El Destino del Iscariote

Lookin' for someone to betray...

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Política del Estado espanyol, Ejpaña, Ex-paña o como quieras llamarlo (para el caso, da igual).


09.06.09

El día que UPyD salió en los medios (o cómo la izquierda pierde todos los trenes)

A estas alturas del partido (sic), quien venga a buscar información sobre resultados electorales a este mísero blog va un poco perdido. Con lo bien explicados que están los datos en las respectivas webs y echándole un rato y ganas se puede hacer hasta un análisis interesante y todo. Si no encuentras consuelo ni así, amigo izquierdista, piensa en los piratas.

Lo he comentado con muchísimos amigos durante las últimas semanas: no me gusta nada el amiguismo entre Jiménez Losantos y Rosa Díez. He tenido el estómago de ver algunas entrevistas que el condenado por injurias le ha hecho a Díez en Libertad Digital, y sorprenden. Sorprenden porque Losantos está especialmente moderado, en unos planteamientos que, si no son compartibles, sí son discutibles. Quizá tenga que ver la actitud de Rosa, que no se limita a asentir sino que desarrolla sus propios argumentos, pero el caso es que esos encuentros me molestan.

En los arrabales de la eclosión (creo que merece la pena usar el calificativo de forma científica en vez de jocosa), sección peones negros, estos últimos días ha circulado un vídeo de denuncia contra Mayor Oreja intentando salir bien parado de una jugarreta de Pedro J. Ramírez y Jiménes Losantos a cuenta del último intento de éstos de hacer caja con el 11M, aunque les cueste que se les caiga el chiringuito. Y este tipo de episodios se repiten en esas entrevistas de Losantos a Rosa Díez, si bien la política corta normalmente al condenado con palabras firmes pero conciliadoras (”sabes que en ese tema no estamos de acuerdo”, con lo bien que quedaría un “eres un charlatán sin escrúpulos”).

¿Por qué sucede esto? Parece evidente que Losantos tiene un interés muy claro al dar voz a UPyD en sus micrófonos, y que éste no es otro que presentar al partido magenta como una alternativa decente al Partido Popular, sea eso lo que sea, aunque los primeros sean claramente laicistas, pro-aborto, pro-matrimonio homosexual y pro-educación para la ciudadanía y el segundo haya hecho de la negación de esos principios su máxima predicadora. También parece evidente la motivación de Rosa: acuden a donde pueden, y de momento sólo les llaman de allí.

Pero eso no resuelve la cuestión. ¿Por qué sucede esto? ¿Por qué el único sitio donde un partido que se denomina progresista puede promocionarse es precisamente un lugar del que los progresistas (y no sólo nosotros) desconfiamos tanto y con tanta razón? Quizás porque los planteamientos de UPyD son tan inesperados (por no abusar del término revolucionarios) que nadie espera que consigan nada. Abogar por una educación estandarizada y de calidad para todos los ciudadanos (por no abusar tampoco del término españoles) que evite ciertos desmanes ideológicos se percibe como un ideal republicano de la revolución francesa, pero algo desconectado de nuestra realidad nacionalista y su deseo de folklorizar el saber objetivo y por tanto como una realidad tan inalcanzable que mejor no mentar la bicha no vaya a ser que alguien se ofenda. Tratar que los propios sentimientos (de pertenencia a una nación o religión, por ejemplo) no interfieran en las relaciones del Estado con los ciudadanos parece también algo previo a la toma de la Bastilla y aquí se percibe como un asfixiante nacionalismo españolista. Ese va a ser el problema: que UPyD dice cosas de tan difícil consecución en el marasmo administrativo y burocrático que sufrimos en España que casi da pereza tener que admitir que puede que tengan razón por no tener que empezar a enfrentarse a demasiados poderes establecidos.

Sin embargo, el bipartidismo en España parece empeñado en demostrar que tiene poco recorrido. Llevamos poco más de treinta años seguidos de democracia, pero da la impresión de que cada vez un número mayor de personas votan con la nariz tapada y esperando que los suyos les defrauden. La izquierda no puede apelar al miedo a la derecha mucho más, habida cuenta de que las regulaciones específicamente progresistas conseguidas (matrimonio homosexual, ley del aborto, ley de dependencia) no van a ser derogadas por el malvado y derechista Partido Popular cuando, en su relevo, acceda al Gobierno. La derecha tampoco puede vociferar mucho sobre los desmanes económicos de la izquierda principalmente por dos causas: las políticas al final no pueden ser, por fuerza, tan distintas ni tienen tanto efecto en un mundo globalizado, y la elevada cantidad de administraciones interpuestas hasta el ciudadano, de distinto color, y que malgastan igual. No se trata esta comparación del manido todos son iguales, sino algo ligeramente distinto: todos son muy imperfectos para su electorado, pero por alguna razón que se me escapa son infinitamente mejores que el rival ideológico. Si yo tuviera que elegir solo entre Zapatero y Rajoy, preferiría no tener que elegir, pero si me forzaran sé que mi elección sería ZP. Sin embargo, eso no puede traducirse en que vote socialista en cada llamada a las urnas para evitar que Rajoy gane algo. Me permitirán que me considere un hombre libre y que piense que Rajoy, comparado con Zapatero, tampoco es mi tipo ni un demonio colorao.

