El Destino del Iscariote

Lookin' for someone to betray...

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07.11.08

El efecto Obama

Es curioso lo mal que se me da hacer vaticinios político-electorales, y quizás por eso he preferido ser un lector silente en esto de la campaña norteamericana. Teniendo cerca a gente como egócrata y sus noches de caucus y primarias en twitter, a uno le quedan ya pocas cosas que comentar. Pero me parece que queda algo en el fondo del bote, algunas ideas que no he visto a nadie poner negro sobre blanco (y valga), algunas circunstancias colaterales al efecto Obama.

Lo que ya ha hecho el presidente electo Obama

Vale, Obama es negro. O no, mulato. Medio europeo y medio africano. Con pizcas, mezclas y lo que queráis. Es negro, en el sentido cotidiano del término, y las tonterías sirven sólo para divertirse un rato.

Repasando la prensa he estado leyendo la cobertura desde Chicago que ha hecho Público, y hay algunas frases que querría resaltar. Me ha llamado poderosamente la atención el indigente que gritaba «Lo han votado hasta los blancos. Nos han votado a nosotros, sus antiguos esclavos. Somos importantes». Puedo imaginarme a los dos jóvenes negros gritando casi sin creérselo eso de «El tío lo ha conseguido». Es curioso que Obama durante su campaña repitiera incesantemente que los principales problemas raciales en Estados Unidos no venían de un racismo blanco, sino de un derrotismo y un victimismo muy enraizado en la comunidad negra. Denunciaba que muchos, bajo la manta del sentimiento de ser «ciudadanos de segunda» escondían simplemente la pereza o el temor a tomar partido en la vida política, democrática o social, sentimientos propios del pensamiento cobarde y estático. Apelaba, en suma, a la responsabilidad de todos y cada uno y a dejar atrás estereotipos. Con su victoria, los negros que aún vivían con el ciego pensamiento de ser «de segunda» despiertan a la realidad. En un efecto doble, refuerzan su propia autoestima social a la vez que, por primera vez, comienzan a darse cuenta de que los problemas no terminan en su puerta, y de que ellos forman parte de una Nación que también les necesita.

Nadie duda de lo civilizados que son los norteamericanos, que nadie vea en el párrafo anterior una acusación implícita de racismo o segregación racial. Hablo de sentimientos. Hace menos de un siglo existía esa brecha social, y aunque las leyes cambien hay memorias que perduran algo más, y sentimientos difíciles de olvidar. También hay algunos que se ha preguntado en un alarde de patriotismo dislocado cuándo veríamos ecuatorianos o gitanos presidiendo España, lo que daría para una entrada entera nombrando diferencias de situaciones y errores de enfoque, así que mejor lo dejamos y sonreímos. Ains.

No sé si alguien recuerda haber visto celebraciones en pueblos y ciudades de África tras la elección de un presidente de Estados Unidos, o que le dediquen obras de teatro. No hay fronteras para Obama, y se celebra y comenta su elección en todo el mundo. Otra cosa que ya ha hecho el presidente electo Obama: mejorar la imagen de su país en el extranjero. Seguramente no entre las personas más exigentes, que esperarán prudentemente, pero sí entre la masa, tan dada a enloquecer y quemar banderas en ocasiones. Hay literalmente millones de pares de ojos que hoy miran a Estados Unidos con un color de cristal muy distinto respecto a hacer una semana en sitios donde antes no se los quería ni ver. Los europeos siempre creemos entenderlo todo, y las formas useñas no quedan fuera, pero lo cierto es que no entendemos un carajo de la forma de vida que se estila al otro lado del Atlántico. Creemos que Obama es lo que nos gustaría que fuera, y que hará lo que querríamos que hiciera, y si no lo hace… vamos a tener un problema. Por ahora, el electo Obama ha conseguido que el 60% de los europeos (cifra aproximada y, por qué no decirlo, inventada) queramos ser estadounidenses. Prácticamente todos nos daríamos la vuelta nada más llegar y ver cómo funciona aquello, pero esa es otra historia. Eso es un logro inobjetable, y más si tenemos en cuenta la opinión generalizada sobre los estadounidenses que circula por este viejo continente (fruto del desconocimiento, la incomprensión y la pereza a partes variables). Esperemos que Obama sea capaz de usar el envoltorio para darle contenido. El Congo, por ejemplo, sería un buen comienzo.

