El Destino del Iscariote

Lookin' for someone to betray...

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28.04.08

Ezker Batua-Berdeak en Arrasate-Mondragón

…o el fracaso del asamblearismo

Hace ya más de un mes decía en relación al Tibet y a China que cuando dos malotes pelean y sólo uno lleva navaja no se puede apelar ni a la justicia ni a la indiferencia. Nadie duda que el pensamiento lamaísta es retrógrado y medieval, pero los que les disparan no son mejores ni tienen mayor legimidad. En esa tesitura, lo primero es lo primero y eso es y siempre será la vida humana.

Aunque parezca mentira, creo que la actuación de Ezker Batua-Berdeak, marca de IU en Arrasate, es discutible. No sólo censurable y criticable, sino discutible. De nada sirven los golpes en el pecho ni cubrirse de cenizas si los criticados ni siquiera saben en base a qué lo son. Y en este país en el que es más fácil el insulto que la pedagogía, va siendo hora de poner cordura y palabras donde antes había gritos y miradas por encima dle hombro.

Para quien no tenga miedo a leer (y recomiendo vivamente hacerlo), en la Red se puede encontrar sin mucho buscar el discurso de dicha formación, aprobado en su asamblea legítima y siguiendo los cauces democráticos que exigen sus estatutos. Éste es, por tanto, un problema de contenido, pero también de formas de llegar a él.

En el discurso se dicen algunas verdades como puños, como que de nada sirve presentar una moción de censura si no hay una propuesta viable de gobierno municipal, pues a lo que se aboca al Ayuntamiento es a la inacción por manos atadas. Como que EBB se presentó a las elecciones que les proporcionaron sus concejales con un programa concreto, y que no consideran normal apartarlo a un lado sin más garantía de que se tendrá en cuenta que el silencio de los que pueden llegar a gobernar por allí. Como que la crítica a la barbarie etarra terrorista no puede servir de cortina de humo para no hacer política real, cercana, municipal. Como que, en suma, no se puede apelar a un «conmigo o contra mí», trampa que sí pueden usar los asesinos puesto que en su enferma mente todo lo lateral es un escollo hacia su meta.

Tienen razón. Uno no se mete a político en IU, y menos en el País Vasco, para acabar de coro del PSE o del PPE. Uno tiene sus ideas, su programa y su forma de entender la política local, y se le está pidiendo que renuncie a todo para dejarle en bandeja a los «grandes» la decisión de qué hacer en tu casa. Pero tambièn se equivocan.

Se equivocan por lo mismo que decía sobre China y el Tibet: cuando dos malotes pelean y sólo uno lleva navaja… Y en este caso no es el Estado (encarnado a ojos de algunos como el malote PPSOE) el que lleva la navaja. Ni las seguras torturas que sufren algunos detenidos acusados de terrorismo equivalen al cuchillo que portan los etarras, por la sencilla razón de que ETA sí tiene por fin asesinar, mientras la Guardia Civil no tiene por fin torturar. Es la diferencia entre un error deleznable, denunciable y juzgable y el hijoputismo.

Hay momentos en que hay que ir un paso más abajo en la escalera descendente de la política. Está muy bien tener un programa y unas ideas claras de qué quieres hacer (y en la derecha les hace falta algo así como agua de Mayo), pero para poder desarrollar esas ideas y esos programas hace falta democracia y posibilidades de expresarse. Por tanto, la primera y primordial labor política de un cargo electo no es desarrollar el propio programa, sino permitir que todo el que quiera pueda tener uno propio siempre que respete las reglas. Antes de lamentarte porque tu programa se va a la basura, laméntate porque a otros, por tenerlo, los asesinan. Hace falta mucho coraje para admitir que una sola vida humana vale más que todo mi programa político, y eso es lo que se le demanda a EBB en Arrasate-Mondragón.

Sin embargo, todo tiene siempre más miga. Ahora dice Llamazares que los van a expulsar y tal y pascual, y que van a modificar los estatutos para impedir estas cosas. Estas cosas, querido Llamazares, no se pueden impedir. Las formas de EBB en Arrasate-Mondragón han sido impecables: la asamblea de afiliados decidió, y la cúpula obedeció. El problema es la asamblea. Rectifico: el problema es la gente que forma esa asamblea. No porque sean malas personas, ni siquiera se me ocurriría insinuar ninguna clase de amiguismo con el terror, sino por lo dicho arriba: han equivocado sus prioridades.

