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21.05.08
… o la horma en el zapato ancap
Si echamos juntas en una coctelera las dos últimas entradas nos llevamos sorpresas. Recordando…
En una sociedad liberal cualquier tipo de utopía es realizable, por irrealizables o inusuales que parezcan y siempre que la participación en estas utopías se base en el voluntariado.
Imaginemos (que ya se las trae) una «sociedad liberal» basada en la ética de la libertad. Como ya debéis saber todos (!) esa ética consiste en la voluntariedad de las acciones y la no agresión (a mí me sigue recordando a la aldea pitufa, pero vaya). Dentro de ese marco, cualquier utopía es realizable, siempre que los integrantes utópicos sean voluntarios. El otro día, Mario García exponía un sencillo razonamiento que nos habla de lo endeble de la idea ante la realidad de la maldad humana (que existe).
Alfredo vuelve a tener razón: no se puede prometer el oro y el moro de la libertad, que «en presencia de libre voluntad todo es posible» y luego escandalizarse cuando él afirma que, en uso de su libertad y de su voluntad, de acuerdo a sus conciudadanos, en unanimidad, prefieren que los ateos no puedan entrar en su pueblo (sí, sí, habla de destierros en base a creencias), o que los homosexuales no puedan tener relaciones carnales en su condado. Si en una «sociedad liberal» todo está permitido siempre que sea voluntario, también lo están las asociaciones de este tipo y con esos fines.
¿En base a qué principio se impide a un grupo, dentro de una «sociedad liberal», que imponga dentro de sus propiedades la discriminación sexual, racial o de cualquier tipo? En base a ninguno, y sería hipocresía ahora rasgarse las vestiduras. No me costaría mucho buscar ciertos enlaces de hace unos meses donde, en un marco perfectamente teórico, se argumentaba que era perféctamente legítimo que un comerciante no dejase entrar a determinada clientela por su sexo o raza. Sí, meses antes de que Alfredo llegase a Red Liberal. Un poquito de coherencia, que os están poniendo un ejemplo directo de aplicación de la libertad para un fin legítimo (según, claro, vuestro marco conceptual) y os cubrís de ceniza.
Alfredo tiene razón porque utiliza un concepto fuerte (lo utiliza mal, pero eso es culpa suya). Con respecto a la homosexualidad, Alfredo asume que, dado que las relaciones homosexuales, según sus datos (??), provocan un mayor gasto sanitario (???) la sociedad tiene derecho a protegerse de ese despilfarro o privatizando el sistema o, en el peor de los casos, conteniendo la actividad responsable del «malgasto». Es un argumento que tiene su punto, una ligera razón: existen conductas negativas (según diferentes baremos), y la sociedad tiene derecho a protegerse de ellas. Este, su argumento, es de facto el que permite librarnos de él y dar la estocada final al ancapismo.
La ética de la libertad no puede luchar contra el iluminismo religioso, sino que coherentemente debe respetar los derechos de propiedad de los fundamentalistas, aunque en sus propiedades se porten de la manera más antiliberal y consentida que imaginarse pueda. El ancap ha decidido atarse de manos a la hora de opinar sobre el carácter de los actos ajenos en sus legítimas propiedades (¿he oído que se ha expulsado a alguien de Red Liberal?), así que si el fundamentalismo se expande y rodea al ancap lo único que este puede hacer es apelar a su propia libertad (y echarse a temblar). Lo risible será que en serio esperará que el reaccionario la respete. Iluso. Así pues, la iluminación (religiosa, política, racial) es la horma del zapato ancap. Cuando la gente «mala» se une, no hay derecho de no agresión que valga ni jueces pactados posibles. Y «mala» entre comillas no porque no sean moralmente despreciables (que lo son) sino porque son moralmente despreciables y muchas veces sinceros convencidos.
A ver si una vez enfrentados al espejo de su némesis empiezan algunos a poner los pies en el suelo. Porque, como decía, el concepto es fuerte, y real: la sociedad tiene derecho a protegerse de lo que la perjudica. Como el terrorismo. Como la publicidad engañosa. Pero si las ideas de los demás son un tema peliagudo (hay ideas objetivamente malas, el problema es qué hacer con ellas), respecto a lo que hace cada uno en su cama no debería haber problema. Es ahí donde usa mal Alfredo el argumento, generalizándolo a una posible intervención de toda la actividad humana y entendiendo la privacidad (como le pasa con la libertad de expresión, que interpreta como ¡una ofensa al cristianismo!) como permanente ataque a sus divinos principios. Representa Alfredo el extremo contrario a la permisividad hacia todo, ncluído lo que puede terminar con esa misma permisividad.
No es de extrañar que ambas concepciones, la excesivamente permisiva que no tiene poder para contrarrestar su propia destrucción, y la excesivamente prohibitiva que no puede evitar la disidencia, tengan tan pocos acólitos, y menos aún fuera de sus textos escolásticos y proféticos. En el Mundo Real las personas huyen de ambos. Por buenas razones, además.
14.05.08
Ahora que no nos lee nadie y cuando las aguas ya permiten a las palomas traer ramas de olivo, creo que es un buen momento. Un buen momento para dar un paso atrás y contemplar la escena desde una sana distancia. Un buen momento, en fin, para analizar y divagar. Desde una perspectiva mayor que permita entender el auge y la caída de una pieza muy importante de la Red política española de los últimos años. Para una experiencia completa, prepara un buen café o pilla una cervecita, ponte cómodo y sigue los enlaces hasta el último comentario.
