El Destino del Iscariote

I wouldn't pay for that more than 30 coins!

04.12.09

Manifiestamente locos

Primero, que ya os vale.

Segundo, que lo que se intentaba colar era bastante vergonzoso, pero seguramente hay que explicarlo porque vergonzoso es mearte encima y también pegar a tus hijos y no son lo mismo.

Tercero, que si no lo he entendido del todo mal, la idea era crear una Comisión dependiente del Ministerio de Cultura con unas atribuciones muy específicas: denunciar páginas web con contenidos sujetos a propiedad intelectual e iniciar procedimiento administrativo, vinculante para operadoras, con el fin de documentar esa denuncia. El hecho de que sea el juez a posteriori el que ordene cierre (o desconexión del usuario) o pueda la Comisión forzar un cierre cautelar (o desconexión del usuario) anterior al proceso ya no lo tengo tan claro, y me gustaría, pero me da en la nariz que, dado el caso y ante un aviso de apertura de expediente, un usuario bien podría acudir al juez y paralizar esa supuesta desconexión.

Cuarto, que sí: estaríamos institucionalizando lo que lleva un tiempo haciendo la SGAE: denunciar y esperar que el juez decida. Con una salvedad: ahora la Comisión podría obtener datos privados a los que antes la SGAE no tenía acceso.

Quinto, que por eso da igual lo que diga el PFGS de turno. Hoy he llegado a leer que si las leyes se colgaran en wikis editables por ciudadanos estas cosas no pasarían. Que lo que peligra aquí no es el p2p, ni la compartición de archivos. Van a por los uploaders.

Sexto, que es el momento de que vuelvas al cuarto. Alguien va a poder exigir a tu operadora tus datos. Ya veo el primer recurso, y quedará en nada, pero asusta un poco ver cómo es la idea de partida.

Séptimo, que volviendo al quinto: van a por los uploaders, esos usuarios que no comparten mediante redes p2p sino que suben archivos a MegaUpload, RapidShare, NetDownload y similares, y que sí reciben beneficio.

Octavo, que la obra cultural debe ser gratis… si su autor decide que así lo sea. Sin perderme en copias privadas e intercambios legítimos entre pares (gastar tiempo en subir en emule no equivale a ganar dinero por descarga en MegaUpload, creo que el p2p es un gigante bookcrosing con algunos callejones muy oscuros llenos de software ilegal y otras cosas menos bonitas) creo que todos estaremos de acuerdo. Una vez fijados los deseos del autor, sin embargo, debemos atenernos al mundo real y tener en cuenta cosas como la calidad del consumidor (quinceañeras de messenger, tuenti y emule) o la posibilidad de distribución. Credme: estaría encantado de consumir todos los productos que se anuncien en la cadena que emita en versión original Jeckyll. O el medio: un dibujante sabe que te está regalando sus viñetas en un periódico online, aunque él las cobre, y a la vez te está cobrando las que aparecen en un libro físico. No es todo gratis total o all your data are belong to us.

Noveno, que si la cosa va contra los uploaders, que sepan que los tienen tras la nuca. Y a ver quién les defiende. Que dé un paso al frente.

Décimo, que creo que todos estaremos de acuerdo en que eso de que una Comisión de Cultura tenga acceso a datos privados no es bueno. Pero lo necesitan, parece, si quieren ir a por los uploaders, si quieren poder identificarlos para iniciar acciones judiciales contra ellos.

Undécimo, que creo que ese es el meollo del asunto más allá del griterío. Podéis ir en paz, p2peros que esto no va con vosotros. La pequeña liga twittera contraria al Manifiesto tiene razón: esto judicialmente no cuela y no iba a colar ante el primer recurso por defecto de forma en la obtención de datos, o la primera negativa de una operadora. También tienen razón: esto sí va de derechos de autor, porque se va a por los uploaders que son los que se los saltan. Pero también va de derecho a la intimidad: asombra, repito, que ese planteamiento sea un punto de partida.

Duodécimo, que feliz año nuevo. Esto…

28.10.09

Contra Hipatia

Introito

Lo malo de querer saber un poco de todo es que nunca sabes demasiado de nada. Uno termina teniendo nociones en vez de conocimientos, y debe andar con cuidado para no embarrarse. Por poner un ejemplo al caso, no soy ni siquiera un profano de la Historia, mucho menos de los pormenores de la antigua. Vamos, que (como habrás adivinado por el título, esta entrada va sobre Ágora) no entro ni salgo en si Amenábar se toma licencias, miente o interpreta, que me queda bastante grande y que los que saben ya dicen. Pero hoy, por fin, he podido ir a ver la película, en un pase a media tarde y con otras diez personas en la sala.

