El Destino del Iscariote

It's better a Kiss of Death than nothing...

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27.08.07

Deus ex Machina

-Fíjate en ti -dijo finalmente-. No lo digo con espíritu de desprecio, pero fíjate bien. Estás hecho de un material blando y flojo, sin resistencia, dependiendo para la energía de la oxidación ineficiente del material orgánico… como esto -añadió señalando con un gesto de reprobación los restos del bocadillo de Donovan-. Pasáis periódicamente a un estado de coma, y la menor variación de temperatura, presión atmosférica, la humedad o la intensidad de radiación afecta vuestra eficiencia. Sois “alterables”. Yo, por el contrario, soy un producto acabado. Absorbo energía eléctrica directamente y la utilizo con casi un ciento por ciento de eficiencia. Estoy compuesto de fuerte metal, estoy consciente constantemente y puedo soportar fácilmente los más extremados cambios ambientales. Estos son hechos que, partiendo de la irrefutable proposición de que ningún ser puede crear un ser más perfecto que él, reduce vuestra tonta teoría a la nada.Las maldiciones murmuradas en voz baja por Donovan brotaron inteligibles al levantarse frunciendo sus rojas cejas.-¡Muy bien, hijo de unos desperdicios de metal! Si no te hicimos nosotros, ¿quién te hizo?-Muy bien, Donovan -asintió Cutie gravemente-. Esta era, desde luego, la cuestión siguiente. Evidentemente, mi creador tiene que ser más poderoso que yo y, por lo tanto, sólo cabía una hipótesis.Los dos hombres de la Tierra le miraban sin expresión y Cutie prosiguió:-¿Cuál es el centro de las actividades aquí en la Estación? ¿Al servicio de quién estamos todos? ¿Qué absorve toda nuestra atención?Esperó, a la expectativa. Donovan miró asombrado a su compañero.

-Apostaría a que este amasijo de tornillos está hablando del mismo Transformador de Energía.

-¿Es así, Cutie? -preguntó Powell.

-Estoy hablando del Señor -fue la fría respuesta que siguió.

Aquello fue la señal del estallido de risas de Donovan y el mismo Powell se permitió esbozar una sonrisa. Cutie se puso de pie y sus ojos brillantes se fijaron en uno y después en el otro.

-Da lo mismo lo que penséis y no me extraña que os neguéis a creerlo. Vosotros no tenéis que estar mucho tiempo aquí, estoy seguro de ello. Powell mismo ha dicho que al principio sólo los hombres servían al Señor; que después vinieron los robots para el trabajo rutinario; y finalmente yo, para dirigir. Los hechos son sin duda verdaderos, pero la explicación es completamente ilógica. ¿Queréis saber la verdad que hay detrás de todo esto?

-Sigue, Cutie, me diviertes.

-El Señor creó al principio el tipo más bajo, los humanos, formados más fácilmente. Poco a poco fue reemplazándolos por robots, el siguiente paso, y finalmente me creó a mí, para ocupar el sitio de los últimos humanos. A partir de ahora sirvo al Señor.

Isaac Asimov, Yo Robot.

21.08.07

El futuro siempre tiene mala pinta

Una de las cosas que más me llama la atención al leer un buen libro de Ciencia Ficción es el marco político en el que se desarrolla.

Atención: post plagadito de spoilers. Si no eres aficionado a la Ciencia Ficción, te parecerá aburrido. Si lo eres, y has leído los textos que cito, tal vez te encante o lo odies. Si no has leído esos libros y planeas hacerlo, joder, date prisa, que no me sobran lectores.

Isaac Asimov en el genio del género. Si dios existiera, su apellido debería ser Asimov, y su nombre, Isaac. Asimov, en sus textos, nos muestra situaciones a veces increíbles, pero siempre intenta rozar (y lo consigue) algo de la psicología humana para integrar sus historias en un marco coherente.

Uno de los libros de Asimov que más me gusta, y que releo cada X tiempo, es El Fin de la Eternidad. En él, se nos cuenta la historia de un ejecutor, un hombre que vive en el hipertiempo y cuyo trabajo consiste nada más y nada menos que en viajar por el tiempo y realizar micro-cambios en determinados momentos específicos (calculados por los programadores) para conseguir un efecto en el futuro relativo que aumente la cantidad de felicidad absoluta de la Humanidad. Un argumento poco rebuscado y sencillito.

