El Destino del Iscariote

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Cosas de la Red.


21.01.09

whitehouse.gov

Todos lo hemos visto. Algunos lncluso a propósito, buscando un canal de Internet que nos permitiera disfrutar del sonido ambiente sin los siempre escorados comentarios de cualquier televisión local. Ya está hecho, Barack Obama es el Presidente número 44 de los Estados Unidos de América, so help him god. Personalmente, me ha parecido una ceremonia muy emocionante, un sentimiento causado casi a ciencia cierta por la práctica imposibilidad que da España de sentir patriotismo. No creo que deba ser obligatorio, pero sentirse orgulloso del lugar en que se vive por de dónde se viene y cómo se ha llegado ahí no tiene nada de malo. También influyen la pompa, el protocolo y la miríada de detalles, «costumbres y tradiciones» propias de un evento político así en un país también así, que me parecen artes sublimes que casan poco con el espíritu castizo de esta mi tierra.

Pero antes de enredarme en valoraciones subjetivas y políticas, entremos en materia. De manera paralela a la toma de posesión física, el equipo de Obama asaltaba la Web del gobierno estadounidense:

whitehouse.gov

Me propongo hacer unas cuantas valoraciones acerca de la construcción y usabilidad del sitio, nada muy a fondo pero sí dando algunas pistas. Lo primero que llama la atención es la cuidada estética de la Web. Destacan los degradados suaves, los brillos y los colores de una paleta clásica y agradable (que por sí sola no hace milagros tampoco, claro). La estructura se divide netamente en tres partes claramente diferenciadas. La cabecera es simple y contiene un menú completo e intuitivo que se va desplegando según se desplace el puntero. El cuerpo reparte sus contenidos en un slide de artículos destacados (basado en jQuery y en la linea del original slide que el mismo Obama inspiró) y una lista más convencional de artículos, entre los que destaca por motivos obvios un blog. Para los menos realistas: no, no es el blog de Barack Obama y no, no admite comentarios. Pero sí tiene un feed RSS y explicaciones de qué es esa cosa. El pie de página de nuevo está partido: una reproducción extendida del menú superior y un pie clásico con enlaces externos e informaciones internas varias y típicas.

Pero hay algo más allá del aspecto meramente estético de la portada. Se nota cierto gusto por las cosas bien hechas y se nota también que ha sido un trabajo de personas muy cercanas a la Red actual. Por ejemplo, echemos un vistazo a la lista de palabras clave que se define en la cabecera de la página (y que ayuda a los buscadores a saber de qué se habla): President, Barack Obama, White House, United States of America, 44th President, White House history, President Obama, Barck, Barek, Barak, Barrack, Barrak, Obma, Barack. Todas las formas posibles de escribir mal «Barack» u «Obama». Los que han hecho esto se lo han tomado bastante en serio.

O eso es lo que ellos mismos dicen. Como explican allí mismo, en la creación de la Web se ha tratado de mantener un cierto cuidado para mantener la accesibilidad y usabilidad, lo que se traduce en seguir ciertas reglas de implementación de los elementos para hacer más sencilla la experiencia de personas que navegan por ella con visión reducida, o que utilicen un navegador en modo texto. Se agradece, por ejemplo, la existencia de una hoja de estilos propia para imprimir (muy muy útil), la utilización de etiquetas alt para todas las imágenes e incluso el clásico you are here que tenemos en la parte superior del pie de página. Incluso el gigante slide de la portada, en ausencia de javascript, degrada bastante bien aunque se coma parte del contenido que debería mostrar. Para terminar los elogios, la tipografía es preciosa y clara.

Eso no les libra de cometer unos cuantos errores. Uno de ellos, mínimo hasta el extremo pero real como la vida misma, es un pequeño problema de alineado entre cabecera y cuerpo en una sección algo rara: WhiteHouse 101. Al menos en mi pantalla el menú superior excede en un par de pìxeles el ancho del cuerpo anaranjado. Pero también hay errores de accesibilidad que sí deberían tenerse en cuenta. Porque aunque el código de la página es bastante claro (el Mundo ha avanzado mucho en este tema desde que se desterraron para siempre las tablas) se cometen unos cuantos errores. En el slide principal de la portada, sin ir más lejos, corren el riesgo de tener hasta cuatro títulos que, por jerarquía, deberían ser el título de página. Y es que cada elemento del slide cuenta con su propio título h1, cuando este elemento debe ser único. Esto produce un empacho de títulos que luego termina como termina: en las páginas interiores no existe un sólo título de este primer nivel y casi podríamos decir que esas páginas no tienen quién las describa. También se echan mucho en falta los atributos title en las etiquetas de enlace, que ayudan a contextualizar los hipervínculos y son una recomendación (aunque no prioritaria ni obligatoria) de la W3C.