Hay quien quiere ver en la cinta un alegato contra el cristianismo, cuando lo es contra la barbarie. No sé si es común la creencia de que el cristianismo se extendió por el mundo occidental sin controversias, o si nadie es capaz de relacionar las Guerras de Religión con la religión predominante, pero en mi ignorancia pensaba que era materia común conocida que la implantación de una religión tan iconoclasta como el cristianismo primitivo, en un mar greco-romano de creencias laxas, había sufrido episodios claroscuros. La repercusión entre los círculos creyentes más exaltados me hace ver que, más bien, es al contrario y ni siquiera ellos recuerdan los cismas, declaraciones de herejía y persecuciones a las que ha asistido este continente.

Parece que sólo existen dos opiniones posibles: o el cristianismo destruyó el saber antiguo y obstaculizó el progreso científico hasta que la enmienda a la totalidad lo amenazó realmente y tuvo que tragar, o en realidad fue el garante de los sabios y su sabiduría, asimilándola y enorgulleciéndose de ella, y dejando las bases listas para la explosión del conocimiento de los últimos siglos. La realidad, siempre tozuda, decide que se trata de un poco de ambas. La primera por fanatismo, la segunda por necesidad.

Pero decía que, en mi opinión, la cinta trata de violencia. O de algo más profundo que la subyace.

Cuando la razón no vale

Los ateos, que comemos niños por la mañana, gustamos controlar mentes por la tarde. No se lo vayan a decir, pero me ha costado mucha concentración convencer a Santiago Navajas de que fuera a ver la película, publicara hoy un comentario sobre ella y destacara justo la frase que yo quería destacar. Y todo esto sin que él lo sepa. Las respuestas que recibe, loas a César Vidal incluidas, ya no son cosa mía.

Realmente sólo se puede sacar algo en claro de Ágora si le damos la vuelta al celuloide y mirando su envés prestamos atención a lo que el director trata de enmascarar. El momento clave ocurre cuando el asalto de la turba cristiana a la Biblioteca, donde se han refugiado los politeístas y uno de éstos exclama algo así: “Pero, ¿de dónde han salido tantos cristianos?” Sin embargo, toda la película mira hacia otro lado. Los desesperados, los explotados, los masacrados… el gran magma de la esclavitud sobre el que se había edificado la civilización griega y, posteriormente, la romana encontró en el mensaje cristiano de la igualdad esencial de los seres humanos el pivote revolucionario sobre el que iba a edificarse el cristianismo, para sorpresa de restos aristocráticos que, como Hipatia, habrían aprendido de Aristóteles que la esclavitud es “por naturaleza”.

Cuando uno cuenta una historia, no puede contar todo lo que acompaña a esa historia o tendría que contar el cuento desde que el mundo es mundo. Sin embargo, sí que he echado de menos una explicación a la explosión del cristianismo, aunque realmente hubiese estado bastante fuera de lugar: si la idea era mostrar el relato según los ojos de Hipatia y los suyos, decir que se dieron de bruces con la realidad no me parece muy descabellado. La realidad, en este caso, fue una ola de destrucción.

¿De dónde han salido tantos cristianos? Claramente, de un mundo en el que tener razón no era suficiente, seguramente porque antes de la satisfacción intelectual el ser humano tiene otras ansias que saciar. En ocasiones se nos acusa a la izquierda de justificar actos que sólo tratamos de entender. En este caso, hagamos de abogado de Cirilo.

El cristianismo tiene razones que la razón no entiende

En realidad tanto el cristianismo como Cirilo e Hipatia son meras etiquetas plausibles históricamente, pero el conflicto es mucho más profundo. Se dice bastante a menudo que ciencia y religión son incompatibles, o que son perfectamente complementarias. Yo me suelo inclinar más bien por la primera, porque seguramente tengo una opinión sobre la religión bastante negativa, pero sé reconocer la realidad de la segunda. Nadie negará que un occidental del siglo XXI puede ir a misa un domingo y a trabajar a un laboratorio de física elemental un lunes perfectamente, sin tener una encarnizada lucha interna. Cuando los que lo afirmamos decimos que ciencia y religión son incompatibles nos referimos más bien a que sus fundamentos lo son. Revelación y razón son dos términos bastante contradictorios, así que no es de extrañar que sus derivadas (religión y ciencia) entren en conflicto.