Lo que va a hacer el presidente Obama

Personalmente, no tengo la menor idea. Hay quien comenta por ahí que Bush Jr. se presentó con un programa que en política exterior era poco menos que aislacionista, y mira cómo han pasado los años. Puedo aventurar, sin embargo, lo que podría pasar. Porque, sintiéndolo mucho, soy de los que opinan que Obama, si hace lo que debe hacer, nos va a cambiar un poquito la vida a todos.

En política casera, tiene un ideal ambicioso de sanidad universal. No termino de entender la idiosincrasia yankee porque me cuesta mucho coger sus esquemas mentales, pero me hago a la idea de las razones por las que no tienen de eso, y me da la impresión de que esas razones, razonables o no, no se esfuman del ideario colectivo en un par de años. Más bien, creo que es el precursor, sí, de una europeización americana en ese aspecto. Antes de que me se salten las lágrimas de odio, ni de lejos sugiero que vayamos a ver una Caja de la Seguridad Social regulada por la Reserva Federal o un Secretario de turno, sino algo mucho más pragmático: la sanidad estadounidense es económicamente menos eficaz que la europea (cada paciente le cuesta más al Estado), es simple realismo aplicado que alguien ha debido ver ya. No se me ocurre cómo va a hacer lo que quiera que tenga pensado, pero va a ser interesante verlo.

Pero hay más que sanidad universal. Obama plantea una gran ofensiva educativa. Me da la impresión, y que se me permita la ilusión, que Obama entiende que, en un Estado (Nación o como queramos llamarlo) occidental y libre, que hace de la Libertad su bandera y que se considera grande y especial, el hecho de que la gente enferme y muera cuando es médicamente evitable y además sea analfabeta y culturalmente pobre es una vergüenza que termina decayendo. Como, por otra parte, pasa en Europa (¿o es que ya nadie se echa las manos a la cabeza con la espectacular bajada de nivel de los estudios de secundaria? ¿listas de espera interminables, falta de material y personal?) y así nos luce el pelo. No es menos cierto porque lo digan los rojos: una sociedad que no cuida de sí misma, aunque sea democrática, está abocada al fracaso.

Hay algunas cosas que Obama no va a cambiar, por mucho que muchos europeos se empeñen. Por ejemplo, la maldita manía de los presidentes de mirar por los intereses de sus votantes y no por los de los demás sitios. Eso incluye, por supuesto y por ejemplo, que defenderá su política energética hasta que tenga alternativas. O que no dudará en apretar los botones necesarios si percibe un peligro real. Personalmente no espero un gran cambio en política exterior estadounidense, más allá de cerrar Guantánamo (por fin) y tratar de suturar en Irak de un modo más o menos inteligente. Lo que sí destaca en sus discursos es su compromiso con Afganistán, y ahí es donde quería yo llegar…

Porque me da la impresión de que Obama va a ser, en algunos aspectos, justo lo contrario de lo que esperábamos, lo opuesto a lo que seguramente queremos pero irremediablemente lo que necesitamos. Estoy hablando de Europa, obviamente, a la que me barrunto van a invitar a convertirse de una jodida vez en algo más que un jarrón de adorno. En las portadas de lo que se hablará será de números de tropas de quién destinadas en dónde. No miento si digo que ya oigo a algunos quejarse de esta elección: contra McCain eso no pasaría, y viviríamos mucho mejor, pero a ver quién le dice que no a Obama después de babearle el trasero tanto. Tendremos que dejar de hablar de multilateralidad y empezar a ejercerla, con lo que ello conlleva. Si todo funcionara como debiera, Europa aprenderá que los dictadores y los radicales no caen solos si les pasas la mano por el lomo y que hay veces que es necesario disparar, y América entenderá que la democracia no se puede exportar de un día al siguiente y que para algunas cosas mejor tener amigos que MasterCard.

Por supuesto, es posible que nada de eso ocurra: que ni sanidad universal ni proyecto de, ni mejora en educación, ni despertar europeo en el Mundo, ni nada de nada. Pero ya que todos han soñado, yo también quiero.


