He encontrado una veta de oro macizo: «El derecho a “la privacidad”…¿hasta dónde lo arrastramos? una vez que relavitizamos la moral, cualquier cosa está permitida, todo vale. Y eso no lo podemos permitir». Jojojojo.
Cuando me choca un principio constitucional, una Ley o simplemente un modo de actuar cotidiando en política, ya sea en nuestro ordenamiento estatal, ya sea en terceros países, lo coloco en esta categoría. Por si a alguien le interesa pulir algo, vamos.
He encontrado una veta de oro macizo: «El derecho a “la privacidad”…¿hasta dónde lo arrastramos? una vez que relavitizamos la moral, cualquier cosa está permitida, todo vale. Y eso no lo podemos permitir». Jojojojo.
Hace ya más de un mes decía en relación al Tibet y a China que cuando dos malotes pelean y sólo uno lleva navaja no se puede apelar ni a la justicia ni a la indiferencia. Nadie duda que el pensamiento lamaísta es retrógrado y medieval, pero los que les disparan no son mejores ni tienen mayor legimidad. En esa tesitura, lo primero es lo primero y eso es y siempre será la vida humana.
Aunque parezca mentira, creo que la actuación de Ezker Batua-Berdeak, marca de IU en Arrasate, es discutible. No sólo censurable y criticable, sino discutible. De nada sirven los golpes en el pecho ni cubrirse de cenizas si los criticados ni siquiera saben en base a qué lo son. Y en este país en el que es más fácil el insulto que la pedagogía, va siendo hora de poner cordura y palabras donde antes había gritos y miradas por encima dle hombro.
Para quien no tenga miedo a leer (y recomiendo vivamente hacerlo), en la Red se puede encontrar sin mucho buscar el discurso de dicha formación, aprobado en su asamblea legítima y siguiendo los cauces democráticos que exigen sus estatutos. Éste es, por tanto, un problema de contenido, pero también de formas de llegar a él.
En el discurso se dicen algunas verdades como puños, como que de nada sirve presentar una moción de censura si no hay una propuesta viable de gobierno municipal, pues a lo que se aboca al Ayuntamiento es a la inacción por manos atadas. Como que EBB se presentó a las elecciones que les proporcionaron sus concejales con un programa concreto, y que no consideran normal apartarlo a un lado sin más garantía de que se tendrá en cuenta que el silencio de los que pueden llegar a gobernar por allí. Como que la crítica a la barbarie etarra terrorista no puede servir de cortina de humo para no hacer política real, cercana, municipal. Como que, en suma, no se puede apelar a un «conmigo o contra mí», trampa que sí pueden usar los asesinos puesto que en su enferma mente todo lo lateral es un escollo hacia su meta.
Tienen razón. Uno no se mete a político en IU, y menos en el País Vasco, para acabar de coro del PSE o del PPE. Uno tiene sus ideas, su programa y su forma de entender la política local, y se le está pidiendo que renuncie a todo para dejarle en bandeja a los «grandes» la decisión de qué hacer en tu casa. Pero tambièn se equivocan.
Se equivocan por lo mismo que decía sobre China y el Tibet: cuando dos malotes pelean y sólo uno lleva navaja… Y en este caso no es el Estado (encarnado a ojos de algunos como el malote PPSOE) el que lleva la navaja. Ni las seguras torturas que sufren algunos detenidos acusados de terrorismo equivalen al cuchillo que portan los etarras, por la sencilla razón de que ETA sí tiene por fin asesinar, mientras la Guardia Civil no tiene por fin torturar. Es la diferencia entre un error deleznable, denunciable y juzgable y el hijoputismo.
Hay momentos en que hay que ir un paso más abajo en la escalera descendente de la política. Está muy bien tener un programa y unas ideas claras de qué quieres hacer (y en la derecha les hace falta algo así como agua de Mayo), pero para poder desarrollar esas ideas y esos programas hace falta democracia y posibilidades de expresarse. Por tanto, la primera y primordial labor política de un cargo electo no es desarrollar el propio programa, sino permitir que todo el que quiera pueda tener uno propio siempre que respete las reglas. Antes de lamentarte porque tu programa se va a la basura, laméntate porque a otros, por tenerlo, los asesinan. Hace falta mucho coraje para admitir que una sola vida humana vale más que todo mi programa político, y eso es lo que se le demanda a EBB en Arrasate-Mondragón.
