El Destino del Iscariote

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Libros, relatos, ideas felices… La buena Ciencia Ficción es peor que una droga.


27.06.08

Hyperion

Hyperion

Hyperion, de Dan Simmons, es la primera de las cuatro novelas que forman los Cantos de Hyperion.

Publicada en España por Ediciones B aunque no aparezca en su ficha, el formato de bolsillo suma 618 páginas en tapa blanda y unos 5€ de precio.

En un escenario futurista, la Humanidad forma la llamada Hegemonía del Hombre, que extiende su dominio en la Red de Mundos. Las Inteligencias Artificiales unidas en el TecnoNucleo, tras conseguir la independencia de sus creadores, aparentemente colaboran con el hombre. Unas sombras alargadas, humanos que se han adaptado a vivir en Espacio abierto, forman la extraña raza exter que amenaza la estabilidad de la Red de Mundos. El lugar donde estallará toda la presión es el planeta Hyperion, que pronto liberará su arma lanzada desde el futuro: el Alcaudón.

Los peregrinos del dolor

Hyperion corre peligro. La Iglesia de la Expiación Final ha decidido organizar la última peregrinación antes de que la guerra llegue al planeta. O antes de que la bestia que encerrará se libere. Cada uno de los peregrinos es especialmente seleccionado, y deben ser un número primo. Su objetivo es presentarse en las Tumbas de Tiempo, donde según la tradición el Alcaudón escuchará sus peticiones, concederá a uno solo su deseo y ensartará al resto en el Árbol del Dolor.

Cada uno tiene una relación especial con Hyperion. Siete peregrinos y seis historias personales, pero que tienen un peso inmenso en el devenir de los acontecimientos de los libros sucesivos.

El maestro del padre Hoyt, el padre Duré, murió en Hyperion después de encontrarse con los bikura, una tribu descendiente de los primeros colonos del planeta que había establecido una extraña simbiosis con un organismo cruciforme que crecía en el laberinto de Hyperion. Como consecuencia, Hoyt llevaba adosados al pecho y a la espalda sendos cruciformes, el suyo y el de su maestro, obtenidos al intentar rescatarlo de los árboles tesla donde colgaban sus restos calcinados.

Fedmahn Kassad es un oficial de élite de FUERZA. Durante su entrenamiento, en simulaciones de batallas para aprender estrategia y curtir almas, algo no debía estar allí. Una mujer extraña a la simulación recreada por el TecnoNucleo aparecía y desaparecía, enamorándolo y usándolo sexualmente. Juegos de guerra y amor. Hasta que un día ambos se visten de cromo líquido y ayudan al Alcaudón a acabar con un comando exter en tiempo lento. Su vida ya está unida al guardian de las Tumbas del Tiempo.

El poeta Martin Silenus nació el Vieja Tierra, o eso asegura. Tratamientos Poulsen (con sus azules restos visibles) y varios viajes ilegales a velocidades relativistas le han permitido ver el nacimiento y la evolución de la Red de Mundos y de la Hegemonía. Paradójicamente, empezó a escribir buena poesía justo después de ver reducido su vocabulario a seis o siete obscenas palabras. Por casualidad termina en Hyperion, acompañando al Triste Rey Billy, el último mecenas, y por arte de musas se dispone a plasmar por escrito el fin de la Humanidad. Por arte, sobre todo, de su musa principal: el Alcaudón que mata a todos los demás habitantes de su ciudad.

El profesor universitario Sol Weintraub es un judío cuando eso ya no significa nada. Profesor universitario por vocación, también se encadena a Hyperion y al Alcaudón por una tercera persona: su hija Rachel, arqueóloga. En sueños, los ojos de rubí facetado del Alcaudón le exigían su sacrificio en un lugar apropiado, al modo de Abraham. El mensaje, de pura locura, es desechado y Rachel sufrió un extraño accidente en una de las Tumbas del Tiempo, la Esfinge, mientras estudiaba sus mareas del tiempo y sus efectos antientrópicos y desde entonces cada día que pasa lo rejuvenece y lo olvida. Sol tiene el tiempo justo: su hija nacerá pocos días después del momento en que se supone llegará a su destino.

Cuando un cíbrido se presentó en su dirección, la detective Brawne Lamia no esperaba terminar enamorada de una reconstrucción del poeta John Keats. Ni descubrir que el TecnoNucleo tenía una reconstrucción de Vieja Tierra. Saber todo eso provocó la muerte física de su poeta tras hacerse plenamente humano (al separarse totalmente del TecnoNucleo), que le regaló un embarazo y una copia de su personalidad en disco Schrón alojado en su cabeza.

