Nuestra común patria nace con los Reyes Católicos. Bueno, eso es lo que se dice, eso es lo que se expone como base.
Yo tengo mi propia opinión, pero para el caso es irrelevante.
Si mi memoria de estudiante de Historia en el instituto no me falla (no sería la primera vez), estos Reyes Católicos tienen también su guasa. No sólo Isabel de Castilla no era reina legítima de su reino, sino que ella y Fernando de Aragón eran familiares consanguíneos. Esto les obligaba a pedir una expensa papal para poder contraer matrimonio y unificar lo que luego sería Patria Una, Grande y Libre bajo un palio que desde sus tiempos medievales no se separó del poder (nadie parece recordar que la Iglesia fue una especie de SS en España durante mucho tiempo, expulsando judíos). Pero esa expensa papal no llegó antes de la boda.
Podemos, pues, afirmar que España se funda sobre una suplantación en la línea dinástica, un incesto familiar y un revestimiento de santidad asesina. Y todo esto sin ruborizarnos.
Pero tampoco es esto de lo que quiero hablar hoy. Estamos en viernes, y hoy toca Batiburrillo.
La introducción que acaba de leer simplemente tiene un objetivo: mostrar a Isabel de Castilla y a Fernando de Aragón como los “padres” de la patria (cosa con la que repito estoy poco de acuerdo, pero que muchos patriotas acceden a creer). Recuerde: Castilla y Aragón, los gérmenes de lo que luego sería España.
Pero resulta que algunas firmas invitadas en el blog de nuestros conservadores recalcitrantes favoritos (Lüzbel dixit) tienen mucho más en cuenta a Castilla que a Aragón al pensar en sus ancestros nacionales. Por ejemplo, en esta maravillosa disertación sobre el problema de la plaga de topillos que asola el campo castellano, podemos leer cosas como esta:
El castillo de Fuensaldaña se había quedado pequeño para albergar la sede de los padres de esta “patria chica” que es Castilla y León y no han parado hasta contar con un edificio amplio, suficiente y, sin lugar a dudas, necesario.
A lo que el siempre solícito Smith responde, en el primer comentario, que qué acertado análisis, qué maravilla. Claro, es evidente que los ¿padres? de Castilla y León necesitan un hogar, y lo lógico es que se hagan una buena choza, aunque no hagan nada más.
Uno no duda de que Smith, puesto a hablar de una patria chica, prefiere a Castilla que a Aragón, dónde va a parar. Basta ver quién gobierna en cada sitio, y claro, unos son españoles de bien, y los otros, bueno, algunos son valencianos, mallorquines y peperos. A esos no los tenemos en cuenta, que aunque sean tan talibanes con sus lenguas como los catalanes, lo hacen sólo para fastidiarlos al diferenciarse de su catalán.
El caso de la entrada que enlazo es interesante, porque contiene una perla de sabiduría inmensa. Verán ustedes, el señor Juan Vicente Herrera es el presidente de la comunidad de Castilla y León, del Partido Popular para más señas. Pero claro, la culpa de que no haga nada en absoluto en casi ningún tema no es del todo suya:
Ahora entenderá la población el apoltronamiento de los consejeros de Herrera. No hay oposición y, por tanto, no hay que molestarse en exceso para seguir disfrutando de secretario, despacho, Internet y coche oficial.
Es decir, la culpa de que el señor Herrera no haga nada por su comunidad no es del señor Herrera, sino de que la oposición socialista es tan mediocre que el señor Herrera puede rascarse la barriga cuatro años, que como no tiene contra quién perder no importa. Si es que claro, si los malditos sociatas metieran más caña, alguno de nuestros insignes peperos despertarían y harían esas cosas maravillosas por la gente que no hacen porque, bueno, es que nadie se las recuerda. Como sólo han tenido cuatro legislaturas de mayoría absoluta…
Vamos, que a eso lo llaman criticar al PP. Y luego hablan de lo serviciales que somos en la izquierda para con el PSOE, del “desastre” en Andalucía por los gobiernos sucesivos socialistas que “no hacen nada por los ciudadanos” y demás. Como dije el otro día, yo quiero saber la tienda donde venden esas varas de medir tan convenientes.