El caso es que el libro no nos cuenta cómo se organizan políticamente las sociedades en los siglos en que la Eternidad (nombre de la organización que vela por esa suma de felicidad humana) actúa. Pero sí nos cuenta cómo se organiza jerárquicamente esa Eternidad. Existe un Gran Consejo Pantemporal, formado por personas eminentes extraídas de sus siglos y que tienen sobrada experiencia en programación de micro-cambios, y en estudios de impacto de éstos. Forman una especie de oligarquía, pero por supuesto no existe la democracia.

Siguiendo con Asimov, el ejemplo más claro de su nula confianza en el género humano lo tenemos en su obra cumbre, Fundación, secuelas y precuelas incluídas. En Fundación, la Galaxia está gobernada por un Emperador (en principio, parece que elegido de forma democrática o similar pero en el fondo se trata de un despotismo que casi ni es ilustrado). El Emperador es un clasista con graves pataletas de divinidad. Cleón, el Emperador asesinado por su jardinero (toma spoiler del bueno), parece un semi-dios que hace y deshace a su antojo, sin que nadie le pueda toser, y con bastantes caprichos dignos de un Rey Sol.

Decía que Asimov muestra en esta saga su escasa confianza en el género humano, y esta forma de gobierno galáctico no es la única señal al respecto. Por ejemplo, el cometido de la Fundación es impedir milenios de barbarie tras la caída del Imperio Galáctico, acelerando su reconstrucción y fijándola a mil años vista. Así, Asimov dice entre líneas que la sociedad humana no puede autogestionarse y autoregularse, que necesita de una directriz marcada por los sabios, los enciclopedistas transformados en mercaderes de Términus. Con la inestimable ayuda de los mentalistas de la Segunda Fundación. El trasfondo es evidente: la humanidad necesita de alguien, unos nobles o mejores, que le muestre cómo desenvolverse y cómo organizarse.

Esta apreciación me provoca sentimientos enfrentados.

Asimov, por seguir con su ejemplo, termina novelando el fin de la Humanidad tal y como la conocemos. El fin último que se entiende en la saga de Fundación es que la Humanidad, para ser completa, debe dejar de ser humana. La elección entre otro Imperio Galáctico y la Galaxia-Mente no es trivial. Asimov, a mi juicio, nos dice que él cree que la Humanidad nunca podrá comportarse de modo ético en su conjunto hasta que deje de ser Humanidad y se integre en algo mayor, algo que obligue a la solidaridad. No, algo que sea o solidaridad o desaparición.

Es bastante inquietante, la verdad.

Pero no es el único autor que presenta un escenario similar. Arthur C. Clarke, en su serie sobre Rama (una historia con protagonista femenina) nos presenta a una sociedad de bichos (octoarañas en la traducción que yo he leído) con unas reglas sociales curiosas. En la sociedad de las octoarañas, toda la comunidad debe participar en la producción para participar en los bienes producidos. Tampoco se trata de una imposición, ya que los individuos que no aceptan el contrato social pueden autoexiliarse a una zona que la comunidad dispone para que puedan vivir sin problemas, eso sí, buscando sus propios recursos. No es un destierro, sino un exilio voluntario.

En la sociedad octoarácnida de Rama no existen cargos políticos reales. cada uno hace lo que tiene que hacer. El sentido de solidaridad y de grupo está por encima de la conciencia de individuo hasta tal punto que los individuos que se saben improductivos, los que saben que consumen más de lo que producen y eso durante un tiempo prolongado, esos individuos, digo, asumen que su estancia en la sociedad es negativa para el conjunto, así que eligen entre exiliarse o morir. Sí, las octoarañas condenan a muerte a los miembros de su sociedad que no aportan nada. Es, pues, una sociedad de colmena.

También bastante inquietante.

Dan Simmons es otro autor recientemente descubierto por mí, y las sociedades que presenta son también provocativas. En su obra más alabada hasta la fecha (Hyperion y su saga) muestra hasta dos formas distintas en que se imagina la sociedad del futuro (lo que no quiere decir que comparta alguna de ellas, simplemente las muestra). En realidad, tres.