El cónsul va a vengar una afrenta de generaciones, casi histórica. Es nieto de Siri, y la recuerda. Recuerda cómo era su planeta natal, Alianza-Maui, antes de entrar en la Red de Mundos y contar con portales teleyectores que inundaran las islas móviles de turistas. Recuerda a los delfines nadando en libertad y hablando mediante los medallones traductores. Recuerda cómo la Hegemonía con su uniformidad mediocre acabó con todas las formas de vida que pudieran competir con el hombre a lo largo de la Galaxia. Recuerda y espera. Pacientemente, entró en la burocracia. Pacientemente, ascendió de manera intachable hasta cónsul… en Hyperion, el mundo de la frontera en disputa con los exter. Pacientemente, hizo creer a ambos bandos que estaba de su lado cuando su lado era la libertad. Por eso libera al Alcaudón.

Het Masteen, la Verdadera Voz del Árbol, no tiene oportunidad de contar su historia. Como templario es un personaje extraño; como peregrino enigmático. Su caja de Möbuis contiene un erg, un ser viviente y sentiente con la capacidad de dominar la energía de los soles en ebullición nuclear; su nave templaria, la Yggdrasill, ardió en el espacio bajo el ataque exter. Su cuerpo desapareció en medio del camino, y sólo dejó un gran charco de sangre y ninguna pista.

La Humanidad, el TecnoNucleo, los exter e Hyperion

Cuando las Inteligencias Artificiales del TecnoNucleo se independizaron, cundió el pánico entre la Humanidad. Eran más poderosas de lo que sus amos estaban dispuestos a admitir públicamente, así que cuando la despedida se transformó en un acuerdo voluntario de colaboración hubo muchos suspiros de alivio. Nadie sabe realmente los planes, las motivaciones y las metas de las mentes binarias, pero ayudan a conservar el orden, mantienen nuestra esferas de datos alrededor de los planetas habitados y las enlazan entre sí en la Red de Mundos, y lo que es más importante: nos han regalado los portales teleyectores, que comunican instantáneamente dos puntos del Espacio.

Los exter, por el contrario, son aparentemente menos humanos que las máquinas. Sus cuerpos han evolucionado para adaptarse al vacío, y viven en colonias alrededor de las estrellas, cultivando y extrayendo agua de cometas y viajando al calor de las mareas de viento solar. La Humanidad estancada en una visión de sí misma como Imperio los teme y odia a la vez. Sucesos históricos, como la Batalla de Bressia donde se produjo una auténtica masacre, no ayudan a hacerles buena publicidad.

A todo esto, Hyperion es un planeta exterior, muy suculento para ponerlo en el ojo de los exter y forzar una guerra que terminara incluyéndolo en la Hegemonía. Pero el TecnoNucleo teme a Hyperion: conoce la existencia del Alcaudón, desconoce su naturaleza. Unos piensan que es un arma de las IAs para acabar con la Humanidad en su búsqueda de la Inteligencia Máxima. Otros que es un producto exter para destrozar a sus enemigos cibernéticos. Los terceros en discordia creen que es un justo castigo creado por la propia Humanidad estúpida. Nada es lo que parece, o nada parece lo que es, pero para ello tendréis que leer el próximo de la serie: La caída de Hyperion.

Nota al margen

Se agradece la existencia de versiones de bajo coste para poder permitirnos leer con cierto grado de elección. Sin embargo, la manera en que Ediciones B trata a sus lectores es bastante peculiar. Por ejemplo, Dan Simmons tiene otra genial tetralogía formada por Illión y Olýmpo, dos libros cada parte, pero no hay copias a la venta del tercer tomo desde hace años, con lo que de facto los lectores nos quedamos sin terminar la saga.

En este caso, la traducción y expresión usada en el texto es francamente censurable. Traduce Big Brother, en referencia al genial 1984 de Orwell, como Hermano Mayor (en una forma que nunca he visto en España, por cierto). Llama a El curioso incidente del perro a medianoche como El extraño caso del perro ladrando en la noche, demostrando una ignorancia remarcable de un libro recomendable.