Tendemos a creer que todo el mundo es tan civilizado como nosotros. Sabemos qué son las estrellas y la Luna, y qué es un planeta, y lo sabemos más allá de toda duda. Hemos vivido y estudiado distintos sistemas de gobierno y separaciones entre creencias y leyes, y hemos estudiado sus consecuencias. Nuestra propia Historia ha ido poniendo al hombre más y más por encima de otras consideraciones. Lejos nos quedan los tiempos en que la gente se mataba por pensar diferente sobre esos asuntos que ya creemos superados, pero esa superación es una ventaja con la que contamos que muchas veces pasamos por alto. Para llegar a ese estadio antes tenemos que poner muchos pilares, y uno de los errores que solemos cometer es tratar de inculcar esos saberes en personas que no disponen de esos cimientos necesarios. Tratamos de exportar democracia a regiones en las que pensar que la Tierra no es plana es una locura blasfema inconcebible. Hay literalmente millones de personas que nunca creerían que se puede ir a la Luna porque sencillamente no pueden.

También ocurre al contrario. Una de las razones por las que me hice ateo es que si dios existiera sentía que debería ser algo tan grande que no contemplaba lugar o situación en que él no debiera estar presente en toda mi vida. Si tenía que creer, debía hacerlo contra evidencia pues en caso contrario, ¿qué valor tiene? Miré alrededor y elegí en conciencia, pero algunas cosas permanecen. Soy de los que opinan que hay que ser consecuente, y eso implica, por ejemplo, que crea tremendamente equivocadas las soflamas homófobas que vienen de parte de la Iglesia, pero entienda las razones que llevan a sostenerlas. Cuando uno se ve superado por una idea como la de dios, el hecho de que las personas se equivoquen o sufran pierde perspectiva y es irrelevante. Afortunadamente, el asunto religioso en este oasis occidental ya no se lleva de ese modo, porque ya casi nadie ve a dios así. Desgraciadamente, este oasis es limitado. Pero el problema es que los que vivimos en él hemos olvidado que la razón no siempre convence, porque a veces no es bienvenida. Mäs que olvidarlo, muchos no pueden concebirlo, lo que nos pone en clara desventaja.

Cirilo tenía múltiples razones. Tanto él como muchos otros, en tanto su propio sistema de creencias y su valoración del mundo le hacían creer que actuaba rectamente, y en cuanto carecía de la capacidad argumental de entender su error. Esto, lejos de ser una justificación, es un punto de partida. Porque si la idea es minimizar los efectos fundamentalistas de las religiones, primero hay que diagnosticar el problema aunque nos disguste.

Hipatia somos todos

El error de Hipatia, de Alejandría y previsiblemente el de occidente es el mismo: menospreciar la capacidad humana para la barbarie. El ser humano, a mi juicio, no es bueno ni malo por naturaleza, sino animal. Un animal que a veces razona, como ya he dicho otras veces, lo que no lo convierte por arte de magia en un animal racional. En determinadas circunstancias su genio aflora y da a luz cosas como una revolución copernicana, las Leyes de Mendel o el Coliseo, pero para eso necesita de cierta estabilidad exterior y capacidad para dudar e innovar. Damos por hechas esas condiciones, pero son relativamente poco numerosas desde que bajamos de los árboles. Pero cuando se producen los que las viven suelen olvidar de dónde salieron o qué las rodea.

En occidente, como en las élites de cada gran imperio justo antes de caer (el catastrofismo no era mi objetivo, no me malinterpretéis), damos por sentadas esas condiciones hasta el punto de que, como en la película, no enfrentamos la realidad. Como en la película, los librepensadores comentamos ciertas alertas vagas (homosexualidad y catolicismo, penetración de la sharia…) como si no pasasen a dos calles de nuestras casas, y en nuestros círculos de confianza y sin atrevernos a afrontar un cara a cara. La idea de que dios te respalda, por el contrario, azuza la dignidad de los creyentes, que sostienen públicamente sus ideas con la convicción que sólo el convencimiento íntimo y la incapacidad para siquiera suponerse equivocado conceden.

Hipatia somos todos los que nos encerramos en nuestras convicciones razonadas mientras otros gritan sus creencias. Hipatia somos los que nos encontraremos, más pronto que tarde, a la barbarie fundamentalista de vuelta derribando nuestras puertas. Porque es algo tremendamente humano que no necesita de nada más que de destrucción de ciertas categorías mentales, un ejercicio que las sociedades demasiado acomodadas gustan de promover y las que viven incómodas realizan todos los días.

La lectura entre lineas diría que hablo de islam, o de su santa alianza con el catolicismo, pero en realidad voy mucho más allá. En toda idea autoritaria se repiten los esquemas: la implantación de nuevas categorías de pensamiento mediante un discurso pretendidamente razonado y amable acompañada de fanatismo en la ejecución y altanería en la confrontación. El poli bueno y el poli malo, en versión antigua. El cristianismo, en este asunto y salvando las distancias, no es muy diferente a un comunismo o a un nazismo muy pulido por los siglos. Pero la capacidad de crear monstruos no ha acabado ni, me atrevo a aventurar, acabará: no creo que exista un mecanismo biológico que nos empuje a la razón abandonando la revelación.

