—Llámeme Gail, por favor, si le parece bien.
Tricia se quedó perpleja.
—Ya sé que la astrología no es una ciencia —prosiguió Gail—. Claro que no. No es más que un conjunto arbitrario de normas como el ajedrez, el tenis o ¿cómo se llama ese extraño juego que practican ustedes en Gran Bretaña?
—Humm... ¿El críquet? ¿El desprecio de sí mismo?
—La democracia parlamentaria. Las normas por las que se rige, más o menos.
Douglas Adams, Informe Sobre la Tierra: Fundamentalmente Inofensiva