Pero vaya, que este tampoco era el tema principal de hoy.
Lo que hoy quiero mostraros es un nuevo ejemplo que descalifica al señor Smith como analista político o simple opinador a tener en cuenta. Por mí, que grite en su blog lo que quiera, no se me malinterprete. Pero queda retratado como lo que es: alguien a no tener muy en cuenta a la hora de hacerse una opinión sobre cualquier tema.
Antes de que se me adelanten, lo digo. Sé que estoy descalificando a sus lectores. Lo sé y lo asumo. Si alguien, después de leer a Smith en esta expresión que mostraré, o cualquier otra de las mostradas o futuras mostradas, cree que es una persona cabal, sensata y con una opinión política medianamente objetiva, esa persona tiene un problema. Con la realidad. Y lamento no poder ayudarle. Su problema sólo se cura de una forma: pensando. Racionalmente. Y desde el principio, sin ideas preconcebidas.
Todo este rollo de los Reyes Católicos, las patrias chicas y Castilla y Aragón viene a cuento de la clara y evidente catalanofobia del señor Smith. No siente a Aragón como parte del germen de su querida España, porque parece que los considera más bien un agregado a su patria que le da problemas. Bueno, cada cual es libre de elegir su patria en su fuero interno (eso es lo que yo creo) y dejarnos a los demás en paz. Pero cuando uno insulta la inteligencia de los demás intentando espolear un sentimiento anti-otros, aún cuando esos otros forman parte de tu comunidad, se produce una situación bastante indignante. Yo estoy indignado.
No es que la frase sea la leche, no hay un insulto de esos a los que Smith acostumbra (al menos no uno de los más bastos), pero demuestra un cinismo, una intransigencia y un odio que provocan repulsa en quien lo lee. Destaca, como iluminado por neon.
Luego está Antoni Castells, sociata empeñado en que la Agencia Tributaria de Cataluña devenga en Administración tributaria de Cataluña. Tema este con el que los catalanes, todos sin excepción, sueñan y se despiertan cada mañana. Bien, pues este jacobino catalán, este centralista barcelonista, ha prometido “firmeza” contra Endesa y Red Eléctrica por el apagón de Barcelona.
No sólo es vergonzoso que apele al sentimiento españolista-centralista-irracional-nacionalista del “los catalanes no sólo son insolidarios, sino que encima quieren robarnos” sino que causa rubor carmesí esa determinación al asegurar que conoce los pensamientos de todos y cada uno de los catalanes cuando se despiertan. Es, en fin, la típica falacia del espantapájaros pero disfrazada en un blog en el que, como alguien dijo, sobran adjetivos y faltan argumentos.
Odio. Esa frase destila odio por los cuatro costados a cualquier forma diferente de ver la Administración Pública que no sea un modo centralista y claramente estatista. Ese párrafo muestra cómo odia el señor Smith a aquellos que piensan diferente. Quien piensa diferente sueña, se despierta y piensa todo el día en la forma de destrozar este bonito país. Está obsesionado en hacer que mi gran nación deje de serlo. Yo, que escribo entradas como churros, no me preocupo tanto. Yo, Smith, no estoy obsesionado por estos temas, aunque les dedico miles de entradas en las que incluso insto a la detención de los parlamentarios catalanes por delito de traición.
Así funciona el señor Smith, proyectando sus filias y fobias, invirtiéndolas y tratando de que su “enemigo” cuadre en ellas. Si no lo consigue, no pasa nada. Se lo inventa. Por eso lo llaman falacia del espantapájaros.
¿Y qué dirá un liberal ante esto? Nada, que en Red Liberal existe libertad de expresión. Y una mierda. Lo que hay es mucho apoltronado que no se atreve a dar un golpe en la mesa, levantarse, despedirse e irse a montarse un chiringuito con clientes deseables. Con las ganas que tengo de tomarme una copa. Tendré que montarme un bar y repartir invitaciones. Al creador de RL no le fue mal, aunque admito que resultaría extraño que un izquierdista tuviera que desarrollar algo para ayudar a personas de otras ideologías a tender puentes, mientras ellos, amantes de la libertad y la iniciativa privada, están felizmente acomodados con sus totalitarios compañeros de viaje.
















