El Destino del Iscariote

Lookin' for someone to betray...

09.06.09

El día que UPyD salió en los medios (o cómo la izquierda pierde todos los trenes)

A estas alturas del partido (sic), quien venga a buscar información sobre resultados electorales a este mísero blog va un poco perdido. Con lo bien explicados que están los datos en las respectivas webs y echándole un rato y ganas se puede hacer hasta un análisis interesante y todo. Si no encuentras consuelo ni así, amigo izquierdista, piensa en los piratas.

Lo he comentado con muchísimos amigos durante las últimas semanas: no me gusta nada el amiguismo entre Jiménez Losantos y Rosa Díez. He tenido el estómago de ver algunas entrevistas que el condenado por injurias le ha hecho a Díez en Libertad Digital, y sorprenden. Sorprenden porque Losantos está especialmente moderado, en unos planteamientos que, si no son compartibles, sí son discutibles. Quizá tenga que ver la actitud de Rosa, que no se limita a asentir sino que desarrolla sus propios argumentos, pero el caso es que esos encuentros me molestan.

En los arrabales de la eclosión (creo que merece la pena usar el calificativo de forma científica en vez de jocosa), sección peones negros, estos últimos días ha circulado un vídeo de denuncia contra Mayor Oreja intentando salir bien parado de una jugarreta de Pedro J. Ramírez y Jiménes Losantos a cuenta del último intento de éstos de hacer caja con el 11M, aunque les cueste que se les caiga el chiringuito. Y este tipo de episodios se repiten en esas entrevistas de Losantos a Rosa Díez, si bien la política corta normalmente al condenado con palabras firmes pero conciliadoras (”sabes que en ese tema no estamos de acuerdo”, con lo bien que quedaría un “eres un charlatán sin escrúpulos”).

¿Por qué sucede esto? Parece evidente que Losantos tiene un interés muy claro al dar voz a UPyD en sus micrófonos, y que éste no es otro que presentar al partido magenta como una alternativa decente al Partido Popular, sea eso lo que sea, aunque los primeros sean claramente laicistas, pro-aborto, pro-matrimonio homosexual y pro-educación para la ciudadanía y el segundo haya hecho de la negación de esos principios su máxima predicadora. También parece evidente la motivación de Rosa: acuden a donde pueden, y de momento sólo les llaman de allí.

Pero eso no resuelve la cuestión. ¿Por qué sucede esto? ¿Por qué el único sitio donde un partido que se denomina progresista puede promocionarse es precisamente un lugar del que los progresistas (y no sólo nosotros) desconfiamos tanto y con tanta razón? Quizás porque los planteamientos de UPyD son tan inesperados (por no abusar del término revolucionarios) que nadie espera que consigan nada. Abogar por una educación estandarizada y de calidad para todos los ciudadanos (por no abusar tampoco del término españoles) que evite ciertos desmanes ideológicos se percibe como un ideal republicano de la revolución francesa, pero algo desconectado de nuestra realidad nacionalista y su deseo de folklorizar el saber objetivo y por tanto como una realidad tan inalcanzable que mejor no mentar la bicha no vaya a ser que alguien se ofenda. Tratar que los propios sentimientos (de pertenencia a una nación o religión, por ejemplo) no interfieran en las relaciones del Estado con los ciudadanos parece también algo previo a la toma de la Bastilla y aquí se percibe como un asfixiante nacionalismo españolista. Ese va a ser el problema: que UPyD dice cosas de tan difícil consecución en el marasmo administrativo y burocrático que sufrimos en España que casi da pereza tener que admitir que puede que tengan razón por no tener que empezar a enfrentarse a demasiados poderes establecidos.