Comas bailarinas, tildes desubicadas y disonancias en género y número para aburrir. Ni siquiera se cuidan los mínimos detalles, y una leyenda revolucionaria que juega un papel esencial en la trama pasa de llamarse Siri (bien) a Sira (mal) y alterna entre ambos con desdén.

En resumen: una pena de presentación para un libro que merece mucho más.

09.01.08

El Juego de Ender

Ya lo he terminado y reseñado en mi Biblioteca. Ahora, a por el siguiente: La Voz de los Muertos.

27.08.07

Deus ex Machina

-Fíjate en ti -dijo finalmente-. No lo digo con espíritu de desprecio, pero fíjate bien. Estás hecho de un material blando y flojo, sin resistencia, dependiendo para la energía de la oxidación ineficiente del material orgánico… como esto -añadió señalando con un gesto de reprobación los restos del bocadillo de Donovan-. Pasáis periódicamente a un estado de coma, y la menor variación de temperatura, presión atmosférica, la humedad o la intensidad de radiación afecta vuestra eficiencia. Sois “alterables”. Yo, por el contrario, soy un producto acabado. Absorbo energía eléctrica directamente y la utilizo con casi un ciento por ciento de eficiencia. Estoy compuesto de fuerte metal, estoy consciente constantemente y puedo soportar fácilmente los más extremados cambios ambientales. Estos son hechos que, partiendo de la irrefutable proposición de que ningún ser puede crear un ser más perfecto que él, reduce vuestra tonta teoría a la nada.Las maldiciones murmuradas en voz baja por Donovan brotaron inteligibles al levantarse frunciendo sus rojas cejas.-¡Muy bien, hijo de unos desperdicios de metal! Si no te hicimos nosotros, ¿quién te hizo?-Muy bien, Donovan -asintió Cutie gravemente-. Esta era, desde luego, la cuestión siguiente. Evidentemente, mi creador tiene que ser más poderoso que yo y, por lo tanto, sólo cabía una hipótesis.Los dos hombres de la Tierra le miraban sin expresión y Cutie prosiguió:-¿Cuál es el centro de las actividades aquí en la Estación? ¿Al servicio de quién estamos todos? ¿Qué absorve toda nuestra atención?Esperó, a la expectativa. Donovan miró asombrado a su compañero.

-Apostaría a que este amasijo de tornillos está hablando del mismo Transformador de Energía.

-¿Es así, Cutie? -preguntó Powell.

-Estoy hablando del Señor -fue la fría respuesta que siguió.

Aquello fue la señal del estallido de risas de Donovan y el mismo Powell se permitió esbozar una sonrisa. Cutie se puso de pie y sus ojos brillantes se fijaron en uno y después en el otro.

-Da lo mismo lo que penséis y no me extraña que os neguéis a creerlo. Vosotros no tenéis que estar mucho tiempo aquí, estoy seguro de ello. Powell mismo ha dicho que al principio sólo los hombres servían al Señor; que después vinieron los robots para el trabajo rutinario; y finalmente yo, para dirigir. Los hechos son sin duda verdaderos, pero la explicación es completamente ilógica. ¿Queréis saber la verdad que hay detrás de todo esto?

-Sigue, Cutie, me diviertes.

-El Señor creó al principio el tipo más bajo, los humanos, formados más fácilmente. Poco a poco fue reemplazándolos por robots, el siguiente paso, y finalmente me creó a mí, para ocupar el sitio de los últimos humanos. A partir de ahora sirvo al Señor.

Isaac Asimov, Yo Robot.

21.08.07

El futuro siempre tiene mala pinta

Una de las cosas que más me llama la atención al leer un buen libro de Ciencia Ficción es el marco político en el que se desarrolla.

Atención: post plagadito de spoilers. Si no eres aficionado a la Ciencia Ficción, te parecerá aburrido. Si lo eres, y has leído los textos que cito, tal vez te encante o lo odies. Si no has leído esos libros y planeas hacerlo, joder, date prisa, que no me sobran lectores.

Isaac Asimov en el genio del género. Si dios existiera, su apellido debería ser Asimov, y su nombre, Isaac. Asimov, en sus textos, nos muestra situaciones a veces increíbles, pero siempre intenta rozar (y lo consigue) algo de la psicología humana para integrar sus historias en un marco coherente.