Sin embargo, todo tiene siempre más miga. Ahora dice Llamazares que los van a expulsar y tal y pascual, y que van a modificar los estatutos para impedir estas cosas. Estas cosas, querido Llamazares, no se pueden impedir. Las formas de EBB en Arrasate-Mondragón han sido impecables: la asamblea de afiliados decidió, y la cúpula obedeció. El problema es la asamblea. Rectifico: el problema es la gente que forma esa asamblea. No porque sean malas personas, ni siquiera se me ocurriría insinuar ninguna clase de amiguismo con el terror, sino por lo dicho arriba: han equivocado sus prioridades.
Cuando una cantidad suficiente de personas se reunen y legitiman sus actuaciones en mayorías (vamos, cuando se practica el asamblearismo sin etiquetas) las cosas pueden salir regularmente bien o desastrosamente mal. Si encima esa asamblea es independiente a la hora de admitir miembros, más. Si además pertenece a una organización-madre que permite asambleas en cada demarcación territorial, ni lo cuento. Es el problema a nivel nacional de IU y demás izquierda despistada, que en Madrid son rojos por la pata abajo (nostálgicos de la Segunda…) mientras en Euskadi son abertzales y en Catalunya maulets. Yo, ingenuo, creí en el internacionalismo de la Izquierda (que con la globalización tiene una oportunidad de oro, pero preferimos demonizarla porque nos pone tener un enemigo invisible). No soy de los forofos de la lucha de clases, pero quien dice serlo debería empezar a explicar qué diferencia a un fontanero vasco de otro murciano, y justificar entonces sus políticas locales.
El problema de las asambleas, como esta de Arrasate-Mondragón, no es que puedan votar algo políticamente incorrecto o que no se deba decir en un momento. El problema es que entre todos los que forman esa asamblea nadie ha tenido los dos dedos de frente de poner por encima de su programa político la dignidad de dejar de estar gobernados por quienes miran a otro lado cuando disparan a un conciudadano. Se puede llegar a esperpentos (y viene a huevo el caso cubano: una asamblea, un Partido, un líder, unas normas irreconocibles para cualquier izquierdista que haya salido más allá del portal de su casa). El problema de las asambleas es el mismo que el de la democracia: todos tienen derecho a voto, nadie tiene obligación de pensarlo. El problema de las asambleas es el mismo que enfrenta hoy en día la eclosión liberal: hay ideología, pero no principios que la sustenten, o sí hay principios pero se dan de leches con la realidad de la gente que quieren convencer (en Ciencia, cuando eso ocurre, se varían las hipótesis, pero si hablamos ya de irracionalismo…). El problema, en suma, es que somos humanos y preferimos defendernos, gritar, patalear y expulsar antes de discutir con amabilidad pero contundencia.
El problema final, el resúmen del problema, es que hay mucho político, concejal, dirigente y opinador que nunca se ha parado a pensar qué dice, cómo lo dice y cómo piensa justificarlo. Que ante una cuestión reacciona no de acuerdo a sus supuestos principios, sino siguiendo la estela histórica de qué hizo mi grupo en momentos similares, o qué puedo sacar, o qué consecuencias habrá para mí, o qué me hace senitir bien. No hay un constructo ideológico que sale de unos principios y termina en una acción política acorde, sino una meta (el socialismo, el independentismo, la unidad de destino en lo universal) y una serie de palabrejas (libertad, igualdad, justicia) que se usan para maquillar la falta de valores reales. Ante un problema concreto, casi nadie se plantea sentarse y pensar en cómo encajar esa aituación en mi marco ideológico antes de decir esta boca es mía.