Sin embargo, el bipartidismo en España parece empeñado en demostrar que tiene poco recorrido. Llevamos poco más de treinta años seguidos de democracia, pero da la impresión de que cada vez un número mayor de personas votan con la nariz tapada y esperando que los suyos les defrauden. La izquierda no puede apelar al miedo a la derecha mucho más, habida cuenta de que las regulaciones específicamente progresistas conseguidas (matrimonio homosexual, ley del aborto, ley de dependencia) no van a ser derogadas por el malvado y derechista Partido Popular cuando, en su relevo, acceda al Gobierno. La derecha tampoco puede vociferar mucho sobre los desmanes económicos de la izquierda principalmente por dos causas: las políticas al final no pueden ser, por fuerza, tan distintas ni tienen tanto efecto en un mundo globalizado, y la elevada cantidad de administraciones interpuestas hasta el ciudadano, de distinto color, y que malgastan igual. No se trata esta comparación del manido todos son iguales, sino algo ligeramente distinto: todos son muy imperfectos para su electorado, pero por alguna razón que se me escapa son infinitamente mejores que el rival ideológico. Si yo tuviera que elegir solo entre Zapatero y Rajoy, preferiría no tener que elegir, pero si me forzaran sé que mi elección sería ZP. Sin embargo, eso no puede traducirse en que vote socialista en cada llamada a las urnas para evitar que Rajoy gane algo. Me permitirán que me considere un hombre libre y que piense que Rajoy, comparado con Zapatero, tampoco es mi tipo ni un demonio colorao.

No sé si algún día la izquierda se dará cuenta, pero la imagen de Zapatero entre los derechistas moderados goza de la misma consideración que la de Aznar entre los izquierdistas moderados. El Presidente de Gobierno impulsó varias medidas muy positivas en la anterior legislatura, algunas de las cuales nombro arriba, pero demostró que lo suyo es la ideología y no las ideas. No sólo no ha sabido vender sus logros, ni siquiera hacerlos una realidad palpable (la aplicación de la ley de dependencia, por ejemplo, es atroz incluso en comunidades socialistas y no les cuento el caso de una vecina para no amargarles el día) sino que ha disfrutado peleando en el barro con una oposición perdida y desnortada. No es capaz de marcar una agenda de temas de debate, sino que va a remolque de lo que hablen los demás, y cuando por fin acaba proponiendo algo no lo enfoca en su vertiente positiva sino en lo poco que le gustará la propuesta a la derecha. Su negativa a recibir siquiera críticas constructivas, su soprendente giro al rodearse sólo de idolatrantes juveniles con la boca llena de moscas y su perenne optimismo e inmovilismo unido a lo vacío de sus discursos lo ha descartado como una opción de voto para mí.

¿Por qué atizar tanto a Zapatero con la que está cayendo? Quizás debería mirar un poco a la derecha, que Rajoy no es tampoco nada bueno ni dice nada interesante. Pero es que yo soy de izquierdas, y me preocupa lo que pase especialmente entre quienes se supone que son, al menos en parte, mis representantes aunque no les vote. Y en este panorama uno no puede dejar de notar que con la connivencia de estos izquierdistas hay lugares en el Estado donde unos ciudadanos tiene sanidad de calidad y pública, y otros no. Que hay lugares de este Estado que tienen excepciones fiscales amparadas por la Constitución, rompiendo la básica solidaridad entre los ciudadanos, y este tema encima es tabú. Que sigue habiendo lugares en el Estado donde la salida profesional por antonomasia es el funcionariado, contra el ideal del cuerpo de servidores del Estado y sus ciudadanos, y se contempla el asunto como algo natural. Que se han ido sucediendo reformas educativas que sólo han conseguido rebajar el nivel de conocimientos objetivos de nuestros estudiantes, de manera que un alumno de bachillerato con una inteligencia por encima de la media puede permitirse acabar el ciclo sin saber las tablas de multiplicar. ¿Dónde están los ideales del ciudadano ilustrado, del ciudadano responsable que tiene capacidad de elección y discernimiento? ¿Dónde, cuando la cadena musical por antonomasia de la izquierda atonta con triunfitos prefabricados (y viva la cultura del esfuerzo, esa que no nos sacará de la crisis) y la cadena televisiva por antonomasia de la izquierda nos vende Cuartos Milenios llenos de magufos?

Hay bolsas de votantes en la izquierda, y supongo que en la derecha, que miran los resultados electorales en otros países de la Unión y sienten envidia. Los catolicos devotos no tienen empacho en votar a partidos que defienden su ideario, mientras aquí AE y aledaños no consiguen despuntar. Los liberales suelen tener formaciones ¡y votos! e incluso las izquierdas alternativas (un amigo las llamaría piesnegros) tienen sus representantes. Hasta Los Verdes, oiga. Somos muchos los asfixiados por este bipartidismo español, pero el bipartidismo no se rompe sólo estando en contra, sino actuando en contra.

