El Destino del Iscariote

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08.02.09

Grow up or die

Religulous oficialmente no sale a la venta en DVD hasta el próximo 17 de Febrero -ya hay algún torrent en The Pirate Bay-, y estoy convencido de que va a gozar de una fabulosa campaña de promoción a cargo de sus propios detractores. Sobre todo el alegato final, en donde Bill Maher se sobra (¿o no?) un poco, presentando una situación casi de no retorno y poniendo la guinda con la frase «Grow up or die». Muy militante, pero no le falta razón.

La cinta toca todos los palos. Como es normal, uno empieza cuestionando aquello que ha mamado. En el caso de Maher, el catolicismo salpilmentado por una madre judía, dando lugar a una historia llena de detalles (como por ejemplo que la planificación familiar provocara la salida de la Iglesia). Una visita al Vaticano nos proporciona una irreverente conversación con un descreído. Y es que parece que es más fácil conversar con los que dejan una religión que con los que la profesan. Lo mismo ocurre en Salt Lake City, donde dos ex-mormones denuncian la completa exclusión social y familiar que deben sufrir por no creer que los negros son -espiritualmente- inferiores.

Pero hay que predicar en el desierto. Desde una capilla en un aparcamiento para camioneros hasta el Museo Creacionista de Petersburg, Kentucky. Pasando por un par de iglesias del nuevo evangelismo (con tataranieto de Cristo incluido), una agencia que se encarga de reprimir impulsos homosexuales para mantenerse en la fe y el despacho de algún senador. La mayoría muestran un vergonzoso desconocimiento de los más mínimos rudimentos de su propia fe, y en el mejor de los casos una carencia de cultura general bastante acusada. Campo abonado para un activista del librepensamiento, que se ceba y nos regala momentos de escupir el café. Y aunque es un blanco fácil, su crítica a la irracionalidad de la Cienciología (y su comparación con las creencias estándar) es de fondo: bien, una vez superado el reto de los nacimientos virginales y las encarnaciones extraterrestres… ¿ahora qué? ¿Qué le queda por inventarse a la religión? Curioso que tenga que ser, precisamente, un científico católico el que ponga orden en este sindiós, aunque al ver los artículos para el sabbath hebreo se demuestra que la técnica puede producir tonterías también.

Por esa crítica feroz a las creencias heredadas pero bastante poco creíbles de la vieja Europa y su hija americana algunos tacharán este documental de ataque a la Iglesia y un insulto a sus creencias. Al fin y al cabo, les plantea una pregunta ante la que no tienes más respuesta que el muy repetido «no, no, no, no» -ilustrado por los tres monitos del diseño del DVD, esos del no veo, no oigo, no digo- y se desgañitarán diciendo que «eso a los musulmanes no se lo dice», uno no sabe si porque quieren poder declarar fatwas o qué. El caso es que, como siempre, pincharán en hueso. Uno de los entrevistados es Geert Wilders, parlamentario holandés y conocido por sus críticas al Islám. Además, la narración hace que compartan espacio una pareja homosexual y musulmana que mantiene un bar en Holanda y recuerda con pavor su país de origen, una visita -ya en la ciudad…- al creador del culto a la Marihuana, una entrevista a una musulmana en el lugar exacto del asesinato de Theo Van Gogh, una visita a un miembro de la Mezquita Talibán en Amsterdam… Bastante completo para hacerse una idea de la situación real en Europa.

Así, repito que esta cinta va camino de ganarse las críticas de todos. Los bienpensantes del mestizaje y el ecumenismo con la barbarie exótica la descalificarán por su presentación del problema de libertades que tenemos en Europa como una criminalización de una religión. Oigan, 50 asesinados por unas viñetas. Oigan, que las mujeres tienen rincones especiales. En Europa, siglo XXI. Se ha visto con el asunto del bus ateo, que aún siendo una pequeña tontería ha demostrado que existe una opción olvidada y que reclama su espacio. Reclamemos nuestro espacio y dejemos de cubrir tabús con capas de respeto. El largometraje es un llamamiento al activismo de los descreídos, de los librepensadores. Un poco catastrofista, pero para nada desencaminado en su petición.

Y divertido. No apto para mentes muy sensibles a que les menten a su dios, pero para el resto -los que no tenemos esas lucecitas en la cabeza, como dice Andrew Newberg- muy divertido. Porque presenta el asunto desde un punto de vista que normalmente no es visible: «todo eso está muy bien (rocas sagradas, madres vírgenes y hombres andando sobre el agua), pero no pretenderán que me lo tome en serio, ¿no?». Un punto de vista que no sólo es necesario mostrar, sino que es el de todos los que convivimos con la religión sin entender muy bien cómo alguien puede, racionalmente y a conciencia, tragarse algo. Porque yo a veces pienso, visto lo visto, que realmente somos de otra especie.

