El Destino del Iscariote

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Archivo de la etiqueta 'democracia'

19.10.08

Rascándose la espalda…

… mutuamente.

Si sumamos esto con esto y no obtenemos esto es que sencillamente hemos olvidado las reglas simples de la aritmética. En cristiano, el PNV dice que apoya los Presupuestos Generales del PSOE en el Congreso y unos días después el PSOE dice que apoya los presupuestos de todos, incluído el PNV. Sin leerlos. Sin negociarlos. Unánimemente. Si esto no es pura y llanamente una barbaridad que alguien me lo explique.

Si en este país se siguiera haciendo periodismo, ya me gustaría que alguien le hiciera cuatro preguntas a don Patxi López.

16.07.08

Democracia versus Teocracia

Democracia versus Teocracia
Comentarios y notas a una conferencia de Ibn Warraq

«Una democracia no puede durar mucho sin libertad de expresión». Con sólo una frase, el autor de Por qué no soy musulmán resume la tragedia de nuestro tiempo, una tragedia que lucha por imponerse dando pequeños pero firmes pasos. Uno de los más famosos llamamientos del fundamentalismo islámico es sencillamente aterrador: conquistaremos Europa con el vientre de nuestras mujeres. Y es aterrador porque es una puerta abierta a la tiranía, que puede llegar de manos de una nueva mayoría social extraña a los valores humanistas o de una respuesta oficial que traspase la frontera del racismo.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos dice en su artículo 18 que toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia. Resulta llamativo que el derecho a abandonar la religión no sea reconocido, un agujero que se repite también en su versión Sharia, la Declaración de los Derechos Humanos en el Islám (al que añade unos cuantos agujeros más en materia de libertad religiosa o igualdad de sexos). De hecho, grupos religiosos bien conocidos (sunís y chiís) ni siquiera admiten la posibilidad de cambiar de religión y seguir con vida.

Hace un mes, en una decisión incomprensible, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU decidió prohibir la crítica en su seno a las prácticas religiosas islámicas contrarias a la declaración que le da nombre. En una sesión vergonzosa, se impuso un modelo de respeto basado en el tabú. Apelando al diálogo y al entendimiento, la Comisión se declaró incapaz de debatir sobre lapidaciones y vejaciones a mujeres. La ONU contra los Derechos del Hombre.

Esta situación pone de manifiesto que la Democracia sin etiquetas no es suficiente. Las mayorías sociales no pueden imponer la impunidad debido al origen metafísico de los actos. El choque que existe entre Democracia y Teocracia se transforma en una batalla entre Democracia y Democracia Liberal en Europa, donde un exceso de relativismo ha llegado a plantear que todas las posturas son respetables sin ver la evidentes contradicciones que de ello se derivan. Un sistema democrático vacío es simplemente eso, vacío. En palabras de Spinoza «el propósito del Estado es la Libertad», y para ello debe proporcionar las armas (racionales) a los ciudadanos que les permitan pensar, decidir y formarse juicios de opinión.

La Sharia es incompatible con la Democracia Liberal por una razón demasiado visible: mientras en un estado moderno la normas básicas se construyen entre todos y respetando un marco de convivencia, la Sharia es una ley infalible y definitiva, Además, es incompatible con los Derechos Humanos en tanto legitima la discriminación contra las mujeres, el esclavismo y la tortura y regula hasta la asfixia las relaciones sociales. No existe un término equivalente a «laico» o «secular» en el vocabulario fundamentalista, por lo que es imposible ninguna separación del Estado respecto a la religión. Aún así, no en todos los países de mayoría musulmana practican su fe de la misma forma, ni dentro de un mismo país se ve todo de la misma manera. Existe un Islám tipo I, que se basa en las palabras del profeta y en su libro sagrado; un Islám tipo II que basa sus leyes de convivencia en la interpretación que teólogos e instituciones hacen de las palabras del profeta (y que englobaría a la Sharia), y un Islám tipo III, representado por cómo vive la sociedad islámica su propia creencia. A medida que descendemos en esa clasificación, el nivel de tolerancia es mayor: las personas, en su convivencia normal y diaria, son mucho más tolerantes y flexibles con las prácticas de los demás que los estudiosos y eruditos que interpretan el Corán. Y éstos, aunque sólo sea por las alturas de la Historia en las que estamos, son un poco más tolerantes que las palabras literales del profeta.