Y aquí es donde yo quería llegar. Si uno lee los programas y documentos de UPyD ve todo eso. Si se escuchan las intervenciones de Rosa Díez dice precisamente eso. Si se tiene estómago y se entra en LD se ve que Rosa le dice eso a Jiménez Losantos, pero no lo dice en ningún otro medio simplemente porque no la invitan a ello. Y a pesar de todo su formación ha conseguido 450.000 votos y un tercer puesto en un número elevado de capitales de provincia (los entendidos deberán extrapolar estas cosas a las circunscripciones provinciales y a la participación en unas generales, pero es un claro avance). Ese escaño ha sido muy llamativo, tanto que por fin UPyD aparece en otros medios y no sólo para decir que habla con Losantos o va a LD o similares.

En El Paísdos veces!) se hace un análisis casi aséptico pero ligeramente positivo del escaño magenta, algo sorprendente al menos para mí. En La Vanguardia se habla en términos parecidos. Ambos medios, de público que se ve a sí mismo como de izquierdas, acaban de darse cuenta de que la existencia de UPyD, que ya tiene representación en tres Parlamentos, no es flor de un día y que ha nacido para quedarse, y que un día, cuando Rosa Díez se vaya y llegue una cara nueva que no haya perdido unas primarias contra Zapatero, las ideas e ideales del partido seguirán siendo las mismas e igualmente progresistas. Yendo un poco más allá, me ha dejado con los ojos como platos el análisis en Soitu:

Para muchos, el secreto de UPyD es que ha sabido aglutinar bajo su paraguas a un electorado desencantado proveniente tanto del PP como el PSOE. Una amalgama heterogénea de sensibilidades políticas de lo más diversas. Como la de Enrique, de 30 años y votante tradicional de Izquierda Unida… hasta este domingo, que se ha pasado a UPyD. “En España hay una gran ausencia de terceros partidos a escala nacional que moderen la crispación y el debate vacío entre PP y PSOE: yo voto a UPyD no tanto porque me haya convencido su programa o sus candidatos, sino porque creo que debe existir esa tercera opción”, explica. ¿Y qué pasa con IU? “Es un partido incapaz de renovarse, está desconectado de su propio electorado”, opina.

Lo cierto es que el programa político de UPyD en lo referente a los social permite que personas como Enrique no sientan que las ideas de la formación chirrían con las suyas. Por ejemplo, el partido se ha mostrado partidario de aprobar una ley de plazos despenalizadora del aborto. También apoya el matrimonio homosexual y aboga por una apuesta decidida del estado por un modelo laico. En la campaña de las elecciones europeas, además, ha criticado con dureza la polémica directiva europea de retorno de inmigrantes, que apoyaron tanto ‘populares’ como socialistas en la Eurocámara. “En temas de derechos y libertades, que son los que más me interesan, tienen una postura de izquierdas”, resume Enrique. Conflicto solucionado.

¿Se ha levantado el veto a UPyD en los medios progresistas? Y lo que es más importante, ¿vamos a dejar los progresistas que los medios más rancios se apropien de una alternativa laica, claramente progresista, de vocación ciudadana, euopeísta, pro derechos humanos, con un discurso racional en temas como aborto, símbolos religiosos, eutanasia y derechos individuales?

¿Vamos a perder también este tren?

28.05.09

Matrimonio tradicional

Vía @GCRMmedia.

09.05.09

Libres de pecado

Decía el otro día Jorge Marirrodriga que Europa no subestima al Irán de Ahmadineyad, sino que realmente está encantado con la idea de una tener una potencia armamentística en la zona. Yo no soy tan optimista: no creo realmente que haya conciencias definidas a favor (que siempre podrían volverse reacias), sino una total apatía hacia el asunto sin visos de cambio futuro. Apatía que quizás podría explicarse apelando al histórico aislamiento español y el afán de llevarse bien con todo el mundo, si no fuera porque afecta a todo el continente salvo pequeñas excepciones.