22.10.08

Spread the word

Si hay algo que no soporto leer es a los gurús de la Red. Que nadie me malinterprete, creo que es necesario que alguien haga sesudos análisis sobre las posibilidades de comunicación, interacción y socialización de esta maravillosa herramienta que es Internet, pero la cháchara sobre meta-tendencias y herramientas inservibles cansa. Muchas veces, lo simple es lo efectivo.

Bus Ateo

Hace unos meses, la British Humanist Asociation puso en marcha, casi de broma, una campaña. Una queja jocosa sobre los carteles en los autobuses londinenses, plagados de anuncios religiosos y amenazas post-mortem, llevó a un comentario inocente: si todos los ateos pusieran cinco libras, se podrían forrar muchos autobuses. Lo que empezó lentamente en Junio recibió ayer un empujón asombroso con el apoyo público de Richard Dawkins. ¿Cuánto de asombroso? Bueno, tanto como para que la plataforma usada, justgiving.com, haya publicado una entrada sobre el tema en su blog corporativo, con un gráfico de donaciones que sencillamente asusta. Si se ponía como meta recaudar 5.500 libras para que Dawkins pusiera otras 5.500 y sumar 11.000, en sólo 24 horas se ha cuadruplicado esa cantidad, y ahora mismo se alcanza la cifra de 48.800 libras (y subiendo).

Hay mercado, señores. Referencia en el telegraph.co.uk. En news.bbc.co.uk esta noticia aparece ahora mismo como la más enviada por correo. En guardian.co.uk suma a estas horas más de mil comentarios y una respuesta (previsible y poco novedosa). ¿Se abre la veda del racionalismo abierto, orgulloso y pedagógico para las masas? Veamos.

04.06.08

Todo lo que siempre quiso saber sobre Caín

… o por qué dios las prefiere rubias los prefiere carnívoros

A pesar de que la fama se la ha llevado la caída del hombre, en el Génesis se nos relata además otro paso al reverso tenebroso. Curiosamente, ambos hechos acontencen prácticamente a la vez. Basta leer atentamente.

El Génesis contiene dos relatos de la creación. En el primer capítulo de ese libro, por ejemplo, los animales son creados antes que el hombre, mientras que por el contrario en el segundo capítulo son creados después y a causa del hombre. No es la única diferencia.

En el segundo capítulo del primer libro de la Biblia dios crea todo un planeta para el hombre. Incluso le regala un huerto, en Edén. De todo cuanto crece en ese huerto puede comer Adán, de todo salvo del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Según ese relato, dios habría creado al hombre originariamente para ser vegetariano. De hecho, los animales son creados a posteriori como compañía y ayuda del hombre, y nunca como alimento. Cuando Adán es expulsado del Edén, es condenado a obtener su pan con el sudor de su frente, mientras que la tierra sólo le daría espinos y cardos. Ni una mención a la ingesta de carne.

Este planteamiento tiene continuidad a lo largo del relato, durante al menos una generación más. Adán y Eva (que, puntualizando, no desobedeció a dios pues nunca se le prohibió nada a ella) engendraron a Caín y a Abel. Caín era un agricultor, un hombre de campo. Seguía el yugo que su dios le había impuesto. Hacía, pues, según el mandato que su padre (y por herencia, él) había recibido al abandonar el Edén. Abel, por su parte, era ganadero. Había tomado un sendero propio antes que el camino marcado por dios. De este modo, es entendible que Caín tuviera sentimientos encontrados cuando dios despreció su ofrenda, el sudor de su frente según el justo castigo por el fallo, ante la brillante y llamativa sangre de una oveja degollada.

Es de destacar que ambas son las primeras ofrendas que se hacen a dios en toda la Biblia. Ofrenda de sufrimiento y castigo, en manos de Caín, frente a ofrenda de sangre y dolor (siquiera animal), de manos de Abel. Dios escogió la segunda, previendo como su mejor profeta las tomas de las ciudades amalecitas en el futuro. Ante la sangre, dios tuvo su momento decisivo y falló. Falló a sus propios ideales digamos vegetarianos y se volvió una negra copia de lo que una vez quiso ser.

Caín mató a Abel en la primera muerte humana según el mito bíblico. Es de esperar, por tanto, que Caín no supiera calibrar lo trascendente de su propio acto. Su propio dios, su dios ya mancillado con la sangre, ya perdida la inocencia, lo reconoció y marcó a Caín para que nadie pudiera matarlo. Su propio dios, en sólo tres capítulos del primer libro de su revelación, nos demuestra que el imperfecto hombre falló, y arrastró con él a un perfecto dios confiado que mutó en demonio a la primera vista de la sangre. Un dios resentido porque su juguete parece a veces fastidiarle, a veces transformarle. Un dios que terminará en una cruz por sus propios errores mientras el hombre, lleno de egocentrismo, necesita creer que lo hace por él.