Hipatia murió porque las personas buenas no están dispuestas a defender sus ideas con sangre, y las personas fanáticas sí. Ese principio universal sigue siendo válido hoy, y el grado de fanatismo de la diferentes comunidades humanas no ha descendido demasiado a pesar de lo que pensemos aquí o de lo que hayamos progresado, como tampoco ha cambiado nuestra aversión como librepensadores a la violencia innecesaria.

Pero a lo que no tenemos derecho ya es a callar.

25.10.09

Apología de la blasfemia: un nuevo enfoque

Antecedentes

Lo he intentado. Lo he intentado muchas veces, y me consta que no soy el único. Todos en nuestra vida hemos pasado por el trance en alguna ocasión. ¿Quién no ha abierto la puerta y al menos una vez se ha encontrado con una pareja de Testigos de Jehová? Si no es tu caso, aún hay tiempo. Puede que los despaches rápido sin dejarles presentarse siquiera, pero ya lo has hecho. Ya has tenido contacto con creyentes. Otros, además de esperarlos en casa armados con balas de plata, salimos en su busca. Aparentemente gustan dividirse en distintas facciones, dependiendo del número y vestimenta de sus dioses, aunque hay un desequilibrio muy acentuado a favor de los que prefieren a un único amigo imaginario rodeado de una cohorte de mini-seres-superiores.

No es necesario siquiera hacer el esfuerzo de entrar en foros y listas de correo dedicadas a temas tan peliagudos como la sola fide o la reencarnación tántrica (aunque servidor se declara culpable de lo primero y desconocedor de lo segundo), todos tenemos familiares creyentes e incluso es posible que hayamos nacido en una familia de padres creyentes. De hecho, los creyentes están por todos lados. Si uno echa un vistazo a la Historia y al material del que está hecho el ser humano entiende cómo están ahí. El por qué sigue siendo un misterio.

Razonar no siempre funciona

Los creyentes, como todo parece indicar, creen. A pesar de la vasta cantidad de cosas en las que creer, los creyentes se decantan casi unánimemente por amigos imaginarios, seres superiores intangibles e inaprensibles que dirigen el Cosmos y, por ende, la vida humana. Algunos de ellos incluso gustan proclamarlos miembros de su familia, y los conciben como padres, madres o hermanos. Otros los prefieren en versión consciencia de la naturaleza, o incluso señores de la guerra interestelar.

Si todo esto te parece sorprendente, aún no sabes lo mejor. Los creyentes pretenden que sus amigos imaginarios no puedan ser criticados.

Al principio se te escapa una risa floja. Je, je, cómo no voy a poder cagarme en dios. Si se te ocurre tener ese desliz en presencia de un creyente, la intensidad de su mirada te convencerá de que en efecto habla en serio. Sal del shock. Sí, nadie espera tener que argumentar algo tan elemental (cuando dos personas se ponen a hablar, es de suponer la existencia de unos mínimos de comprensión mutua o hacemos el panoli) pero así es la vida, ofreciendote nuevos retos y violáceos horizontes. Es bastante probable que apeles a los tres clásicos.

Primero, que lo que se debe respetar son las personas y no las ideas. Dead end: un creyente sostiene eso, y además que sus ideas son respetables porque, en efecto, son las verdaderas. No sigas.

Segundo, que puedes criticar a sus amigos imaginarios tal y como criticarías a sus amigos físicos si dijeran lo mismo que los otros. No por poner una idea en boca de un ser invisible es mejor, dirías. Stop: olvidas el elemento revelación. Un creyente sostiene que sí hay una graduación moral en las normas basada en de boca de quién salen, y en esa lista su amigo imaginario va siempre el primero. Enlazando con lo anterior, esto es así porque, de nuevo, sus ideas son las verdaderas.

Tercero, que puedes criticar a sus amigos imaginarios porque son parte de nuestra propia cultura. Dirás que, además de su perfil religioso, tienen otro meramente social. Fail: recuerda que estás hablando con los que dicen tener la exclusividad acerca de la nomenclatura civil del matrimonio mientras sus vicarios se abstienen voluntariamente de ejercerlo. Están francamente acostumbrados a tomarse como propios los asuntos de terceros, incluidos los iconos culturales y los compañeros de alcoba. De nuevo, y enlazando con lo anterior, porque los creyentes sostienen que sus ideas son verdaderas de acuerdo a su amigo imaginario.