Otro problema, derivado del propio estilo del sitio, es lo muy rezagado que aparece el contenido principal y más interesante en la página. Es una consecuencia de tener un menú tan amplio y completo en la parte superior de la Web: automáticamente, todo el contenido se debe poner tras decenas de enlaces anidados en varias listas. Decenas de enlaces anidados en varias listas que se duplican en cada página, ya que hay una réplica del menú superior en cada pie del sitio: contenido duplicado, y por tanto que engorda innecesariamente el peso final.

Le podríamos dar un aprobado alto, casi un notable, al sitio en general. Tiene pequeños grandes detalles, como un principio de traducción al español (¡con Ñ!) no forzada (es decir, no automática) que se agradece y que esperemos no sea sólo un proyecto a abandonar, y otros más comunes pero no por ello menos necesarios, como es un favicon reconocible. Me atrevería incluso a aventurar que el sistema de gestión de contenidos de ese sitio no dista mucho de un WordPress de los que usamos muchos. En resumen, no está nada mal para el primer Presidente de los Estados Unidos que podrá tener un portátil en el escritorio del Despacho Oval. Mientras, en España sufrimos Microsoft Visual Studio .NET 7.1 y no sabemos qué es un favicon, y así nos luce el pelo. No sé qué nos cobraron por esa Web de la-moncloa.es, pero ahora que la visito con un poco de interés y miro el desastre a la cara por diez veces menos hasta yo haría algo mejor. De verdad.

20.01.09

Laicismo es totalitarismo

Una de las primeras cosas que hacen los grupos reaccionarios cuando tratan de divulgar sus rancias ideas es envolverlas en las palabras adecuadas. Así, los homosexuales no existen en Irán porque eso es un problema de Occidente, nunca ningún país va a alcanzar el grado de desarrollo humano y ético de Cuba e imponer símbolos religiosos en actos y lugares públicos no puede ser otra cosa que una cerrada defensa de la libertad religiosa.

En España empiezan a proliferar, sin que sepamos muy bien quién los compone o de dónde obtienen la financiación, algunos grupos que pretenden imponer ciertas visiones anticuadas y retrógradas de y a la sociedad. Un elemento destacado en esta lista es Hazte Oír, una plataforma que pretende ser un altavoz de conciencia ciudadana frente a las medidas despóticas del gobierno de turno pero que es en realidad un intento de mantener a toda costa unos privilegios. Bajo la máscara de la defensa de cualquier (y digo bien, cualquier) posición u opinión (muy en la onda de ese liberalismo ecosionao que acepta pulpo como animal de compañía) se muestra la verdadera causa: el deseo de imponer un veto de silencio a todo aspecto de la sociedad que roce sus íntimos ideales religiosos. Sin duda, ésta es una muestra de un radicalismo religioso que a más de uno nos eriza el vello: muchos no estamos dispuestos a que desde un púlpito nos marquen sobre qué temas no tenemos derecho a tener opinión. Pero lo es más de incongruencia: no se puede apelar al derecho a tener cualquier opinión para acto seguido tachar todas menos la tuya particular de inmorales, asesinas y totalitarias.

Uno de sus temas fetiche es el aborto. Calificar de asesinato cualquier interrupción del embarazo no sólo es una afirmación arriesgada, sino que tiene unas connotaciones muy dirigidas: su finalidad es ir socializando esa asociación mental, de modo que terminen compartiendo campo semántico absoluto. Ellos dirían que eso no tiene nada de malo, si no fuera por las causas últimas que llevan a ese calificativo: el deseo de mantener una moral supranatural y coercitiva que invada la esfera privada con sus prohibiciones. Así, se afirma categóricamente que «toda vida humana empieza en la concepción», cuando los dos gametos se unen tras el coito, sin dejar lugar al debate que sobre el tema se mantiene desde hace milenios y que, a ciencia cierta, se va matizando poco a poco. Pero la última justificación de este hecho es la concepción etérea del ser humano, un ser extra-natura que alcanza plenitud cuando recibe cierto hálito indetectable e inmensurable (y por tanto, acientífico) de parte de alguna divinidad: precisamente al mezclarse las hebras de información genética del óvulo y el espermatozoide. Los resultados no pueden sino ser esperpénticos.

