Archivo de la etiqueta 'campaña'
04.02.08
La política española apesta en su práctica totalidad. No es que de repente me haya hecho antisistema, no, es que los directores de ese sistema apestan.
Siguiendo una conversación que todo hijo de vecino con derecho a voto debería leer (uno, dos, tres, cuatro…) me he replanteado muchas cosas. Muchas cosas importantes. En estos momentos en que por encima de proyectos pongo personas y derechos, me replanteo ciertas decisiones tomadas, como sólo pueden serlo las incorrectas, sin meditación y con desgana. Como levantarse un domingo, es algo que sabes que tienes que hacer, que se espera que hagas, que en cierto modo tu propia conciencia te indica que es positivo. Algo que en el fondo de tu alma sabes que representa la antítesis de tus deseos. Aún no sé por qué es tan negativo pasar todo el domingo en la cama.
No vivimos en una democracia genial: sufrimos una partitocracia horrible. Tenemos dos estructuras gigantescas cuyo único fin es vendernos la moto para dejarles hacer lo que consideran mejor para nosotros.
Da la impresión de que, con las cadenas sacudidas en 1789 en el corazón de Europa, se perdió la oportunidad de hacer las cosas bien. Parece que el tren, caso por comodidad, caso por una idea de finalización del trayecto, pasó y no hay billetes de vuelta nii ruta alternativa. Una vez nosotros, el pueblo, la fuerza legitimadora de las cosas, nos quitamos de encima reyes (ejem) y tiranos, una vez conseguido el poder para disponer de nuestra vida y conciencia, una vez que decidimos dotarnos, como pueblo, de unas leyes justas y virtuosas… creamos una nueva casta político-sacerdotal y les permitimos que pensaran por nosotros. Es como pretender que el pan saqueado en la toma de la Bastilla calmará el hambre de toda la Historia, a base de mandar latas de conserva a Bolivia según acuerdo parlamentario. Hasta les dejamos tener lenguaje propio, y encima vemos sus peleas en la tele de vez en cuando, como si de unos Sims cualquiera se tratara. Incluso en la Tierra de las Oportunidades hizo falta que se creara es casta para que alguien pudiera firmar la Independencia.
Es francamente triste haber cambiado a reyes, cortesanos y similares por secretarios generales, secretarios de organización y responsables de economía. Nos hemos lavado las manos en opinar sobre las cosas, confiando en que en el fondo los políticos no son tan malos. Que choricean, pero tampoco tanto y es medio normal. Que se doblan más que un junco para no desentonar, pero al menos son moderados. Hemos devuelto los reyes a la tienda pero a cambio nos han endosado una profesión de fe en la bondad del pastor.
Hombre, todo no está igual. Ahora votamos. Y existe la Iniciativa Legislativa Popular. Ya. También votan en Cuba. La cantidad de cosas sonrojantes que se leen al respecto es para dejar boquiabierto al más pintado. El próximo 9 de Marzo nada más y nada menos que se nos convoca a las urnas. Toma ya. Tenemos para escoger entre los que meten miedo con el contrario y… los que meten miedo con el contrario.
El miedo es algo muy humano (nota mental: incluír el miedo en mis pullas a los liberales acerca de su Ley Natural que comprende la Naturaleza Humana). Por miedo a la muerte hemos creado una fábula increíble que apuesto que matará de risa al primer extraterrestre que tenga la desgracia de ver su grado de aceptación, y dejamos gustosos que los contadores de ese cuento nos digan con quién es bueno o no meternos en la cama, a quién votar o a qué hora cenar (si la Comunión es la Cena del Señor, ¿por qué se hace a mediodía?). Pero en nombre del miedo no se construye sociedad. Se crean bandos, amistades convenientes, pero no sociedad.