El pasado mes de Abril, entre aspavientos mediáticos, los representantes de nuestras democracias occidentales tuvieron a bien no hacernos pasar demasiada vergüenza y plantaron al presidente iraní en su discurso de apertura ante la Conferencia de Examen de Durban que tuvo lugar en Ginebra. Una parte de Occidente, y sorprendentemente una gran mayoría de ellos se hace llamar de izquierdas, reaccionó al hecho como si el plantado fuera un presidente de la mismísima UE. En La Vanguardia se presentó como una mala noticia para la lucha contra la creciente xenofobia e intolerancia del mundo, mientras se despachaba la evidente megalomanía del líder iraní rebajando su deseo de echar Israel al mar a una mera bravuconada. A la vez, y sin que ello provoque ningún cortocircuito neuronal, se enlaza otra noticia: Irán se prepara para vender combustible nuclear a otros países.

Mientras tanto, a la población el asunto principalmente no le importa mucho. Hasta existe una respuesta estándar y acomodada, que viene a ser algo así: Sí, Irán es un país un poco raro y quizás extremista en sus costumbres, pero mientras no se metan con nadie pueden hacer lo que quieran. Porque lo importante es eso: que hagan lo que quieran. Y si Israel es una potencia nuclear, no existe razón para que no pueda haber otra en la zona para defenderse de la primera.

Sin entrar en el eterno tema del derecho de Israel a existir (que es la verdadera madre del cordero invisible), quizá sea por un periodo tan raramente largo sin guerras o por un exceso de acomodo debido al Estado del Bienestar, pero la consciencia occidental sobre la realidad del mundo ha conseguido adormecerse y casi desaparecer. En el pasado revolucionó el continente por hambre y deseo de justicia e igualdad y ahora se conforma con muy poco. Se libró del absolutismo pero no tiene problemas en hablar con absolutistas y tratarlos como iguales. Ahmadineyad sí se quiere meter con alguien (y hace regalitos a Hamas que harían las delicias de cualquier etarra) y su pueblo no tiene derecho efectivo a elegir mientras Irán sea una República Islámica que somete a la mitad de su población. Ya no se oye en la boca de la propaganda izquierdista la apelación a lo que está bien o mal, sino a lo que se decide por mayoría o lo que es impuesto. Hay puñados de personas ahí fuera que constituyen mayorías aberrantes, pero en una especie de indulto general parece que es demasiado políticamente incorrecto decir que ciertos hábitos son crueles, aunque sean una costumbre arraigada en la cultura y por mucho respeto que se pueda exigir hacia ellos. Y hay cosas que no se deben permitir, como la posesión de ciertas armas, por mucho que el pueblo soberano de aquel lugar lo desee. Precisamente aquí, en este país y en este continente, deberíamos tener bastante claro que no todo está permitido ni por las urnas ni por las costumbres, pero por alguna razón que se me escapa hemos acabado creyéndonos la historia de que en el fondo todos somos buenos, o al menos no tan malos, y que si algo lo decidimos entre todos nunca podrá ser malo.

Se me olvidaba comentar una cosa. Al alba del 1º de mayo fue ahorcada Delara Darabi, en la prisión de Rasht, al norte de la República Islámica. Tenía 23 años, y fue condenada por colaborar en un homicidio cometido cuando contaba 17. pero en Irán si cometes un crimen siendo menor esperan sin problemas a que cumplas 18 para matarte. ¿Y he mencionado ya que el pasado día 5 se apedreó a un hombre por adulterio? Quizás no debería comentar estas cosas, ya que dicen que fomentan la islamofobia, pero es que no termino de entender cómo celebramos tanto una moratoria en la pena de muerte en Estados Unidos (y es algo que yo celebro), teniendo en cuenta la seguridad jurídica propia de una democracia garantista, mientras de Irán y su sistema de justicia no se habla aunque en la última semana haya ejecutado a más de 20 personas.

