El Destino del Iscariote

It's better a Kiss of Death than nothing...

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17.02.08

Jesús el xenófobo egocéntrico

Hola, hermanos y hermanas. Tenemos descuidada esta sección de Misa de Domingo, así que hoy toca una homilía dura. A mi lado Rouco parece una monja con voto de silencio.

Pocos de vosotros conoceréis estos pasajes, porque nuestra Santa Madre Iglesia se cuida mucho en enseñarnos rectamente decidiendo qué es bueno resaltar y qué no.

El sermón de hoy nos va a permitir conocer un poco más a nuestro Salvador en esos momentos de intimidad cuando las personas muestran su verdadero ser, la pasta de que están hechos.

Siete días antes de la Pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. Y dijo uno de los discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis.

Evangelio según Juan, cap. 12, vers. 1-8

¡Qué maravillosa manera de mostrarnos un ejemplo del superhombre nietzscheano! Él sólo va a estar por aquí un tiempo, hónrenle, aunque una anciana muera de hambre un día antes. Es la voluntad de Dios, que no deja un pelo de nuestra cabeza caer sin mantener su propósito. Tanta voluntad de poder me abruma.

Jesús, nuestro Señor, de un plumazo termina con los relativismos marxistas. Los pobres siempre estarán con nosotros, nunca habrá igualdad de clases. Ante esa profecía del mismísimo Redentor, sólo queda despreciar el socialismo, el liberalismo, el comunismo, el histerismo y cualquier ideología relativista que pretenda solucionar los problemas de la gente: ya dijo Jesús que eso es imposible.

Nota aparte merecen las insinuaciones que Juan desliza sobre Judas: no les damos mayor credibilidad. Juan escribió su libro mucho tiempo después, si acaso es suyo, y se le nota cierto resquemor. Es normal que exagerara porque al fin y al cabo Judas ya estaba muerto. Si el Maestro desperdiciaba trescientos denarios, el culpable era Judas por ladrón.

Como veis, queridos hermanos, la sabiduría de hoy es profunda. Enlaza con la vida actual, porque Cristo sigue de moda. Así que ningún daño nos hace continuar desvelando su comportamiento en la intimidad.

Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. Él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor socórreme! Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aún los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh, mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.

Evangelio según Matero, cap. 15, vers. 21-28

Meditemos profundamente este mensaje, pues es complejo. Los cananeos eran los vecinos incómodos de Israel. La costumbre impedía hablar con ellos, era un tabú. Al fin y al cabo, eran infieles, extranjeros, y la cultura israelí era extremadamente nacionalista. Además es de resaltar el matiz despectivo del término perrillos. La voz griega (Kynaria) nombra a los perros de compañía, domésticos, en vez de los perros salvajes, libres. Jesús le está diciendo que su condición de extrajera la pone al nivel de las mascotas de sus hijos, bajo su voluntad incluso siendo inconscientes de ellos. Las demás naciones, es decir, son siervas de la Gran Israel, aunque no lo sepan. Nuestro Señor parte de una postura nacionalista, pasa a otra ultranacionalista y termina siendo benevolente. Todos los ultranacionalismos son perdonavidas si les das la razón. Apaciguamiento lo llaman algunos.

El resumen, pues, de este otro pasaje privado no puede ser más claro: sométete a tu Señor, sométete a su pueblo elegido, sus costumbres, sus tabús, y sólo entonces, cuando te reconozcas inferior al pueblo que obtuvo de la mismísima mano de Dios las Tablas de la Ley, serás digno de recibir migajas. Migajas que ganarás, como él mismo prometió, con el sudor de tu frente, y añado con las lágrimas de tus ojos postrado ante unos pies. No en vano, poco después (vers. 29-ss) Jesús cura a diestro y siniestro en Israel, sólo poniéndote ante él. Que suerte de nacimiento tienen algunos.

Claro, tampoco es de esperar otra cosa de un Jesús que se supone que es el mismo Dios que maldijo a un tercio de la humanidad por una borrachera. Eso, queridos hermanos, es otra historia. Otro domingo hablaremos de ella. O del maravilloso milagro paulino, que transformó un movimiento nacionalista en una religión universal, como un agente de finanzas cualquiera que tiene éxito en una empresa. Por ahora, mediten lo que acaban de leer y den gracias a Dios si llegan a alguna conclusión.

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