Ponte en su lugar

Seamos serios: siglos de debate religioso no han permitido erradicar a los creyentes. Sí, ya no mandan e imponen, pero siguen siendo tremendamente irracionales y hay que convivir con ellos. Un desastre, vamos. Uno no puede perder el tiempo tres veces al mes encontrándose con creyentes exigiendo respeto a sus ideas verdaderas reveladas por su amigo imaginario y respeto a las representaciones idealizadas de su amigo imaginario y respeto a las intromisiones en ls vidas ajenas porque su amigo imaginario se lo ordena. La estrategia de debatir no funciona. Hay que usar técnicas novedosas, y a falta de telepatía o lectores de mentes lo mejor es intentar ponerse en su lugar. No para pensar como ellos, sino para defenderte como ellos. Partamos de la base de que existe un amigo imaginario supremo (sin perder generalidad: en caso de ser varios los dioses seguro que pelean para jerarquizarse, et voilà), peldaño básico en la escalera de entrada a la mente del creyente, y tiremos del hilo…

Moisés fue un blasfemo. Un blasfemo contra los dioses egipcios, claro. Se le perdona porque su dios era más verdadero que los Serapis, Isis, Set y demás fauna. Digámoslo de otra manera: el amigo imaginario supremo eligió a Moisés para blasfemar contra los dioses egipcios y extender su culto, que se basaba en haz esto o te mato. Si no lo adorabas, ibas derechito al infierno físico. Un dios militante, vaya.

Jesús fue un blasfemo. Un blasfemo contra el dios del Antiguo Testamento. Se le perdona porque su dios era más verdadero que los días de reposo sagrados, la blasfemia (ha dicho Jehová) y la lapidación de adúlteras. Digámoslo de otra manera: el amigo imaginario supremo eligió a Jesús para blasfemar contra el dios del Antiguo Testamento y extender su culto, que se basaba en haz esto, cariño, que no te quiero castigar. Un Jesucristo colega dios enrollado, al que si no adoras parece que te tendrá una eternidad de cara a la pared.

Veamos la tendencia. Cada amigo imaginario supremo imperante se dedica a blasfemar contra los anteriores para extender su culto, basado cada vez menos en la autoridad hasta llegar a veces a la condescendencia: dios muerto por el hombre. Qué patetismo de amigo imaginario, y qué mente más cruel la que lo imagina, pero no estamos aquí para juzgar sino para, repito, ponernos en su lugar. Literalmente.

Ha llegado un nuevo amigo imaginario supremo. No tiene nombre ni culto, pero cumple a rajatabla la premisa de la blasfemia contra los dioses anteriores. Además, siguiendo la curva en descenso imparable según la cual los creyentes prefieren amigos imaginarios con cada vez menor autoestima, el nuevo amigo imaginario supremo nos pide expresamente que lo despreciemos. De corazón. Cágate en dios sustituye al viejo amén. Y siguiendo la tendencia de rizar el rizo, si no lo adoras (es decir, si no blasfemas) te cortará el ADSL.

Esto, que evidentemente es una gilipollez, puede resultar muy útil cuando se debate con creyentes. Porque está escrito en su mismo lenguaje, en unos términos que pueden entender perfectamente (cuidado: si dices amigo imaginario y no dios pueden enfadarse) y con una autoridad moral que les resulta perfectamente natural. No es necesario que empieces a creer en el nuevo amigo imaginario supremo, es una invención (¡cazurro!). No tenemos que ponernos a construir templos ni redactar leyes sagradas y fingir que vienen de nuestro bisabuelo el camellero, ni inventarnos una cara amable y fotogénica para nuestro amigo imaginario supremo. Sólo recuerda fingir adorarlo cuando te encuentres con un creyente.

Algunos dirán que darles la razón como a los locos. Casi: no les das la razón, les dices que su fe ya no es la verdadera. En lo de locos ya no entro.

23.10.09

Fin de la primera parte (NeoProgs reloaded)

Tengo que confesarlo: nunca me ha gustado el diseño de NeoProgs. Estuve cerca de tres meses dándole vueltas a una idea de grises solapados y pestañas raras, con letras rojas semiescondidas. No me parecía adecuado y no le agradaba a nadie, así que en un par de tardes de esas de picar código me saqué de la manga un theme para WordPress anguloso, duro en sus colores y demasiado seco. La paleta ni siquiera tiene sentido. Además, el hecho de que el Sistema de Gestión de Contenido te añada páginas para categorías, etiquetas, búsquedas, archivos de años, meses y días y demás hizo que el trabajo quedara permanentemente inacabado.

Por si fuera poco, la construcción interna del sitio estaba ya a punto de reventar. Una mala elección a la hora de sindicar entradas iba a hacer estallar la base de datos. Houston, we have a problem.

Así que hará unos tres meses (necesito mejorar mi productividad..) lo hice todo al revés. Tenía más o menos claro cómo quería hacerlo, qué colores iba a usar y cómo organizaría el asunto internamente. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas; el ensayo-error, sin embargo, es efectivo como técnica de aprendizaje, aunque sea lento. Así que con cuidado y una instalación local de WordPress me puse manos a la obra.