Histórica es la única manera que se me ocurre de calificar esta entrada, y no por su repercusión o falta de ella, sino por remontarse varios años. Viajemos a mayo de 2005… y procuren no reírse ni de mi estilo literario (ejem) ni de mi púber inocencia (y por Zeus obvien esa errata asquerosa de «govierno»). Por esa época empezaba mi roce (en el sentido cariñoso) con Red Liberal. Hace tres años no había participación visible y agregada de progresistas (salvo que las faldas de escolar.net se tomaran como tal) mientras que sí existía algo que se denominaba Red Liberal, que agrupaba a lo que se entendía que era «la derecha» en Internet. Así nació el mito de que la derecha estaba mejor posicionada en la Red porque llegó antes y porque supo organizarse. Y no es del todo falso: llegaron antes.
Igual que en cualquier partido de fútbol, la incomparecencia del contrario concede victorias, a las que se añade la saña ante el cagao que no contesta. Así, mientras en algunos sitios sindicados en Red Liberal era posible mantener un debate serio, sosegado y ciertamente interesante (recuerdo varios y variados) en otros se gritaba de una manera faltona y bastante disonante con el marco, si se me permite decirlo, porque nadie les llevaba la contraria so pena de censura (secreto a voces que aún hay quien niega). Confieso que los primeros me conquistaron el corazón. Uno es de izquierdas, pero no imbécil, y se cansa muy rápido de dialécticas de clases y casas construídas desde tejados. Nunca me gustó per se la buena intención que recubre a la Izquierda porque, dicen y con razón, que de buenas intenciones está lleno el infierno. Encontrar sitios de debate y aprendizaje (sobre todo esto último) en los que te respondían personas inteligentes (nada que ver con los iluminados evangélicos con los que trataba antes) fue un oasis en medio de mi desierto. A nadie engaño si digo que siempre he sido de la facción individualista de la Izquierda (y mis palos me he llevado por ello), o que creo que uno de nuestros mayores pecados es no tener una base real y meditada de principios más allá de las ganas de mejorar, de progresar. Creí encontrar personas que sí habían hecho esos ejercicios aunque partieran de axiomas distintos a los que yo asumiría. Lo que pude comprobar a lo largo de esos meses es que una parte de los que integraban Red Liberal no tenían idea de nada de eso, sino que se habían arrimado al palabro como quien se acerca a un buen árbol esperando buena sombra y lo demostraban defendiendo secuestros judiciales de publicaciones satíricas o pidiendo cárcel para parlamentarios autonómicos. Eran mis primeros viernes con Batiburrillo (uno, dos, tres).
Entonces empezó la melodía: ser liberal equivalía a declarar que se era liberal. En algún comentario a enlaces anteriores hay quien dice con una sonrisa que es liberal-conservador y que lo descubrió «la semana pasada», como quien se encuentra un grano en el labio. Y quienes se declaraban liberales eran lo mejorcito de nuestra derecha patria: conservadores acomplejados, peones negros (misteriosamente silenciosos ahora) y desideologizados profesionales al servicio del garrote dialéctico. Así, han ido naciendo las diferentes famiglias de Red Liberal agrupando sensibilidades irreconciliables dialécticamente: republicanistas de la razón, teocones nacionalistas, anarquistas de mercado, hasta algún creacionista como toque chic. Todo aquel que quisiera ser liberal inauguraba una nueva versión del liberalismo. Bastaba que aportara un nuevo ángulo con el que criticar a la Izquierda (y a veces ni eso) para que se hiciera un hueco en los comentarios de los miembros, iniciando el camino a los altares libres, siempre y cuando escribiera de vez en cuando «libertad» o algo así.
Ya se había consumado. Si Red Liberal existió alguna vez como referente del pensamiento liberal en la Red española, pronto mutó en algo compuesto de dos partes: una liberal y otra una Red. Las geniales conversaciones se perdieron. El ruido ganó y yo empecé mi erosión, en la idea de que una gota es poco pero una gota tras otra tras otra terminan rompiendo hormigón. Mi motivación es conocida desde hace siglos: creo que España, Europa y Occidente necesitan un giro radical, y que ese giro sólo puede venir de la mano de izquierdistas y liberales trabajando juntos contra los reaccionarios (ahora sí) de ambos lados del eje ideológico. Por aquel entonces, y hasta hace muy poco, tenía a Daniel Rodríguez Herrera por alguien comedido y sensato. Equivocado en sus ideas, pero comedido y sensato. No entendía qué podía llevarle a sindicar y mantener ciertos sitios en Red Liberal, pero siendo esa su casa lo único que me quedaba por patalear era que así no íbamos juntos a ningún lado y que con el frentismo antiizquierdista presumir de ser un referente liberal provocaba sonrojo.
Muchas cosas han pasado en estos años. Muchas salidas de tono bastante desagradables. No me he dedicado a recopilar enlaces de barbaridades (pero puedo pedir un compendio prestado), yo ya tenía bastante con unos concretos, pero los archivos de blogs y páginas están para eso: archivar. Lo que más me sorprendía no era lo que leía (a fin de cuentas, un nostálgico del franquismo no sorprende cuando entona un Cara al Sol), sino el silencio sepulcral alrededor de las bombas. La censura se colaba, y se justificaba, (y se cuela y se justifica) como problemas del servidor o protección contra contenido malsonante, aunque la nueva explicación de «es mi casa y tú no entras» tiene un punto. Los insultos y el lenguaje grueso incluso se fomentan, y me consta que en más de una ocasión se ha llamado a «responder con desdén» a las críticas.