Sin embargo, estos días parece que este ariete fundamental, que se transforma en un Mundo Real sin amigos imaginarios en una lucha política en contra de un debate serio y sosegado acerca de una Ley de Plazos, debe compartir espacio con otra pretendida reivindicación de nuestras libertades que, también, se transforma en realidad en una imposición de silencio. El asunto que se quiere usar en esta ocasión para silenciar discrepancias es el laicismo.

No está solo Hazte Oir en este ruedo. Hace unos días la carcajada casi nos hace escupir el café a unos cuantos cuando vimos cómo en Libertad Digital se calificaba nada menos que de «nuevo ataque laicista» dirigido «contra la Iglesia» el que unos cuantos particulares decidieran gastar su dinero en unos anuncios que deben aparecer en autobuses de varias ciudades españolas. No se sabe si Libertad Digital se va a quejar también por el autobús evangélico en esos mismos términos, pero me figuro que aquéllos esperaran a que éstos saquen su vena antimariana e iconoclasta para exigirles respeto institucional.

De lo que cabe poca duda es de que el asunto del bus ateo ha levantado ciertas ampollas que de tan escondidas ya ni sus dueños parecían recordarlas. A mí, que soy un ateo furibundo, me pareció muy graciosa la idea original británica como respuesta a la también británica costumbre, al parecer, de desearte el fuego eterno desde los laterales de esos grandes buses de Londres. En España somos más de carteles santeros y virginales, y la simple fotocopia no termina de ser tan clara como el original, pero merece la pena sólo por ver algunas reacciones.

Si a estos movimientos netamente privados sumamos que el Gobierno anunció hace meses su intención de revisar los textos legales que versan sobre libertades religiosas, no es de extrañar que algunos se hayan decidido a enseñar los dientes. Porque, aún en el caso de que la mentada reforma no sea más que un intento de «democratizar» la religiosidad del Estado (incluyendo para otras confesiones los beneficios de los que ya goza el catolicismo) como muchos nos tememos, lo cierto es que todos los caminos conducen a un escenario donde los fieles al Vaticano no tengan más privilegios que los que oran a La Meca. Ciertamente algunos querríamos que nadie tuviera un privilegio simplemente por tener una fe, pero visto lo visto no parece que vaya ser el caso.

Sabiendo todo esto, no deja de ser sorprendente el intento de Hazte Oír y afines. Cuando la realidad nos dice que, más que eliminar privilegios, el Ejecutivo los va a repartir a manos llenas, la campaña de este grupo se centra en denunciar un imaginario intento por expulsar a la religión de la vida de las personas. Causa pasmo ver cómo se disfraza de acción ciudadana lo que no es más que una presión del lobby religioso bien adaptado ya a la forma de los sillones. Así, se convoca un acto «a favor de la libertad religiosa», se graba a dos docenas de personas coreando «dios existe y yo soy testigo» al más puro estilo jehovita y se roza el ridículo (si no se cae en él sin tocar aro, está por decidir) llegando al extremo de declarar a la vez que «laicismo es totalitarismo», pero que «libertad para los no creyentes y también para los creyentes», como si viviéramos en un estado de excepción anti-religioso. Se nos avisa casi con el alma en la mano, cargaditos de miedo e indignación, que el Gobierno pretende legislar sobre la vida y las creencias privadas de las personas, sin aportar más dato que, de nuevo, la fe en ello. Se pretende esconder bajo una indignada marea de beatas el simple hecho de que a unos cuantos ciudadanos nos parece estúpido, risible y hasta irrespetuoso que se utilicen símbolos religiosos en centros públicos y en actos públicos. Se enfrenta, una vez más, la reacción disfrazada de piedad contra el debate realista y la igualdad real de derechos. Cualquier atisbo de coherencia brilla por su clamorosa ausencia, pero donde hay fe no cabe razón.