En realidad, las acusaciones de miedo sobran. El PSOE no va a romper España, véase lo que hizo en Navarra. Aunque alguno de sus militantes y/o directivos del norte tengan convicciones algo más matizadas, el PSOE nunca hará nada que ponga en riesgo su chiringuito, que dicta que al menos la mitad de las legislaturas son suyas. Con mantener el tipo en las vacas flacas de votos ya tienen bastante para repartirse cargos y, cuando toque, hacer algo por la gente (Ley de Dependencia, Matrimonio Homosexual). Tampoco van a empezar a hacer nada real contra la Iglesia y su posición destacada, ni contra los que desde sus púlpitos cedidos cometen presuntos delitos, cuando tanto a unos como a otros les viene de perlas que su gente esté cerrando filas en torno a la última parida de su jefe. Rediós, que el programa socialista ni siquiera es laicista.
No soy habitante ni visitante de Equidistán, así que mentiría si dijera que no quiero ver un varapalo gigante al PP en estas elecciones. Que quiero ver a toda la generación Aznar fuera de ese parrtido antes de considerar que sus interlocutores son éticamente válidos. Acebes hace ya tiempo debería estar esquiando, y no Lamela. Aguirre y sus cosas «liberales». Zaplana o el morro personalizado. O cierto candidato por Murcia, que es de vómito directo. Rajoy ya tiene bastante con lo que tiene. Hace tiempo dije que esta campaña yo la haría contra el PP. Voy a ir más lejos.
Se habla del voto útil. Algunos, en esa conversación a la que espero no llegar tarde, dicen que el voto útil es el más inútil, pues mantiene la situación que lo fuerza. Discrepo: el voto útil es útil en la medida en que has aceptado como normal el votar a la contra, con miedo, con la nariz tapada. Cuando no te importa tanto que se implementen políticas reales de izquierda como que el directivo derechista de turno se coma los mocos. Cuando, en definitiva, tragas almacenes de ruedas de molino porque Acebes te cae, cosa objetivamente normal, peor que De La Vega (¿dotar a la Ley de Dependencia de ese presupuesto estaría tan mal visto?). Si votas para parar a la derecha, no esperes políticas de izquierdas. Para eso, vota activamente esas políticas. Otros hablan de matemáticas para obtener el mejor resultado posible para los grupos mayoritarios, para aupar algo que asombre a la derecha, o agradeciendo lo hecho esta legislatura por Zapatero.
Muchas gracias Zapatero. No me has fallado, has hecho exactamente lo que te pedí, lo que pensaba que ibas a hacer en esos temas en que confié en ti. Irak. ETA. Dependencia. Matrimonio homosexual. Muchas gracias. Pero adiós. Todo tu agradecible talante (nada mejor que un político que no pierde los nervios) es insuficiente cuando yo busco radicalidad. Sí, Zapatero, para mi gusto, se ha quedado muy corto, y lo que le demando no puede ofrecerlo porque tiene que contentar a demasiada gente, a demasiados votantes con los que no comparto casi nada. No hace falta ser áspero para ser firme, y hay demasiadas cosas que no puedo compartir en sus propuestas, demasiadas omisiones importantes, demasiada falta de solidez en la base. Demasiadas, eso sí, coincidencias con sus mayores adversarios en relación a cómo impedir que les quiten la licencia exclusiva del carrito de helados.
Tengo apenas 27 años y no cumpliré 28 antes de las elecciones. He participado en dos comicios generales. Y me quedan muchos más donde hacerlo. Sé que el tiempo conservifica a la gente, y que tendré momentos en el futuro lejano de pensar pragmáticamente en el valor de mi voto, en la media necesaria para un escaño en mi circunscripción, en comparaciones y estimaciones. Pero no esta vez. Esta vez voy a por un programa de máximos. No quiero votar en contra, quiero ilusionarme con un proyecto, quiero depositar mi voto, si lo hago, satisfecho de que las personas que lo reciben no son los enemigos de mis enemigos sino mis amigos. No me fío de quienes se postulan como únicos salvadores de la mitad de España frente a la muerte cívica. No si se lo arrojan meméticamente entre ellos, sin la decencia de exponer el propio modelo ciudadano.