Así iban engordando las filas de Red Liberal, formadas por facciones en un enfrentamiento soterrado. No son muchas, sino como he dicho dos: la Red y lo liberal. Lo liberal sigue estando, y sigue estando callado o barajando excusas. En la Red se pueden encontrar funcionarios que abogan por la desaparición del Estado sin pestañear. También conservadores necesitados de cobijo con etiqueta decente porque ellos no lo son. Muchos que sin ser reaccionarios sí parecen necesitar personalmente del colchón colectivo (?) y prefieren vender que hablan de libertad y respeto cuando quieren decir miedo a la intemperie y comodidad intelectual. Algunos protestantes (y dos) que necesitan de un sitio donde todo valga para que sus artículos divinos (y dos) no chirríen demasiado. Y el entrañable caso de un antiguo miembro de Nuevas Generaciones que parece haber sufrido una epifanía y se ha dejado cresta (vistas las fotos, sólo diré ejem), se declara de izquierdas y llama cómplice de asesinato a todo quisque. Lo de este elemento merece mayor análisis porque su situación es paradigmática.
Stewie dice que es anarcocapitalista, libertario de izquierdas y no sé qué más. Su discurso es sencillo, porque parte de unas bases muy facilitas: la ética de la libertad. Tan sugerente nombre sólo esconde dos principios, dos pilares donde basar todo el constructo de conviviencia: el principio de no agresión y la propiedad privada. Empezando por el final, la propiedad privada stewiesca es especial, en cierto sentido pionera: alguien es dueño de algo si puede obtenerlo, o el oro para el primero que llegue. Los resultados son evidentes. El principio de no agresión da un poco de vergüenza explicarlo, así que mejor describir el orden espontáneo que surgirá victorioso: por arte de magia, las personas van a empezar a realizar tratos justos sin restricciones de contenido de ningún tipo, y sin producir violencia nunca nunca. Lo que Stewie no sabe (además de las normas de puntuación) es que sus propios compañeros no le toman en serio. Su presencia da un toque fresco (en argumentos, helado) al agregador y sus diatribas acerca de lo cómplices que somos todos de la tiranía y la imposición forzosa que sufre es entrañable, pero nadie le contesta. Incluso, y esto es lo más divertido, algunos le compran extremos para usarlos cuando a las claras piensan lo contrario (véase la objeción a EpC basada en la incapacidad del Estado para educar en valores y compárese con el polvo y las cenizas levantados por la insinuación, siquiera, de retirar crucifijos de nombramientos públicos). Stewie, te están usando. Al menos, ponte un precio.
La situación de Stewie, decía, es paradigmática porque es tal la amalgama de ideas y carencias que todo es criticable o justificable dependiendo de quién lo diga. Como Stewie siempre da el callo a la hora de defender el rancho común con ferocidad, que nos mande aprender evasión fiscal abertzale es una chiquillería. Ahora bien, con él nunca debatiremos de derechos históricos nacionales ni de monarquías necesarias. Si acaso de laicismo, dependiendo de cómo se levante ese día. Y el chaval, mientras lo tratan así, asiente.
Una respuesta empezaba a ser mantra: «yo no los leo». Suponíamos un poco más de sangre en las venas (y menos de horchata) en quienes sí defienden un ideario liberal por derecho de nomenclatura, un poco más de amor propio y vergüenza de acompañar a determinados elementos en esa estafa que pretendía erigirse como referente de una ideologia decente a base de aglutinar todo lo que gritase. Yo no los leo. Y los reaccionarios conservadores aparecían a agradecer tan magnas palabras como si de un apoyo incondicional se tratase contra los malvados quita-carnés. Ya les lees, en tu casa. Cuando eso empezó a suceder, cuando ya no valía no leerlos porque iban a sus casas a agradecerles que les dieran la razón aunque no lo hubieran hecho, volvió el silencio hasta que apareció la siguente excusa: la historia. La nueva idea que blanquea conciencias se puede resumir en algo muy sencillo: vale, aceptamos que hay personas en Red Liberal que no son liberales ni por asomo, pero mientras quede un irreductible liberal ésta será la casa de los liberales, donde tan interesantes (y cubiertos de polvo) debates se han podido leer. Viene a ser una mezcla entre los lemmings y la nostalgia, me temo, que los mismos reaccionarios y conservadores transformaron en corporativismo desde su comienzo. Aunque seguramente nadie esperó que se llegara tan lejos.
Alguien se sorprenderá si digo que sinceramente creo que el anarcocapitalismo es el precio que tiene que pagar el liberalismo. De forma inversa, es como el comunismo al socialismo: consiste el llevar hasta el final los axiomas sin dejarlos ser moldeados por la Realidad de las personas. Es por tanto su roce fruto de excesos, de pragmatismo y realismo, de implementación al fin, y harán muy bien los liberales en poner coto a ciertos ramalazos igual que los izquierdistas obligamos a los comunistas a acatar ciertos mínimos. El problema real existe, y existe contra la reacción conservadora (con todos sus matices: nostálgica y/o ensotanada y/o divinizante) y con quienes aceptan pulpo y hasta tigre como animal de compañía un poco excéntrico.