No es ya que veamos a estos presidentes como iguales a los nuestros, es que los creemos libres de pecado y les damos piedras en forma de sillón en las reuniones. Y claro, las tiran. Mientras tanto, en Pakistán

06.05.09

Cantidad o calidad

Las listas de Berlusconi para las elecciones europeas son una desvergüenza. No lo digo yo, sino su mujer Verónica Lario. Tan atroz parece la idea de presentar candidaturas basándose en la talla de sujetador que al final el primer ministro italiano tuvo que dar marcha atrás.

Y es en realidad una idea atroz. O tal vez no, dependiendo de con qué se compare. Supongo que lo más a mano para sopesar es la política paritaria de Zapatero. Y aquí es donde saltan mis alarmas: José Luis no sale bien parado.

Imaginemos por un momento que todas las ministras tuvieran la percha (la expresión es relevante al argumento) de Aído o de Quiroga. Es de suponer que todo el mundo pondría el grito en el cielo: se ha nombrado a la mitad de los miembros del gobierno atendiendo a cosas como las medidas corporales o el grosor de los labios.

Sin embargo, las críticas a la decisión paritaria se despachan etiquetándolas de machistas, lo que me lleva a suponer que lo que hace atroz la idea de Berlusconi no es que quiera poner a mujeres en la lista al Parlamento Europeo, sino que sean guapas y sin preparación. ¿En qué medida afecta cada uno de esos dos factores?

Paradójicamente, en el fondo la concepción de Zapatero y la de Berlusconi no distan tanto. Mientras el español hace de la cantidad su meta, el italiano aspira a la calidad (en su particular escala de valores femeninos, claro), pero ambos comparten la idea de que la imagen de la mujer vende electoralmente. Porque si Berlusconi se equivoca, lo hace al elegir a guapas no preparadas, no a guapas a secas: el error es la falta de preparación para el cargo propuesto. Algo de lo que aquí también pecamos. Si aceptamos la cuota paritaria en gobierno y desechamos las críticas lícitas con pretextos de machismo lo único que nos queda para criticar a Berlusconi es la belleza de sus elecciones.

A mí Il Cavaliere no me cae nada bien, pero el jodío tiene buen gusto. Su idea es francamente atroz, tanto que las candidatas a ser elegidas tenían que pasar un curso para enterarse de a qué aspiraban. Aquí nos reiremos por ello, mientras nombramos a nuestro gobierno por cuotas de género (antes sexo) o cuotas federativas (que nunca nadie olvide a Maleni o a Blanco). La meritocracia hace tiempo que abandonó el Mediterráneo.

19.04.09

Y doce

Cero. Escribirlo me evitó tener que hacerlo. Una buena terapia aunque no definitiva. ¿Alguien podría recordar su nacimiento? Entonces, ¿por qué recuerdo yo mi muerte?

Uno. Ni siquiera Dublín tiene la cura. Tiro dados y sale cruz. Empieza.

Dos. ¿Ha surgido ya mi alter ego? Determinismo. ¿O es más bien un tipo de némesis?

Tres. Tiemblo rodeado de calor. No ver, no oír, no hablar. No salió bien: no puede competir con una muerta.

Cuatro. ¿Cuántas probabilidades hay de que conozcas a una hermana de tu edad que se llame así?

Cinco. Corre por tu vida. No te olvides las fotos.

Seis. Debe ser una especie de pacto social: cada vez que hablo sobre ti salen corriendo. Hasta hoy.

Siete. ¿Cuántas probabilidades hay de que pierdas a un abuelo ese mismo día?

Ocho. Tiza dice que a alguien le robaron abril: parece que habla de mí, el hombre del frío.

Nueve. Yo no te quiero, tú no me entiendes. No salió bien: no puedes competir con una muerta. Tú tampoco.

Diez. Por fin tengo un buzón donde poner mi nombre. Y una estantería para tu foto. Cada vez que hablo sobre ti salen corriendo. Hasta hoy. Otra vez.

Once. Deberíamos volver a la casilla menos uno, cuando vuestro segmento era mi triángulo. Nuestro segmento de ahora sigue siendo un triángulo para mí. Pero tú no ves vértices.

Doce. Llevo doce años intentando ser feliz a pesar de tu recuerdo. Ha salido bastante mal. Creo que voy a intentar ser feliz gracias a tu recuerdo en los próximos doce. A ver qué resulta.