El Destino del Iscariote

Lookin' for someone to betray...

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04.02.08

Vergüenza

Es lo que siento al leer ciertas cosas:

Cuando en la mañana del domingo, antes de comenzar el acto del presidente, Zapatero, estando nosotros sentados en el auditorium, nos comentas que vayamos a posar para la foto de todos lo blogeros que estamos colaborando con el Partido. Nosotros siguiendo tu indicación nos presentamos ante el grupo, y se produce la siguiente escena:
Directamente se me dice por boca de la Srta. Jessica, que yo, no puedo salir en la foto. Aclara que es una foto de las redes colaboradoras del Partido. Mi contestación rápida fue: “pertenezco a Red de Blogs Socialistas”. Responde: “Sí, pero esa red no sale en la foto”. Al compañero, Santi Benítez, invitado y venido desde Canarias, un tal Hidalgo, le indica, igual negativa.

Vamos, que hay motivos. Para el portazo, digo. Porque el tal Santi Benitez no sólo es miembro de ese partido, sino que estaba en esa Red que colabora con el Partido

16.01.08

10 de Marzo de 2008

Fuentes del entorno del alcalde no dudan en admitir que «Aguirre ha ganado el pulso y así lo reconoce Gallardón. Asume la derrota que le ha infligido ésta y su sector», lamentaron a ABC, para agregar, a modo de advertencia, que Ruiz-Gallardón «hablará» a partir de la cita electoral de marzo.

ABC: Un ultimátum de Aguirre a Rajoy acaba con la carrera política de Ruiz-Gallardón

Hacía frío esa mañana. La primavera se retrasaba, y en Madrid los termómetros se desperezaban. Los ecos de los aplausos decepcionados de anoche todavía resonaban en sus oídos. No se levantó de la cama; se limitó a apagar de un manotazo el radio-despertador que le chillaba desde la mesilla.

Fue una noche dura en la sede del partido. A pesar de las encuestas, todavía mantenían la esperanza de la victoria. Qué irónica, la esperanza… Pasó de la espectación ilusoria a la realidad aplastante. Se cerraba un ciclo. Y aún así, era lo mejor para el partido.

Recordaba unos meses antes, en aquel despacho, cuando trataron de degollarlo políticamente y prefirió el suicidio propio a la muerte del partido. ¿Qué más podía hacer? La amenaza de Esperanza era firme. Añadir a Gallardón a las listas provocaría una crisis a nivel nacional evidente, porque eso incluía necesariamente a Esperanza, que debía dimitir como Presidenta de la Comunidad de Madrid. Amén de que tener a sus dos postulantes a sucederle en el Congreso durante 4 años provocaría sin duda una rivalidad que empujaría peligrosamente al partido hacia una escisión. Él ya asumía que si perdía estas elecciones se iría, y había aceptado sin mucha alegría que Gallardón había ganado en inteligencia y era su momento. Estaba dispuesto a dejarle. Pero las ansias de poder de éste sólo eran equiparables a las de aquélla, que no dudó en tensar la cuerda que ata a las familias del PP hasta ver a una estangulada.

Terminó de remolonear por la cama. Era ya media mañana y no tenía ganas de hacer nada, pero sabía que debía practicar la cara de serenidad. Hoy todos le mirarían con lupa. Su partido dependía de su capacidad de interpretar.

Recordaba los semblantes de la noche anterior. Mentes calculando con fachada de empatía. Evaluando cuánto les había afectado el desastre. Sopesando grupos, poderes y facciones, esbozando alianzas incipientes en la lucha de poder. Sólo Zaplana estaba abiertamente alegre: además de su innata sinceridad en círculos cercanos que le impedía fingir pena por nadie salvo él mismo delante de colegas, tenía asegurado sillón para cuatro años, un último regalo a un amigo. Lo que creyó antaño un amigo. Esperaba haber tomado la decisión correcta. Si había lucha, que fuera en casa. Que no se mostrara en el Congreso de los Diputados con dos dirigentes del partido enfrentados a muerte.