Las personas son complejas. Irracionales la mayoría dle tiempo, incluso cuando pensamos que no lo somos. Siempre creeemos tener razón (evidentemente). A las asambleas les pasa tres cuartos de lo mismo, aliñado con lo difícil que es enfrentar dialécticamente algo aprobado democráticamente. Por suerte, los que sí hemos hecho ese trabajo de asentar unos principios bajo nuestros gritos y pullas sí tenemos una respuesta digna, diría que irreprochable, a ese alarde democrático: la democracia no es nada si no es humanista.
La decisión de la asamblea de Arrasate-Mondragón es plenamente democrática. Pero es papel mojado porque no es ni un pelo de humanista. Así, pueden meterse sus votaciones en la urna que deseen, que sigue sin ser legítimo ayudar a mantener como alcaldesa a quien no condena el asesinato de Isaías Carrasco, siquiera con la inacción o la abstención.
Lo demás son capas y capas de autojustificación que tratan de ocultar la falta de principios básicos.
Me acerqué a la parte de delante de la Iglesia, con todos los jóvenes y medianamente nuevos. Era uno de mis primeros cultos, y la suerte quiso que asistiera a una reunión de iglesias locales permitiendo que conociera a amigos y allegados de mis amigos y allegados. Bailábamos, danzábamos y cantábamos con alegría, como los Salmos nos animan a adorar a dios. Pensábamos en algo más grande. Por eso, cuando se suponía que debíamos sentir a dios, muchos lo sentimos. Incluso quisimos creer que un soplo divino nos arrastraba y nos tumbaba con su poder, y caíamos al suelo como caían todos los de alrededor.
Personalmente, me faltó fe y no conseguí mi bautismo de fuego. Ni conseguí hablar en lenguas ni tener visiones o sueños, pero sí conocí a quien, con una sinceridad incuestionable, me contaba cómo había estado paseando por el infierno abrasador, cómo había visitado el cielo mientas le decían que aún no era su momento, cómo había previsto que la ciudad de sus padres ardería en un avivamiento para dios que sería la envidia de las demás iglesias.
Me reconozco bastante radical en muchos aspectos. Uno de ellos es la fe: soy incapaz de entender que alguien crea en un ser divino superior y no supedite todo lo demás a esa creencia. Una de las razones de mi ateísmo, supongo.
Una de las cosas que más me gustan de la época en que me ha tocado vivir es que tengo total libertad para cuestionarme el pasado, el presente y el futuro. Puedo ser crítico con las convenciones sociales establecidas sin tener que sentir necesariamente temor por mi integridad. Una de las cosas que menos me gustan de la época en que me ha tocado vivir es que el eterno retorno de los problemas nos parece dejar desmemoriados e indefensos. Cuando viejísimos problemas se presentan de nuevo no sabemos qué hacer.
El ser humano tiene un problema de perspectiva: cree que 1000 años son muchos, porque en 1000 años pasan muchas cosas. Cree, por tanto, que lo ocurrido hace 1000 años es tan remoto que es irrelevante, cuando un milenio es un suspiro. Hace diez siglos, en Europa campaba a sus anchas la irracionalidad, y no tenemos ninguna garantía de que eso no vuelva a ocurrir en el futuro. Nadie nos puede asegurar que el oasis de racionalismo que se inició hace tan poco tiempo no se convierta, con la Historia, en una anomalía. Cuando se dice con orgullo que el humano es un ser animal y racional se exagera: hay seres humanos que son animales racionales, hay seres humanos que son animales pensantes.
Resumiendo quizás muy ingenuamente, Europa no se libró de la barbarie por miedo a sus consecuencias,. El fundamentalismo religioso salió de nuestra política no porque las masas sociales reclamaran su libertad de culto o falta del mismo, sino porque los dirigentes civiles vieron peligrar su poderío de manos de dirigentes religiosos. En un encaje de bolillos histórico, sacaron a los hombres de fe del poder total y los desterraron a un escalón inferior en forma de ministerio, de cortesano, de influencia. La religión se transmutó desde el pilar que sustentaba la sociedad hasta una pata más en la mesa de la conviviencia. Una más, una que necesitaba de las otras. Entonces llegaron los fundamentalismos políticos y las guerras de religion antiguas contra el mal espiritual se tradujeron en guerras mundiales contra el mal objetivo.