Pero no todo es ponerse a adornar con lazos. También he estado pensando en qué queríamos que fuera NeoProgs. A mí, como administrador, no me interesa asistir a eventos como invitado de excepción por ser precisamente administrador de un simple y llano agregador de webs. Si mis compañeros dicen cosas interesantes, ya los invitarán a sitios si acaso por sus muchas cualidades. Tampoco me interesaba, a título personal, ser «cabeza visible» o «mandamás» del lugar. ¿Qué notoriedad puede sustentarse en el trabajo y los escritos de tus amigos? No, más bien es al revés: en NeoProgs tratamos de hacer de altavoz a las ideas (e idas de olla) que se nos ocurren a un grupito de colegas de la Red, acompañados por unos cuantos invitados de lujo. Y en esta situación lo natural es ir abriendo la puerta.

Tengo que darles las gracias a bordesinremedio, a Citoyen, a Mario, a Geógrafo, a (don) Jesús Zamora, a Lüzbel, a Pablo, a Roger y a SuperSantiEgo. Ellos son los que dan contenido a NeoProgs, que en realidad se limita a recoger y condensar. Algunos de nosotros, además, le dedicamos tiempo al hijo tonto del proyecto, Los dos minutos de odio.

Además quiero darles la bienvenida a unos cuantos nuevos, que hemos incorporado en dos oleadas convergentes. Stanislao Maldonado, de Asesinato en el margen, llega recomendado por Citoyen. NeoProgs no tiene mujeres, pero hemos cruzado el charco. Para mí es todo un descubrimiento. gsantamaría de Con k de kilo es otra nueva adquisición para hacernos pensar. Ambos habían sido invitados hace ya meses, pero mi afán por procrastinar ha provocado que sea hoy cuando se estrenen. Mea Culpa. Pero ya que estábamos, estiramos un poco más la ampliación hacia el círculo de amigos de la Red. Unos cuantos de nosotros somos bastante activos en Twitter, así que queríamos incluir a la gente con la que solemos charlar. Jorge Barraza, de Cuaderno de un veinteañero, viene dentro de este paquete. Esperemos que mantenga su blog en una década, aunque el nombre esté cogido: Javier Maján es Treintanyero, de derechas y NeoProg. Como guinda del pastel, y ahorrémonos comparaciones con figuritas de tarta nupcial, Demócrito y Ender de Como queráis no podían quedarse fuera. Aunque les haya recortado el caduceo, el logo de su blog es un dios.

Como educar un hijo único puede dar lugar a que lo malcríes, y más si eres un despistado como yo, a Los dos minutos le ha salido un hermano: P.I.F.I.A.. Es una idea de Roger que yo miro de refilón porque no termino de encajarme dentro. Yo soy fan de cómics Chick y de los Caballeros del Zodiaco, pero no soy ancap porque no me lo merezco no doy la talla. Allí además ha empezado a cobrar vida un ecosistema propio. Acabo de echarle un ojo a la lista de autores del sitio, y no conozco a la mitad. Muchas gracias, pasadlo bien y que rule eso que…

NeoProgs en realidad son ellos, porque yo tengo una frecuencia de escritura tan acentuada que me acaba de llegar un mail preguntando si había cerrado el blog. Pretendo (y van…) cambiar eso y poder sacar tiempo, ganas y coherencia para escribir algo legible, o para terminar la sólo empezada reescritura de la vida del Iscariote, o para darle algo más que una introducción al ese relato corto que me ronda la cabeza…

Mientras tanto, para evitar tener que escribir me he dedicado a la parte menos bonita de estas cosas, esa que los entendidos en Social Media no hacen: construir la herramienta. En NeoProgs (un WordPress normalito que abusa de los buenos plugins que la gente decide liberar gratis) ahora tenemos un agoragador, y a pesar de lo que quieras pensar la elección del nombre no tiene nada que ver con Alejandría. Buscaba una voz clásica que denominara un punto de debate, y foro es un término muy concreto en Internet: pues ágora. El juego de palabras con agregador es una de las muchas tonterías que me he permitido. También tenemos una Cátedra Pítica, que equivale a lo que eran los Destacados. En teoría debe alojar entradas que queramos resaltar o textos externos relevantes; en la práctica ya veremos. El buscador parece que funciona, pero además tenemos una página de archivo y una nube de etiquetas (que dependen de las de cada agregado, por lo que son bastante personales…). Sí, tenemos un formulario de contacto, pero no es para preguntar cómo se puede entrar en NeoProgs. Ni, si te contestamos, para que añadas la dirección a tu lista de correo. Y hasta aquí puedo leer.