Por primera vez, quiero que mi voto sirva para lo que realmente debería emitirse: valorar las propuestas que los grupos políticos nos lanzan. De momento me debato entre el voto en blanco o el voto válido, pero…
Judas toma partido y entra en campaña. Poco a poco iré desgranando los programas electorales de diferentes partidos, comparando los enfoques de cada uno a diferentes aspectos de la vida pública. Comentando las diferentes soluciones a los mismos problemas. Destacando positivamente y criticando si corresponde.
He de decir que ya tengo un favorito. Pero eso mejor lo cuento otro día, que más de uno necesitará frotarse los ojos cuando lo lea.
16.01.08
Fuentes del entorno del alcalde no dudan en admitir que «Aguirre ha ganado el pulso y así lo reconoce Gallardón. Asume la derrota que le ha infligido ésta y su sector», lamentaron a ABC, para agregar, a modo de advertencia, que Ruiz-Gallardón «hablará» a partir de la cita electoral de marzo.
Hacía frío esa mañana. La primavera se retrasaba, y en Madrid los termómetros se desperezaban. Los ecos de los aplausos decepcionados de anoche todavía resonaban en sus oídos. No se levantó de la cama; se limitó a apagar de un manotazo el radio-despertador que le chillaba desde la mesilla.
Fue una noche dura en la sede del partido. A pesar de las encuestas, todavía mantenían la esperanza de la victoria. Qué irónica, la esperanza… Pasó de la espectación ilusoria a la realidad aplastante. Se cerraba un ciclo. Y aún así, era lo mejor para el partido.
Recordaba unos meses antes, en aquel despacho, cuando trataron de degollarlo políticamente y prefirió el suicidio propio a la muerte del partido. ¿Qué más podía hacer? La amenaza de Esperanza era firme. Añadir a Gallardón a las listas provocaría una crisis a nivel nacional evidente, porque eso incluía necesariamente a Esperanza, que debía dimitir como Presidenta de la Comunidad de Madrid. Amén de que tener a sus dos postulantes a sucederle en el Congreso durante 4 años provocaría sin duda una rivalidad que empujaría peligrosamente al partido hacia una escisión. Él ya asumía que si perdía estas elecciones se iría, y había aceptado sin mucha alegría que Gallardón había ganado en inteligencia y era su momento. Estaba dispuesto a dejarle. Pero las ansias de poder de éste sólo eran equiparables a las de aquélla, que no dudó en tensar la cuerda que ata a las familias del PP hasta ver a una estangulada.
Terminó de remolonear por la cama. Era ya media mañana y no tenía ganas de hacer nada, pero sabía que debía practicar la cara de serenidad. Hoy todos le mirarían con lupa. Su partido dependía de su capacidad de interpretar.
Recordaba los semblantes de la noche anterior. Mentes calculando con fachada de empatía. Evaluando cuánto les había afectado el desastre. Sopesando grupos, poderes y facciones, esbozando alianzas incipientes en la lucha de poder. Sólo Zaplana estaba abiertamente alegre: además de su innata sinceridad en círculos cercanos que le impedía fingir pena por nadie salvo él mismo delante de colegas, tenía asegurado sillón para cuatro años, un último regalo a un amigo. Lo que creyó antaño un amigo. Esperaba haber tomado la decisión correcta. Si había lucha, que fuera en casa. Que no se mostrara en el Congreso de los Diputados con dos dirigentes del partido enfrentados a muerte.
Se levantó con desgana. Le daba vueltas todo, su mente se contraía en una suma de ideas negativas. Pensó en qué le esperaría en el despacho hoy cuando llegara. ¿Le habría redactado ya alguien la carta de renuncia? ¿Le mirarían ya de soslayo incluso los que una semana antes se sentaban a su lado en maitines? Había captado miradas cómplices poco antes de irse a casa anoche. Quedaban los justos, el nucleo, y anunció que se marchaba. Un par de destellos en los ojos. No hacía falta añadir más.
