a partes variables). Esperemos que Obama sea capaz de usar el envoltorio para darle contenido. El Congo, por ejemplo, sería un buen comienzo.

Lo que va a hacer el presidente Obama

Personalmente, no tengo la menor idea. Hay quien comenta por ahí que Bush Jr. se presentó con un programa que en política exterior era poco menos que aislacionista, y mira cómo han pasado los años. Puedo aventurar, sin embargo, lo que podría pasar. Porque, sintiéndolo mucho, soy de los que opinan que Obama, si hace lo que debe hacer, nos va a cambiar un poquito la vida a todos.

En política casera, tiene un ideal ambicioso de sanidad universal. No termino de entender la idiosincrasia yankee porque me cuesta mucho coger sus esquemas mentales, pero me hago a la idea de las razones por las que no tienen de eso, y me da la impresión de que esas razones, razonables o no, no se esfuman del ideario colectivo en un par de años. Más bien, creo que es el precursor, sí, de una europeización americana en ese aspecto. Antes de que me se salten las lágrimas de odio, ni de lejos sugiero que vayamos a ver una Caja de la Seguridad Social regulada por la Reserva Federal o un Secretario de turno, sino algo mucho más pragmático: la sanidad estadounidense es económicamente menos eficaz que la europea (cada paciente le cuesta más al Estado), es simple realismo aplicado que alguien ha debido ver ya. No se me ocurre cómo va a hacer lo que quiera que tenga pensado, pero va a ser interesante verlo.

Pero hay más que sanidad universal. Obama plantea una gran ofensiva educativa. Me da la impresión, y que se me permita la ilusión, que Obama entiende que, en un Estado (Nación o como queramos llamarlo) occidental y libre, que hace de la Libertad su bandera y que se considera grande y especial, el hecho de que la gente enferme y muera cuando es médicamente evitable y además sea analfabeta y culturalmente pobre es una vergüenza que termina decayendo. Como, por otra parte, pasa en Europa (¿o es que ya nadie se echa las manos a la cabeza con la espectacular bajada de nivel de los estudios de secundaria? ¿listas de espera interminables, falta de material y personal?) y así nos luce el pelo. No es menos cierto porque lo digan los rojos: una sociedad que no cuida de sí misma, aunque sea democrática, está abocada al fracaso.

Hay algunas cosas que Obama no va a cambiar, por mucho que muchos europeos se empeñen. Por ejemplo, la maldita manía de los presidentes de mirar por los intereses de sus votantes y no por los de los demás sitios. Eso incluye, por supuesto y por ejemplo, que defenderá su política energética hasta que tenga alternativas. O que no dudará en apretar los botones necesarios si percibe un peligro real. Personalmente no espero un gran cambio en política exterior estadounidense, más allá de cerrar Guantánamo (por fin) y tratar de suturar en Irak de un modo más o menos inteligente. Lo que sí destaca en sus discursos es su compromiso con Afganistán, y ahí es donde quería yo llegar…

Porque me da la impresión de que Obama va a ser, en algunos aspectos, justo lo contrario de lo que esperábamos, lo opuesto a lo que seguramente queremos pero irremediablemente lo que necesitamos. Estoy hablando de Europa, obviamente, a la que me barrunto van a invitar a convertirse de una jodida vez en algo más que un jarrón de adorno. En las portadas de lo que se hablará será de números de tropas de quién destinadas en dónde. No miento si digo que ya oigo a algunos quejarse de esta elección: contra McCain eso no pasaría, y viviríamos mucho mejor, pero a ver quién le dice que no a Obama después de babearle el trasero tanto. Tendremos que dejar de hablar de multilateralidad y empezar a ejercerla, con lo que ello conlleva. Si todo funcionara como debiera, Europa aprenderá que los dictadores y los radicales no caen solos si les pasas la mano por el lomo y que hay veces que es necesario disparar, y América entenderá que la democracia no se puede exportar de un día al siguiente y que para algunas cosas mejor tener amigos que MasterCard.

Por supuesto, es posible que nada de eso ocurra: que ni sanidad universal ni proyecto de, ni mejora en educación, ni despertar europeo en el Mundo, ni nada de nada. Pero ya que todos han soñado, yo también quiero.


Casi todos mis compañeros de NeoProgs y algunos de Siracusa han hablado del tema, pero no puedo dejar de invitar a la lectura de los XVI puntos de Gregorio Luri, la visión imperialista de Isidoro, la mirada desde abajo que hace Yoani, la guinda bíblica de Ismael. Si parece poco, podemos perdernos entre Barras y Estrellas. Y si hay ganas de más, leamos sobre sueños dulces y victorias incompletas.

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