Como reacción, quizás inconsciente, vivimos en un periodo de permanente desideología en Occidente. Hemos alcanzado el Olimpo de qué queremos con la existencia de las democracias humanistas (o repúblicas liberales), que permiten controlar y acotar las ideologías impidiendo su desviación excesiva. Hemos separado efectivamente Estado y religión, de manera que aún contra críticas somos capaces de llegar a acuerdos de conviviencia en asuntos peliagudos para el creyente. Hemos, en definitiva, separado al disidente y al pecador del criminal.
Sin embargo, si la visión de la racionalidad occidental como una isla histórica perecedera es terriblemente posible, no es menos terrible ni menos real el hecho de que esa racionalidad occidental es de hecho una isla geográfica en sí misma en medio del mundo de fundamentalismos. Hemos corrido una carrera de 1000 años, sin darnos cuenta de que el resto de la Humanidad ni siquiera sabía que existía ese deporte. El resultado es aterrador: mientras tratamos de mantener nuestro nivel de vida, nuestras libertades, nuestra ideosincrasia permisiva producto de demasiado dolor propio no nos damos cuenta de que, en efecto, parecemos más una anomalía regional que el resultado lógico de la evolución social.
La mejor de las intenciones podría llevarnos a pensar que el camino recorrido es modelo para los demás, que simplemente mirando nuestra evolución todos podrán salir de la espiral de destrucción humana que suponen los fundamentalismos, cometiendo un error de tamaño catastrófico. Porque al contrario que en nuestra situación, los líderes del terror actual no acosan a los poderes terrenales de sus lugares de origen sino que los complementan en su odio común al enemigo declarado. Hay, tienen esa suerte, un adversario formidable que eclipsa cualquier tipo de crítica de las que han permitido nuestra secularización: ese adversario es precisamente nuestra secularización. Cuando en Europa nos cansamos de tener hambre y sed de justicia, nos dio igual tener que pasar por encima de reyes, de clérigos y de cuantos se empeñaran en confiscar nuestro alimento. Pero cuando la fe está por encima del estómago no hay escasez que valga en la guerra contra el infiel.
Nuestra generación tiene una difícil tarea, si es que quiere realizarla. Por un lado, profundizar en lo que nos hace mejores, esto es, invertir en democracia humanista, en participación, en defensa efectiva del derecho. Por otro, como en un revival medieval, hacer frente a los fundamentalismos que nos amenazan. Las viejas armas no sirven pues son las mismas armas que usan los bárbaros y nosotros mismos decidimos renunciar a ellas para ser lo que somos. No tenemos forma de vencer al fundamentalismo si no es desde la convicción de que debe y puede ser vencido, y aún así es complejo ver cómo se puede convencer con argumentos brillantes a quienes no van a escucharlos por simples principios religiosos en contra.
Dicen que pesimista es como llama al realista el optimista. Cuando la inmensa mayoría de tu propia raza prefiere llamar criminal al disidente o al pecador y pretende castigarlo por su manera de pensar, cuando nuestro recurso más eficaz (y casi único) es dejar de ser lo que somos para barbarizarnos y tener alguna posibilidad de sobrevivir (contradictoriamente, pues lo superviviente ya no somos nosotros) realismo y pesimismo van de la mano. Creer ciegamente es tan sencillo que es posible que evolutivamente los que no somos capaces de ello estemos destinados a desaparecer. Pero en ese caso la raza humana se convertirá en algo que, perdonen la sinceridad, sí merecerá ser extinguido.
Tiempos sombríos nos han tocado vivir. Tiempos de tensiones que seguramente se desatarán ante nuestros ojos. Es hora de decidir si somos raman o varelse.
