Iba a llamaros hijos de puta, etarras de mierda y dejar mi bilis salir. Voy a ser mucho peor: ojalá algún día os deis cuenta de lo jodidamente fascistas que sois y no tengáis más remedio que suicidaros.
Sigue siendo imprescindible mi lazo azul.
Criticando a los terroristas etarras.
Iba a llamaros hijos de puta, etarras de mierda y dejar mi bilis salir. Voy a ser mucho peor: ojalá algún día os deis cuenta de lo jodidamente fascistas que sois y no tengáis más remedio que suicidaros.
Sigue siendo imprescindible mi lazo azul.
El pasado sábado día 1 nos levantábamos con la terrible noticia de que ETA había vuelto a matar. Es lo que hacen los asesinos.
Un chaval de 24 años ha muerto. Otro de 23 tiene un edema cerebral. Nunca nada podrá aliviar el dolor de sus allegados. Por mucho que intentemos transmitirles el calor de nuestros abrazos o de nuestras lágrimas, sus huesos sentirán frío, sus ojos llorarán hielo.
Hoy, tres días después, intento expresar mis sentimientos al respecto y sólo se me ocurren improperios e insultos. Pero me gustaría poder transmitir otras cosas.
Quisiera hablar de la concentración convocada para hoy, de por qué creo que debería ir todo el que pudiera, aunque no estuviera de acuerdo con la política del Gobierno, y mostrar que puede haber diferencias, muchas incluso graves y hondas, pero que por encima de todo está el rechazo a la violencia y la negativa a que de ésta se extraiga rédito político.
Me gustaría también explicar que los que mantenemos, incluso ahora, que En Mi Nombre SI no queremos tampoco contrapartidas políticas al fin de la violencia. Nunca las hemos querido, y así lo hemos ido diciendo a lo largo de todo este tiempo.
Diría incluso que no caigamos en el error de culpar a los de enfrente, siquiera políticamente, siquiera veladamente. Algunos de mi lado seguro que tienen muy claro que el Partido Popular tiene algo de responsabilidad, por su infame oposición en materia antiterrorista. Otros, de enfrente, que el Partido Socialista tiene algo de responsabilidad, por su infame política en materia antiterrorista. Todos se equivocan. No hay ninguna actuación del PP ni del PSOE que explique (ojo, no digo justifique) un asesinato de un guardia civil.
Me encantaría divagar sobre lo enfermizo que es el irracionalismo etarra. Decirles que sólo ellos son EL obstáculo para que la sociedad vasca pueda plantear una vía convincente de secesionismo y soberanía. ETA tiene que entender que en democracia se puede hacer una oposición nefasta o una política antiterrorista infame, pero que eso no les da razones para matar, sino para oponerse políticamente. Nada más. Hablan de democracia pero no saben vivir en ella.
¿Y sus bases? Calladas. Cobardes. Han tenido su oportunidad, después de todo. La han perdido miserablemente. No es que se hayan equivocado en escoger un camino, es que transitan por bancales. Los caminos les quedan lejos.
Me gustaría retomar el espíritu que unió a este país unos fatídicos días hace ya mucho tiempo, cuando toda la sociedad se volcó para salvar la vida de una persona. Para gritar que ya estaba harta, que ya basta, que queremos PAZ. Que tienen que entender que no nos importa cuántos muertos nos cueste, que no nos importa morir, pero que nunca, NUNCA, vamos a dejar que por el camino de las pistolas se impongan ideas políticas.
Quisiera hablar de muchas cosas, incluso algunas que estarían fuera de lugar seguramente. Exijirle al Presidente que continúe su labor, para la que lo elegimos. Que mantenga sus principios, que nunca ceda políticamente ante la barbarie, que tenga el mismo valor que mantuvo al decirle a los de las pistolas que no íbamos a jugar con sus reglas, que de política hablan los políticos y que con ellos sólo hay que hablar de entrega de armas y presos. Pedirle a los dirigentes socialistas vascos que sean valientes, y que estén orgullosos de su trabajo.
Gritaría además que añoro con fuerza esa época en que los ertzainas se quitaban los pasamontañas y las señoras les daban besos en la calle. Esos momentos en que los demócratas sentíamos que éramos más, pero sobre todo que, a pesar de no tener pistolas, éramos más fuertes. Íbamos todos con nuestro lazo azul, sintiéndonos hermanados contra ETA, contra el terror, y mostrábamos orgullosos que a pesar de las diferencias teníamos un objetivo común. Nada sustantivo ha cambiado desde entonces salvo nuestra implicación. La sangre se enfrió, y volvimos a nuestros quehaceres diarios.
Hoy cuelgo el lazo azul en mi casa. Con la sangre ardiendo aún tras la última barbarie. Con la sangre fría de los años transcurridos conviviendo con los bárbaros. Ahí seguirá hasta que ETA desaparezca. En recuerdo de sus víctimas, en memoria del dolor causado, como muestra de firmeza y dignidad. Es el momento de que la sociedad civil, si pinta algo en este país, recupere su símbolo contra ETA, en apoyo a sus víctimas. Con su significado real, único y que nos cubre a todos.
Llenemos la Red de lazos azules. No hoy y mañana, y que luego desaparezcan. Pongamos un grito en el cielo que se escuche hasta en los infiernos donde viven los asesinos, que sientan temor hacia una sociedad que ya está harta.