No sé si algún día la izquierda se dará cuenta, pero la imagen de Zapatero entre los derechistas moderados goza de la misma consideración que la de Aznar entre los izquierdistas moderados. El Presidente de Gobierno impulsó varias medidas muy positivas en la anterior legislatura, algunas de las cuales nombro arriba, pero demostró que lo suyo es la ideología y no las ideas. No sólo no ha sabido vender sus logros, ni siquiera hacerlos una realidad palpable (la aplicación de la ley de dependencia, por ejemplo, es atroz incluso en comunidades socialistas y no les cuento el caso de una vecina para no amargarles el día) sino que ha disfrutado peleando en el barro con una oposición perdida y desnortada. No es capaz de marcar una agenda de temas de debate, sino que va a remolque de lo que hablen los demás, y cuando por fin acaba proponiendo algo no lo enfoca en su vertiente positiva sino en lo poco que le gustará la propuesta a la derecha. Su negativa a recibir siquiera críticas constructivas, su soprendente giro al rodearse sólo de idolatrantes juveniles con la boca llena de moscas y su perenne optimismo e inmovilismo unido a lo vacío de sus discursos lo ha descartado como una opción de voto para mí.

¿Por qué atizar tanto a Zapatero con la que está cayendo? Quizás debería mirar un poco a la derecha, que Rajoy no es tampoco nada bueno ni dice nada interesante. Pero es que yo soy de izquierdas, y me preocupa lo que pase especialmente entre quienes se supone que son, al menos en parte, mis representantes aunque no les vote. Y en este panorama uno no puede dejar de notar que con la connivencia de estos izquierdistas hay lugares en el Estado donde unos ciudadanos tiene sanidad de calidad y pública, y otros no. Que hay lugares de este Estado que tienen excepciones fiscales amparadas por la Constitución, rompiendo la básica solidaridad entre los ciudadanos, y este tema encima es tabú. Que sigue habiendo lugares en el Estado donde la salida profesional por antonomasia es el funcionariado, contra el ideal del cuerpo de servidores del Estado y sus ciudadanos, y se contempla el asunto como algo natural. Que se han ido sucediendo reformas educativas que sólo han conseguido rebajar el nivel de conocimientos objetivos de nuestros estudiantes, de manera que un alumno de bachillerato con una inteligencia por encima de la media puede permitirse acabar el ciclo sin saber las tablas de multiplicar. ¿Dónde están los ideales del ciudadano ilustrado, del ciudadano responsable que tiene capacidad de elección y discernimiento? ¿Dónde, cuando la cadena musical por antonomasia de la izquierda atonta con triunfitos prefabricados (y viva la cultura del esfuerzo, esa que no nos sacará de la crisis) y la cadena televisiva por antonomasia de la izquierda nos vende Cuartos Milenios llenos de magufos?

Hay bolsas de votantes en la izquierda, y supongo que en la derecha, que miran los resultados electorales en otros países de la Unión y sienten envidia. Los catolicos devotos no tienen empacho en votar a partidos que defienden su ideario, mientras aquí AE y aledaños no consiguen despuntar. Los liberales suelen tener formaciones ¡y votos! e incluso las izquierdas alternativas (un amigo las llamaría piesnegros) tienen sus representantes. Hasta Los Verdes, oiga. Somos muchos los asfixiados por este bipartidismo español, pero el bipartidismo no se rompe sólo estando en contra, sino actuando en contra.

Y aquí es donde yo quería llegar. Si uno lee los programas y documentos de UPyD ve todo eso. Si se escuchan las intervenciones de Rosa Díez dice precisamente eso. Si se tiene estómago y se entra en LD se ve que Rosa le dice eso a Jiménez Losantos, pero no lo dice en ningún otro medio simplemente porque no la invitan a ello. Y a pesar de todo su formación ha conseguido 450.000 votos y un tercer puesto en un número elevado de capitales de provincia (los entendidos deberán extrapolar estas cosas a las circunscripciones provinciales y a la participación en unas generales, pero es un claro avance). Ese escaño ha sido muy llamativo, tanto que por fin UPyD aparece en otros medios y no sólo para decir que habla con Losantos o va a LD o similares.

En El Paísdos veces!) se hace un análisis casi aséptico pero ligeramente positivo del escaño magenta, algo sorprendente al menos para mí. En La Vanguardia se habla en términos parecidos. Ambos medios, de público que se ve a sí mismo como de izquierdas, acaban de darse cuenta de que la existencia de UPyD, que ya tiene representación en tres Parlamentos, no es flor de un día y que ha nacido para quedarse, y que un día, cuando Rosa Díez se vaya y llegue una cara nueva que no haya perdido unas primarias contra Zapatero, las ideas e ideales del partido seguirán siendo las mismas e igualmente progresistas. Yendo un poco más allá, me ha dejado con los ojos como platos el análisis en Soitu:

Para muchos, el secreto de UPyD es que ha sabido aglutinar bajo su paraguas a un electorado desencantado proveniente tanto del PP como el PSOE. Una amalgama heterogénea de sensibilidades políticas de lo más diversas. Como la de Enrique, de 30 años y votante tradicional de Izquierda Unida… hasta este domingo, que se ha pasado a UPyD. “En España hay una gran ausencia de terceros partidos a escala nacional que moderen la crispación y el debate vacío entre PP y PSOE: yo voto a UPyD no tanto porque me haya convencido su programa o sus candidatos, sino porque creo que debe existir esa tercera opción”, explica. ¿Y qué pasa con IU? “Es un partido incapaz de renovarse, está desconectado de su propio electorado”, opina.

Lo cierto es que el programa político de UPyD en lo referente a los social permite que personas como Enrique no sientan que las ideas de la formación chirrían con las suyas. Por ejemplo, el partido se ha mostrado partidario de aprobar una ley de plazos despenalizadora del aborto. También apoya el matrimonio homosexual y aboga por una apuesta decidida del estado por un modelo laico. En la campaña de las elecciones europeas, además, ha criticado con dureza la polémica directiva europea de retorno de inmigrantes, que apoyaron tanto ‘populares’ como socialistas en la Eurocámara. “En temas de derechos y libertades, que son los que más me interesan, tienen una postura de izquierdas”, resume Enrique. Conflicto solucionado.

