→ El Juego de Ender
Por Orson Scott Card

Reseña
El Juego de Ender apareció en el año 1985 de manos de Orson Scott Card. Ese mismo año, recibió el premio Nebula a la mejor novela de Ciencia Ficción. Un año más tarde, lo mismo le ocurriría con el premio Hugo.
Con este libro comienza la serie conocida como Saga de Ender, originalmente compuesta por este título, La Voz de los Muertos, Ender el Xenocida e Hijos de la Mente. A estos cuatro libros se sumaron otros cuatro que forman la llamada Saga de las Sombras, que ofrece nuevos puntos de vista sobre la misma temática haciendo protagonistas a secundarios de tomos anteriores.
En el momento de escribir esta reseña, parece existir un acuerdo entre el autor, Orson Scott Card, y la productora Warner Brothers para lleva al cine esta historia. Según explicó el propio escritor, hasta que no haya un guión no se darán fechas ni repartos, porque es absurdo contar con actores que pueden crecer meses o años…. No obstante, algunas fuentes apuntan a este 2008 como la fecha definitiva para que el proyecto arranque públicamente ya que el guión parece terminado desde 2003.
Argumento
Atención: Spoilers
Ender es un Tercero en un mundo donde tener tres hijos está prohibido. Su hermano mayor lo acosa por ello. Su familia es socialmente apartada por esa misma razón. Pero su existencia responde a un fin. El simple hecho de que se les permitiera tener un tercer hijo ya era sospechoso…
La Humanidad está en peligro. Unas décadas atrás, una flota de naves alienígenas había sembrado el terror en los habitantes de la Tierra. Sus cuerpos recordaban a los insectos. Los insectores se convirtieron, pues, en el enemigo común. Diversos cambios políticos habían dado como fruto la unión aparente de todos los países, agrupados bajo el Hegemón y el Polemarch, que dirigen sendos grupos bajo control occidental y del Pacto de Varsovia (vigente en el momento de ser escrita la obra). La realidad es que tras el miedo a los insectores se esconde otro miedo más: al enemigo humano. Las conspiraciones se suceden, y todo parece apuntar a que una vez vencido el enemigo exterior, la Tierra se encamina irremediablemente a la guerra.
Pero Ender vive ajeno a todo eso. Cuando su situación en el colegio empieza a ser asfixiante, es trasladado a la Escuela de Batalla, contando 6 años de edad. Una vez allí, empieza su entrenamiento. Su misión es clara: ser el comandante de las tropas terrestres en la futura y definitiva guerra contra los insectores.
Para poner a prueba sus capacidades, los profesores de la Escuela lo someten a las más variadas pruebas, forzando la situación e incluso haciendo trampas para obligarle a mejorar. El objetivo era sencillo: erradicar de él toda esperanza de obtener ayuda en un momento de necesidad, algo al parecer necesario dada la superioridad numérica evidente de los insectores. Es en esta etapa donde establece lo más parecido que conoce a la amistad con sus compañeros de Escuela. Más tarde deberá aprender a ser su jefe y no su compañero, y asumir la soledad del dirigente.
Mientras, en la Tierra, las intrigas continúan. Los hermanos de Ender, Peter y Valentine, consiguen entrar en las redes escondiendo su carácter de infantes. También tienen un objetivo, y para conseguirlo crean dos personalidades virtuales. Peter es el mayor, el fuerte, el duro, el psicópata. Será Locke, el moderado que aboga por la unidad de la Humanidad. Valentine es dulce, empática e inteligente. Será Demóstenes, el exaltado anti-Pacto de Varsovia, el agitador de masas. Pretenden influir sobre la política planetaria hasta poder dar el paso y presentarse personalmente a las masas para dirigirlas.
Ender pronto assciende al Alto Mando de la F.I. (la Flota Internacional), donde continúa con las simulaciones de guerra, donde afianza su liderazgo y donde afina su conocimiento del enemigo. Pero Ender no es un asesino. A pesar de que a los 11 años ya cuenta con dos muertos en su lista, él desconoce ese hecho. Y empieza a empatizar cada vez más con los insectores. Las pesadillas que lo atacan cada noche tampoco ayudan.
Justo cuando Ender cree haber encontrado la manera de librarse de todo, de su destino y de la presión, de la infelicidad que sentía, del alejamiento de su querida hermana… el engaño llega a su fin. No son simulaciones. Son batallas reales. Ender lleva meses dirigiendo la Flota Internacional en su ataque al planeta madre de los insectores. Lo que él consideraba su examen de graduación fue realmente el exterminio de toda una civilización extraterrestre.
Las cosas, mientras, en la Tierra no mejoran. Las noticias de que los insectores han sido vencidos disparan las alarmas: la guerra se avecina. Un toque magistral de Locke y Demóstenes, sin embargo, frustra la contienda. Peter-Locke quiere usar la fama de Ender para auparse definitivamente al poder. Valentine trata de impedirlo enrolándose en la primera nave colonizadora que pretende establecerse en un mundo insector vacío y aprovechar lo que los muertos ya no pueden usar, y convenciendo a Ender de que la acompañe.
Pero Ender ha descubierto algo. Los insectores no eran el enemigo. No eran enemigos, eran desconocidos. Su incapacidad para comunicarse de forma conocida provocó las guerras y su propia muerte. A través de sus sueños, Ender recibe el perdón por extinguir esa raza, a la vez que un encargo: trasladar la última crisálida de una reina insectora viva hasta un planeta donde pueda fundar su vueva colmena, rescatando del olvido la especie entera. Esa es ya otra historia…