Uno de los libros de Asimov que más me gusta, y que releo cada X tiempo, es El Fin de la Eternidad. En él, se nos cuenta la historia de un ejecutor, un hombre que vive en el hipertiempo y cuyo trabajo consiste nada más y nada menos que en viajar por el tiempo y realizar micro-cambios en determinados momentos específicos (calculados por los programadores) para conseguir un efecto en el futuro relativo que aumente la cantidad de felicidad absoluta de la Humanidad. Un argumento poco rebuscado y sencillito.

El caso es que el libro no nos cuenta cómo se organizan políticamente las sociedades en los siglos en que la Eternidad (nombre de la organización que vela por esa suma de felicidad humana) actúa. Pero sí nos cuenta cómo se organiza jerárquicamente esa Eternidad. Existe un Gran Consejo Pantemporal, formado por personas eminentes extraídas de sus siglos y que tienen sobrada experiencia en programación de micro-cambios, y en estudios de impacto de éstos. Forman una especie de oligarquía, pero por supuesto no existe la democracia.

Siguiendo con Asimov, el ejemplo más claro de su nula confianza en el género humano lo tenemos en su obra cumbre, Fundación, secuelas y precuelas incluídas. En Fundación, la Galaxia está gobernada por un Emperador (en principio, parece que elegido de forma democrática o similar pero en el fondo se trata de un despotismo que casi ni es ilustrado). El Emperador es un clasista con graves pataletas de divinidad. Cleón, el Emperador asesinado por su jardinero (toma spoiler del bueno), parece un semi-dios que hace y deshace a su antojo, sin que nadie le pueda toser, y con bastantes caprichos dignos de un Rey Sol.

Decía que Asimov muestra en esta saga su escasa confianza en el género humano, y esta forma de gobierno galáctico no es la única señal al respecto. Por ejemplo, el cometido de la Fundación es impedir milenios de barbarie tras la caída del Imperio Galáctico, acelerando su reconstrucción y fijándola a mil años vista. Así, Asimov dice entre líneas que la sociedad humana no puede autogestionarse y autoregularse, que necesita de una directriz marcada por los sabios, los enciclopedistas transformados en mercaderes de Términus. Con la inestimable ayuda de los mentalistas de la Segunda Fundación. El trasfondo es evidente: la humanidad necesita de alguien, unos nobles o mejores, que le muestre cómo desenvolverse y cómo organizarse.

Esta apreciación me provoca sentimientos enfrentados.

Asimov, por seguir con su ejemplo, termina novelando el fin de la Humanidad tal y como la conocemos. El fin último que se entiende en la saga de Fundación es que la Humanidad, para ser completa, debe dejar de ser humana. La elección entre otro Imperio Galáctico y la Galaxia-Mente no es trivial. Asimov, a mi juicio, nos dice que él cree que la Humanidad nunca podrá comportarse de modo ético en su conjunto hasta que deje de ser Humanidad y se integre en algo mayor, algo que obligue a la solidaridad. No, algo que sea o solidaridad o desaparición.

Es bastante inquietante, la verdad.

Pero no es el único autor que presenta un escenario similar. Arthur C. Clarke, en su serie sobre Rama (una historia con protagonista femenina) nos presenta a una sociedad de bichos (octoarañas en la traducción que yo he leído) con unas reglas sociales curiosas. En la sociedad de las octoarañas, toda la comunidad debe participar en la producción para participar en los bienes producidos. Tampoco se trata de una imposición, ya que los individuos que no aceptan el contrato social pueden autoexiliarse a una zona que la comunidad dispone para que puedan vivir sin problemas, eso sí, buscando sus propios recursos. No es un destierro, sino un exilio voluntario.

En la sociedad octoarácnida de Rama no existen cargos políticos reales. cada uno hace lo que tiene que hacer. El sentido de solidaridad y de grupo está por encima de la conciencia de individuo hasta tal punto que los individuos que se saben improductivos, los que saben que consumen más de lo que producen y eso durante un tiempo prolongado, esos individuos, digo, asumen que su estancia en la sociedad es negativa para el conjunto, así que eligen entre exiliarse o morir. Sí, las octoarañas condenan a muerte a los miembros de su sociedad que no aportan nada. Es, pues, una sociedad de colmena.

También bastante inquietante.

Dan Simmons es otro autor recientemente descubierto por mí, y las sociedades que presenta son también provocativas. En su obra más alabada hasta la fecha (Hyperion y su saga) muestra hasta dos formas distintas en que se imagina la sociedad del futuro (lo que no quiere decir que comparta alguna de ellas, simplemente las muestra). En realidad, tres.