El otro día recomendaba la lectura de un artículo en Tabula Rasa, un sitio que he descubierto recientemente gracias a Siracusa 2.0, el agregador liberal que trata de ser liberal (aunque también sea conservador). El texto trataba asépticamente un tema: se limitaba a una lista de enlaces datados en los cuales bloggers, autodenominados liberales, defendían el creacionismo o al menos la posibilidad de que fuera aceptable difundirlo como Ciencia. Ese artículo se titulaba Blogger liberales por el creacionismo. Lean, lean, y sigan los enlaces y continúen leyendo. En uno de los primeros se enlaza una disputa en la que yo mismo intervine hace tiempo, aunque sin duda mi favorito es este.
En otro plano, también hace poco me enfadé con alguien a quien aprecio porque a mi juicio se empeña en generalizar injustamente. Y lo sigue haciendo, pero siempre que me encuentro en estas tesituras me acuerdo de un Proverbio (vaya sorpresa):
Detén tu pie de la casa de tu vecino, no sea que hastiado de ti te aborrezca.
Proverbios, cap. 25 vers. 17
Así que creo que estaré (sirva como nota al afectado) deteniendo mis pies durante un tiempo. No pretendo que eso no le cause cierto alivio, ni creo que ese alivio no sea lamentado al final.
El caso es que sigo el esquema marcado y no me meto con los liberales en su generalidad, ni con Red Liberal (pero sí con su promotor que cobija estas cosas), ni con los Sabios de Sión en un enorme muñeco de paja porque me cansan los muñecos de paja. Cansa mucho ir apartándolos para mostrarte, y que cuando ya te han visto la cara te peguen un muñecazo en ella con otro manojo no es buena señal.
Hay un tercer hilo a todo esto. Hace un tiempo divagué (como de costumbre) en un texto pretendidamente gracioso acerca del anarcocapitalismo. Bajo un modo deliberadamente grotesco existe una crítica que me temo se ve justificada. Pero poco a poco, que es denso. Y al final verás cómo el título de la entrada es perfectamente válido y triste, porque precisamente lo que nos vendría muy bien en España es una corriente liberal y progresista radical, a lo Emma Bonino y visto lo visto con estos liberales no podemos ir más que a misa, a una izada de bandera y a una nueva actividad: levantar sacos de cemento en obras (salvo contadas y honrosas excepciones con los que me iría al bar).
Parece que nunca sabemos todo lo necesario. De un día para otro te encuentras con que para hablar de política en la Red tienes que tener un diccionario al lado. Sin ir más lejos, os presento a lo nuevo: el agorismo. Y ahora os lo traduzco: la economía sumergida hasta el retorno al medioevo. El agorismo es una secta (o rama, decide tú el término al fin) del anarcocapitalismo que propugna establecer el anarquismo de mercado aquí, ahora. No presenta esa sociedad utópica como tal, sino como alcanzable en una especie de Revolución Antisistema Mundial o algo así. No razonan, pero sí gritan, que todo tipo de impuesto es un robo, que toda ley es una imposición y que toda autoridad es dictatorial. Son, pues, opuestos a la Democracia, y lo reconocen sin rubor llamando ciegos y vendedores de su conciencia a los que sí creemos en la Democracia Humanista (o liberal que la llaman algunos). Sin embargo, en un estilo reconocible, intentan acabar con el Sistema usándolo desde dentro (aunque como niños terminan enzarzándose en el diseño del logo del partido) sin ni siquiera darse cuenta de que, al tomar posesión de sus cargos, deben mentir en sus juramentos o promesas. Vamos, que dejan escrito de antemano que no son de fiar.
Se traducen en el intento de elevar a norma la economía sumergida, que está muy bien en el caso de un albañil chapuzas (aquí debería ir un enlace, lo he perdido pero existir existe) pero no sé cómo funcionaría en el caso de becas de investigación. Eso sin contar que ese mismo albañil que ni hace factura ni cobra IVA seguro es el primero que se queja de lo mal que va la educación, la sanidad, el transporte. Eso es justo lo que él consigue.