Ahora, si no os importa, voy a terminar de ver BSG: The Plan antes de que amanezca.

22.06.09

¿Dónde están los nuestros?

El sábado pasado llegué de Madrid a eso de la una de la madrugada. Había estado desconectado apenas dos días, pero llegué a tiempo de presenciar el nacimiento de algo, un movimiento que se ha dado en llamar la Revolución Verde. Es bastante probable que aún hoy, más de una semana después, no sepas de qué se trata. No debe extrañarte: a pesar de lo que algún gurú de Internet te quiera vender, al menos la parte internacional de dicha Revolución es un asunto principalmente virtual, con de momento escasas aunque sonoras expresiones en el Mundo Real. Hace falta una cronología.

Esa noche, mientras yo conducía por la Autovía del Mediterráneo y pensaba en que acababa de perder un cómic por no poder sintonizar la TDT, llamar por el móvil y evitar un accidente a la vez, miles de iraníes se echaban a la calle. El día anterior, viernes 12, habían acudido masivamente a las urnas para elegir a su Presidente, y una parte significativa de la población no dudaba de los resultados, sino que los consideraba un disparate de esos que provocan que te vayas a gritar a la puerta de tu casa. No han dejado de salir desde ese día.

Los dos días siguientes fueron un pequeño infierno. Rumores contradictorios apuntaban a la detención del principal líder opositor, de toda la oposición, de ninguno… A la vez, noticias contrastables confirmaban asaltos nocturnos a la residencia universitaria, donde milicias basij vestidas de paisano y armadas de porras apaleaban a los estudiantes. Cientos de vídeos inundan internet sin apenas ofrecer imágenes: son grabaciones nocturnas que recogen el grito poderoso desde los tejados rompiendo el silencio en señal de protesta. Aparecen testimonios de personal hospitalario que dan escalofríos, hasta el punto de que los médicos y enfermeros terminan manifestándose contra la represión que está llenando sus salas de heridos de bala. El miércoles se convoca una gran marcha en memoria de los asesinados que inunda de nuevo las calles. La respuesta del régimen es declarar nulos los visados de los periodistas extranjeros. Poco después les pedirá que dejen el país.

Durante todas esas noches de gritos en los tejados, las milicias (algunas importadas, como los miembros de Ansar-e Hezbollah) se dedican a destrozar mobiliario público y coches aparcados en la calles para poder culpar a los manifestantes. No contentos con ello, la televisión oficial PressTV muestra imágenes de las manifestaciones y las presenta como de apoyo al Presidente. En el exterior, The Pirate Bay se convierte en The Persian Bay durante unas horas, y el equipo de fútbol de Irán se juega las pelotas literalmente al atreverse a mostrar públicamente su apoyo al movimiento. La historia llega, si bien con documentos cuestionables, al Parlamento Europeo, donde en vez de amplificarse muere en el silencio.

Los días pasan, y se suceden los rumores acerca de división el el Parlamento iraní, en el ejército iraní, entre los propios clérigos de Irán. Una noticia de PressTV paraliza un instante la marea: una explosión en el santuario del líder de la Revolución; lamentablemente, y a pesar de lo sencillo que sería en comparación con las pruebas clandestinas de las demostraciones opositoras, no hay una sola imagen del suceso. Las manifestaciones siguen: cada día sirve de memoria de los caídos en el anterior. La represión también continúa. Ayer una joven de 26 años fue asesinada por un francotirador en los brazos de su padre. Hoy el Consejo de Guardianes reconoce que en 50 mesas electorales hay más votos que censados. Hay convocada una huelga general en un futuro aún no determinado. Hay cientos de detenidos y las comunicaciones están caídas casi todo el día. Nadie sabe a ciencia cierta cómo va a acabar esto, pero vamos a ser testigos directos si tenemos interés. Las cifras más conservadoras (esto es, las oficiales) reconocen poco más de diez muertos hasta el momento; otras fuentes hablan de un centenar y medio.

La mejor cobertura al detalle está en The Huffington Post, podéis bucear en su archivo de los días pasados. También siguiendo la etiqueta #iranelection en Twitter, aunque lo cierto es que el canal está lleno de ruido y es mucho más directo seguir a los twitters desde el propio Irán (los que hemos seguido el tema desde el principio sabemos quiénes son). Si uno presta atención y tiene algo dentro de la cabeza puede diferenciar entre rumores y noticias, y luego está la basura. Porque desde el inicio de esta crisis no pocos han preferido mantener una posición insostenible, basada principalmente en dos aspectos: la injerencia exterior y el elitismo de los twitters.

