El Destino del Iscariote

It's better a Kiss of Death than nothing...

Archivo de la categoría 'Ateísmo'

Los que no creemos en dios también hablamos de ello.


27.03.10

Viernes de Dolores, con retraso

Se acerca la Semana Santa y los creyentes, otro año más, salvan la vida de milagro.

Preparando la pila

En la magen, grupos organizados han pasado toda la jornada amontonando imágenes religiosas. Según la tradición, arderán esta noche y para el sábado deben ser poco más que cenizas humeantes.

Velas y cirios

Es parte de la fiesta el cubrir de velas y cirios las tallas hasta la hora de su quema por cuestiones de horario infantil: aunque no puedan quedarse a la hoguera, los niños de este pueblo deben aprehender la belleza iconoclasta del fuego reflejado en una imagen divina sufridora.

País.

22.10.08

Spread the word

Si hay algo que no soporto leer es a los gurús de la Red. Que nadie me malinterprete, creo que es necesario que alguien haga sesudos análisis sobre las posibilidades de comunicación, interacción y socialización de esta maravillosa herramienta que es Internet, pero la cháchara sobre meta-tendencias y herramientas inservibles cansa. Muchas veces, lo simple es lo efectivo.

Bus Ateo

Hace unos meses, la British Humanist Asociation puso en marcha, casi de broma, una campaña. Una queja jocosa sobre los carteles en los autobuses londinenses, plagados de anuncios religiosos y amenazas post-mortem, llevó a un comentario inocente: si todos los ateos pusieran cinco libras, se podrían forrar muchos autobuses. Lo que empezó lentamente en Junio recibió ayer un empujón asombroso con el apoyo público de Richard Dawkins. ¿Cuánto de asombroso? Bueno, tanto como para que la plataforma usada, justgiving.com, haya publicado una entrada sobre el tema en su blog corporativo, con un gráfico de donaciones que sencillamente asusta. Si se ponía como meta recaudar 5.500 libras para que Dawkins pusiera otras 5.500 y sumar 11.000, en sólo 24 horas se ha cuadruplicado esa cantidad, y ahora mismo se alcanza la cifra de 48.800 libras (y subiendo).

Hay mercado, señores. Referencia en el telegraph.co.uk. En news.bbc.co.uk esta noticia aparece ahora mismo como la más enviada por correo. En guardian.co.uk suma a estas horas más de mil comentarios y una respuesta (previsible y poco novedosa). ¿Se abre la veda del racionalismo abierto, orgulloso y pedagógico para las masas? Veamos.

04.06.08

Todo lo que siempre quiso saber sobre Caín

… o por qué dios las prefiere rubias los prefiere carnívoros

A pesar de que la fama se la ha llevado la caída del hombre, en el Génesis se nos relata además otro paso al reverso tenebroso. Curiosamente, ambos hechos acontencen prácticamente a la vez. Basta leer atentamente.

El Génesis contiene dos relatos de la creación. En el primer capítulo de ese libro, por ejemplo, los animales son creados antes que el hombre, mientras que por el contrario en el segundo capítulo son creados después y a causa del hombre. No es la única diferencia.

En el segundo capítulo del primer libro de la Biblia dios crea todo un planeta para el hombre. Incluso le regala un huerto, en Edén. De todo cuanto crece en ese huerto puede comer Adán, de todo salvo del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Según ese relato, dios habría creado al hombre originariamente para ser vegetariano. De hecho, los animales son creados a posteriori como compañía y ayuda del hombre, y nunca como alimento. Cuando Adán es expulsado del Edén, es condenado a obtener su pan con el sudor de su frente, mientras que la tierra sólo le daría espinos y cardos. Ni una mención a la ingesta de carne.

Este planteamiento tiene continuidad a lo largo del relato, durante al menos una generación más. Adán y Eva (que, puntualizando, no desobedeció a dios pues nunca se le prohibió nada a ella) engendraron a Caín y a Abel. Caín era un agricultor, un hombre de campo. Seguía el yugo que su dios le había impuesto. Hacía, pues, según el mandato que su padre (y por herencia, él) había recibido al abandonar el Edén. Abel, por su parte, era ganadero. Había tomado un sendero propio antes que el camino marcado por dios. De este modo, es entendible que Caín tuviera sentimientos encontrados cuando dios despreció su ofrenda, el sudor de su frente según el justo castigo por el fallo, ante la brillante y llamativa sangre de una oveja degollada.

Es de destacar que ambas son las primeras ofrendas que se hacen a dios en toda la Biblia. Ofrenda de sufrimiento y castigo, en manos de Caín, frente a ofrenda de sangre y dolor (siquiera animal), de manos de Abel. Dios escogió la segunda, previendo como su mejor profeta las tomas de las ciudades amalecitas en el futuro. Ante la sangre, dios tuvo su momento decisivo y falló. Falló a sus propios ideales digamos vegetarianos y se volvió una negra copia de lo que una vez quiso ser.

Caín mató a Abel en la primera muerte humana según el mito bíblico. Es de esperar, por tanto, que Caín no supiera calibrar lo trascendente de su propio acto. Su propio dios, su dios ya mancillado con la sangre, ya perdida la inocencia, lo reconoció y marcó a Caín para que nadie pudiera matarlo. Su propio dios, en sólo tres capítulos del primer libro de su revelación, nos demuestra que el imperfecto hombre falló, y arrastró con él a un perfecto dios confiado que mutó en demonio a la primera vista de la sangre. Un dios resentido porque su juguete parece a veces fastidiarle, a veces transformarle. Un dios que terminará en una cruz por sus propios errores mientras el hombre, lleno de egocentrismo, necesita creer que lo hace por él.