¿Se ha levantado el veto a UPyD en los medios progresistas? Y lo que es más importante, ¿vamos a dejar los progresistas que los medios más rancios se apropien de una alternativa laica, claramente progresista, de vocación ciudadana, euopeísta, pro derechos humanos, con un discurso racional en temas como aborto, símbolos religiosos, eutanasia y derechos individuales?

¿Vamos a perder también este tren?

02.03.09

UPyD a prueba

Lamentablemente, en ciertas ocasiones en la izquierda abrazamos la mentalidad del oprimido en vez de la del ciudadano. Queremos gobernar por el mero hecho de hacerlo, para poder declarar que nosotros disponemos sobre nuestra vida tras ser esclavizados en cuerpo y alma desde hace siglos. Sí, solemos tener ese sentimentalismo romántico de sabernos descendientes de todos los que han sufrido por cualquier causa en cualquier época. Lo que se traduce, necesariamente, en una autoindulgencia ciega y feroz y, lo que es peor, consagra el continente mientras ni se fija en el contenido.

El objetivo es arrebatar el gobierno a los que nos oprimen/imponen/disgustan/etc, llegar al gobierno, forman un gobierno de izquierdas. Que la izquierda gobierne. Hay miles de maneras de decirlo, y una sola de sentirlo. Lo novedoso es que hemos descubierto que la derecha también tiene ese corazoncito negro y latente en su interior.

Tanto los votantes del PSOE como del PP, versión gallega y vasca y entera, saben qué se siente. Votar para que gobiernen los tuyos, para que no gobiernen los otros. Muchos votantes de Zapatero en las anteriores elecciones generales sabrán bien de qué les hablo. Muchos de Rajoy también. Feijoo quiere el cambio para Galicia, Patxi López para el País Vasco. Pero nadie sabe qué quieren cambiar, salvo los nombres de los Consejeros. La campaña del PSOE en dos frases, ¿Quieres que vuelvan? y Cambio por ejemplo, es una muestra perfecta de política de tribu, de nosotros y ellos, en vez de lo que debiera ser y nos vendieron como mecanismo de la Democracia: los partidos proponen cosas y las personas deciden. Esas frases hablan de ellos mismos -«evita que vuelvan ellos a donde estamos nosotros», »permite que nosotros nos cambiemos por ellos»-, no sobre cómo piensan gobernar. Cualquiera diría que esto no es más que un concurso de popularidad cuya meta es el prestigio de obtener un título, y una vez conseguido mantener el rumbo de las mismas políticas, las mismas formas. Un cambio… de nombre.

De Galicia poco más se puede decir, los resultados hablan por sí mismos y el PP cambiará a Quintana del yate para que su lugar lo ocupe otro, con la ventaja de que sus votantes no verían en ese gesto tanto una traición de clase como una muestra de poderío del gobierno. En el País Vasco hay aún mucha tela que cortar. Y una esperanza para los que nos sentimos ciudadanos y aspiramos a un progresismo bien entendido (luego estatal, es decir, español: en toda España). Auguro además que vamos a ver (valga la expresión) hondonadas de hostias, y con todas las razones del mundo. No suelo acertar con mis predicciones, pero me lanzo sin mucho repensar.

En estas circunstancias, Patxi López no tiene muchas alternativas. No es algo que deba sorprenderle, en cualquier caso iba a necesitar los votos del PP (lo que significa negociar con ellos) o los del PNV (ídem de ídem). Seguramente Patxi contaba con tener algún escaño más, pero no debe ser tan ingenuo como para no tener ya perfilado desde hace tiempo un esquema de concesiones mínimas y máximas en cada supuesto, además de una obvia preferencia. Tras basar su campaña (en realidad, como todos) en el cambio-change-exchange el pacto con el PNV se convierte en la opción menos vendible, sobre todo si nos acordamos del sainete de Puras, el PSN y Nafarroa Bai. El acuerdo natural vendría entonces de la mano del PP. Son cosas de esta democracia, que hace naturales acuerdos entre partidos supuestamente contrarios en el eje ideológico, pero ávidos de sentir. Sentir que hemos cambiado Euskadi. Sentir que hemos ayudado a ese cambio. Luego no se traduce más que en cambios en los membretes, las políticas siguen iguales, pero son nuestros membretes. Dicen en La Vanguardia que votar a López como Lehendakari vale, al menos, la Diputación de Álava y la alcaldía de Getxo.

Creo que existe un escenario que a nadie se le ha ocurrido: que el PSE se encuentre en la Sesión de Investidura con 38 votos en contra.

UPyD apoyará la creación de un gobierno constitucionalista. Lo que me lleva a pensar que su parlamentario como mínimo debe abstenerse de votar a favor de Patxi López. La regeneración que pretende el partido de Rosa Diez tiene muchos problemas de imagen, asunto que en el País Vasco se multiplica hasta rozar el irracionalismo más sectario. UPyD habla de revisar los cupos a la baja y de devolver competencias educativas al Estado, y no apoyará más que eso. Algo perfectamente asumible, incluso deseable, para un progresista (los dineros de todos son de todos, no hay Fuero que valga, y la Educación es algo más que el cortijo sentimentalista de turno) pero que se denunciará como «ingerencias de Madrid» por parte de los que aún no se han enterado de que sí, Madrid es la capital del Estado del que forma parte su Comunidad Autónoma, dentro del marco de la Unión Europea. Somos ciudadanos vascos, ciudadanos madrileños y ciudadanos murcianos. Lo que nos une (ciudadanos) es lo que conforma nuestras instituciones; lo que no tenemos en común (la cultura local) es lo que conforma nuestras singularidades, sentimientos y relaciones sociales pero no nuestra ciudadanía. Pero ni el PSE aceptaría algo semejante ni Ferraz toleraría ese cambio de rumbo si además viene forzado por el partido de la ex-socialista.