Nada nuevo bajo el Sol. Pero ahora, al menos, nos podemos reír de sus tonterías.

Publicado también en HispaLibertas. Un abrazo muy muy grande, Manel

05.01.09

Usabilidad

Después de un mes de uso, hoy he descubierto el botón Actualizar de Microsoft Internet Explorer 7. Que vivan las localizaciones novedosas.

P.D. Sí, ya sé que prometí actualizar más a menudo, pero estoy trabajando en algo importante y, por tanto, secreto…

13.12.08

El extraño caso, apelado

A propósito de la presencia de crucifijos en las escuelas, de la existencia de obispos castrenses y de leyes y sentencias varias, respondo a los comentarios de Manel en la entrada anterior. Empecemos pues…

Desde este punto de vista, contratar publicidad en autobuses o en marquesinas para decir: «Yo opino que hace buen tiempo» resulta teatrero, y si encima lo que opinas se viene diciendo desde el principio de la Historia, el teatro asciende a una nueva categoría semasiológica: gilipollez. Entre otras cosas, constituye una invitación a que otro contrate publicidad en autobuses o marquesinas para replicar: «Pues a mí me parece una birria». Por mor del exhibicionismo naturalista cum hedonista, lo que en origen eran opiniones personales se convierte en un debate público con las características de un frontón reglamentario.

Naturalmente siempre puedes alegar que Dawkins no empezó el frontón, porque a diario te asaltan por la calle —no en los paraísos do tu moras, oh dilecto fisqueador, mas sí en las medianas y grandes urbes conditas— testigos, mormones y peña que te toca los coj… ponderables, que diría Fraga desaprovechando la rima, con sus panfletos, atalayas y demás, y te ponen crucifijos en las escuelas, y te diseñan inteligentemente, etc. Si tal alegas, me eximes de demostrar que lo de Dawkins sea una gilipollez; me retas, en cambio, a que apostille que es una GRAN gilipollez.

Y parece que mi referencia explícita a «la cultura británica y sus autobuses» no ha hecho saltar la liebre. No se trata de que ahora vayan otros a sumarse a la idea y ponerse a defender a Zeus o al Espaguetti Volador en las carrocerías de los autobuses. Es que es una costumbre británica tener mensajes religiosos en los autobuses, como se dice claramente en la campaña y como sabría aquél que al menos se la hubiese leído. De hecho, la campaña no es idea de Dawkins, sino de un grupo de particulares que, hartos de ver cómo en los autobuses se les amenazaba con el fuego eterno, pensaron medio en broma esta posibilidad, ya que en aquel entonces ninguna voz como la tuya se quejaba de que las Iglesias evangelizaran bus mediante. El resto es viralidad y adhesiones. Personales.¿Que no te lo crees? Look, dear, here you are. Y no te pongo otra que me he encontrado porque era bastante ofensiva… Lástima que te hayas enterado ahora de que fueron las iglesias las que sacaron «opiniones personales» a «debate público». Pues ya tienen respuesta. De ahí la cosa de que eso es un asunto cultural y de costumbres (nada de aislacionismo ni de chóferes sordos, por cierto) pero si se prefiere el brochazo gordo pues se prefiere y ya está.

Por cierto, la última vez que vinieron a verme los Testigos fue muy sonada. Coñe, me la menearon y todo.

En el capítulo XI, vv. 1-7, el Libro del Fisking de Judas ofrece una lujuriosa invitación al desparrame. No sé por dónde comenzar, así que resumiré. Me apuesto 10 párrafos contra 1 a que la proporción de artículos y comentarios laicistas en los blogs de Mario García, Eduardo Robredo y Judas el Iscariote —los tres enlazados en el Libro— es superior a la probabilidad de que hoy llueva en la selva amazónica. Dicho de otro modo: las tres últimas entradas respectivas (aquí sin contar esta), son laicistas. ¿Multitarea, dices?

