El Destino del Iscariote

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Entradas personales: mis cosas y mi blog.


05.01.09

Usabilidad

Después de un mes de uso, hoy he descubierto el botón Actualizar de Microsoft Internet Explorer 7. Que vivan las localizaciones novedosas.

P.D. Sí, ya sé que prometí actualizar más a menudo, pero estoy trabajando en algo importante y, por tanto, secreto…

21.11.08

Cuatro años y un día

Publiqué la primera entrada de El Destino del Iscariote un 20-N hace ya cuatro años y un día. No creo que nadie se sorprenda si digo que trataba sobre Judas el apóstol, mi alter ego, mi nombre de guerra, pero sí puede haber alguien sorprendido por la distancia temporal. Cuatro años. Soy casi un abuelo en esto de los blogs. Y sin embargo, no he dado todo lo que he podido en este campo.

No voy a enlazar esa primera entrada, alojada en un servicio gratuito de blogs que va viento en popa y a toda vela (una casa madre donde descubrí allá por el 2003 qué eran eso de los blogs y me hice asiduo de algunos Padres de la Iglesia que ya duermen el sueño de los justos). Está todo lleno de faltas de ortografía y de lenguaje adolescente (un efecto colateral de perder tu adolescencia es que, tarde o temprano, llega y te pilla), y no consiguió su objetivo. Tampoco lo consiguió mi segundo hogar blogueril, del mismo nombre pero alojado en otro sitio. Pequeños arranques sin coro permitido en este colorido lugar definitivo tampoco consiguen su meta.

Nota al margen: A pesar de que el mundo ya ha dado once vueltas y pico, parece que se ha movido poco. Es simplemente una sensación irreal, lo sé, pero sensación al fin y al cabo. Es curioso que recuerde más vivamente y con mucho más detalle una clase cualquiera de Filosofía en el Instituto que lo que hice el martes pasado. Eres, entiéndeme el guiño que sólo tú entenderás, un resfriado muy mal curado.

Empecé un blog, este blog, con este nombre y este nick, por una razón. Una causa muy clara. Quería desahogarme. Quería soltar ese fuego que tenía dentro quemándome cada célula, cada impulso neuronal. Soltarme estas cadenas que aún me atan un poco, que me impiden asomarme al mundo y ver algo más que desinterés y nihilismo. Quería gritarle a dios que ya no lo odiaba, que había llegado al punto de lamentar su misma existencia memética. Quería contar las mentiras que me han contado, las tormentas que he vivido. El miedo. El dolor. La angustia. La soledad infinita e inevitable. No he hecho nada de eso.

Los días van sumándose, y cuando llegan a su cuenta se llevan una, como siempre. Pasan semanas, meses. La puerta a la que se asomaron hace un tiempo se ha quedado entreabierta, y los goznes chirrían cosa mala. El mismo aceite que la consiga abrir debería servir para descorrer la cremallera de los labios, pero siempre se corre el riesgo de la incomprensión y, lo que es peor, la indiferencia. Mis carnes aún duelen su presencia. La condescendencia y la pena me tienen bastante sin cuidado.

Las mismas razones que me llevaron a intentar gritar en este cubo de silicio de la Red me han llevado a cerrar la cremallera de mis labios en su versión teclado. Tengo palabras que ya suenan viejas en mi boca pero que son vírgenes de oídos aún, que han dejado una marca de desgaste en estas teclas que ahora toco, pero que nunca verán la luz de lo público. No quiero parecer demasiado dramático, dejémoslo en que me cuesta añadir peso a lo que ya sé pesado. Hay cosas que no sólo no les deseas a tus enemigos, sino a sus propios allegados por lo que les pueda salpicar. No salpiquemos, pues. Tampoco conviene olvidar que no sólo yo soy un voyeur.

En esos cuatro años y un día he sido sobre todo eso: voyeur. También actor, poniendo más máscaras de finalidades a la finalidad de mi blog. Y lo he hecho corriendo un riesgo atroz: sabiéndome capaz pero incapacitado. Lo que para cualquiera serían verdaderas oportunidades terminan diluidas en tiempo y silencio, y vergüenza de silencio y tiempo. Mi aguijón en la carne, por suerte, parece disfrutar aún del dulzor de mi sangre y algunas cosas sí se me ha cruzado. Por poner finalidades, he acabado poniendo en pie (ni más ni menos) un agregador de gafapastosos a base de autodidactismo, y el menos gafapastoso resulto ser yo aunque haya sido por falta de tiempo. Que a uno lo llamen figura valiosa en según qué sitios y por según qué inventadas causas tampoco ayuda. Lo dicho: las mismas razones para callar. Pero en el silencio he encontrado de nuevo el placer del código así que por ahí nacerá un retoño algún día, que ya hasta nombre tiene el jodío.