No sé si de verdad alguien creía que el Partido Popular tenía posibilidades de ganar las pasadas elecciones, pero parece que a algunos les escoció demasiado perder. Y les sienta como un chorro de limón el desarrollo de los acontecimientos dentro de dicho partido desde entonces. Lo que algunos llamaron eclosión liberal (que coincide exactamente con las derrotas populares) y no era más que un frente antiizquierdista decidió huír hacia adelante. Losantos entró a la sindicación de Red Liberal y algunos, libremente, no recibieron la noticia con mucha alegría. Su periódico, donde trabaja Daniel Rodríguez Herrera a sueldo del radio-opinador (por decir algo que no sea «del seguramente condenado en el futuro por varios tribunales») y que pretende ser la cabecera de ídem del liberalismo patrio, incluyó una sección de adoctrinamiento religioso disfrazada de libertad pero sin mucho éxito en donde se sindicaba a un obispo que había pedido el voto para formaciones… especiales. Reaccionarios listos ayudados de arterias llenas de jugo de chufa y crestas gritonas cantaron a coro «liberal es quien quiera serlo, y nadie tiene derecho a dudarlo, fascista» aún más fuerte al ver que empezaban a cuestionarse tanto la deriva del hogar (bola extra) como los criterios de admisión y permanencia. Finalmente (y paradójicamente…) llegó la expulsión.
Red Liberal se aloja en el servidor del Instituto Juan de Mariana. No sólo eso, sino que es ese instituto el que paga las facturas de alojamiento de Red Liberal y, como quiera que Daniel Rodríguez Herrera es vicepresidente a la fecha y es su criaturita, mantiene la administración del agregador según su voluntad (según parece, no por confianza delegada del que paga sino por derecho paterno reconocido). Más allá de la descripción anterior, lo único cierto, real y negro sobre blanco es que la expulsión se encuadra en esa voluntad. Las explicaciones dadas indican a las claras que Daniel Rodríguez Herrera obró como obró porque quiso, según lo que él llama razones (y que convertirían Red Liberal en un desierto sin autores) que otros piensan que muy liberales no son. La nueva cortina de humo (no sorprende, siempre hay una) para no entrar a ese fondo es que en propiedad privada no entran moscas. Cuando se disipe el humo, el engaño seguirá ahí.
El problema de Red Liberal no es que un porcentaje importante de miembros sean de todo menos amantes de la libertad (sector reacción) o tengan un dedo y medio de frente (sección acción, anarquía, agora). El problema es que de verdad creen y hacen creer que son liberales mientras los que sí lo son no tienen permitido discutir ese extremo ni parece que tengan ganas. El problema es que alguien así crea de sí mismo que es liberal (que lo crea Daniel Rodríguez Herrera, pase, pues éticamente está muy desgastado desde su affaire peonesco) y que crea, iluso, que Red Liberal es el más importante agregador de blog liberales en español (¿de verdad eso es lo mejor que puede producir el movimiento liberal español?). Se están hundiendo a base de pérdidas de nivel, y seguramente quedarán como algo residual, testimonial, acorde a la realidad de lo que son en la sociedad. Las cosas caen por su peso, y si encima estallan cargas el edificio aguanta menos.
La única duda que queda es si el término liberal sobrevivirá a los escombros, y eso es algo que dependerá de todos. Llamemos a las cosas por su nombre y dejemos de hacerles el juego dialéctico. Los liberales están en otros sitios.
06.03.08
El otro día recomendaba la lectura de un artículo en Tabula Rasa, un sitio que he descubierto recientemente gracias a Siracusa 2.0, el agregador liberal que trata de ser liberal (aunque también sea conservador). El texto trataba asépticamente un tema: se limitaba a una lista de enlaces datados en los cuales bloggers, autodenominados liberales, defendían el creacionismo o al menos la posibilidad de que fuera aceptable difundirlo como Ciencia. Ese artículo se titulaba Blogger liberales por el creacionismo. Lean, lean, y sigan los enlaces y continúen leyendo. En uno de los primeros se enlaza una disputa en la que yo mismo intervine hace tiempo, aunque sin duda mi favorito es este.
En otro plano, también hace poco me enfadé con alguien a quien aprecio porque a mi juicio se empeña en generalizar injustamente. Y lo sigue haciendo, pero siempre que me encuentro en estas tesituras me acuerdo de un Proverbio (vaya sorpresa):
Detén tu pie de la casa de tu vecino, no sea que hastiado de ti te aborrezca.
Proverbios, cap. 25 vers. 17
Así que creo que estaré (sirva como nota al afectado) deteniendo mis pies durante un tiempo. No pretendo que eso no le cause cierto alivio, ni creo que ese alivio no sea lamentado al final.
El caso es que sigo el esquema marcado y no me meto con los liberales en su generalidad, ni con Red Liberal (pero sí con su promotor que cobija estas cosas), ni con los Sabios de Sión en un enorme muñeco de paja porque me cansan los muñecos de paja. Cansa mucho ir apartándolos para mostrarte, y que cuando ya te han visto la cara te peguen un muñecazo en ella con otro manojo no es buena señal.
Hay un tercer hilo a todo esto. Hace un tiempo divagué (como de costumbre) en un texto pretendidamente gracioso acerca del anarcocapitalismo. Bajo un modo deliberadamente grotesco existe una crítica que me temo se ve justificada. Pero poco a poco, que es denso. Y al final verás cómo el título de la entrada es perfectamente válido y triste, porque precisamente lo que nos vendría muy bien en España es una corriente liberal y progresista radical, a lo Emma Bonino y visto lo visto con estos liberales no podemos ir más que a misa, a una izada de bandera y a una nueva actividad: levantar sacos de cemento en obras (salvo contadas y honrosas excepciones con los que me iría al bar).