Ten cuidado, Manel, que como sigas pinchando en hueso me vas a dejar como un colador de los finos finos… Veamos: tú me dices que el asunto, que ocupa algo así como el puesto 27 de tu lista, te es tan poco importante como para haberle dedicado una entrada en dos años. Y pretendes enfrentarlo con que en tres sitios que hablan, casualidad, de un tema y por eso se enlazan, se hable efectivamente de ese mismo tema. Hay que tenerlos muy cuadrados para pretender que cuele, majo, pero es que en lo de la multitarea desbarras completamente, y me ciño a los tres mosqueteros nombrados. A saber, Eduardo Robredo lleva meses siguiendo el affair Vaticano-Islám, y dedica entradas a cascoporro al tema del laicismo porque en su lista bombera-torera queda una miaja más arriba que en la tuya. Será que es filósofo, yo qué sé, pero me parece perfecto que alguien se interese en la alianzas de quienes pueden poner cosas en las clases de los niños (uh, a la demagogia sabemos jugar todos). Mario es en este tema tu Némesis: creo que no encontrarás otra entrada en su blog sobre el tema religioso, te gana en poco interés. Y no sé qué se espera de un blog cuyo autor firma como nada menos que Judas Iscariote, pero si hay que decirlo todo entre esa entrada que me mentas y la anterior a esta hay novedades en la Red a mi nombre: he enlazado una entrada de Yoani, he comentado en otra tuya, me he sorprendido con esto, he descubierto un buen programa de Windows y me he acordado de Felipe González. Todo eso esta aquí, en el lateral, disponible. Así que me temo que no has captado eso de multitarea tan bien como creías.

Pero uno, pobre MSDOS monotarea, no comprende por qué siendo vosotros lujosos linuxes multitarea preocupados por la raquítica salud cívica os ocupáis más de laicismo que de separación de poderes, independencia judicial, financiación de partidos políticos y sindicatos, ley electoral, transparencia pública o controles financieros independientes.

Bueno, una de las mayores mejoras en el mundo, además de los sistemas operativos multitarea, fue la especialización. Qué le vamos a hacer si el modelo de hombre del Renacimiento ya no se estila. Por poner un ejemplo, el día que me ponga a escribir sobre sistemas financieros independientes será el día que me paguen por garabatear sobre cosas que ni sé ni comprendo. Igualmente no me imagino a Egócrata hablando sobre derechos de homosexuales, pero sobreentiendo que tenemos una postura más o menos conocida y común. Oh, no, me parece que lo capto: hemos llegado al punto en el que un silencio sobre un tema es un peligroso interrogante. ¿Y si resulta que en todo aquello sobre lo que no me pronuncio soy un ancap escondido?

Hallamos en el lugar la perícopa espíritu-cantarosa en la que el hagiógrafo exhibe su impiedad al asombrarse de por qué un ateo pueda ser favorable a la existencia de iglesias (edificios) e Iglesias (franquicias, sectas, religiones, teologías). La razón de tal aparente abominación es liberalismo-en-acción: estoy tan convencido de que la opinión de cada cual es libre que hasta aplaudo que sea falsa, humo o tontería. Porque creo en el individuo y su responsabilidad y yo no soy quien para organizarle la vida, ni esta ni la del más allá. Porque pienso, como tú pero siendo consecuente más rato que tú, que «cada quisque tiene derecho a creer lo que quiera», y lo que quiera incluye dioses, disparates y dioses disparatados. Si busca «imponerme» su opinión, le trataré como a cualquiera —empezando por el gobierno y su legislación corrupta y terminando en Dawkins y su anagrama Gerin Oil— que busque «imponerme» su opinión: con desconfianza. Porque yo soy mi individuo preferido entre todos los individuos, y soy libre para tener mi propia y equivocada opinión. Adoro que me convenzan; pero aborrezco que me adoctrinen.

Agradezco la florida prosa que acaba en un escondido comentario, menos mal que la elevamos a quote a criticar al menos. Y empezamos como antes: me parece que escribo en chino o que alguien no lee bien el castellano. ¿Asombrarme? ¿De que a un ateo le parezca no sólo bien que existan iglesias e Iglesia, sino que además sea favorable a dicha existencia? Por si no se captó la ironía, no me asombra, pues los días impares me levanto yo mismo como ese sentir y padecer. Los pares, de más está decirlo, me derivo algo más, pero por fortuna hoy es 13. De ahí, el resto es pura prosa, a veces mejor («siendo consecuente más rato que tú», es una verdad como la cola de un piano) y a veces peor («el gobierno y su legislación corrupta», te imagino con el puño en alto). Tampoco sabía yo que un crucifijo en un aula pública no podía ser imposición bajo ninguna condición pero un cartel en un bus se convierte en Dawkins y sus imposiciones anagrámicas, será cosa mía que no le veo el sentido en ningún lugar. Salvo el lugar común, claro.

