El Destino del Iscariote

I wouldn't pay for that more than 30 coins!

12.12.08

El extraño caso, resuelto

Normalmente, los primeros párrafos de una entrada suelen ser en los que el autor pone más énfasis (sobre todo si, como yo, escribe del tirón y no suele tener borradores sobre los que trabajar). Así, esta divagación iba a dar comienzo como una carta típica de típico libro de filosofía, de esos que escriben los padres a los hijos o los maestros a sus alumnos. Decía tal que así:

Carta a Mario

Querido padawan:

Como ya sabrás este viejo traidor tiene un aguijón en su carne, tal que aquél otro viejo (y quién sabe si también traidor), que se comporta a veces más como un dáimôn, otras más como un paciente doctor, las más como el que sabe más por viejo (en cuanto a experiencia de vida) que por diablo. Ese dáimôn platónico quizá ni sepa que lo es, y quizá incluso sea excesivo el título, pero como es un apelativo cariñoso y simpático pues se mantiene.

La figura que aparece y desaparece de la blogosfera, la que disfruta aguijoneando con mails para azuzar palabras es (y perdona la expresión gruesa) casi una leyenda. Y como todos los mitos, tiene su arma propia. Distintas Eras han temido la Tizona del Cid, el Anillo de Poder y padecer un Fiskin de Manel Gozalbo.

No obstante, dado que Mario suele ser susceptible a la alusiones a su edad, quede eso como no escrito y vamos al tema. Enfrentemos a Zeus y fiskeemos a Manel. No en cualquier entrada, sino en una excepcionalmente fiskeable, extrañamente mal asentada y, si se me permite, un poquito incomprensible. Viniendo de él, claro. El extraño caso del ateo proclerical.

Como decía en la intro, en los primeros párrafos Manel se explaya contando su llegada al ateísmo desde la erudición, que produjo además un muy sano interés hacia los mitos y los contextos y otra muy sana distancia formal de ateos chillones y nuevos milenaristas. Vale, ya sé que no es muy escolástico eso de fiskear dos párrafos en una frase, pero en todo lo dicho hasta ahora sólo cabe un pequeño matiz:

Richard Dawkins, [...]: There’s probably no God. Now stop worrying and enjoy your life, aquella publicidad tan teatrera que contrató en los autobuses londinenses, apenas es el eco postergadísimo de lo que Siduri [1] había advertido a Gilgaméš hace 4.000 años [2], quedando el horaciano carpe diem a mitad camino entrambos:

Además de agradecer el enlace, que uno con su velocidad de publicación no se gana muchos últimamente, me pregunto cuál es el problema. ¿Publicidad teatrera? ¿Eco postergadísimo? El mismo Dawkins te hablaría del meme que Siduri había implantado en Gilgaméš, y que ahora recorre Londres en autobús. Y tú mismo te darías una charla acerca de contextualizaciones temporales, de éticas del momento, de canales comunicacionales e intencionalidades moralizantes tanto en los escritos de Gilgaméš hace 4000 años como ahora en la cultura británica y sus autobuses. Yo creo que no debo añadir más.

¡Ajá, pues ya te he pillado: partidario de la separación de Iglesia y Estado! Ntch. No me preocupa especialmente. La última vez que lo miré, esa cuestión era el problema número 28 a resolver para asegurar el buen funcionamiento de un Estado. Ponerse estupendo y obviar los 27 anteriores —o simular p.ej. que en España tiene la misma trascendencia ese que la inexistente separación de poderes o la ilusoria independencia judicial— me parece del género bombero torero.

Manel, hace ya años que los sistemas operativos son multitarea. Vamos, que no estamos pidiendo que vaya Solbes a quitar los crucuifijos a las escuelas públicas con la que está cayendo. Además de que plantearlo en términos casi de un juego de suma cero es un poquillo tramposo. Y eso sin contar lo de «…ponerse estupendo y obviar…», como si una persona sólo estuviera legitimada a tener una sola opinión en un solo tema en toda su vida. Este no es mi Manel; estos son lugares comunes.