Así las cosas, apoyar la creación de un gobierno constitucionalista bien puede significar votar no a Patxi López y dejar el acuerdo PSE-PP compuesto y sin silla. No parece que el PSE vaya a siquiera discutir esos extremos, mínimos para UPyD. El PP seguramente ni les prestará atención, aunque conociéndonos no hay que descartar que luego los use como mácula en el pacto que no funcionó, como quien se sacude el polvo de las sandalias. Veremos, si se da el caso, declaraciones uniendo la negativa de UPyD con la de Aralar en un estrambótico rizo mental que igualará sus votos ergo sus razones (nacionalismo que de pronto será algo malo, y en el caso de UPyD, por españolista, rancio). Sólo por eso merecería la pena que ocurriese.

Pero seguro que no ocurrirá. Basta que López reparta bien con el PP vasco y que Ezker Batua (como Teruel, existe) se abstenga. Mayoría simple: mucho menos glamuroso, mucho menos elegante, pero mucho más plausible. Lo que no significa que no sea un buen momento para examinar a UPyD según sus propios baremos (vídeo completo).

Publicado en HispaLibertas

20.01.09

Laicismo es totalitarismo

Una de las primeras cosas que hacen los grupos reaccionarios cuando tratan de divulgar sus rancias ideas es envolverlas en las palabras adecuadas. Así, los homosexuales no existen en Irán porque eso es un problema de Occidente, nunca ningún país va a alcanzar el grado de desarrollo humano y ético de Cuba e imponer símbolos religiosos en actos y lugares públicos no puede ser otra cosa que una cerrada defensa de la libertad religiosa.

En España empiezan a proliferar, sin que sepamos muy bien quién los compone o de dónde obtienen la financiación, algunos grupos que pretenden imponer ciertas visiones anticuadas y retrógradas de y a la sociedad. Un elemento destacado en esta lista es Hazte Oír, una plataforma que pretende ser un altavoz de conciencia ciudadana frente a las medidas despóticas del gobierno de turno pero que es en realidad un intento de mantener a toda costa unos privilegios. Bajo la máscara de la defensa de cualquier (y digo bien, cualquier) posición u opinión (muy en la onda de ese liberalismo ecosionao que acepta pulpo como animal de compañía) se muestra la verdadera causa: el deseo de imponer un veto de silencio a todo aspecto de la sociedad que roce sus íntimos ideales religiosos. Sin duda, ésta es una muestra de un radicalismo religioso que a más de uno nos eriza el vello: muchos no estamos dispuestos a que desde un púlpito nos marquen sobre qué temas no tenemos derecho a tener opinión. Pero lo es más de incongruencia: no se puede apelar al derecho a tener cualquier opinión para acto seguido tachar todas menos la tuya particular de inmorales, asesinas y totalitarias.

Uno de sus temas fetiche es el aborto. Calificar de asesinato cualquier interrupción del embarazo no sólo es una afirmación arriesgada, sino que tiene unas connotaciones muy dirigidas: su finalidad es ir socializando esa asociación mental, de modo que terminen compartiendo campo semántico absoluto. Ellos dirían que eso no tiene nada de malo, si no fuera por las causas últimas que llevan a ese calificativo: el deseo de mantener una moral supranatural y coercitiva que invada la esfera privada con sus prohibiciones. Así, se afirma categóricamente que «toda vida humana empieza en la concepción», cuando los dos gametos se unen tras el coito, sin dejar lugar al debate que sobre el tema se mantiene desde hace milenios y que, a ciencia cierta, se va matizando poco a poco. Pero la última justificación de este hecho es la concepción etérea del ser humano, un ser extra-natura que alcanza plenitud cuando recibe cierto hálito indetectable e inmensurable (y por tanto, acientífico) de parte de alguna divinidad: precisamente al mezclarse las hebras de información genética del óvulo y el espermatozoide. Los resultados no pueden sino ser esperpénticos.

Sin embargo, estos días parece que este ariete fundamental, que se transforma en un Mundo Real sin amigos imaginarios en una lucha política en contra de un debate serio y sosegado acerca de una Ley de Plazos, debe compartir espacio con otra pretendida reivindicación de nuestras libertades que, también, se transforma en realidad en una imposición de silencio. El asunto que se quiere usar en esta ocasión para silenciar discrepancias es el laicismo.

No está solo Hazte Oir en este ruedo. Hace unos días la carcajada casi nos hace escupir el café a unos cuantos cuando vimos cómo en Libertad Digital se calificaba nada menos que de «nuevo ataque laicista» dirigido «contra la Iglesia» el que unos cuantos particulares decidieran gastar su dinero en unos anuncios que deben aparecer en autobuses de varias ciudades españolas. No se sabe si Libertad Digital se va a quejar también por el autobús evangélico en esos mismos términos, pero me figuro que aquéllos esperaran a que éstos saquen su vena antimariana e iconoclasta para exigirles respeto institucional.

De lo que cabe poca duda es de que el asunto del bus ateo ha levantado ciertas ampollas que de tan escondidas ya ni sus dueños parecían recordarlas. A mí, que soy un ateo furibundo, me pareció muy graciosa la idea original británica como respuesta a la también británica costumbre, al parecer, de desearte el fuego eterno desde los laterales de esos grandes buses de Londres. En España somos más de carteles santeros y virginales, y la simple fotocopia no termina de ser tan clara como el original, pero merece la pena sólo por ver algunas reacciones.