Todos los domingos me propongo empezar de una santa vez la semana al día siguiente, y mis status de FaceBook lo atesiguan. Suelo arrastrar el twitt del lunes hasta el siguiente lunes. No publico en mi blog. ¿Ya he dicho todo lo que tenía que decir? Bueno, no, ni mucho menos. Pero antes necesitaba decir todo esto. Vosotros, si os incomoda, mejor haced como que no lo habéis visto. No pasa nada. Pero ya no volveré a repetirlo, y pienso enterrar estas letras que lees en avalanchas de actualizaciones que no tendrán nada que ver con la verdadera finalidad de este blog pero también serán mías.

Debería decir que me he quedado muy a gusto, totalmente desahogado, y que las cosas mañana serán mejores. Pero los cambios, y más los necesarios, no llegan al instante. Me conforma por ahora el consuelo de que no se me ha olvidado del todo escribir medianamente bien, ¿no?

15.10.08

NeoProgs

Esta tarde me he puesto mi camiseta roja, esa que llevé la mañana en que conocí físicamente al mismísimo demonio y que, junto al burócrata revolucionario, engullimos con prisa una delicia oriental antes de que echara a volar camino a casa. Fue la guinda de una semana intensa que arribó a buen puerto.

Mi camiseta es roja, con unas letras oscuras que rezan «We could rule the World». No soy supersticioso, ni siquiera tengo deseos de dominación mundial, pero soy extremadamente maniático. Diríamos casi que mis manías darían para veinte culturas supersticiosas distintas, pero son igual de absurdas que el miedo a los gatos negros o a las escaleras apoyadas en paredes. Es difícil, por ejemplo, explicar que la fecha del 15 de Octubre no terminaba de convencerme porque 15 es compuesto sin parecer demasiado lacrimizable, pero es lo que hay. Sé que divago, pero no encontraba otra manera de empezar esta presentación en sociedad si aludir a los defectos de quien ha gestado a la criatura en cabezas ajenas.

Hoy nace NeoProgs, un nuevo agregador progresista que se suma a esta maraña de la Red. Pretendemos ser más que un agregador, pero eso ya dependerá de nuestra capacidad para transmitir en distintos canales a la vez. Hoy arranca NeoProgs porque pensamos en otra manera de ser progresista. Citando a Geógrafo citando a Citoyen, «somos tan idealistas como es posible serlo con la ciencia en la mano y tan escépticos como la realidad nos exige». Un listón muy alto el que nos ponemos.

Sé que ahora tocaría hablar de quiénes, por qué y cuándo, esas preguntas típicas, pero creo que ha llegado el momento de descansar un poco del afuera y volver a mi hogar, que tengo esto bastante descuidado. Todo está allí, o lo estará pronto: buscad, navegad. Y si encontráis un fallo, avisad (no hay recompensa, pero sí gratitud).

Poco más. Ah, sí, antes de que se me olvide: visite nuestro bar.

11.10.08

P y NP

Grosso modo, una Máquina de Turing no es más que una modelización de la computación manual. Esquemáticamente, consiste en una cinta dividida en celdas y una cabeza lectora/escritora que sólo puede realizar una acción en una sola celda por vez.

Pensemos en un algoritmo simple: dado un natural, calcular el siguiente. Operando en binario, todo se reduce a fijar una corta serie de normas sobre cambios entre ceros y unos en función de sus adyacentes, por lo que evidentemente el tiempo que tarde el algoritmo en resolver el problema dependerá de la longitud de la inscripción inicial. Si llamamos n a esa longitud, podemos definir T(n) como el tiempo que tarda en resolver el problema una Máquina de Turing arrancada con una inscripción de tamaño n. T(n) es una función discreta, que se puede intentar acotar mediante una O grande g real.

Si conseguimos acotar el tiempo del algoritmo mediante una O grande que sea a su vez un polinomio real, decimos que es de tiempo polinómico; en caso contrario decimos que el algoritmo es tiempo exponencial. Dándole la vuelta, decimos que un problema es de tiempo polinómico si existe un algoritmo de tiempo polinómico que lo resuelve.

Un problema se dice de decisión si sólo admite dos respuestas. Por ejemplo, la primalidad: un número entero sólo puede ser primo o compuesto. Parece evidente pues llamar P a los problemas de decisión para los que existe un algoritmo de tiempo polinómico que los resuelve. De hecho, desde 2002 sabemos que Primes is in P.

Existe otro tipo de problemas un poco más enrevesados. Consiste en aquellos problemas de decisión para los cuales, si la respuesta es afirmativa, existe un conjunto de valores iniciales y un algoritmo en tiempo polinómico que los resuelve. Nótese la ligera diferencia: si la respuesta es sí y me dan unos datos, lo resuelvo eficientemente. Desde mucho antes de 2002 se sabía que la primalidad es de este tipo… pero haciendo trampa y llamándolo problema de factorización de enteros: dado un número compuesto, si sé es compuesto y tengo unos determinados datos (por ejemplo trivial, un factor) existe un algoritmo de tiempo polinómico que resuelve el problema de factorizarlo (otra cosa es que sea computacionalmente eficiente con las velocidades de las máquinas actuales). Este tipo de problemas se llaman NP (Non-Deterministic Polynomial-time).

La gran pregunta es, por supuesto, ¿P=NP?


No se preocupen, esto es sólo un divertimento… y una cuenta atrás.