Las mentes maniqueas o cuadriculadas, gustosas de cazas de brujas, no entenderán ni aceptarán fácilmente que yo sea un ateo proclerical, un ateo favorable a la existencia de iglesias e Iglesias, las cuales, como tantas otras cosas en la vida cuya existencia nunca he deplorado, no me son personalmente necesarias.

Si el tocino es velocidad, el jamón debe ser aceleración. «Un ateo favorable a la existencia de Iglesia e iglesias». Habrase visto raro espécimen, que habita en tierras deslenguadas (el que sepa leer…) y que parece creer es el único en su especie. Bueno, es el único de su especie que cree que es el único de su especie, si nos entendemos. ¿Qué tendrá que ver, alma de cántaro, creer o no en dios para que te importe que otros crean o no en dios, en otro dios, o en un subconjunto de partes de \mathbb{N} de dioses? ¿Tan mal vistos estamos los ateos desde la perspectiva de nosotros mismos? ¿Tanta impresión damos de querer destruir iglesias a pedradas? Personalmente, creo que cada quisque tiene derecho a creer lo que quiera y tener el templo dedicado al amigo imaginario que prefiera, siempre que no trate de imponerme esa amistad y, ojito, siempre que no trate de meterla en lo que es de todos. Ya me parece mal que los padres metan ideas raras en la cabeza de sus hijos (pero me aguanto y alivio porque, mira, tras 2000 años pocos le hacen ya caso) como para que le enseñen teología cuando lo que yo quiero es que aprenda a sumar, dividir y esas cosas que los chavales de 16 años de ahora hacen a duras penas, a conocer el mundo donde vive según es y no según el sesgo del amigo imaginario de nadie. No sé simexplico, vamos, pero eso de destrozar iglesias sería muy contraproducente, máxime cuando es allí donde queremos mandarlos a enseñar y aprender religión. E igualarnos a los nazis («eso es lo que queréis, meternos dentro y meterle fuego») ya quedaría muy fuera de lugar.

Soy sincero: salvando odios patológicos, no comprendo qué interés hay en quitar crucifijos de escuelas o en que las hembras musulmanas no puedan acudir a clase con velo. Me esfuerzo por captar la idea, pero siempre termino en lo mismo: oh hermano, ¿quién eres tú para decirme cómo vestir?, ¿quién, para despojarme de mis creencias personales? Si en el colegio quieren que haya crucifijo, que haya. Si la chica quiere llevar velo, que lleve.

Y siguiendo la comparación, este tocino no tiene ni una vetica de jamón, pa qué engañarse. Porque ahora resulta que va a ser lo mismo el mobiliario de un centro de enseñanza público que la vestimenta de una persona particular y libre, tócate los huevos Pepito. Pues se lo explicamos a Pepito. Si una chica quiere llevar una cruz de plata, un velo o la representación de Brahma con todos sus brazos extendidos alrededor del cuello y sus cabezas mirándole el canalillo, que lo lleve. En todo caso, será la columna vertebral de la última la que se resienta. Pero el crucifijo en el aula es otra cosa, y a ver si me explico y se comprende sin apelar a odios patológicos: es simple posibilismo. Yo, personalmente, puedo sentirme ofendido por esa presencia por causas que, para mí y personalmente, sería muy difícil tener que explicar por simples razones de intimidad personal. El Estado, según la legislación vigente, debe respetar mi libertad religiosa, y dentro de ella mi malestar porque símbolos de una religión me sean impuestos contra mi voluntad desde un centro público. Ahora bien, lo cierto es que para poder pedir que retiren ese crucifijo que me molesta y que, según la Ley, por eso debe ser retirado, para hacer eso, digo, debo expresar públicamente mis opiniones religiosas, lo que me obliga a elegir entre mi derecho a no tener ese crucifijo en el aula y mi derecho a no tener que airear mis ideas públicamente. O me callo y me como la cruz, o renuncio a mi anonimato religioso. Quizá ese problema no te quite tanto el sueño como una hipoteca, pero hablamos de padres, hijos y educación. Hay todo un océano de realidades bajo los primeros metros de agua.