Si a estos movimientos netamente privados sumamos que el Gobierno anunció hace meses su intención de revisar los textos legales que versan sobre libertades religiosas, no es de extrañar que algunos se hayan decidido a enseñar los dientes. Porque, aún en el caso de que la mentada reforma no sea más que un intento de «democratizar» la religiosidad del Estado (incluyendo para otras confesiones los beneficios de los que ya goza el catolicismo) como muchos nos tememos, lo cierto es que todos los caminos conducen a un escenario donde los fieles al Vaticano no tengan más privilegios que los que oran a La Meca. Ciertamente algunos querríamos que nadie tuviera un privilegio simplemente por tener una fe, pero visto lo visto no parece que vaya ser el caso.

Sabiendo todo esto, no deja de ser sorprendente el intento de Hazte Oír y afines. Cuando la realidad nos dice que, más que eliminar privilegios, el Ejecutivo los va a repartir a manos llenas, la campaña de este grupo se centra en denunciar un imaginario intento por expulsar a la religión de la vida de las personas. Causa pasmo ver cómo se disfraza de acción ciudadana lo que no es más que una presión del lobby religioso bien adaptado ya a la forma de los sillones. Así, se convoca un acto «a favor de la libertad religiosa», se graba a dos docenas de personas coreando «dios existe y yo soy testigo» al más puro estilo jehovita y se roza el ridículo (si no se cae en él sin tocar aro, está por decidir) llegando al extremo de declarar a la vez que «laicismo es totalitarismo», pero que «libertad para los no creyentes y también para los creyentes», como si viviéramos en un estado de excepción anti-religioso. Se nos avisa casi con el alma en la mano, cargaditos de miedo e indignación, que el Gobierno pretende legislar sobre la vida y las creencias privadas de las personas, sin aportar más dato que, de nuevo, la fe en ello. Se pretende esconder bajo una indignada marea de beatas el simple hecho de que a unos cuantos ciudadanos nos parece estúpido, risible y hasta irrespetuoso que se utilicen símbolos religiosos en centros públicos y en actos públicos. Se enfrenta, una vez más, la reacción disfrazada de piedad contra el debate realista y la igualdad real de derechos. Cualquier atisbo de coherencia brilla por su clamorosa ausencia, pero donde hay fe no cabe razón.

Nada nuevo bajo el Sol. Pero ahora, al menos, nos podemos reír de sus tonterías.

Publicado también en HispaLibertas. Un abrazo muy muy grande, Manel

13.12.08

El extraño caso, apelado

A propósito de la presencia de crucifijos en las escuelas, de la existencia de obispos castrenses y de leyes y sentencias varias, respondo a los comentarios de Manel en la entrada anterior. Empecemos pues…

Desde este punto de vista, contratar publicidad en autobuses o en marquesinas para decir: «Yo opino que hace buen tiempo» resulta teatrero, y si encima lo que opinas se viene diciendo desde el principio de la Historia, el teatro asciende a una nueva categoría semasiológica: gilipollez. Entre otras cosas, constituye una invitación a que otro contrate publicidad en autobuses o marquesinas para replicar: «Pues a mí me parece una birria». Por mor del exhibicionismo naturalista cum hedonista, lo que en origen eran opiniones personales se convierte en un debate público con las características de un frontón reglamentario.

Naturalmente siempre puedes alegar que Dawkins no empezó el frontón, porque a diario te asaltan por la calle —no en los paraísos do tu moras, oh dilecto fisqueador, mas sí en las medianas y grandes urbes conditas— testigos, mormones y peña que te toca los coj… ponderables, que diría Fraga desaprovechando la rima, con sus panfletos, atalayas y demás, y te ponen crucifijos en las escuelas, y te diseñan inteligentemente, etc. Si tal alegas, me eximes de demostrar que lo de Dawkins sea una gilipollez; me retas, en cambio, a que apostille que es una GRAN gilipollez.

Y parece que mi referencia explícita a «la cultura británica y sus autobuses» no ha hecho saltar la liebre. No se trata de que ahora vayan otros a sumarse a la idea y ponerse a defender a Zeus o al Espaguetti Volador en las carrocerías de los autobuses. Es que es una costumbre británica tener mensajes religiosos en los autobuses, como se dice claramente en la campaña y como sabría aquél que al menos se la hubiese leído. De hecho, la campaña no es idea de Dawkins, sino de un grupo de particulares que, hartos de ver cómo en los autobuses se les amenazaba con el fuego eterno, pensaron medio en broma esta posibilidad, ya que en aquel entonces ninguna voz como la tuya se quejaba de que las Iglesias evangelizaran bus mediante. El resto es viralidad y adhesiones. Personales.¿Que no te lo crees? Look, dear, here you are. Y no te pongo otra que me he encontrado porque era bastante ofensiva… Lástima que te hayas enterado ahora de que fueron las iglesias las que sacaron «opiniones personales» a «debate público». Pues ya tienen respuesta. De ahí la cosa de que eso es un asunto cultural y de costumbres (nada de aislacionismo ni de chóferes sordos, por cierto) pero si se prefiere el brochazo gordo pues se prefiere y ya está.

Por cierto, la última vez que vinieron a verme los Testigos fue muy sonada. Coñe, me la menearon y todo.

En el capítulo XI, vv. 1-7, el Libro del Fisking de Judas ofrece una lujuriosa invitación al desparrame. No sé por dónde comenzar, así que resumiré. Me apuesto 10 párrafos contra 1 a que la proporción de artículos y comentarios laicistas en los blogs de Mario García, Eduardo Robredo y Judas el Iscariote —los tres enlazados en el Libro— es superior a la probabilidad de que hoy llueva en la selva amazónica. Dicho de otro modo: las tres últimas entradas respectivas (aquí sin contar esta), son laicistas. ¿Multitarea, dices?