Todavía más: si parto de la base de que «los padres meten ideas raras en la cabeza de sus hijos», asumiendo por tanto que alguien debe suplir a los padres a la hora de extirpar «ideas raras» y trasplantar «ideas sanas» en las cabezas de los chavales —alguien con más interés que los padres por el bien de la criatura, y se supone que con más autoridad aunque no se especifique qué tipo de auctoritas—, si parto de esa base, repito, me tropiezo de morros con alguien que quiere imponer (sin comillas) su propia opinión.

Creo sinceramente que Tráfico debería empezar a idear campañas contra este tipo de saltos mortales, pues pocas veces acaban mejor que en UCI. O sea, reescrito: si yo pienso que enseñarle a los hijos que un trozo de pan se transforma en un cuerpo es una soberana tontería entonces, por arte de magia, deseo con todas mis fuerzas que alguien retire la patria potestad a esos malvados padres. Más o menos, porque Manel se queda a medio de su conclusión con tirabuzón. La clave, para mentes poco dadas a releerse, viene a ser eso de «…asumiendo por tanto que alguien debe…» y que, enlazo con lo de arriba, encarna a la perfección al especímen de ateo favorable a la existencia de Iglesia e iglesias que cree ser único en su especie. Se caracteriza, por lo que vamos viendo, por pensar que los demás ateos no sólo son malvados quita-patriapotestades sino que desean que la Iglesia desparezca entre convulsiones, pus y sangre. Joder, qué panorama. Y yo sólo quería quitar una cruz de la escuela de mis niños porque somos pentecostales y no aceptamos representaciones divinas.

O eso o ahora está mal visto pensar que otro puede estar equivocado. Habremos evolucionado al Homo Exquisitus Relativus y yo sin depilar.

Dita sea: ni Dios ni No Dios, eso no debe importarle a nadie, es vida privada, opinión, idea rara, y si los padres quieren que su hijo comparta sus ideas raras están en su derecho (dice también la CE). (Y de pasada: Judas, ¿tú no eras multitarea? ¿Entonces porque estableces que es incompatible la Teología con aprender a sumar, dividir y esas cosas que ahora los chavales de 16 años hacen a duras penas? ¿Solo tú eres multitarea?, pregunto cauto).

Sasto, privada, personal, mía, y por tanto nadie me puede obligar a que tenga que hacer público mi malestar porque otros, con sus sensibilidades personales, privadas, suyas, ocupan un espacio de todos. ¿Que los padres quieren educar a sus hijos en el catolicismo? Perfecto, me parece perfecto. Oye, que mis sobrinos se bautizan y hacen la comunión, no te creas. Y por supuesto que los padres tienen derecho, mientras esa enseñanza no se convierta por arte de magia en problemas de convivencia (o a lo mejor no hay que hacer nada con las madrasas que enseñan odio y teoría terrorista, ¿no?)

¿Por qué iba a ser incompatible aprender Teología y Matemáticas? Es más, ¿quién dice eso? La pregunta no es si se puede: por poder se puede aprender a multiplicar haciendo el pino. La pregunta es si un aula pública es el lugar para enseñar Teología, si deben recibirla todos los alumnos y si debe tener un sesgo hacia determinada doctrina. Lo que tú me preguntas se llama escurrir el bulto, así que te respondo a mi propia pregunta porque soy así de chulo. Además de ser (al parecer) el segundo ateo que no ve nada malo en la existencia de iglesias e Iglesia (tiene sus cosas, como todo, pero hay que ser muy chalao para no ver otras) no tengo ningún problema tampoco en que esos acuerdos y directrices que marca la Ley se cumplan, y los colegios alberguen las clases de religión… para los niños que las pidan y en horario extraescolar. Los padres tienen derecho a educar a sus hijos en las convicciones que quieran, y la legislación dice que los poderes públicos harán lo posible para garantizarlo. Joder, dejarles clases públicas en horario extraescolar es la leche, máxime cuando recuerdo que mis clases de catequesis las dí en la Iglesia… Sí, yo también hice la Primera Comunión. De hecho dos veces, pero es una larga historia.