Decidió tomarse un café. Él había hecho todo cuanto estaba en su mano; ahora ellos debían poner la sangre fría por el bien del partido.
Encendió el televisor y sintonizó una cadena nacional. La imagen anunciaba una rueda de prensa de Alberto. Empieza la guerra. Era duro saberse la primera e inevitable baja. Nunca tuvo deseos de grandeza, pero tampoco pensó que su carrera política acabara así, marcada por la locura de la conspiranoia y las luchas intestinas para sucederle desde el momento en que perdió por primera vez. Espero que la Historia me olvide, pensó para sí.
Mariano Rajoy rompió a llorar.
15.01.08
Haga algo. Pero algo de provecho.
Despida a los responsables de esto. Inmediatamente. Págueles lo que pidan de indemnización: le aseguro que le saldrá barato. Entiéndalo usted, y explíqueselo a todos los que de un modo u otro tienen algo que ver en su campaña electoral: SecondLife no nos dice nada. Nos deja fríos. La Red política española ni se ha planteado entrar ahí, pero no porque seamos carcas analógicos 1.0 o incluso 0.9, sino porque sabemos lo que es, y no nos dice nada interesante. ¿A usted sí? Pues vaya un representante que dice ser… Pero si va a ir por SecondLife, haga el favor de no disfrazarse de bufón, porque el mundo es muy grande y a mí personalmente me da vergüenza que se sepa por ahí que ese de verde y rojo es el dirigente de la tercera fuerza política de mi país.
Decídase de una vez en lo de Canon. Escuche a sus bases, sobre todo a las afectadas: los red-geeks (free neologismo). Ya no se llevan las chaquetas de pana, señor Llamazares. Ni siquiera entre la juventud de su partido. Ahora se lleva tener una cuenta en Twitter, una identidad en Facebook, una página interactiva de verdad, mantener un blog,… Conversación, señor Llamazares. Y en esa conversación entenderá por qué todos dicen que no al Canon. Lo entenderá porque es sencillísimo de entender.
Haga algo, señor Llamazares, porque le están ninguneando. Y me temo que parece que con razón.
Usted representa, como cabeza de su partido, el voto de más de 1 millón de españoles. Y se dedica a hacer el ridículo con pantaloncitos ajustados y capa al viento. No me extraña que no le inviten al debate abierto, que confunde el dospuntocero con el dos y punto!, pero que tal vez se huela alguna supertrampa de superheroe para acabar con los supervillanos del PSOE y del PP.
Señor Llamazares, haga usted el favor y dé un golpe en la mesa de una vez. Pida amablemente a sus asesores sobre Internet que se vayan a hacer puñetas. Después, encienda su ordenador y navegue en la Red política española. Ahí es donde tiene usted que dar el campanazo.
Quisiera comentarle algunas cosas sobre esto. Hace poco discutía yo del tema en casa de uno de los mayores activos de su partido en la Red española (y que misteriosamente ustedes ignoran), incluso respondí al llamamiento y envié un mail a la persona que decía pertenecer al equipo responsable culpable de eso. Ignoro si esa persona era un farsante, pero caso de no serlo ni un Recibí siquiera. Y me esmeré. Tanto como para hacerles un mirror en 20 minutos. Me alegra muchísimo ver que parte de mis recomendaciones (que seguro les llegaron de muchas otras bocas, porque eran de sentido común) se han tenido en cuenta. Es un comienzo, porque espero que eso no sea el resultado definitivo de sus mejoras. La web es mejor, pero sigue siendo pobre. Le sobra, comparando con lo que yo hice, la mitad del código.