Ten cuidado, Manel, que como sigas pinchando en hueso me vas a dejar como un colador de los finos finos… Veamos: tú me dices que el asunto, que ocupa algo así como el puesto 27 de tu lista, te es tan poco importante como para haberle dedicado una entrada en dos años. Y pretendes enfrentarlo con que en tres sitios que hablan, casualidad, de un tema y por eso se enlazan, se hable efectivamente de ese mismo tema. Hay que tenerlos muy cuadrados para pretender que cuele, majo, pero es que en lo de la multitarea desbarras completamente, y me ciño a los tres mosqueteros nombrados. A saber, Eduardo Robredo lleva meses siguiendo el affair Vaticano-Islám, y dedica entradas a cascoporro al tema del laicismo porque en su lista bombera-torera queda una miaja más arriba que en la tuya. Será que es filósofo, yo qué sé, pero me parece perfecto que alguien se interese en la alianzas de quienes pueden poner cosas en las clases de los niños (uh, a la demagogia sabemos jugar todos). Mario es en este tema tu Némesis: creo que no encontrarás otra entrada en su blog sobre el tema religioso, te gana en poco interés. Y no sé qué se espera de un blog cuyo autor firma como nada menos que Judas Iscariote, pero si hay que decirlo todo entre esa entrada que me mentas y la anterior a esta hay novedades en la Red a mi nombre: he enlazado una entrada de Yoani, he comentado en otra tuya, me he sorprendido con esto, he descubierto un buen programa de Windows y me he acordado de Felipe González. Todo eso esta aquí, en el lateral, disponible. Así que me temo que no has captado eso de multitarea tan bien como creías.

Pero uno, pobre MSDOS monotarea, no comprende por qué siendo vosotros lujosos linuxes multitarea preocupados por la raquítica salud cívica os ocupáis más de laicismo que de separación de poderes, independencia judicial, financiación de partidos políticos y sindicatos, ley electoral, transparencia pública o controles financieros independientes.

Bueno, una de las mayores mejoras en el mundo, además de los sistemas operativos multitarea, fue la especialización. Qué le vamos a hacer si el modelo de hombre del Renacimiento ya no se estila. Por poner un ejemplo, el día que me ponga a escribir sobre sistemas financieros independientes será el día que me paguen por garabatear sobre cosas que ni sé ni comprendo. Igualmente no me imagino a Egócrata hablando sobre derechos de homosexuales, pero sobreentiendo que tenemos una postura más o menos conocida y común. Oh, no, me parece que lo capto: hemos llegado al punto en el que un silencio sobre un tema es un peligroso interrogante. ¿Y si resulta que en todo aquello sobre lo que no me pronuncio soy un ancap escondido?

Hallamos en el lugar la perícopa espíritu-cantarosa en la que el hagiógrafo exhibe su impiedad al asombrarse de por qué un ateo pueda ser favorable a la existencia de iglesias (edificios) e Iglesias (franquicias, sectas, religiones, teologías). La razón de tal aparente abominación es liberalismo-en-acción: estoy tan convencido de que la opinión de cada cual es libre que hasta aplaudo que sea falsa, humo o tontería. Porque creo en el individuo y su responsabilidad y yo no soy quien para organizarle la vida, ni esta ni la del más allá. Porque pienso, como tú pero siendo consecuente más rato que tú, que «cada quisque tiene derecho a creer lo que quiera», y lo que quiera incluye dioses, disparates y dioses disparatados. Si busca «imponerme» su opinión, le trataré como a cualquiera —empezando por el gobierno y su legislación corrupta y terminando en Dawkins y su anagrama Gerin Oil— que busque «imponerme» su opinión: con desconfianza. Porque yo soy mi individuo preferido entre todos los individuos, y soy libre para tener mi propia y equivocada opinión. Adoro que me convenzan; pero aborrezco que me adoctrinen.

Agradezco la florida prosa que acaba en un escondido comentario, menos mal que la elevamos a quote a criticar al menos. Y empezamos como antes: me parece que escribo en chino o que alguien no lee bien el castellano. ¿Asombrarme? ¿De que a un ateo le parezca no sólo bien que existan iglesias e Iglesia, sino que además sea favorable a dicha existencia? Por si no se captó la ironía, no me asombra, pues los días impares me levanto yo mismo como ese sentir y padecer. Los pares, de más está decirlo, me derivo algo más, pero por fortuna hoy es 13. De ahí, el resto es pura prosa, a veces mejor («siendo consecuente más rato que tú», es una verdad como la cola de un piano) y a veces peor («el gobierno y su legislación corrupta», te imagino con el puño en alto). Tampoco sabía yo que un crucifijo en un aula pública no podía ser imposición bajo ninguna condición pero un cartel en un bus se convierte en Dawkins y sus imposiciones anagrámicas, será cosa mía que no le veo el sentido en ningún lugar. Salvo el lugar común, claro.

Todavía más: si parto de la base de que «los padres meten ideas raras en la cabeza de sus hijos», asumiendo por tanto que alguien debe suplir a los padres a la hora de extirpar «ideas raras» y trasplantar «ideas sanas» en las cabezas de los chavales —alguien con más interés que los padres por el bien de la criatura, y se supone que con más autoridad aunque no se especifique qué tipo de auctoritas—, si parto de esa base, repito, me tropiezo de morros con alguien que quiere imponer (sin comillas) su propia opinión.