Se levantó con desgana. Le daba vueltas todo, su mente se contraía en una suma de ideas negativas. Pensó en qué le esperaría en el despacho hoy cuando llegara. ¿Le habría redactado ya alguien la carta de renuncia? ¿Le mirarían ya de soslayo incluso los que una semana antes se sentaban a su lado en maitines? Había captado miradas cómplices poco antes de irse a casa anoche. Quedaban los justos, el nucleo, y anunció que se marchaba. Un par de destellos en los ojos. No hacía falta añadir más.

Decidió tomarse un café. Él había hecho todo cuanto estaba en su mano; ahora ellos debían poner la sangre fría por el bien del partido.

Encendió el televisor y sintonizó una cadena nacional. La imagen anunciaba una rueda de prensa de Alberto. Empieza la guerra. Era duro saberse la primera e inevitable baja. Nunca tuvo deseos de grandeza, pero tampoco pensó que su carrera política acabara así, marcada por la locura de la conspiranoia y las luchas intestinas para sucederle desde el momento en que perdió por primera vez. Espero que la Historia me olvide, pensó para sí.

Mariano Rajoy rompió a llorar.

07.08.07

De dimisiones: Puras vesus Piqué

Me resulta extraño que nadie, entre todas las cabezas pensantes que pueblan la blogosfera y la Red en general, haya dedicado un segundo a comparar algo que aparece como comparable de manera natural.

El pasado 17 de julio, el señor Josep Piqué presentó su dimisión irrevocable como dirigente máximo del PPC, mediante una carta dirigida a Mariano Rajoy (cuyo texto íntegro puede leerse aquí).

El pasado 6 de agosto, el señor Fernando Puras presentó su dimisión como líder del PSN-PSOE, y la hizo pública mediante un comunicado que puede leerse casi íntegramente aquí (no he encontrado la transcripción completa tras mucho buscar).

El principal hecho común es que ambas dimisiones se producen tras unos comicios. Existen, evidentemente, muchas diferencias en las situaciones que propiciaron una y otra dimisión. Por nombrar algunas, el PSN ha conseguido aumentar este año el número de votos recibidos en los comicios respecto a las elecciones anteriores en casi 10.000, que de un total de casi 75.000 le reporta un escaño más en el parlamento navarro (fuente). Mientras, el PPC consiguió en 2006 casi 80.000 votos menos, pero sobre un total de más de 300.000, lo que le restó solamente un escaño en el Parlament (fuente1 fuente2).

Sin embargo, no ha sido lo de Puras un morir de éxito (relativo), como tampoco fue lo de Piqué un morir de fracaso. Ambas defunciones políticas tienen más que ver con claves estatales que con claves electorales regionales. En ambos casos, las direcciones nacionales de sus partidos les obligaron a comulgar con ruedas de molino. Puras ha tenido que templar sus deseos (y los de sus electores) por un punto para algunos insignificante: principios. Si una persona adulta se compromete a seguir ciertos patrones y reglas de juego a cambio de formar parte de un partido político, cuando desde la dirección de ese partido se define una estrategia sólo caben dos cosas: acatar o largarse. Parece claro que Puras ha intentado hacer valer su propia opinión (y la de sus bases), pero que la dirección federal de su partido ha desestimado sus argumentos. Ante eso, poco más que dimitir se puede hacer.

El caso de Piqué es similar. Tras aguantar los hooligans de su propio partido haciendo campaña para todos menos para él (ERC se frota las manos cada vez que Acebes, Zaplana o similares nombran Cataluña, la derecha mediática apoyando a Ciutadans para convertirlos en ese partido liberal-losantiano que no quieren ser, la satanización del PSC que sin duda despertó su voto útil…) y cosechar un resultado electoral que tampoco puede traducirse como catástrofe (en votos, malo, pero en diputados salva la cara), tuvo que ver cómo la cúpula de su partido intentaba dejarlo en la cuneta pero sin que se notara. Desde Génova se decidió que era importante cambiar el equipo de Piqué y, aunque ambas partes llegaron a un acuerdo que en teoría afianzaba la figura del dirigente catalán, la Dirección del Partido decidió filtrar la noticia y dejar al presidente popular catalán a los pies de los caballos, devaluando el trabajo político de muchos.