Pero eso es sólo mito, como tantas otras cosas. Sin embargo, me gusta más mi versión.

28.05.08

La prueba de Abraham

Publicado originalmente en HispaLibertas

Érase una vez un hombre creyente. Uno de esos hombres que hablan con dioses, y a los cuales los dioses les responden. Uno de esos hombres que no necesitan tener fe para creer en dios, porque lo conocen personalmente. Puede llamarse Abraham. Abraham tuvo la mala suerte de ir a desposarse con una mujer estéril, pero su compañero invisible le prometió un hijo, un retoño que daría generaciones enteras de pueblo elegido, una nación que ocuparía por la fuerza aquella tierra que su dios le había dado en heredad perpetua. Y cumplió su promesa de paternidad, y Abraham engendró a Isaac.

Un buen día, dios le pidió a Abraham que le probara su obediencia. Como al fin y al cabo Isaac era su regalo, le ordenó llevarlo a un lugar apartado y ofrecerlo en holocausto en su divino honor. Ni corto ni perezoso Abraham cogió sus bártulos de asesinato y encaró camino con su hijo amado (el otro, el de la esclava, no valía tanto). No iba camino de su prueba, sino que estaba desplegando la suya.

Abraham, como mortal, sabía que no debía desobedecer una orden directa del dios altísimo. Hay cosas por encima del entendimiento humano, pensaría. Pero podía escoger. En realidad, dios no estaba poniendo a prueba la fe y la devoción de Abraham sino que Abraham estaba poniendo a prueba el carácter adorable de su dios. Un dios que no hubiese impedido en el último momento que el padre asesinara al hijo después de pedirle que le diera muerte no hubiese merecido ninguna adoración. Sería bárbaro, una personalidad a evitar. Abraham tentó a dios con su fe, y venció. Puso a prueba a dios y salió victorioso, permitiendo a ese mismo dios convertirse en el dios de su familia. La prueba de Abraham dignificó a dios, y lo puso en comunión con el hombre.

Pero dejemos el mito y volvamos a la realidad, que uno no cree ni en dios ni en Abraham.

No me gusta nada hablar de catolicismo y franquismo. Desde un prisma totalmente teórico, el que la religión vaticana no se opusiera a la política autoritaria del ferrolano no es algo que deba ni sorprendernos ni mucho menos enervarnos. Mirando por ese cristal, el catolicismo no es una opción política, sino espiritual, y debe ser capaz de vivir en cualquier medio, sea una dictadura o una democracia perfecta. No es su papel entrar en cómo se organiza el Estado, sino asistir al alma de los fieles (y si acaso, por exceso de celo, de los descreídos).

El problema es que la acción católica no consistió en la no ingerencia o la neutralidad política. De hecho, la Iglesia Católica Apostólica y Romana se alineó con la Dictadura. Esto, que en otros momentos de la Historia es perdonable recurriendo a localismos temporales y contextos variados, a las alturas del siglo XX se convierte en pecado casi mortal. Con la democracia revelándose como el sistema de gobierno menos dañino, de tomar parte por algo se debería haber tomado parte por ella.

Hay una diferencia de nivel importante entre no querer morir martirizado (versión de moda sobre el futuro de los curas en la II República) y empezar a martirizar disidentes. No entraré a juzgar las palabras de su salvador acerca de ofrecimientos de mejillas y cómo se olvidan cuando el humano miedo a la muerte llama a su amigo el olvido de principios y juntos corren a reunirse con la turba de odio autoindulgente. Baste decir que, siguiendo el mito, la Iglesia Católica española decidió tomar el lugar de dios y no detener a Abraham. De hecho, a cada puñalada del padre sobre el hijo la acompañaba una salmodía de apoyo, de justificación, de palabra de dios. La Iglesia Católica española, en fin, hizo imposible creer acríticamente en su bondad.

No me gusta, tampoco, que los hijos carguen los errores de sus padres, aunque sean estos puramente nominativos y latinos. Sería tremendamente injusto culpar a los padres católicos actuales de los errores cometidos por sus mandamases teológicos hace más de 70 años. De hecho, lo es. Pero lo no ya injusto sino ciego sería negar los hechos, mirar a otro lado y olvidarnos de que la religión, incluso hoy en día, influye en la política no sólo en nuestro país, sino en muchísimos sitios. En Gran Bretaña discuten acerca de incluír la Sharia en su ordenamiento. En Estados Unidos hablan acerca de restaurar la autoridad divina. Si miramos al sur o al este nos llevaremos un susto gigantesco. La presión demográfica en Occidente junto con el inamovible sistema de votaciones electorales nos lleva a pensar que en un futuro no muy lejano algún cargo público de renombre pueda pertenecer a una confesión, digamos, no estandar, como el evangelismo iluminado o el islamismo, siquiera moderado. Y contra eso sólo tenemos un arma: laicismo administrativo.