Creo sinceramente que Tráfico debería empezar a idear campañas contra este tipo de saltos mortales, pues pocas veces acaban mejor que en UCI. O sea, reescrito: si yo pienso que enseñarle a los hijos que un trozo de pan se transforma en un cuerpo es una soberana tontería entonces, por arte de magia, deseo con todas mis fuerzas que alguien retire la patria potestad a esos malvados padres. Más o menos, porque Manel se queda a medio de su conclusión con tirabuzón. La clave, para mentes poco dadas a releerse, viene a ser eso de «…asumiendo por tanto que alguien debe…» y que, enlazo con lo de arriba, encarna a la perfección al especímen de ateo favorable a la existencia de Iglesia e iglesias que cree ser único en su especie. Se caracteriza, por lo que vamos viendo, por pensar que los demás ateos no sólo son malvados quita-patriapotestades sino que desean que la Iglesia desparezca entre convulsiones, pus y sangre. Joder, qué panorama. Y yo sólo quería quitar una cruz de la escuela de mis niños porque somos pentecostales y no aceptamos representaciones divinas.

O eso o ahora está mal visto pensar que otro puede estar equivocado. Habremos evolucionado al Homo Exquisitus Relativus y yo sin depilar.

Dita sea: ni Dios ni No Dios, eso no debe importarle a nadie, es vida privada, opinión, idea rara, y si los padres quieren que su hijo comparta sus ideas raras están en su derecho (dice también la CE). (Y de pasada: Judas, ¿tú no eras multitarea? ¿Entonces porque estableces que es incompatible la Teología con aprender a sumar, dividir y esas cosas que ahora los chavales de 16 años hacen a duras penas? ¿Solo tú eres multitarea?, pregunto cauto).

Sasto, privada, personal, mía, y por tanto nadie me puede obligar a que tenga que hacer público mi malestar porque otros, con sus sensibilidades personales, privadas, suyas, ocupan un espacio de todos. ¿Que los padres quieren educar a sus hijos en el catolicismo? Perfecto, me parece perfecto. Oye, que mis sobrinos se bautizan y hacen la comunión, no te creas. Y por supuesto que los padres tienen derecho, mientras esa enseñanza no se convierta por arte de magia en problemas de convivencia (o a lo mejor no hay que hacer nada con las madrasas que enseñan odio y teoría terrorista, ¿no?)

¿Por qué iba a ser incompatible aprender Teología y Matemáticas? Es más, ¿quién dice eso? La pregunta no es si se puede: por poder se puede aprender a multiplicar haciendo el pino. La pregunta es si un aula pública es el lugar para enseñar Teología, si deben recibirla todos los alumnos y si debe tener un sesgo hacia determinada doctrina. Lo que tú me preguntas se llama escurrir el bulto, así que te respondo a mi propia pregunta porque soy así de chulo. Además de ser (al parecer) el segundo ateo que no ve nada malo en la existencia de iglesias e Iglesia (tiene sus cosas, como todo, pero hay que ser muy chalao para no ver otras) no tengo ningún problema tampoco en que esos acuerdos y directrices que marca la Ley se cumplan, y los colegios alberguen las clases de religión… para los niños que las pidan y en horario extraescolar. Los padres tienen derecho a educar a sus hijos en las convicciones que quieran, y la legislación dice que los poderes públicos harán lo posible para garantizarlo. Joder, dejarles clases públicas en horario extraescolar es la leche, máxime cuando recuerdo que mis clases de catequesis las dí en la Iglesia… Sí, yo también hice la Primera Comunión. De hecho dos veces, pero es una larga historia.

Ahora que lo he escrito todito no sé cómo vas a hombrepajizarlo, la verdad.

No todo el mundo nace con la musculatura del melenudo Sansón, ni con la entereza de un estoico patricio romano, ni con la fortaleza de carácter de Sócrates, ni astutos como Odiseo: hay gente débil de carácter, gente con más problemas que días, gente sola o desamparada, gente sin preparación, y si su dios les conforta, si encuentran alivio en él, viva su dios aunque no exista, brindo por su dios-placebo. Por eso también estoy a favor de las iglesias y las Iglesias. Y que tenga que explicarle esto a los de izquierdas, que emplean ese mismo discurso en materia socioeconómica… ¿dónde está el garbancito? Pues el garbancito está en que yo no lo impongo ni lo legislo, pero la izquierda sí.

Churras y merinas en alegre compañía. Además de exponer las razones de su hombre de paja arriba explicado, metemos un matiz importante: la imposición. Hay gente que necesita apoyo económico (para no morirse de hambre porque nadie les echa un cable), y los marvados izquierdistas robaimpuestos legislan al respecto. Hay gente que necesita apoyo espiritual (y tiene religiones, credos, curas, pastores, imanes, maestros, curanderos, charlatanes, magufos y rituales donde elegir), pero nadie les pone un cura al lado por Ley. Si cuando decía que había leído cosas a Esplugas más convincentes no era gratis… Coño, que acusé a ciertos elementos neocon de RL de tener a Stewie como trastienda ancap para escribir este tipo de cosas y mira lo que me encuentro. La referencia a la izquierda, por tanto, está de más (¿La derecha francesa ha acabado con la redistribución? ¿La alemana? Me quedo muerto, muerto)

Un crucifijo en una pared no es una imposición, como tampoco lo es una valla publicitaria en la calle o un campanario en el centro del pueblo, y tienes el mismo derecho a que te toque los huevos aquello como esto porque tus huevos son tuyos y el que los lleva los entiende.

Un crucifijo en una pared pública ni es una valla publicitaria en la calle ni unas bragas sensuales en el tendedero de mi vecina, te pongas como te pongas y lo intentes esconder en la prosa que te dé la gana. Y no tengo perras para comprar el espacio publicitario y retirar el cartel que me molesta ni para poner la iglesia del pueblo a 500 metros más allá, pero sí puedo opinar de las cosas que presiden un centro que, mira por dónde, es en parte mío. Yo ya no sé cómo decirlo, y añado que me da un poco de vergüenza ver cómo lo obvias…

Referido a la asistencia religiosa en las FFAA, dicha STC, en sus fundamentos jurídicos, también dice [...] Lo fácil o difícil que resulte trasponer ese criterio a la cosa esta del crucifijo lo dejo a tu discreción.

