El Destino del Iscariote

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26.02.08

Judas en campaña (IV) - Más allá del debate

He visto el debate Zapatero-Rajoy con otros ojos. Una vez que te quitas de encima la idea de que tienes que votar a uno de ellos es mucho más sencillo tomar distancias, así que he visto el debate como un hooligan. He disfrutado viendo a los dos echándose cosas en cara, porque son en gran medida las que yo les reprocharía.

Luego me he calmado y he bajado el ritmo cardíaco. A veces viene bien desconectar y primitivizarse, pero lo importante es volver y pensar. Lo que no me ha gustado tanto ha sido la cantidad de propuestas de futuro que se han oído, que ha sido exacta a la cantidad de elementos de los programas electorales que se han nombrado y desarrollado. Pero era de esperar.

Era de esperar porque a lo que hemos asistido no es a un debate electoral, sino a algo similar al reencuentro de dos amigos que se despidieron hace unos años en no muy buenas condiciones y que, al coincidir al cabo del tiempo, empiezan tibiamente pero terminan acusándose mutuamente de robarse la novia y deberse dinero. Daban la impresión de tenerse muchas ganas, de haber guardado durante demasiado tiempo ciertas frases hechas para escupírselas al de enfrente (y les ha pasado como al vino: se han avinagrado).

Zapatero ha hecho una buena defensa de su labor esta legislatura. En economía ha sabido recoger lo sembrado por Solbes hace unos días en el varapalo que le dio a Pizarro, salvando la cara a pesar de que existe un problema real: la percepción de la marcha de la economía es pesimista en un momento que no lo merece hasta ese punto, y en un efecto anti-placebo eso puede terminar afectando al MundoReal. En políticas sociales ha vencido claramente por incomparecencia del contrario salvo en asuntos de inmigración (donde el populismo y la xenofobia no son aceptables como argumentos). En terrorismo ha estado cauto, reprochando como único argumento la deslealtad del de enfrente. Justo y comedido, recibiendo pullas sangrantes a traición. Sin duda su peor momento el referente a política institucional: nada de la Iglesia, nada de la República, nada de racionalismo sobre nacionalismo sino todo lo contrario. Aprobadito. Soportable.

Rajoy ha estado indescriptible. En economía ha decidido caer en los mismos errores que Pizarro hace unos días (incluso en un detalle legislativo que sonrojó al turolense), repitiéndose como el ajo cada vez que se le rebatía algún dato. En política social no ha dicho nada, porque sencillamente su partido no la tiene. Van a remolque. Un momento de oro para que publicitase el Ministerio de la Familia que presupongo va a usar los fondos del Ministerio de la Vivienda a extinguir, perdidito en el vacío de las ondas. Si tenemos que hablar de inmigración, qué pena de Rajoy, qué absurdo, qué visceral, qué irresponsable. Qué nacionalista, en fin. Sobre el terrorismo y sus palabras, ahorremos comentarios para evitar sucesivos vómitos de rabia contenida por simple sentido común. Su peor momento, su obcecación con los mantras y las consignas repartido por todo el debate.

La culpa es nuestra. Aceptamos que los políticos se pueden llevar tan mal que en cuanto se cruzan con tiempo se ladran y se escupen. Zapatero ha vendido como un logro que este año ha hablado nueve (9) veces con Rajoy, nueve veces en casi 4 años. Soy totalmente consciente de que con este Rajoy es muy difícil hablar, pero lo que sí hay es otra forma de contestarle. Ambos han estallado en varios puntos simplemente porque se han dicho a la cara lo que llevan diciéndose a la espalda hace años, y sin tiempo de preparar respuesta, pose y sonrisa. Ha sido, en suma, como una sesión de juzgado de un divorcio conflictivo.

Y los hijos, como siempre, se dividen entre los de papá, los de mamá y los que se quedan sin bando de pura pena.