No es una cuestión de falta de confianza. No parece que a corto plazo la Iglesia Católica española se vaya a alinear con un nuevo golpista peninsular. Más bien conviven con sus cosillas en esta imperfecta democracia que (podríamos decir) sufrimos. Sin embargo, los bailes de encíclicas, concilios y demás papeles internos nos hacen ver que a lo largo de la Historia la Iglesia ha bailado al son que más le gustaba, por lo que aunque ahora se porten de manera medianamente civilizada nada nos asegura que en el futuro no reclamarán otra vez como propio lo que no es suyo. Tampoco es que a los ateos nos haga mucha gracia pensar que en ese mismo futuro los ministros jurarán su cargo sobre un Corán si es que son musulmanes, o prometerán en lenguas angélicas si son evangelistas. No nos hace mucha gracia porque esos cargos son funcionarios a nuestro servicio, y queremos que dejen sus creencias a un lado cuando se trata de administrar nuestros papeleos. Y, por qué no decirlo, porque sus promesas sobre sus libros míticos no valen un carajo para nosotros.

Las excusas habituales suelen pasar por dos estaciones. Por hache: toda la vida se ha jurado ante un crucifijo, no hay necesidad de cambiar algo que es meramente simbólico. Por be: gran parte de la población reconoce esos objetos como sagrados. Lo absurdo de la primera como argumento es evidente, así que no merece más que mirar a otro lado más interesante. La segunda es falaz: las mayorías sociales, incluso las religiosas, son mutables. Hoy en día el porcentaje de católicos nominales (los famosos bodas-bautizos-comuniones-funerales+semana-santa) dentro de la grey apacentada es inmenso (basta asomarse a una iglesia en hora punta, contar y restar del total), los ateos somos cada vez más, los agnósticos mantienen su indecisión a pesar de su inexperiencia religiosa. El número de otras confesiones aumenta. El mapa metafísico de la piel de toro cambia de colores, y si los no católicos arrugamos la frente cuando vemos al Presidente del Gobierno ante un trozo de metal con forma de tortura humana mientras esperamos el fin de esa situación, no quieran ustedes imaginar lo que arrugaríamos de verlo ante una estatua de ocho brazos pintada de azul. Resumiendo, que son mosqueantes, pero al ser nuestros mosqueantes, y antes de que lleguen otros, les pedimos amablemente que se vayan de donde nunca debieron ser invitados, pues no es su sitio. Mientras, ellos se siguen creyendo únicos. Es como hablar con la pared.

El partido socialista se ha equivocado mucho. Da un poco de grima ver el resultado de la votación de la Proposición No de Ley 162/000014 sobre la Revisión de los acuerdos Estado-Santa Sede. Digo que da un poco de grima porque el PSOE ha votado en contra alineado con toda la derecha parlamentaria: PP, CiU; PNV y CC, todos nacionalistas, todos historicistas, todos esencialistas (menos CC, que es un partido raro). Mientras, el resto que se llama de izquierdas ha votado a favor. Incluído UPyD. Prometieron y prometieron hasta que metieron nuestro voto en sus urnas (el mío, por lo visto, afortunadamente no), y una vez metido se olvidó lo prometido. Y eso que todo parece estar a su favor: la oposición, ariete la pasada legislatura de las posiciones episcopales, única fuerza parlamentaria que, por número de diputados, puede dar guerra a la efectiva separación Iglesia-Estado, está jugando al Risk con sus propias lentejas. Lo cual en vez de ser una benidición para este PSOE puede convertirse, como siga este camino, en una maldición de proporciones mosaicas.

En estas pasadas elecciones, el nacionalismo regionalista ha perdido un peso enorme en el Congreso de los Diputados. Además, el gran partido de la derecha parece más partido (y valga) que nunca. Zapatero tiene manos mediáticas libres para hacer y deshacer según su programa electoral y sus supuestos principios. Sin embargo, parece que cree que los símbolos religiosos van a salir por su propio pie de los organismos oficiales. No sé si será muy blasfemo imaginarse a un Cristo bajando de su cruz de plata y llevándosela a través de las puertas detectoras de metales, pero lo cierto es que a lo mejor un empujoncito le vendría bien. Porque si en esto, que en el fondo es una forma, Zapatero demuestra su nula iniciativa, no sé en base a qué espera mi confianza en asuntos de fondo. Es posible, en estas, que una vez partido el popular y escondidos los nacionalismos se encuentre, en las próximas Elecciones Generales, con una legión de izquierdistas y progresistas que se sienten estafados, engañados y usados, cansados en definitiva del «ahora no toca» como coletilla en esos temas (aborto, eutanasia, educación) que llaman sensibles.

Y entonces sí que será divertido el recuento de votos.