Eso es justo lo que consigue, de facto, el agorismo aplicado: contratos esclavistas propiciados por situaciones de necesidad y gente sin escrúpulos (ambos grupos con sobrados miembros), sanidad privada (o sea, para el que pueda pagársela), educación privada y heterogénea (para que un asalariado jeque saudí pueda mandar a sus niños al cole de Marbella a aprender cómo fabricar bombas y odiar ateos, mientras los analfabetos padres crían analfabetos hijos en una Castilla bajo la bota de los banqueros españoles, famosos por sus métodos en todo el mundo en ese escenario de política ficción que son las ciudades-estado-agoristas-chupiguays).
Las cosas pueden ser mejores. Cuando hablo con liberales de Estado mínimo (esto es, Defensa y Justicia) de cómo voy a financiarme un sistema médico si apenas lego a fin de mes me dicen que con lo que no se llevara Hacienda ya me daría. Y me río para mis adentros pensando en que en el mecado negro agorista no hay devolución. El albañil tendrá que pagarse la seguridad, la sanidad y la educación por lo mismico que gana ahora porque, al no facturar, Hacienda no le iba a devolver una mierda. Ante eso, convencidos me dicen que aparecerían asociaciones privadas financiadas por voluntarios que tratarían de garantizar esos servicios. Tamaño deseo de ver el bright side of life merece toda una palmada en el hombro mientras, sonriendo, se niega con la cabeza y se piensa en por qué será entonces que Emilio Botín no preside la FPVD (Familias Pudientes por la Vivienda Digna), que ni existe.
Pero las cosas no son mejores. Son peores. Decía antes que estos agoristas son una secta del anarcocapitalismo, facción del liberalismo (sección del Frente de Liberación Judáico), y no lo decía a la ligera. Tienen sus Diez Mandamientos, resumidos en dos axiomas: la propiedad privada y la ética de la no agresión. El primero es simple: el ser humano tiene derecho sobre sus posesiones, lo que incluye (verás que divertido) el propio cuerpo. El segundo lo es más: Toda acción humana es libre mientras no agreda a otra persona o sus posesiones privadas. Incluso tienen apóstol, mesías o ángel divino que bajó del cielo y que, como la mayoría de charlatanes vendedores de crecepelos y fórmulas que lo curan todo, no aguantan ni el más mínimo análisis. Créeme, he estado en una secta y la base psicológica tiende a ser la misma: toda pregunta tiene una respuesta teórica tan alejada de la realidad que el iniciado la sigue por no dar un paso atrás y ver que todo es una nube, mientras se confía en el fin aunque se vayan saltando barreras éticas en los medios.
Es sorprendente ver la velocidad a la que trabaja la mente humana. Con dos premisas así de chiquititas se ha coinstruído un castillo formidable, en cuyas puntas, lejos de los ojos de la gente, se debate sobre si la venta de órganos debería estar o no prohibida o si la esclavitud voluntaria (toma oxímoron) puede existir y venir a salvar nuestras conciencias de la explotación a la que sometemos a los negritos en los invernaderos del Sureste bajo un nuevo prisma de «eh, nadie les apuntó con una pistola a la cabeza». Se debate clínicamente sobre si yo tengo posesión legal de mi brazo o si soy mi brazo. A eso hemos llegado.
Dicen basarse en Leyes Naturales Universales, escogiendo dos ideas en las que fundamentar todo su espectáculo, y cuando se dan cuenta de que sus conclusiones son precisamente lo que nuestra cultura (parte de la evolución social que dicen dio lugar a esa Ley Natural) ha dejado atrás por ética y moral (venta de seres humanos, enteros o en parte, por ejemplo) en vez de volver atrás como cualquier científico al que le vuela la manzana en lugar de caer se empecinan en que, entonces, lo que está mal es la Realidad.
Y ante eso, toca Agora!! Acción!! Anarquía!!, que no es más que aplicar eso que lleva a las deudas con los ricos para costearse servicios mínimos y humanos pagados mediante trabajos desregulados y, por tanto, al albur del que puso la pasta (feudalismo lo llamamos los demás).