Parece que nunca sabemos todo lo necesario. De un día para otro te encuentras con que para hablar de política en la Red tienes que tener un diccionario al lado. Sin ir más lejos, os presento a lo nuevo: el agorismo. Y ahora os lo traduzco: la economía sumergida hasta el retorno al medioevo. El agorismo es una secta (o rama, decide tú el término al fin) del anarcocapitalismo que propugna establecer el anarquismo de mercado aquí, ahora. No presenta esa sociedad utópica como tal, sino como alcanzable en una especie de Revolución Antisistema Mundial o algo así. No razonan, pero sí gritan, que todo tipo de impuesto es un robo, que toda ley es una imposición y que toda autoridad es dictatorial. Son, pues, opuestos a la Democracia, y lo reconocen sin rubor llamando ciegos y vendedores de su conciencia a los que sí creemos en la Democracia Humanista (o liberal que la llaman algunos). Sin embargo, en un estilo reconocible, intentan acabar con el Sistema usándolo desde dentro (aunque como niños terminan enzarzándose en el diseño del logo del partido) sin ni siquiera darse cuenta de que, al tomar posesión de sus cargos, deben mentir en sus juramentos o promesas. Vamos, que dejan escrito de antemano que no son de fiar.
Se traducen en el intento de elevar a norma la economía sumergida, que está muy bien en el caso de un albañil chapuzas (aquí debería ir un enlace, lo he perdido pero existir existe) pero no sé cómo funcionaría en el caso de becas de investigación. Eso sin contar que ese mismo albañil que ni hace factura ni cobra IVA seguro es el primero que se queja de lo mal que va la educación, la sanidad, el transporte. Eso es justo lo que él consigue.
Eso es justo lo que consigue, de facto, el agorismo aplicado: contratos esclavistas propiciados por situaciones de necesidad y gente sin escrúpulos (ambos grupos con sobrados miembros), sanidad privada (o sea, para el que pueda pagársela), educación privada y heterogénea (para que un asalariado jeque saudí pueda mandar a sus niños al cole de Marbella a aprender cómo fabricar bombas y odiar ateos, mientras los analfabetos padres crían analfabetos hijos en una Castilla bajo la bota de los banqueros españoles, famosos por sus métodos en todo el mundo en ese escenario de política ficción que son las ciudades-estado-agoristas-chupiguays).
Las cosas pueden ser mejores. Cuando hablo con liberales de Estado mínimo (esto es, Defensa y Justicia) de cómo voy a financiarme un sistema médico si apenas lego a fin de mes me dicen que con lo que no se llevara Hacienda ya me daría. Y me río para mis adentros pensando en que en el mecado negro agorista no hay devolución. El albañil tendrá que pagarse la seguridad, la sanidad y la educación por lo mismico que gana ahora porque, al no facturar, Hacienda no le iba a devolver una mierda. Ante eso, convencidos me dicen que aparecerían asociaciones privadas financiadas por voluntarios que tratarían de garantizar esos servicios. Tamaño deseo de ver el bright side of life merece toda una palmada en el hombro mientras, sonriendo, se niega con la cabeza y se piensa en por qué será entonces que Emilio Botín no preside la FPVD (Familias Pudientes por la Vivienda Digna), que ni existe.
Pero las cosas no son mejores. Son peores. Decía antes que estos agoristas son una secta del anarcocapitalismo, facción del liberalismo (sección del Frente de Liberación Judáico), y no lo decía a la ligera. Tienen sus Diez Mandamientos, resumidos en dos axiomas: la propiedad privada y la ética de la no agresión. El primero es simple: el ser humano tiene derecho sobre sus posesiones, lo que incluye (verás que divertido) el propio cuerpo. El segundo lo es más: Toda acción humana es libre mientras no agreda a otra persona o sus posesiones privadas. Incluso tienen apóstol, mesías o ángel divino que bajó del cielo y que, como la mayoría de charlatanes vendedores de crecepelos y fórmulas que lo curan todo, no aguantan ni el más mínimo análisis. Créeme, he estado en una secta y la base psicológica tiende a ser la misma: toda pregunta tiene una respuesta teórica tan alejada de la realidad que el iniciado la sigue por no dar un paso atrás y ver que todo es una nube, mientras se confía en el fin aunque se vayan saltando barreras éticas en los medios.
Es sorprendente ver la velocidad a la que trabaja la mente humana. Con dos premisas así de chiquititas se ha coinstruído un castillo formidable, en cuyas puntas, lejos de los ojos de la gente, se debate sobre si la venta de órganos debería estar o no prohibida o si la esclavitud voluntaria (toma oxímoron) puede existir y venir a salvar nuestras conciencias de la explotación a la que sometemos a los negritos en los invernaderos del Sureste bajo un nuevo prisma de «eh, nadie les apuntó con una pistola a la cabeza». Se debate clínicamente sobre si yo tengo posesión legal de mi brazo o si soy mi brazo. A eso hemos llegado.
Dicen basarse en Leyes Naturales Universales, escogiendo dos ideas en las que fundamentar todo su espectáculo, y cuando se dan cuenta de que sus conclusiones son precisamente lo que nuestra cultura (parte de la evolución social que dicen dio lugar a esa Ley Natural) ha dejado atrás por ética y moral (venta de seres humanos, enteros o en parte, por ejemplo) en vez de volver atrás como cualquier científico al que le vuela la manzana en lugar de caer se empecinan en que, entonces, lo que está mal es la Realidad.