Sobre el primer aspecto caben pocas dudas, dada la marea de imágenes que nos muestran manifestaciones multitudinarias todos los días y en varias ciudades del país: Irán debería estar plagado de espías occidentales. La diplomacia internacional está actuando con un guante de seda, limitándose a condenar genéricamente la violencia contra los manifestantes pacíficos mientras muestra su deseo de que todos puedan expresarse pacíficamente. Lo más grave que Obama ha dicho al respecto es que el Mundo está observando, y que la calidad de Irán en el extranjero se mide por cómo trata a sus propios ciudadanos. De hecho, la injerencia extranjera actúa más bien al contrario: Siemens y Nokia ayudaron al régimen a montar su represión.

Otros prefieren apostar su carta a la pobreza, y nos presentan una situación donde las clases más bajas, auxiliados por el anterior Presidente mediante subsidios y demagogia, tienen derecho a imponer su visión a un grupo reducido de jóvenes ricos con acceso a internet. Para ello, alguno aporta como prueba cifras de la penetración de internet en Irán de 2005, cuando Twitter no existía. Para quien quiera actualizar su visión de las cosas, puede consultar los datos: desde 2005 a 2008 se ha triplicado el uso de internet, llegando el año pasado a una penetración del 35% y 23 millones de usuarios sobre un censo de 65 millones. Lo cierto es que hace ya meses que se habla del despunte de las redes sociales en Irán, donde han jugado un papel muy importante en la campaña del líder de la oposición en las pasadas elecciones. De hecho, si el tejido que permite las comunicaciones (no sólo internet, también móviles) no fuera tan extenso ni Irán hubiese necesitado a Nokia o Siemens ni se habría dado tanta prisa en dejar la Red al 10% de velocidad.

Es posible que quienes gritan un lunes por la desaparición de símbolos religiosos en centros oficiales el martes nos cuenten que hay que respetar a una mayoría de iraníes que piensan que las mujeres son seres inferiores, o que los homosexuales deben ser colgados (sin dar un sólo dato que certifique que, en efecto, una mayoría de iraníes acepta esas premisas), pero nunca se darán cuenta de su incoherencia. Hay quien ha llevado todo esto a su conclusión lógica: los twitters que dicen ser iraníes en realidad son tres amigos israelitas que están movilizando millones en Teherán, contra su propia voluntad y guiados por las noticias que no les llegan de agencias exteriores, gracias a la financiación de la CIA. No me lo invento, pero me ahorro el enlace. Es bastante probable que en círculos pseudo-revolucionarios dentro de no mucho se recuerden estas fechas como, en efecto, una inaceptable injerencia exterior en la nación soberana de Irán. De hecho, en España ya sobran los ejemplos.

A falta de ver para qué va a servir este levantamiento en el interior de Irán (se empiezan a oír voces que cuestionan la convivencia de la República y el islamismo en pie de igualdad ya que siempre termina lo primero bajo lo segundo), en el exterior ha servido para constatar algunas cosas. Como por ejemplo, que mucha gente no necesita información para tomar una posición sobre un tema, sino que sólo necesita que aquellos con los que quiere disentir se posicionen. O ni siquiera eso, sólo necesitan imaginar qué posición van a tomar aquellos de quienes quieren discrepar y automáticamente disienten. Es el caso de todos aquellos que llaman a no tomar posiciones mientras repiten incansablemente que los medios de comunicación mienten, a pesar de que las imágenes son tremendamente gráficas, el flujo de noticias fiables estable y nadie esté hablando de medios de comunicación. Te contarán alguna milonga sobre los intereses occidentales en la zona mientras les muestras a jóvenes valientes que salen a manifestarse con la cabeza descubierta hartas de que cuelguen homosexuales en la plaza pública, hartas de ser ciudadanas de segunda. Ciudadanos cansados, en definitiva, de no ser quienes dirigen su propia vida, sus propias costumbres, hartos de no poder expresar sus ideas ni desarrollar sus relaciones en libertad. Hartos, en suma, de ser tan distintos a nuestras democracias. Pero el bienestar y la libertad son algo que muchos hijos de estas democracias no están dispuestos a compartir.

Estas personas, que se quejan con razón cuando Estados Unidos bombardea un mercado en Irak o cuando Israel se excede en sus medidas militares, parecen incapaces de mover un dedo cuando los propios dirigentes maltratan a sus ciudadanos. No levantarán la voz si Hamas plantea una limpieza ideológica en Gaza, ni si el régimen iraní aplasta a unos jóvenes que sólo quieren tener la misma libertad que cualquiera de nosotros. En estos casos, siempre hay un bien mayor que empuja al silencio, si no a la comprensión, en una actitud que sorprendentemente es su principal acusación a los demás.

Estas personas no son de los míos. ¿Dónde están los nuestros, izquierda?