Ahora que lo he escrito todito no sé cómo vas a hombrepajizarlo, la verdad.

No todo el mundo nace con la musculatura del melenudo Sansón, ni con la entereza de un estoico patricio romano, ni con la fortaleza de carácter de Sócrates, ni astutos como Odiseo: hay gente débil de carácter, gente con más problemas que días, gente sola o desamparada, gente sin preparación, y si su dios les conforta, si encuentran alivio en él, viva su dios aunque no exista, brindo por su dios-placebo. Por eso también estoy a favor de las iglesias y las Iglesias. Y que tenga que explicarle esto a los de izquierdas, que emplean ese mismo discurso en materia socioeconómica… ¿dónde está el garbancito? Pues el garbancito está en que yo no lo impongo ni lo legislo, pero la izquierda sí.

Churras y merinas en alegre compañía. Además de exponer las razones de su hombre de paja arriba explicado, metemos un matiz importante: la imposición. Hay gente que necesita apoyo económico (para no morirse de hambre porque nadie les echa un cable), y los marvados izquierdistas robaimpuestos legislan al respecto. Hay gente que necesita apoyo espiritual (y tiene religiones, credos, curas, pastores, imanes, maestros, curanderos, charlatanes, magufos y rituales donde elegir), pero nadie les pone un cura al lado por Ley. Si cuando decía que había leído cosas a Esplugas más convincentes no era gratis… Coño, que acusé a ciertos elementos neocon de RL de tener a Stewie como trastienda ancap para escribir este tipo de cosas y mira lo que me encuentro. La referencia a la izquierda, por tanto, está de más (¿La derecha francesa ha acabado con la redistribución? ¿La alemana? Me quedo muerto, muerto)

Un crucifijo en una pared no es una imposición, como tampoco lo es una valla publicitaria en la calle o un campanario en el centro del pueblo, y tienes el mismo derecho a que te toque los huevos aquello como esto porque tus huevos son tuyos y el que los lleva los entiende.

Un crucifijo en una pared pública ni es una valla publicitaria en la calle ni unas bragas sensuales en el tendedero de mi vecina, te pongas como te pongas y lo intentes esconder en la prosa que te dé la gana. Y no tengo perras para comprar el espacio publicitario y retirar el cartel que me molesta ni para poner la iglesia del pueblo a 500 metros más allá, pero sí puedo opinar de las cosas que presiden un centro que, mira por dónde, es en parte mío. Yo ya no sé cómo decirlo, y añado que me da un poco de vergüenza ver cómo lo obvias…

Referido a la asistencia religiosa en las FFAA, dicha STC, en sus fundamentos jurídicos, también dice [...] Lo fácil o difícil que resulte trasponer ese criterio a la cosa esta del crucifijo lo dejo a tu discreción.

Nos ha tocado el gordo, señores. No veo el problema en que los militares, adultos todo ellos según creo (vaya, corrígeme Manel si me equivoco) tengan un sitio en su centro de trabajo donde ir a hacer sus cosas religiosas, con un religioso que los atienda. Esta gente se juega la vida por ti y por mí, y algunos creen en ulterioridades. No seré yo quien quiera que le defienda alguien que siente que no está en paz con su superamigo imaginario o que no va a poder cumplir su rito personal y familiar si llega el momento amargo. Pero volvamos al topic, que te me escapas. Adultos. Militares. Elección. Como el crucifijo no sea para que el porfe de Mates, en plena tabla del tres, se dé la vuelta y empiece a recitar el Padrenuestro (en observancia de su libertad de culto, claro) no me lo explico. La relación, vamos.

De todas formas, una cosa es una capilla con su capellán y otra un crucifijo presidiendo un cuartel. Ya veremos cómo queda la cosa.

Tú no tienes derecho a no tener un crucifijo en el aula, como tampoco tienes derecho a que allanen una montaña delante de tu casa que te impide ver el mar, y la Ley no dice que lo tengas.