Cuando una cantidad suficiente de personas se reunen y legitiman sus actuaciones en mayorías (vamos, cuando se practica el asamblearismo sin etiquetas) las cosas pueden salir regularmente bien o desastrosamente mal. Si encima esa asamblea es independiente a la hora de admitir miembros, más. Si además pertenece a una organización-madre que permite asambleas en cada demarcación territorial, ni lo cuento. Es el problema a nivel nacional de IU y demás izquierda despistada, que en Madrid son rojos por la pata abajo (nostálgicos de la Segunda…) mientras en Euskadi son abertzales y en Catalunya maulets. Yo, ingenuo, creí en el internacionalismo de la Izquierda (que con la globalización tiene una oportunidad de oro, pero preferimos demonizarla porque nos pone tener un enemigo invisible). No soy de los forofos de la lucha de clases, pero quien dice serlo debería empezar a explicar qué diferencia a un fontanero vasco de otro murciano, y justificar entonces sus políticas locales.

El problema de las asambleas, como esta de Arrasate-Mondragón, no es que puedan votar algo políticamente incorrecto o que no se deba decir en un momento. El problema es que entre todos los que forman esa asamblea nadie ha tenido los dos dedos de frente de poner por encima de su programa político la dignidad de dejar de estar gobernados por quienes miran a otro lado cuando disparan a un conciudadano. Se puede llegar a esperpentos (y viene a huevo el caso cubano: una asamblea, un Partido, un líder, unas normas irreconocibles para cualquier izquierdista que haya salido más allá del portal de su casa). El problema de las asambleas es el mismo que el de la democracia: todos tienen derecho a voto, nadie tiene obligación de pensarlo. El problema de las asambleas es el mismo que enfrenta hoy en día la eclosión liberal: hay ideología, pero no principios que la sustenten, o sí hay principios pero se dan de leches con la realidad de la gente que quieren convencer (en Ciencia, cuando eso ocurre, se varían las hipótesis, pero si hablamos ya de irracionalismo…). El problema, en suma, es que somos humanos y preferimos defendernos, gritar, patalear y expulsar antes de discutir con amabilidad pero contundencia.

El problema final, el resúmen del problema, es que hay mucho político, concejal, dirigente y opinador que nunca se ha parado a pensar qué dice, cómo lo dice y cómo piensa justificarlo. Que ante una cuestión reacciona no de acuerdo a sus supuestos principios, sino siguiendo la estela histórica de qué hizo mi grupo en momentos similares, o qué puedo sacar, o qué consecuencias habrá para mí, o qué me hace senitir bien. No hay un constructo ideológico que sale de unos principios y termina en una acción política acorde, sino una meta (el socialismo, el independentismo, la unidad de destino en lo universal) y una serie de palabrejas (libertad, igualdad, justicia) que se usan para maquillar la falta de valores reales. Ante un problema concreto, casi nadie se plantea sentarse y pensar en cómo encajar esa aituación en mi marco ideológico antes de decir esta boca es mía.

Las personas son complejas. Irracionales la mayoría dle tiempo, incluso cuando pensamos que no lo somos. Siempre creeemos tener razón (evidentemente). A las asambleas les pasa tres cuartos de lo mismo, aliñado con lo difícil que es enfrentar dialécticamente algo aprobado democráticamente. Por suerte, los que sí hemos hecho ese trabajo de asentar unos principios bajo nuestros gritos y pullas sí tenemos una respuesta digna, diría que irreprochable, a ese alarde democrático: la democracia no es nada si no es humanista.

La decisión de la asamblea de Arrasate-Mondragón es plenamente democrática. Pero es papel mojado porque no es ni un pelo de humanista. Así, pueden meterse sus votaciones en la urna que deseen, que sigue sin ser legítimo ayudar a mantener como alcaldesa a quien no condena el asesinato de Isaías Carrasco, siquiera con la inacción o la abstención.

Lo demás son capas y capas de autojustificación que tratan de ocultar la falta de principios básicos.

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