Más felicitaciones: su blog. Ya hasta parece un blog, fíjese usted. Pero le falta algo: pasión. Parece que es escrito por necesidad, para mantener el ritmo de publicación semanal. Señor Llamazares, diga algo interesante de verdad, algo que no sea Hemos añadido un video al youtube. Leche, qué menos que poner ese video en el blog, y explicar qué se quiere decir con él. Porque si lo que pretende es tener el blog sólo para las elecciones, vaya birria. Dice que espera cogerle el truco para no depender de su equipo cuando lleguen las elecciones. Y yo ingenuamente creía que usted tenía un blog porque quería decir cosas que en los medios normales no le dejan contar porque sencillamente no le hacen caso.
Ese es el epicentro de su error, señor Llamazares. Creer que puede usar la Red para obtener ventaja política pero sin mojarse mucho, cuatro cosas moderniquis y listo. Y se está usted perdiendo su mayor oportunidad de despuntar, de ser el foco de atención, de que la gente le escuche en este bipartidista país. No está usted entendiendo nada. O eso, o su equipo es irremediablemente incompetente, porque se lo llevan diciendo mucho tiempo y no hacen ni caso.
Abra de nuevo su portátil, o encienda usted su ordenador de sobremesa. Déjese de SecondLife y abra ya una cuenta en Twiitter. Fíjese que los mismos mensajes de MySpace le valdrían aunque Twitter sólo admite 140 caracteres. Pero permite la conversación directa. Después abra otra cuenta en Facebook y descubrirá muchos miembros de su partido despuntando allí. Lea blogs, vea cómo escribir cosas interesantes en blogs, cómo crear un público fiel. Pásese por ILoveIU.
Lea bien: encienda usted, abra usted, busque usted, pásese usted. Nadie le va a enseñar a usar esas herramientas si usted no se pone, por la noche, justo después de acostar a los niños y mientras la señora ve Anatomía de Grey, un ratito a ver qué es eso de las redes sociales, qué es eso de la comunicación y el feedback, qué es y cómo funciona un blog de verdad. Escriba sus impresiones personales en su blog justo después de un mitin. Lea a gente de su propio partido y descubra sus argumentos, hágalos suyos. Vea cómo nos organizamos en redes, en agregadores, en foros, cómo queremos participar. Y si descubre qué es todo eso, asegúrese de estar bien sentado. Es su oportunidad. Es su gran momento. Sea parte de la Red y la Red le recompensará con votos. Pero no trate de usar su blog en elecciones y poner a su altersuperego a rebanar pescuezos, porque entonces de la Red sólo le llegarán los ecos de las risas y el desprecio al oportunismo.
Está usted, señor Llamazares, en muy mala posición. Tienen un buen puñado de votos que se traducen en unos míseros escaños, y encima no tienen la potencia de voz suficiente como para poner y con razón el grito en el cielo por ese hecho. De cambiar la situación, ni hablamos. No le invitan a debates. Su equipo de Internet parece afiliado a algún otro partido por lo lento que hacen todo y lo poco que escuchan lo importante.
Fíjese bien. Le prometí un consejo en el título de esta entrada. Ese en concreto no se lo he dado aún. Aquí va: abra usted el debate. Si no le invitan al de 20Minutos, haga usted su propio encuentro con los internautas. Una vez a la semana, añado. Concentre su campaña en la Red, señor Llamazares. No recuerdo la última vez que vi su cara en televisión, pero sí la última vez que la ví en la Red. Entre y descubra todo lo que se ha montado, las posibilidades tan interesantes que ofrece para alguien precisamente en su situación. Forme parte de esto.
O siga sin voz y perdiendo votos elección tras elección. Yo, en su caso, ni me lo pensaba.
02.01.08
En La letra escarlata, Nathaniel Hawthorne nos cuenta la historia de Hester Prynne, una mujer de principios del siglo XVII acusada de adulterio en la puritana Nueva Inglaterra. Su pecado fue enamorarse tras creer perdido a su marido. Su error fue concebir precisamente del pastor de su alma. Su condena fue una letra A escarlata cosida a sus ropas.