¿Aún no ves la necesidad urgente de renovar todo esto? ¿No ves que es no sólo deseable sino ya simplemente imprescindible contar con políticos de ideas y no de vísceras que no se falten al respeto y que propongan sus ideas en vez de dedicar su poco tiempo a criticar al contrario? Cualquiera de los dos candidatos habría ganado de calle el debate si en vez de entrar al trapo de su deseada pelea hubiera expuesto su programa sin ambages, directamente. El de enfrente habría ido a contrapié, intentando rebatir cosas que no se espera se propongan y soltando un rollo que no le interesa a nadie. Claro, que para eso hay que tener ese programa, esas propuestas.

¿Han hablado de la despenalización del cannabis? Eso me interesa. ¿Del cánon digital y las alternativas? Algo me dice que el modelo de Rajoy es similar al Francés, y quiero saberlo. ¿Eutanasia? Nada. ¿Laicismo? Menos que nada, un golpe de pecho ya en retirada. ¿Sociedad de la Información y Red? SI el ADSL está caro, búscate un segundo empleo. ¿Una solución racional al problema que se han inventado con las lenguas? Bah, mejor negar lo evidente y mirar a otro lado (ambos dos). ¿Reforma electoral que sea más proporcional y no les beneficie tanto precisamente a ellos dos? Eso no importa a los españoles, me temo.

Yo debo no ser español, porque las cosas diarias, las que me interesan realmente, ni las han nombrado.

13.02.08

Albert Rivera en TeleCinco

Le han entrevistado en La Mirada Crítica. Poco a poco veremos su programa electoral.

05.02.08

Judas en campaña (II) - Programa, programa, programa

Lo bueno que tiene ser aún jóven es que no tengo demasiados votos pasados que lamentar. No tengo pequeñas y (d)olorosas razones para no querer votar a nadie por las siglas de su partido, aunque eso no significa que me pareca normal votar a este Partido Popular.

Sin embargo, sí tengo razones para desconfiar. La teoría era que los partidos presentan propuestas, y luego las personas que sostienen esas propuestas se presentan y son votadas para defenderlas en el Parlamento. Bella teoría. La práctica es que las listas electorales están blindadas mucho antes de que los partidos tengan, en su mayoría, ideas cerradas. Está claro quién va a ocupar la silla, pero todavía no sabemos para qué, qué va a decir desde ella y por qué.

Y todo entre un maravilloso clima de pre-electoralismo, propaganda y sonrisas profidén. Los de un lado, aplauden con las orejas el ensalzamiento del salvador turolense, mientras obvian incompatibilidades y gruesas inconguencias levantinas, y su estrella polar sigue sin decidir si matrimonio o unión civil homosexual, si transvase sí o transvase no, si religión en los colegios sí o no, si divorcio express sí o no… y una ristra de indecisiones que debería acongojar (y de hecho hace, el viernes les cuento) al más burro. Los que me quedan más cerca van a un acto donde se dice mucho lo que se quiere oír, pero a la hora de la verdad, nada: sigue el culebrón SGAE, el laicismo no aparece realmente en ningún lado salvo en los golpes de pecho, la defensa de leyes como la de Dependencia (y su dotación) se minimiza en aras de la crítica al contrario, y para colmo las 400 cosas que se proponen casi te hacen golpearte la cabeza contra la parez como un autista cualquiera.

Bien, ya les he escuchado. Ya sé más o menos lo que propone cada uno. Algunos han tenido la delicadeza de reflejarlo en un programa electoral y hacerlo circular por la red. No, de los grandes ninguno, pero esos creen que no necesitan programa electoral.

Tomo partido. Tengo muy claro que el próximo 9 de Marzo yo iré a votar. No sé si lo haré en blanco, pero estoy barajando una alternativa que iré explicando estos días.

Quiero que mi voto sea útil. Por eso, votaré en blanco… o votaré a Ciudadanos - Partido de la Ciudadanía (C’s) - (programa electoral en pdf).

¿Alguien se lo esperaba? Yo no.