Y ante eso, toca Agora!! Acción!! Anarquía!!, que no es más que aplicar eso que lleva a las deudas con los ricos para costearse servicios mínimos y humanos pagados mediante trabajos desregulados y, por tanto, al albur del que puso la pasta (feudalismo lo llamamos los demás).
Pero es que encima de querer llevarnos de la mano a descontar siglos, pretenden hacerlo robándomos y diciéndonos que están «ocupando» o «colonizando» propiedades ajenas. Te lo explico muy fácilmente. ¿Recuerdas al albañil que de vez en cuando se lleva sacos de cemento de una obra, sacos que el jodido comprador de la casa paga (porque ya están incluídos en el márgen del inmobiliario) o que el Ayuntamiento tiene que suplir si quiere terminar la Casa de la Cultura? ¿Al punki (y perdón los que conozco, son mejores que éste) que rompe farolas al grito de muerte al sistema como cualquier amigo de Paquirrín? Pues ahora son amigos de los libegales de Losantos y de los peones negros (sigue el enlace, tiene premio), tócate el pito Manolo. Y éstos son amigos de aquéllos, tócate el pito José.
Que no, que no me invento nada, que estos emergentes del anarcocapitalismo patrio se han olvidado de medio mandamiento. Se lo hago notar a su más alegre exponente y el chaval, que afirma ser un hacha hasta el punto de aburrirse en preescolar pero sigue pez en ortografía y le molesta que se lo digan, pues eso, que dice:
De momento preguntate una cosa: Si te robo la cartera, ¿esta se convierte en mi propiedad desde ese momento? No es para que respondas, solo para que pienses en ello.
Se llama ocupar o colonizar, y ese y no otro es el origen de la propiedad.
Stewie Griffin, no piensa escolarizar a sus hijos
Y a la vista de la siguiente respuesta parece que el chico encima quiere argumentar el que si me roba la cartera pasa a ser suya (escondiéndose como siempre en el cobarde «yo no he dicho eso que citas textualmente» sazonado con el no menos conocido y autoevidente «sólo hablo por mí mismo» que lo es porque no creo que casi nadie dejara que dijeras según qué cosas en su nombre), o que el robar algo de todos no es éticamente reprobable porque no hay un «todos» y por tanto nadie es dueño (algo tan endeble se cae sólo con soplarle) o que, ciñéndonos al tema desde el que surgió la discusión, todo lo que tenga Izquierda Unida no es suyo, sino que es mío y lo rompo cuando quiero. Y lo va a hacer, me barrunto, usando argumentos de cuando las cosas no tenían dueño y el primero que las viera se las quedaba (es decir, pasándose por el arco de triunfo toda la Historia humana social que se supone ha moldeado sus dos principios), y olvidará (seguro) que en nombre de una inmensa mayoría de ciudadanos, las posesiones del Estado son de todos (propiedad privada distribuída, llámalo así si quieres, y que cuenta con una agencia de seguridad en estado de monopolio, llámalo también así si quieres pero no lo olvides) y que eso impide incluso con las restricciones éticas de su manca ideología (esa de dos ideas y a divagar) que cualquier trepa se haga una terraza privada en primera linea de playa porque «tonto el último» (echo de menos ese enlace perdido…). Piensa que vives en tu modelo chupiguay, pero la mayoría ha decidido esto y su agencia de seguridad, con la Historia, ha llegado a ser dominante. Podría haber sido peor (mira Cuba). Así, cuando robes y te acusen, culpa al mercado que no es capaz de terminar con una sola agencia de seguridad (aka ejército y FCSdE) que se reclama única legítima (apuesto a que en la Edad Media del siglo XXII (Edad de Oro del siglo II post Rothbard el visionario) hay tres de éstas en guerra en las calles de Madrid). Chico, te queda la opción evidente tanto en tu cosa como en la Realidad: emigra en busca de tierra virgen.
Pero mejor lo dejo, que comentar según que cosas como que está bien para mantener la mente despierta, pero en serio no se puede tomar.
Nada, chicos de Red Liberal, vosotros a lo vuestro, que aquí no pasa nada. Un miembro defiende la «ocupación» de la propiedad privada de otros: yo de vosotros cambiaba la contraseña de vuestro blog. Recuerdos al amigo Daniel Rodriguez Herrera. Que no, que no es vuestra culpa tener a semejante semejante en vuestras filas, que vuestra única culpa es… soportarlo precisamente por el apaciguamiento (huy lo que he dicho) con el que tratáis todo lo que le atice a la Izquierda, aunque sea con caca culo pedo y pis. Cuando queráis vamos lanzando los botes salvavidas.
25.09.07
…o cómo ser coherente y dejar de hacerse pajas mentales que nadie puede tomar en serio…
…o cómo terminar de una vez la guerra en Red Liberal.