Durante mucho tiempo la Humanidad ha tratado de marcar a los miembros que ha considerado dañinos o separables, destacables negativamente. Desde el capirote con orejas de burro usado antaño en algunos colegios, pasando por esta A escarlata y hasta las estrellas que identificaban judíos en la Alemania nazi, se estigmatizaba mediante un rasgo distintivo visible. Y con ello, además de diferenciar, se lograba someter: un judío marcado se sabe marcado, se sabe odiado, se sabe vigilado.
Con el paso del tiempo, las cosas cambian. Nos encanta etiquetarnos, aunque sea con la etiqueta de «no me gustan las etiquetas». Nos ponemos camisetas con iconos políticos, culturales o religiosos, marcando nuestras ideologías, sabedores de que ahora esa diferenciación ya no es causa de rechazo. Hemos ganado la batalla al miedo, ya no nos imponen nuestras etiquetas distintivas. Tras un siglo para olvidar, nos volvemos exhibicionistas y nos cargamos de símbolos antes de salir a la calle. En la Alemania nazi se obligaba a las judías a añadir el nombre de Sara en todos sus documentos legales. Ahora, todos los miembros de una Iglesia Evangélica ponen pegatinas en sus coches para dejarlo claro.
Como no estoy comparando ambas situaciones, sino comentando algo que me llama la atención, puedo decir que me encanta ese cambio. A lo largo de los años que llevo participando en el debate en la Red siempre he dedicado un mimo especial a la hora de planificar las campañas en la Red a las que me suscribo. En este caso he instalado un plugin para WordPress sólo para ellas: LightBox2.
La primera de esta nueva temporada es The OUT Campaign.
The OUT Campaign es una campaña en Red para marcarnos con una A escarlata, apadrinada por nada más y nada menos que Richard Dawkins, autor del imprescindible The God Delusion. No hay que ser adúltero, como la protagonista de la novela del principio, simplemente hay que ser ateo. Los ateos no tenemos una Iglesia que defienda nuestros intereses, ni grupos de presión ni organizaciones sociales que nos apoyen. Somos puntos aislados. Nuestra forma de ver el mundo queda silenciada por la conformidad media que dicta que la gente normal tiene una religión, que en España es la católica. Somos muchos los ateos pero parecemos pocos porque nadie repara en que existimos. Del mismo modo, ya que nadie nos representa, no tenemos una referencia sobre dónde estamos ni qué podemos hacer.
Esta iniciativa parte precisamente para atajar eso. Me marco voluntariamente para decirle a los demás que sí, que soy ateo, que me siento orgulloso de serlo, y que eso marca mis ideales. Me marco voluntariamente para invitar a otros a hacerlo también, para poder normalizar esta opción que es tan válida como una elección religiosa.
No somos una minoría con necesidades especiales. No pedimos una casilla en la declaración de la renta para sufragar obras de Leo Bassi ni libros de Fernando Vallejo. No somos un grupo de presión local que exige mejoras en infraestructuras, ni tampoco cultural que inventa impuestos para tapar su incapacidad de adaptación al mercado. Somos muchos puntos encima de esta piel de toro. Un conjunto de muchos puntos aislados, pero denso. Una bolsa de votantes abultada, si se quiere ver así.
Estamos cansados de que las religiones sí cuenten con esos grupos de presión. Estamos cansados de que traten de meter sus ideales morales en las escuelas, en las legislaciones, en nuestras vidas. No forman parte del mínimo consenso de la sociedad, sino que son directrices propias de sus fieles, y no las queremos en nuestro ordenamiento. Queremos una política respetuosa con las creencias personales, que no interfiera con ellas, que las potencie incluso cediendo espacios y tiempos a celebraciones del mismo modo que se cede para otros actos culturales o políticos. Pero queremos que la religión esté total y oficialmente fuera de las instituciones que nos hemos dado. Todas las religiones.
Por eso salimos. Salimos del armario de la indiferencia. Y ya estamos fuera, y estamos cómodos aquí. Los ateos también reclamamos nuestros derechos.