Si hay alguna posibilidad de evitar un choque cultural que puede terminar en un estallido de violencia (y a la perpetua situación en Oriente Medio me remito), ésta pasa irremediablemente por impulsar el pensamiento laico en el Islám. Y para ello debemos servirnos de la emigración, tanto de trabajadores como de estudiantes. Los inmigrantes que llegan desde sociedades musulmanas suelen ser precisamente de las capas más tolerantes, y se deben convertir en embajadores de excepción de nuestra forma de ser: es más convincente una palabra de tu vecino emigrado describiendo las bondades y el progreso que se derivan de la sociedad laica que cualquier discurso desde un púlpito. Los musulmanes moderados, los que son capaces de convivir y han aceptado que su religión, como todas, es sólo poesía, son nuestros mejores defensores. Porque son testimonios vivientes de por qué la ley en Occidente es mejor que la Sharia. Lamentablemente, aún no nos hemos dado cuenta, y ellos seguramente tampoco, de manera que todavía jugamos al racismo por un lado y al enroque que provoca el victimismo por el otro.

Linkografía

Serie Democracia versus Teocracia

09.07.08

Aranjuez: Democracia versus Teocracia


08.07.08

¿Es tolerable la tolerancia religiosa?

Democracia versus Teocracia
Comentarios y notas a una conferencia de Fernando Savater

Dice Savater que tolerancia es «que a uno le guste que haya cosas en la sociedad que no le gusten», y dice bien. De nada sirve ser tolerante con las cosas que a uno le agradan: el reto es ser capaz de respetar a quien realiza actos y tiene ideas que no sólo nos parecen equivocadas, sino que nunca los haríamos o pensaríamos. Es el caso de la orientación sexual o los ideales políticos, que conllevan actitudes distintas y respetables siempre que no entren en conflicto con los derechos de los demás.

Esa coletilla, la del respeto a los derechos de los demás, suele ser omitida cuando se habla de respeto religioso. Partiendo de la base de que la etiqueta «ateo» no define, cabe destacar que los descreídos también cuentan con derechos en materia de libertad religiosa. No creer en dios es de hecho una postura religiosa y por tanto amparada en dicho derecho, y eso es algo que los creyentes suelen obviar en sus manifestaciones religiosas. Nunca en la Historia se ha visto a un creyente pararse a pensar si con sus exhibiciones y ostentaciones de fe ofende a quien no cree. Cuando intentan presionar en aspectos científico-médicos (eutanasia, células madre) no se dan cuenta de que ofenden a quien no comparte sus mitos. El Estado, al decidir proteger y apoyar activamente las distintas confesiones, deja de ser el garante de la libertad religiosa de todos y toma partido por todas las opciones menos por una: la de los que no tienen religión por propia elección. Las religiones deben ser defendidas por sus miembros, y el Estado debe tolerarlas y respetarlas, pero no protegerlas. Citando de nuevo a Savater, «hay derecho a la diversidad, pero no diversidad de derechos», aunque en la práctica no sea así: la crítica zafia y grosera de símbolos religiosos no sólo debe ser amparada por la libertad de expresión, sino por la religiosa. La mofa de la religión es una postura religiosa, y paradójicamente debería, en ese marco de errónea protección, ser potenciada.

Hay ideas que no son respetables. Uno puede tener un interés poético-filosófico en intentar entender cómo llegó a pensar el Marqués de Sade, pero nunca lo pondría a impartir educación sexual en la secundaria. Del mismo modo, las morales religiosas son útiles porque nos cuentan cómo ha evolucionado nuestra convivencia, pero no pueden marcar con sus patrones dogmáticos las relaciones sociales de los seres humanos del presente. De hecho, precisamente en aras de ejercer esa libertad religiosa, los ateos reclamamos de la religión que acepte su carácter eminentemente poético. «Las religiones son poesías tomadas en serio»: «no hay nada en el mundo que la religión no pueda explicar, y por eso la religión es falsa». En la medida en que sea aceptado el componente poético de la religión y no se trate de trasvasar el dogma a la política o la ciencia, es posible convivir y por tanto respetar esa religión, ya que se habrá asegurado la falta de conflicto con el derecho ajeno.

Esa aceptación, y su falta, es la que configura el escenario mundial en la actualidad. Contrariamente a lo que se repite, no estamos ante un choque de civilizaciones ni necesitamos una alianza de las mismas, porque sólo existe una civilización. Tal palabra simplemente designa al conjunto de soluciones que los humanos dan a sus problemas, y en el planeta ya globalizado es evidente que esas soluciones son también globales. Existe un choque cultural y/o religioso, pero ni la cultura ni mucho menos la religión definen una civilización. El conflicto que vivimos no es, por tanto, sino un cara a cara entre democracia y teocracia, entre una visión de las relaciones humanas basada en la libre elección y otra basada en la sumisión a principios inmutables. Su causa está ya indicada: la religión ocupando lugares que no le deben corresponder. Es difícil formular su solución real, pero tras haber purgado nuestra cultura de absolutismos tenemos derecho moral a purgar otras.

Serie Democracia versus Teocracia