En política, lo que siempre se ha llevado es tener adversarios delante y enemigos al lado. Stalin y Trotsky, González y Guerra, Aguirre y Gallardón… Las parejas son interminables. Imagínese usted si habláramos de grupos. En la izquierda sabemos mucho de eso. En Red Progresista tenemos comunistas, socialistas, militantes de IU, pragmatistas (o realistas que tienen presente la ley de la gravedad), y más gente que sinceramente nunca enlazaría… Vaya, que tenemos más familias que las listas del exilio hebreo en Babilonia. Siempre nos ha gustado hacernos sangre. En mi opinión, porque el término «izquierda» es tan amplio que, considerándome de tal cuerda, comparto etiqueta con gente con la que casi nada tengo en común. Incluso me atrevería a decir que la izquierda como etiqueta no es sino un sentimiento sin identificar, como un diamante sin pulir, como una ley oral que se resiste a ser escrita. En una palabra: muchos son (o somos) de izquierdas porque pensamos que ser de izquierdas significa algo que nos aplicamos, pero no tiene por qué coincidir con lo que otro crea que es ser de izquierdas.
Una vez que se admite esto, es muy divertido ver cómo en la casa de enfrente se tiran (con mucha educación, o amenazando con un par de guantás, que de todo hay) los trastos a la cabeza sus corrientes internas. Algo por otra parte previsible cuando juntas a quien defiende el secuestro judicial de una revista por injurias a la corona con quien piensa que el Estado es un enemigo que debe desaparecer, y con quien defiende la Nación como concepto que dota de contenido un Estado que no debe desaparecer, y con quien dice que España se la suda, y con quien quiere (y a mi juicio, con perspectiva temporal, se queda corto) ser radical… y así hasta el infinito. Uno se da cuenta de que el término «liberal» sirve en la Red española para englobar a todo el pensamiento anti-izquierdista, y uno comprueba que incluso los que no son rematadamente anti-izquierdistas en ese sitio se complacen de tener compañeros que sí lo son. Ya dije en una ocasión que lo que más me choca de la liberalidad en Red de este país, presunta adalid de la libre competencia y la iniciativa privada, es que su Red estrella se basa en un cabeza que administra la web y elije quién está sindicado y quién no. No hay innovación, no hay inversión humana (material creo que por ahora sí, pero vaya, me importa poco) en desarrollar nuevos proyectos que den a conocer su ideología. Por una Red que se llama liberal hay al menos tres o cuatro significativas de izquierdas. Y también me choca que no haya una red liberal de izquierdas… Será cuestión de ponerse, aunque debo espaciar más mis nuevos proyectos…
Ya en situación, en Red Liberal tiene lugar una guerra soterrada que se atisba por las escaramuzas que nos dejan ver. Uno entrevé que en algún lugar alejado (véase lista de correo o similar) deben darse las batallas que no vemos. Y pueden diferenciarse los bandos de la guerra con una simple regla: están los liberales partidarios de un Estado mínimo, y los anarcoliberales (o anarcoqué en despectivo) que quieren desmantelarlo. Me siento ideológicamente mucho más cercano a los primeros (de los que me diferencia sobre todo y en la mayoría de los casos el hecho de que yo no baso mis principios en «leyes naturales» autoevidentes, por escéptico que es uno), por lo que les brindo mi inmensa inteligencia para dotarlos de un argumentario contra sus camaradas. No sean muy duros con ellos. No son más que la traducción equivocada a la política de los geeks que gustamos de la Ciencia Ficción literaria.
La propuesta es bien sencilla: pedirles a todos sus anarcoliberales vecinos que hagan el j**ido favor de ser coherentes con sus palabras. Veamos algunos ejemplos.
Un anarcoliberal no puede tener nada en pertenencia en España. No, no es una contradicción. Un anarcoliberal sabe que algo es suyo, no necesita de papeles estatales para corroborarlo. Esto le genera problemas, claro está, pero sus principios en defensa de la libertad son inamovibles. Un anarcoliberal, razonando fácilmente, no puede comprar nada en España. Así, tiene el problema de la posesión resuelto: puede decir que todo lo suyo es suyo, porque de hecho nada lo es. Y un anarcoliberal no puede comprar nada en España… porque todo lo que se vende en este país viene gravado con un impuesto estatal. Bueno, no puede comprar casi nada. Un anarcoliberal nunca colaboraría al robo estatal voluntariamente (afortunadamente, es un héroe de la libertad y puede elegir morir dignamente de hambre), por lo que puede robar o estraperlar. Lo primero es contrario a su concepto de propiedad privada, luego es inviable (antes muerto que contra mis principios, dijo un anarcoliberal en los huesos al lado de un campo de melones). Lo segundo es interesante. ¿Puede vivir alguien a base de hachís y oro falso? ¿Hay un mercado negro oculto que no conozco de bienes de primera necesidad y yo sigo pagando IVA? ¿Venden besugos o tomates en la esquina oscura de las afueras de tu pueblo?
Si usted conoce a un anarcoliberal que compra en El Corte Inglés, en el Carrefour o en el Día, ya puede usted gritarle que es un incoherente a la cara.
Un anarcoliberal no puede firmar un contrato de trabajo tal y como éstos existen en España. Un anarcoliberal debe pactar con su patrón su salario y las prestaciones de su trabajo (seguro médico, vacaciones…) en libertad, y no restringido por una legislación arbitraria. No quiero decir con ello que deba aceptar cualquier trabajo malpagado sin contrato de los que abundan en España, esos los ocupan los currelas de izquierdas y él seguro que, tan leído y versado en filosofía natural como para justificar su sistema en base al mito del buen salvaje, puede aspirar a algo más. El problema no va a venir de qué trabajo tenga que aceptar, sino de qué trabajo le van a ofrecer. Ya lo adelanto yo: ninguno. ¿Cómo? Vaya un salto mortal, parece ser… No. Un anarcoliberal no dispone de conexión eléctrica ni acuática en su casa (caso de tener una por lo explicado antes) porque contratando esos servicios a una empresa que pueda dárselos en España tiene que pagar impuestos derivados. Él quiere una empresa de luz o de agua que no le meta en la factura ni el IVA ni el impuesto de basuras. Pero desgraciadamente no la encuentra. Así que ya me dirán ustedes en qué empresa van a contratar a semejante ser sin duchar y que lleva sin comer caliente meses, años, la vida entera.