Nos ha tocado el gordo, señores. No veo el problema en que los militares, adultos todo ellos según creo (vaya, corrígeme Manel si me equivoco) tengan un sitio en su centro de trabajo donde ir a hacer sus cosas religiosas, con un religioso que los atienda. Esta gente se juega la vida por ti y por mí, y algunos creen en ulterioridades. No seré yo quien quiera que le defienda alguien que siente que no está en paz con su superamigo imaginario o que no va a poder cumplir su rito personal y familiar si llega el momento amargo. Pero volvamos al topic, que te me escapas. Adultos. Militares. Elección. Como el crucifijo no sea para que el porfe de Mates, en plena tabla del tres, se dé la vuelta y empiece a recitar el Padrenuestro (en observancia de su libertad de culto, claro) no me lo explico. La relación, vamos.

De todas formas, una cosa es una capilla con su capellán y otra un crucifijo presidiendo un cuartel. Ya veremos cómo queda la cosa.

Tú no tienes derecho a no tener un crucifijo en el aula, como tampoco tienes derecho a que allanen una montaña delante de tu casa que te impide ver el mar, y la Ley no dice que lo tengas.

Creo ver cierto interés en relacionar lo inamovible de una montaña, que presumiblemente estaba allí antes que tú y tu casa, con la idea de que como el crucifijo está desde los años 30 pa qué tocarlo. No sé si eso es un argumento, pero si lo es: Manel, antes los tenías mejores. ¿Cómo que yo no tengo derecho a no tener un crucifijo en el aula? ¿Ahora basta con que algo esté mucho tiempo en un lugar público para que sea inamovible? Pues nada, que levanten de nuevo la estatua de Saddam. Pero es que es el propio planteamiento el falaz: tú no tienes derecho a que no haya… Oiga, en todo caso, los que tendrán que pedir permiso son los que quieren que haya. Porque si lo pusieron en los años 30, no creo que sigan allí ni los mismos chavales ni los mismos padres. Y de acuerdo a la legislación vigente, ese permiso no debería llegar por poder atentar contra los derechos de los propios alumnos, cuya identidad religiosa es propia, privada y suya.

Intentar igualar «tú no tienes derecho a que no llueva» con «tú no tienes derecho a retirar crucifijos de centros de enseñanza públicos» es una de las comparaciones más grotescas que he leído, y perdón.

A lo que tienes derecho es a que el Estado no te diga que ese crucifijo es símbolo verdadero de un dios verdadero (y el Estado no ha dicho pío todavía, que se sepa).

Que yo sepa, en las misas de domingo de La2 no ponen sobreimpresionado «El Estado no comparte la opinión del presentador». Más en serio, a lo que yo tengo derecho es a que el Estado apoye a mi religión que me ayuda en este valle de lágrimas, si la tengo, y me deje un poquito en paz en temas religiosos si no. Es una miaja más amplio de lo que tú dices, empero. Si no quiero ver misa no pongo La2 un domingo por la mañana, pero entiendo que personas de movilidad reducida, por ejemplo, lo encuentren maravilloso. Si no quiero ver un crucifijo en la clase de mis hijos, ¿qué hago? ¿No me remito al titular del sitio, el poder público que me impide educar recta y pentecostalmente a mis hijos? ¿No me está diciendo ese crucifijo «sí, tú, pentecostal, en este centro somos blasfemos e idólatras»? Mi dios, no puedo soportarlo. Por mucho menos se han hecho huelgas de hambre.

En el fondo, oh hagiógrafo de mis fiskingtelas, sucede que confundes igualdad con uniformidad, vulgarmente o follamos todos o la puta al río, y «es claro que igualdad no equivale a uniformidad, de manera que únicamente existirá vulneración de igualdad cuando las medidas que el Estado adopte representen una quiebra de los principios de igualdad y de libertad religiosa, es decir, cuando el Estado asuma como función pública la satisfacción de una función genuinamente religiosa»

Bueno, confunde igualdad con uniformidad ese señor de paja que te acompaña, que se empeña en que queremos niñitos ateos vestidos de rojo. En vez de eso, me la refanfinfla si cada padre quiere educar a su hijo en la religión que se invente: más gorda será la hostia que se meta al salir del nido. El único aspecto relacionado que me preocupa es la escasa calidad de la sociedad del futuro si ganan adeptos cosas como el hermanamiento catolicismo-islám, si gana espacio el diseño inteligente o lo pierde la ciencia (como parece que está pasando en Rumanía), será que yo soy progresista y tal, pero no encuentro otra vía para evitarlo que, efectivamente, ese laicismo que te parece acartonado. Pero es que das en el clavo: un crucifijo presidiendo un aula, como el propio verbo indica, preside, y a la historia de su presencia me remito. No concibo una función más «genuinamente religosa».

Más adelante, por cierto, esta STC responde también, y en el sentido que yo propongo en mi artículo (aaaah, se sienteeee)

… y que veine a decir, más o menos y con ahorro de tinta, que existe un Concordato, y que para poner en práctica el ordenamiento constitucional de colaboración con las confesiones se tiene en cuenta, como es lógico, el número de adeptos, lo que sumado nos da una relación especial con la Iglesia Católica. Una vez dicho, ¿qué tiene es que ver con que haya crucifijos en las escuelas públicas y me lo intentes colar porque levan desde los años 30 y porque no tengo derecho a que no estén?

Dejo para las contrarréplicas otras STC al caso. Si quieres estar en igualdad de condiciones, silba y te paso las STC por correo.

Prefiero el peligro y el riesgo. Adelante.