La primera de ellas es la que existe al iniciarse la trama. Los humanos han abandonado la Tierra, que no sólo es inhabitable por causa de la radiación residual de un mal experimento, sino que directamente nadie sabe dónde está, y los pocos que lo saben han descubierto que ha desaparecido de donde debería estar. Tras colonizar varios planetas en un sector de la galaxia, forman lo que se da en llamar Hegemonía del Hombre, una especie de confederación de mundos. No nos describe Simmons cómo se organizan los distintos planetas (parece que cada uno según los deseos de sus habitantes, habiendo desde planetas católicos hasta musulmanes, pasando por turísticos, contrabandistas y la capital, TC2). Tampoco nos dice Simmnon cómo es electa Meina Gladstone para su cargo de presidenta de la Hegemonía, pero parece que la democracia tampoco luce mucho en este autor. Meina tiene poderes cuasi plenos para hacer y deshacer a su antojo. Sumémosle una alta dosis de corrupción y de intrigas de poder (en este caso, el Tecno Núcleo formado por inteligencias artificiales sin apenas base física aprente sirve para hilar la trama). A nadie debe pedir permiso, por ejemplo, para acabar con todos los portales teleyectores, base de la economía y la sociedad de la Hegemonía. Aunque tuviera sus razones para hacerlo, una decisión así y las causas que la sustentan deberían ser de dominio público.

Por suerte, Meina no queda en los anales como una mala presidenta, ya que no sólo acierta en su acción, sino que acepta que los demás no la entiendan y muere a manos de la turba. Pero el caso es que tenía poderes cuasi totales. El hecho de que por fortuna no los usara para su propio beneficio egoísta es irrelevante: el sistema permite la corrupción.

Tras la caída de la Hegemonía, Simmons nos presenta la que, a mi juicio, es la forma de gobierno más inquietante de cuantas he encontrado en la Ciencia Ficción: la Teocracia. Una vez desaparece la federación de planetas que mantenía a Meina como presidenta, la Iglesia Católica, ayudada de las inteligencias del Tecno Núcleo, desarrolla un modelo gubernativo basado en la obediencia al Papa. Para llevarlo a cabo, cuentan con la colaboración de la última creación del Núcleo: un parásito cruciforme que tiene la capacidad de revivir el cuerpo de aquél que muera con él en el pecho. Además, el Nucleo ha desarrollado una técnica que no sólo revive el cuerpo, sino que le confiere los recuerdos de sus vidas anteriores. En la práctiva, la Iglesia promete la inmortalidad a cambio de la sumisión.

Claro, todo tiene trampa, y esa trampa no la voy a desvelar, pero ésta sí es una forma inquietante de ver la sociedad. De nuevo, Simmons, al igual que Asimov o Clarke, describe una sociedad idiota, sin valores, cuyo fin último es vivir para siempre sin importarle quién y cómo les gobierna.

Y de nuevo, Simmnos termina como terminó Asimov: la Humanidad debe ser algo más, algo diferente, para merecer la libertad de elegir su propio destino. Simmons nos habla del Vacío que Vincula, y cómo el Momento Compartido al morir Aenea despierta las mentes para permitir la evolución del ser humano hacia la plena consciencia del Universo, con todas sus formas de vida pasadas, presentes y futuras.

Esa parece ser la tónica en la Ciencia Ficción: la Humanidad progresa, se extiende, pero no evoluciona socialmente. No se implica en su propio gobierno, lo que la lleva irremediablemente a dependerde las acciones de personas individuales, cada una con sus propios interese, ideas, fobias y filias.
¿Es necesario ser realista hasta ese extremo, que casi llega al negativismo? Es decir, ¿está la sociedad preparada para ser libre? Y lo que es más importante, ¿quién decide qué es estar preparado? ¿Puede la sociedad equivocarse aunque eso cueste millones de vidas? ¿Es la democracia con su dictadura de la mayoría sobre la minoría el camino? Es más, ¿existe otro camino que no sea éticamente deleznable? ¿Cuándo deja una democracia de serlo, cuando no respeta a sus minorías o cuando una mayoría decide no respetar los Derechos Humanos?

¿Existe algún libro de Ciencia Ficción que conozcas que presente un modelo de sociedad viable y democrático? ¿Existe ese modelo fuera de la Ciencia Ficción?

¿Por qué me hago estas mismas preguntas todos los días y nunca sé qué responderme?

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