Pero es que encima de querer llevarnos de la mano a descontar siglos, pretenden hacerlo robándomos y diciéndonos que están «ocupando» o «colonizando» propiedades ajenas. Te lo explico muy fácilmente. ¿Recuerdas al albañil que de vez en cuando se lleva sacos de cemento de una obra, sacos que el jodido comprador de la casa paga (porque ya están incluídos en el márgen del inmobiliario) o que el Ayuntamiento tiene que suplir si quiere terminar la Casa de la Cultura? ¿Al punki (y perdón los que conozco, son mejores que éste) que rompe farolas al grito de muerte al sistema como cualquier amigo de Paquirrín? Pues ahora son amigos de los libegales de Losantos y de los peones negros (sigue el enlace, tiene premio), tócate el pito Manolo. Y éstos son amigos de aquéllos, tócate el pito José.
Que no, que no me invento nada, que estos emergentes del anarcocapitalismo patrio se han olvidado de medio mandamiento. Se lo hago notar a su más alegre exponente y el chaval, que afirma ser un hacha hasta el punto de aburrirse en preescolar pero sigue pez en ortografía y le molesta que se lo digan, pues eso, que dice:
De momento preguntate una cosa: Si te robo la cartera, ¿esta se convierte en mi propiedad desde ese momento? No es para que respondas, solo para que pienses en ello.
Se llama ocupar o colonizar, y ese y no otro es el origen de la propiedad.
Stewie Griffin, no piensa escolarizar a sus hijos
Y a la vista de la siguiente respuesta parece que el chico encima quiere argumentar el que si me roba la cartera pasa a ser suya (escondiéndose como siempre en el cobarde «yo no he dicho eso que citas textualmente» sazonado con el no menos conocido y autoevidente «sólo hablo por mí mismo» que lo es porque no creo que casi nadie dejara que dijeras según qué cosas en su nombre), o que el robar algo de todos no es éticamente reprobable porque no hay un «todos» y por tanto nadie es dueño (algo tan endeble se cae sólo con soplarle) o que, ciñéndonos al tema desde el que surgió la discusión, todo lo que tenga Izquierda Unida no es suyo, sino que es mío y lo rompo cuando quiero. Y lo va a hacer, me barrunto, usando argumentos de cuando las cosas no tenían dueño y el primero que las viera se las quedaba (es decir, pasándose por el arco de triunfo toda la Historia humana social que se supone ha moldeado sus dos principios), y olvidará (seguro) que en nombre de una inmensa mayoría de ciudadanos, las posesiones del Estado son de todos (propiedad privada distribuída, llámalo así si quieres, y que cuenta con una agencia de seguridad en estado de monopolio, llámalo también así si quieres pero no lo olvides) y que eso impide incluso con las restricciones éticas de su manca ideología (esa de dos ideas y a divagar) que cualquier trepa se haga una terraza privada en primera linea de playa porque «tonto el último» (echo de menos ese enlace perdido…). Piensa que vives en tu modelo chupiguay, pero la mayoría ha decidido esto y su agencia de seguridad, con la Historia, ha llegado a ser dominante. Podría haber sido peor (mira Cuba). Así, cuando robes y te acusen, culpa al mercado que no es capaz de terminar con una sola agencia de seguridad (aka ejército y FCSdE) que se reclama única legítima (apuesto a que en la Edad Media del siglo XXII (Edad de Oro del siglo II post Rothbard el visionario) hay tres de éstas en guerra en las calles de Madrid). Chico, te queda la opción evidente tanto en tu cosa como en la Realidad: emigra en busca de tierra virgen.
Pero mejor lo dejo, que comentar según que cosas como que está bien para mantener la mente despierta, pero en serio no se puede tomar.
Nada, chicos de Red Liberal, vosotros a lo vuestro, que aquí no pasa nada. Un miembro defiende la «ocupación» de la propiedad privada de otros: yo de vosotros cambiaba la contraseña de vuestro blog. Recuerdos al amigo Daniel Rodriguez Herrera. Que no, que no es vuestra culpa tener a semejante semejante en vuestras filas, que vuestra única culpa es… soportarlo precisamente por el apaciguamiento (huy lo que he dicho) con el que tratáis todo lo que le atice a la Izquierda, aunque sea con caca culo pedo y pis. Cuando queráis vamos lanzando los botes salvavidas.