Ambos casos muestran cómo se consigue tener cadáveres en el armario sin que nadie te pida explicaciones por ellos. Piqué se despidió disparando con balas de plata. Aunque en su carta de renuncia se cuida de dejar bien claro que no considera responsable a Rajoy de la situación, al desligarlo de las decisiones lo que hace implícitamente es poner en duda su autoridad. Le viene a decir que los demás se están portanto mal pero que él, el que debe controlarlos y dirigirlos, no es culpable de no controlarlos ni de que se dirijan solos. Puras, por otro lado, también dispara saetas envenenadas (felizmente envenenadas) al advertir que este tipo de situaciones, en las que una dirección política priva a un colectivo miembro de libertad de actuación puede provocar (debería provocar) una espantada de la que su dimisión debería ser la punta de lanza.

Ambas dimisiones ponen en evidencia una forma de hacer política y controlar los partidos. Demasiado vertical. Demasiado televisiva en un caso (o consigues la imposible cuota de pantalla que queramos o te ponemos de colores en nuestra prensa afín) y demasiado en la linea del despotismo ilustrado en el otro (lo mejor para los navarros es lo que decidamos nosotros en nuestro despacho, y encima nos ahorramos tener que ponernos a explicar cosas, que la gente es muy tonta y no tiene ni que decidir ni mucho menos entender).

Sin embargo, sí existen diferencias. Vaya si existen. Cuando Piqué dimitió, muchos en la izquierda sentimos cierta solidaridad hacia él. No se iba porque quisiera irse, ni porque se hubiera llevado un varapalo en las urnas (que, en cualquier caso, poca culpa suya habría sido…) sino porque quisieron pasarle por encima desde Madrid a la hora de dirigir lo que se supone que él dirige. Y sin embargo, desde la derecha sólo se atisbaba alivio (a veces encubierto, otras veces ni eso) con la desaparición del espectro de Piqué. Nadie (que yo recuerde) se planteó las causas ni las criticó. Con Puras, sin embargo, la izquierda sí se ha mostrado indignada, hasta el punto de que peligra la mayoría que permitió a Zapatero llegar a la Moncloa (que ese es otro despropósito del PSOE, creer que lo sucedido en Navarra puede restarle sus votos allí pero salvando los del resto de España… gran error). Y sin embargo, desde la derecha se aplaude la decisión de Ferraz y de nuevo no se atiende a lo que han dicho los cuidadanos con su voto, que era Cambio (ya que tanto PSN como NaBai y IUN dejaron clara su idea de pacto antes de las votaciones).

Así las cosas, nada cambiará en un corto plazo. En Cataluña el PPC tiene nueva dirección, que iniciará un nuevo tiempo político y, si se produce la esperada renovación a nivel estatal, es probable que consigan algo en los próximos comicios (si se desligan del anticatalanismo que transpiran algunos dirigentes nacionales actuales). En Navarra, gobernará UPN en coalición con CDN (que suman el 47% de los votos, no hay que olvidarlo) mientras la izquierda federada en el PSOE se hundirá en una crisis larga y terrible y NaBai tendrá por fin la oportunidad de mostrarnos si hacernos quedar embobados al ver a Uxue Barkos en el Congreso de los Diputados era mérito suyo solamente o es que hay ideas y argumentos en todo el partido.

Quién sabe, tal vez en un futuro próximo exista un partido socialista en Navarra que no tenga miedo a cerrar programas de gobierno progresista con nacionalistas (sin ceder a sus pretensiones soberanistas, claro) y NaBai cuente con experiencia suficiente como para ser un socio preferente. Dentro de cuatro años lo sabremos. O tal vez antes, si la dirección de Ferraz se decide a usar su cabeza y no su calculadora y permite lo que sus votantes demandan. En cualquier caso, el peor momento para cambiar de idea sería tras las generales del año que viene. Porque algo así puede mandar a un partido de izquierdas a la oposición durante décadas (uno de derechas no, basta recordar quiénes dirigían el PP al perder las elecciones de 2004, por qué las perdieron y quién ha dimitido).

Y siguiendo en el mundo de los sueños, y me atrevería a pedir otra dimisión, ya que esán de moda. Creo que es hora de relevar a Pepe Blanco. Por nuestro bien como electores de izquierdas. Por el bien electoral del PSOE. Si Blanco no ha tenido reparos en dejar mal a un compañero hasta forzarle a dimitir por lo que él considera un bien mayor, su salida del PSOE sin duda nos brindará a los simpatizantes no afiliados un alivio incomparable.

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