Si usted conoce a alguien que se llena la boca en la Red hablando de coacciones estatales y de acuerdos voluntarios entre cabaleros mientras tiene un puesto de funcionario o un contrato con cualquier empresa, o siquiera se ha declarado legalmente autónomo, grítele en la cara que es un incoherente.
Previsiblemente, usted no podrá discutir con un anarcoliberal en la Red, porque todo lo necesario, desde el ordenador hasta el servicio de ADSL, pasando por la electricidad, paga impuestos. Él, en todo caso, usa mensajes en botellas. Botellas que encuentra por ahí, atiborradas de miles y miles de hojas de anotaciones de IKEA, rellenas a lápiz (también de IKEA) mostrando las bondades del anarcocapitalismo. ¡Qué gran empresa, IKEA, que les proporciona lápiz y papel de manera gratuíta y, por tanto, no gravada por impuestos! Usted seguramente no ha notado que su ciudad está llena de esas botellas. Sea más observador. Quién sabe si no encontrará un nuevo Hayek que publica sus disquisiciones economico-politicas en formato patrocinado por los suecos del móntese usted su cocina.
Si conoce algún internauta haciéndose pasar por anarcoliberal, grítele en su sitio que es un incoherente y mándelo a rellenar hojas de IKEA.
Si un anarcoliberal tiene la suerte de que alguien (papás, novia, yo qué sé, el mundo es grande…) le compran un coche (él no preguntará cómo o dónde o si ha pagado impuestos, eso es entrometerse en su privacidad y pasando hambre como está tampoco tiene que sufrir por la quiebra de sus principios por parte de otros), por supuesto no contratará un seguro de coche. No porque no esté de acuerdo con la necesidad racional de tener un colchón que cubra daños que puedas causar a terceros sino poque su reacción a la represión estatal es actuar contra lo que el Estado imponga. No en vano a los impuestos para redistribuir riqueza los llama «robos», no porque él no sea solidario, sino porquen los impuestos son obligatorios. Su reacción es decir con la boca pequeña que deberían hacer huelga fiscal.
Si usted conoce un anarcoliberal, después de gritarle que es un incoherente a la cara por hacer la declaración de la renta, grítele a la cara que es un incoherente por contratar el seguro de coche obligatorio.
Un auténtico anarcoliberal debe ser coherente o aceptar lo difícil que es lo que propone si no está dispuesto a asumirlo en persona hasta sus últimas consecuencias. En los sitios de derechas se suele tachar a los pacifistas como yo (esto es, pacifista por principios) de ingenuos y nos invitan a irnos a vivir a lugares en conflicto para probar nuestro pacifismo. Los anarcoliberales están en el lugar adecuado para plantear esa misma resistencia que nos invitan a padecer. En vez de tener que ir a Palestina, ellos simplemente tienen que dejar de aceptar tratos comerciales en donde el Estado intervenga, tratos sociales en donde el Estado intervenga o tratos de cualquier tipo en los que el Estado intervenga.
Si una tía segunda fallece (lo lamento), un anarcoliberal sabe qué es lo que le corresponde en herencia según sus deseos. Pero no piensa pagar el impuesto de sucesiones. Cuando vaya a su flamante nueva casa en la costa y vea que legalmente (esto es, estatalmente) está okupada por terceras personas, puede usar su fuerza física para echarlos. Están en su legítima propiedad, después de todo.
Si conduciendo el coche de dudoso origen huyendo de la represión estatal en forma de sirena de policía de stablishment partitocrácico por haber dado una legítima paliza al par de alemanes sexagenarios que habían robado la casa de su querida tía Mary, o Mandy, qué más da, tiene un golpe y, al no tener seguro, el otro conductor le denuncia y vienen los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y le llevan a un tribunal estatal para juzgarle según leyes estatales… y encima le condenan en una cárcel estatal… siempre puede apelar al Tribunal de los Derechos Humanos y decirles que oigan, que tengo derecho a mi propiedad y el Estado no es quién para imponerme ni impuestos, ni normativas de seguridad, ni modelos de contratos que exigen limpieza… a no, eso quien lo exije es el empresario.
Seños anarcoliberal, sea usted coherente, baje usted de su mundo ideal de nubes no-olor y ponga los pies en el suelo. No pretenda que no nos damos cuenta que mientras predica sobre los acuerdos voluntarios entre caballeros usted hace la declaración de la renta como cualquier estatista. No nos dé a entender que miente cuando defiende con tanta vehemencia las consecuencias peculiares de su divagación pseudo-teológica de la libertad pero no es capaz de asumir las consecuencias cercanas y evidentes (algunas de ellas expuestas arriba).
Señor anarcoliberal, o es usted un mentiroso o un incoherente. Sea valiente. Demuéstrele usted al mundo que ya va siendo hora de que en La Haya prohiban los Estados porque son contrarios a mi derecho natural a la libertad, así, en abstracto.
O algo así.
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