Subrayado he el término público en el párrafo anterior. Una chica, por muy ligera de faldas que sea, no es un bien público, y si lleva crucifijos, pañuelos o esclavas de oro macizo es cosa suya. Una escuela pública es un lugar (cómo decirlo) público, que tiene una finalidad concreta y que debería ser neutral en asuntos que son libertades individuales de cada persona y que, por tanto, dan lugar a pluralidades. Coño, como la religión o la política. Coño, no como la evolución. Es el ciudadano el titular del derecho a la libertad religiosa, y por tanto la niña puede llevar velo, cruz o lo que quiera y el aula no debe tener cruz, velo ni seres con brazos extra. No al menos con fines de preeminencia, que ya me veo a algunos iconoclastas pidiendo el fin de las manualidades con barro. Ni el AMPA ni la dirección del cole tienen derecho a la libertad religiosa, ni mucho menos las paredes de la clase, y el simple hecho de que uno de los miembros de la comunidad pueda sentirse ofendido exige (¿he dicho exige? he dicho bien) una neutralidad exquisita, pues obligarlo a pronunciarse equivale a privarlo de su derecho al silencio.

Creo que con decirlo de tres formas distintas vale. Al menos, en mi época, para la formulación química valía, por lo que me añado además un plus porque es un izquierdista el que le menta el individualismo al liberal. Así que como premio me salto lo referente a las perras, que es muy cansino escuchar eso de «como amamantamos a 20, que sean 30 no debe jodernos» y que casi roza lo innombrable [no lo nombraré, pero suena muy feo] con esa llamada a la evangelización, islamización o hunduización como método para ser amamantado. No, lo que es casi pasmante es no encontrarse una crítica hacia eso. Iba a decir que he leído cosas a Esplugas más convincentes, pero no quiero hacer sangre.

¡Pero el Estado debería ser imparcial ante el hecho religioso! ¿Por qué? O mejor dicho, ¿y por qué no se exige antes imparcialidad en tantas otras facetas estatales? ¿Por qué, por ejemplo, la discriminación positiva respecto de determinadas minorías? ¿Por qué los beneficios o perjuicios fiscales en función de la condición jurídica del contribuyente o en función de sus ingresos? ¿El Estado no debiera ser igualmente imparcial ante el hecho económico? ¿Y por qué se proporciona seguridad policial en un partido de fútbol y no al grupo de amigos que nos reunimos los viernes para jugar al parchís asesino? ¿Dónde están los antidisturbios cuando mi colega Panchito cuenta 25 en vez de 20 al comerme una ficha, que la última vez casi le saqué un ojo con el cubilete, eh? ¿Y por qué no nos subvencionan HispaLibertas tan generosamente como a la fundación esa del PSOE, coñoyá?

En orden. Porque la religión es una opinión personal, o a menos esa es la consideración mínima de cada religión hacia las demás, luego la tomaremos como mcd y base de convivencia. Porque hay hechos que no se eligen y necesitan objetivamente un tratamiento parcial. Porque uno no elige ser ciego, gitano o mujer, pero sí elige (se supone) tener una religión. Porque las sociedades, a lo largo de la Historia o incuso antes, se han configurado en torno a un altruismo grupal que ha ido extendiendo su radio de acción, y que se ha traducido en una proporcionalidad de cargas en función de ingresos, y no veo mayor problema en ello salvo lo difícil que es concretarlo en una frase y lo mal, incompleto y casi absurdo que ha quedado, pero la idea está clara. No, porque no todos venimos al mundo en las mismas condiciones y una de sus funciones es procurar igualdad de oportunidades en diferencia de herencias. Por lo mismo que un grano no hace granero ni un borracho gallito es lo mismo que un etarra. Seguramente en un disturbio real. Porque Pepe Blanco es un caso aparte.

Acabo. No sé si soy el único ateo proclerical —Google dice que sí, tampoco me importa—, pero cada vez que lo pienso encuentro más cartón piedra ideológico en el laicismo. En fin.

Bueno, ya hay quien dice que «mejor Islam que laicismo», y curiosamente utilizan casi casi los mismos clichés que Manel. Creo que Zapatero ya está buscando diseñador: quiere añadirle un burka al Jesus crucificado de las tomas de posesión. Podemos estar contentos.

P.D. Por si no ha quedado claro…

32 monedas de traición

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