De un tiempo a esta parte, el ambiente se ha vuelto irrespirable para los fieles a Roma. No hay una santa semana en que no salte a las noticias un suceso (una redada en una Iglesia, búsqueda aleatoria de crucifijos bajo los escotes y mil historias más).
La situación es tan tensa que muchos católicos sólo se atreven salir a la calle de noche o refugiados en las sombras de zaguanes y callejones. Se resguardan donde pueden: esquinas, farolas… incluso árboles.

De hecho, algunos han empezado a salir con un árbol desde casa. Por si acaso.

