Pero eso es sólo mito, como tantas otras cosas. Sin embargo, me gusta más mi versión.

26.05.08

Abróchate el cinturón

El otro día me lo preguntaba. ¿Cómo lo sentirán ellos? ¿Qué sensaciones pasarán por su mente en esos instantes? Pero empecemos por el principio.

Este es un pequeño juego. Pueden jugar todos, pero me interesan sobre todo las respuestas de los creyentes, aunque me da un poco igual el dios (o panteón) en que se crea. Hay que ir poco a poco, para evitar que el vértigo nos saque de pista y no sepamos de qué estamos hablando. Pero también hace falta concentrarse en lo que veremos por las ventanilas porque de ello depende el experimento. Un experimento de confrontación directa con la realidad. Allá vamos.

Imagina que estás en lo alto de un rascacielos. No importa cuál, ni dónde, ni mucho menos por qué. Miras hacia abajo y ves a una serie de personajillos andando muy despacio, cruzando calles y conduciendo coches. Los reconoces: son la máxima de la creación, la culminación del arte divino. La imagen y semejanza del autor de autores. Viven, crecen y se multiplican como siguiendo un mandato del cielo. Muchos de ellos, una inmensa mayoría, creen que existe ese alma inmortal que regala vida simplemente exhalando. Creen que los cuidan, los observan y seguramente los juzgarán. El mundo necesita un sentido, y se lo encuentran en algo más grande que ellos mismos.

Alejémonos un poco de las hormigas. Vayamos, cómo no, a la Luna. Miremos a nuestra esfera azulada desde su inseparable compañera. Pensemos ahora en esos mismos seres humanos y tratemos en encuadrar sus anhelos metafísicos en esta nueva visión. La Tierra tiene un halo misterioso, más allá de su atmósfera y su ozono. Todos hemos visto imágenes y fotografías de otros planetas de nuestro Sistema Solar, pero ninguno es como nuestro hogar. La diferencia es evidente: la vida. Curiosamente, donde el religioso ve la vida en la Tierra e infiere que, por tato, ese planeta debe ser importante (elegido o creado expresamente), el descreído ve que es importante precisamente porque contiene vida. Aquí empieza el desdoblamiento que produce la distancia, una visión que acaba de comenzar.

Huyamos un poco más. Situémonos un poco por encima del plano que forman los planetas alrededor del Sol, a una prudente distancia sobre la órbita de Júpiter. La Tierra es un recuerdo borroso que ni siquiera se puede vislumbrar a simple vista, los humanos han desaparecido. El Sistema Solar es un lugar frío y despoblado, casi vacío. No hay resto de alma ni de mente. Aún se puede apelar al sentido antropocéntrico y exponer que todo eso no es más que decorado para acompañar al espejo de dios que vive en ese puntito que ni verse puede. Con desgana y sin convicción, pero se puede.

Llegamos a la última estación. Nos encontramos a medio camino de la galaxia de Andrómeda, y miramos atrás. La Vía Láctea se nos muestra con sus brazos girando lenta pero imparablemente. En uno de ellos, en una zona que no es muy distinta de cualquier otra, está nuestra estrella madre, rodeada de sus hijos rocosos y gaseosos, y en uno de ellos, uno verdoso e iluminado en su cada oscura, están los seres humanos. Desde esta posición es muy difícil coincidir con ellos, porque en estas escalas de Espacio y de Tiempo las estrellas nacen y mueren muy rápidamente. Nuestro Sol madre en realidad no durará más que cualquier otra estrella semejante, y la duda es si lograremos hacer algo digno de recordarse antes de su fin.

Ahora, desde esa lejana visión, mirando a la Tierra sin verla, imaginando a los seres humanos como un suspiro en los tiempos del Universo, piensa y siente. Pregúntate qué clase de dios crea tanta vastedad sólo para que no la veamos. Qué clase de dios nos confina en una roca común alrededor de una estrella común para que nos matemos entre nosotros al grito de «dios lo quiere». Qué clase de dios pone más de quince mil millones de años antes de nosotros y seguramente no menos de los mismos una vez que hayamos desaparecido, y pretende convencernos de lo importante que es el pestañeo durante el cual fuimos, porque somos su creación mimada.

Siempre he tenido curiosidad por saber cómo afrontan los creyentes la realidad fría del Universo no como problema teológico sino como enormidad medible. Cómo pueden creer que su amoroso dios nos concedió un grano de arena para vernos pelear por él mientras el espacio se aburre de soledad. A veces se me cruza un rallo de comprensión, pero implica siempre humanizar la religión y la creencia y despojarla de su aura sobrenatural, como cuando en un libro de Ciencia Ficción aparece un sacerdote como personaje aceptando los viajes interestelares y las velocidades supralumínicas sin perder esa especie de fe gentil en una persona irrepetible allá en los años del Imperio Romano, conjugada con un dios impersonal y bastante ahumano, más preocupado por la belleza de una puesta de sol en un planeta lejano que por las cuitas de unos gritones en un rincón del Tiempo.

Si estamos llamados a salir de este planeta algún día sería interesante prever cómo va a afectar la religión a la experiencia. Podemos incluso adelantarnos, porque ya sabemos qué nos espera fuera, y sabemos que es inmensamente grande, espectacularmente frío y aterradoramente vacío. Debe ser difícil de conjugar con la idea de dios como padre.

Y tú, creyente, ¿cómo lo haces?