Creo ver cierto interés en relacionar lo inamovible de una montaña, que presumiblemente estaba allí antes que tú y tu casa, con la idea de que como el crucifijo está desde los años 30 pa qué tocarlo. No sé si eso es un argumento, pero si lo es: Manel, antes los tenías mejores. ¿Cómo que yo no tengo derecho a no tener un crucifijo en el aula? ¿Ahora basta con que algo esté mucho tiempo en un lugar público para que sea inamovible? Pues nada, que levanten de nuevo la estatua de Saddam. Pero es que es el propio planteamiento el falaz: tú no tienes derecho a que no haya… Oiga, en todo caso, los que tendrán que pedir permiso son los que quieren que haya. Porque si lo pusieron en los años 30, no creo que sigan allí ni los mismos chavales ni los mismos padres. Y de acuerdo a la legislación vigente, ese permiso no debería llegar por poder atentar contra los derechos de los propios alumnos, cuya identidad religiosa es propia, privada y suya.

Intentar igualar «tú no tienes derecho a que no llueva» con «tú no tienes derecho a retirar crucifijos de centros de enseñanza públicos» es una de las comparaciones más grotescas que he leído, y perdón.

A lo que tienes derecho es a que el Estado no te diga que ese crucifijo es símbolo verdadero de un dios verdadero (y el Estado no ha dicho pío todavía, que se sepa).

Que yo sepa, en las misas de domingo de La2 no ponen sobreimpresionado «El Estado no comparte la opinión del presentador». Más en serio, a lo que yo tengo derecho es a que el Estado apoye a mi religión que me ayuda en este valle de lágrimas, si la tengo, y me deje un poquito en paz en temas religiosos si no. Es una miaja más amplio de lo que tú dices, empero. Si no quiero ver misa no pongo La2 un domingo por la mañana, pero entiendo que personas de movilidad reducida, por ejemplo, lo encuentren maravilloso. Si no quiero ver un crucifijo en la clase de mis hijos, ¿qué hago? ¿No me remito al titular del sitio, el poder público que me impide educar recta y pentecostalmente a mis hijos? ¿No me está diciendo ese crucifijo «sí, tú, pentecostal, en este centro somos blasfemos e idólatras»? Mi dios, no puedo soportarlo. Por mucho menos se han hecho huelgas de hambre.

En el fondo, oh hagiógrafo de mis fiskingtelas, sucede que confundes igualdad con uniformidad, vulgarmente o follamos todos o la puta al río, y «es claro que igualdad no equivale a uniformidad, de manera que únicamente existirá vulneración de igualdad cuando las medidas que el Estado adopte representen una quiebra de los principios de igualdad y de libertad religiosa, es decir, cuando el Estado asuma como función pública la satisfacción de una función genuinamente religiosa»

Bueno, confunde igualdad con uniformidad ese señor de paja que te acompaña, que se empeña en que queremos niñitos ateos vestidos de rojo. En vez de eso, me la refanfinfla si cada padre quiere educar a su hijo en la religión que se invente: más gorda será la hostia que se meta al salir del nido. El único aspecto relacionado que me preocupa es la escasa calidad de la sociedad del futuro si ganan adeptos cosas como el hermanamiento catolicismo-islám, si gana espacio el diseño inteligente o lo pierde la ciencia (como parece que está pasando en Rumanía), será que yo soy progresista y tal, pero no encuentro otra vía para evitarlo que, efectivamente, ese laicismo que te parece acartonado. Pero es que das en el clavo: un crucifijo presidiendo un aula, como el propio verbo indica, preside, y a la historia de su presencia me remito. No concibo una función más «genuinamente religosa».

Más adelante, por cierto, esta STC responde también, y en el sentido que yo propongo en mi artículo (aaaah, se sienteeee)

… y que veine a decir, más o menos y con ahorro de tinta, que existe un Concordato, y que para poner en práctica el ordenamiento constitucional de colaboración con las confesiones se tiene en cuenta, como es lógico, el número de adeptos, lo que sumado nos da una relación especial con la Iglesia Católica. Una vez dicho, ¿qué tiene es que ver con que haya crucifijos en las escuelas públicas y me lo intentes colar porque levan desde los años 30 y porque no tengo derecho a que no estén?

Dejo para las contrarréplicas otras STC al caso. Si quieres estar en igualdad de condiciones, silba y te paso las STC por correo.

Prefiero el peligro y el riesgo. Adelante.