Los delfines nadaban hasta el comedor cada tarde, justo antes de la puesta del sol. Sólo en una ocasión,
desde que Floyd ocupó la residencia del Consejero, habían modificado su rutina. Fue el día del tsunami
de dos mil cinco, el que, afortunadamente, había perdido la mayor parte de su poder antes de llegar a
Hilo. La próxima vez que sus amigos no llegaran a tiempo, Floyd pondría a su familia dentro del coche y
partiría rumbo a tierras altas, aproximadamente en la dirección de Mauna Kea.