La primera de ellas es la que existe al iniciarse la trama. Los humanos han abandonado la Tierra, que no sólo es inhabitable por causa de la radiación residual de un mal experimento, sino que directamente nadie sabe dónde está, y los pocos que lo saben han descubierto que ha desaparecido de donde debería estar. Tras colonizar varios planetas en un sector de la galaxia, forman lo que se da en llamar Hegemonía del Hombre, una especie de confederación de mundos. No nos describe Simmons cómo se organizan los distintos planetas (parece que cada uno según los deseos de sus habitantes, habiendo desde planetas católicos hasta musulmanes, pasando por turísticos, contrabandistas y la capital, TC2). Tampoco nos dice Simmnon cómo es electa Meina Gladstone para su cargo de presidenta de la Hegemonía, pero parece que la democracia tampoco luce mucho en este autor. Meina tiene poderes cuasi plenos para hacer y deshacer a su antojo. Sumémosle una alta dosis de corrupción y de intrigas de poder (en este caso, el Tecno Núcleo formado por inteligencias artificiales sin apenas base física aprente sirve para hilar la trama). A nadie debe pedir permiso, por ejemplo, para acabar con todos los portales teleyectores, base de la economía y la sociedad de la Hegemonía. Aunque tuviera sus razones para hacerlo, una decisión así y las causas que la sustentan deberían ser de dominio público.

Por suerte, Meina no queda en los anales como una mala presidenta, ya que no sólo acierta en su acción, sino que acepta que los demás no la entiendan y muere a manos de la turba. Pero el caso es que tenía poderes cuasi totales. El hecho de que por fortuna no los usara para su propio beneficio egoísta es irrelevante: el sistema permite la corrupción.

Tras la caída de la Hegemonía, Simmons nos presenta la que, a mi juicio, es la forma de gobierno más inquietante de cuantas he encontrado en la Ciencia Ficción: la Teocracia. Una vez desaparece la federación de planetas que mantenía a Meina como presidenta, la Iglesia Católica, ayudada de las inteligencias del Tecno Núcleo, desarrolla un modelo gubernativo basado en la obediencia al Papa. Para llevarlo a cabo, cuentan con la colaboración de la última creación del Núcleo: un parásito cruciforme que tiene la capacidad de revivir el cuerpo de aquél que muera con él en el pecho. Además, el Nucleo ha desarrollado una técnica que no sólo revive el cuerpo, sino que le confiere los recuerdos de sus vidas anteriores. En la práctiva, la Iglesia promete la inmortalidad a cambio de la sumisión.

Claro, todo tiene trampa, y esa trampa no la voy a desvelar, pero ésta sí es una forma inquietante de ver la sociedad. De nuevo, Simmons, al igual que Asimov o Clarke, describe una sociedad idiota, sin valores, cuyo fin último es vivir para siempre sin importarle quién y cómo les gobierna.

Y de nuevo, Simmnos termina como terminó Asimov: la Humanidad debe ser algo más, algo diferente, para merecer la libertad de elegir su propio destino. Simmons nos habla del Vacío que Vincula, y cómo el Momento Compartido al morir Aenea despierta las mentes para permitir la evolución del ser humano hacia la plena consciencia del Universo, con todas sus formas de vida pasadas, presentes y futuras.

Esa parece ser la tónica en la Ciencia Ficción: la Humanidad progresa, se extiende, pero no evoluciona socialmente. No se implica en su propio gobierno, lo que la lleva irremediablemente a dependerde las acciones de personas individuales, cada una con sus propios interese, ideas, fobias y filias.
¿Es necesario ser realista hasta ese extremo, que casi llega al negativismo? Es decir, ¿está la sociedad preparada para ser libre? Y lo que es más importante, ¿quién decide qué es estar preparado? ¿Puede la sociedad equivocarse aunque eso cueste millones de vidas? ¿Es la democracia con su dictadura de la mayoría sobre la minoría el camino? Es más, ¿existe otro camino que no sea éticamente deleznable? ¿Cuándo deja una democracia de serlo, cuando no respeta a sus minorías o cuando una mayoría decide no respetar los Derechos Humanos?

¿Existe algún libro de Ciencia Ficción que conozcas que presente un modelo de sociedad viable y democrático? ¿Existe ese modelo fuera de la Ciencia Ficción?

¿Por qué me hago estas mismas preguntas todos los días y nunca sé qué responderme?

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