Casi todos mis compañeros de NeoProgs y algunos de Siracusa han hablado del tema, pero no puedo dejar de invitar a la lectura de los XVI puntos de Gregorio Luri, la visión imperialista de Isidoro, la mirada desde abajo que hace Yoani, la guinda bíblica de Ismael. Si parece poco, podemos perdernos entre Barras y Estrellas. Y si hay ganas de más, leamos sobre sueños dulces y victorias incompletas.

17.06.08

El sudor de tu frente

El mundo antiguo estaba plagado de dioses. Maldita la suerte que propició que el oficialismo imperial europeo del momento decidiera elevar sobre los demás (hasta aplastarlos) al que nos condenaba al trabajo. Mientras en otros lares tienen una concepción del trabajo como una bendición, una parte importante más de la vida, un aspecto de la propia personalidad, en sitios más cercanos se entiende como un castigo. Generaciones de trabajadores no cualificados viviendo en la cuerda floja toda su existencia dejan una suerte de memoria histórica.

Comenta don Santi Benítez:

Estonia ha ganado una votación según la cual se llevará la propuesta de permitir la jornada laboral semanal de 65 horas al Parlamento Europeo para su debate y votación… la cuestión es, ¿Cómo ha conseguido un país como Estonia que dicha propuesta saliera adelante en una votación por países en esta Europa nuestra de derechos para los trabajadores? Es muy simple, gracias a los votos de países en los que ya se contratan trabajadores en fraude de normativa europea. Y no estamos hablando de unos cuantos contratos, sino de una parva. ¿Y cómo es posible que esos países, Reino Unido o Alemania - por poner dos de los ejemplos más clamorosos-, contraten en fraude de normativa sin que los sindicatos hayan denunciado donde deben? Buena pregunta.

No seré yo quien muestre la realidad de la vida a don Santi, que acumula en sus palabras mucho más sentido común que algunas redes blogosféricas al completo, pero se ha ido demasiado lejos. Eso, querido amigo, pasa en España. Pasa en nuestros pueblos y nuestras ciudades.

Conozco industrias donde contratan por 600 € mensuales y obligan a una jornada laboral de entre 10 y 12 horas diarias, seis días a la semana, para llegar (como mínimo, en gris) a un sueldo mísero de 1000 ó 1200. Obligan desde que el que no pasa por el aro no trabaja, y punto. Plantillas formadas por trabajadores que llevan más de 10 años en la empresa, cobrando exactamente lo mismo, sacando adelante a sus familias con hijos con 1000 euros al mes y pasando todo el día fuera de casa. Fiestas anuales para celebrar el aumento de beneficios escandaloso, mientras se regala a los obreros una muestra del producto y se le dan palmaditas en las espalda.

Esto pasa en España, no en Europa del Este. Esto pasa en casi todas las industrias de nuestros polígonos industriales, y negarlo es ya simple cinismo. Nóminas ínfimas, si existen, acompañadas de migajas en incentivos para completar un sueldo de subsistencia a cambio de una jornada de sol a sol. No exagero ni invento. Algunos deberían salir de sus despachos capitalinos y descubrir, por ejemplo, cómo se consigue el milagro murciano. Porque no sólo los albañiles han trabajado en turnos hasta de madrugada (repito que yo lo he visto): muchos operarios industriales manejan maquinaria pesada con 10 horas de curro a sus espaldas.

China está empujando. Los trabajadores chinos echan horas a destajo por la mitad, si acaso, de lo que cobra un obrero sobreexplotado español. Por simple matemática de costes e ideología de mercado la única manera aparente de competir con semejante gigante es tratar de mimetizar las posibilidades que ofrece la desesperación de la gente. Los que ahora pasan 12 horas en la fábrica no lo hacen por amor al detergente que fabrican, sino para que sus hijos puedan ir con ropa que no esté rota a clase en el colegio público. Los que tienen peor suerte y ni a eso aspiran terminan rebuscando en los contenedores. En mi próspero pueblo cada vez hay más.

No extraña, por tanto, que se abran las puertas a una ampliación de la jornada laboral a 65 horas semanales aún cuando hace unos meses se hablaba precisamente de su reducción a 35. De facto ya existen ese tipo de contratos, en los que empresario y obrero pactan libremente que el segundo echará cuatro horas extra al día y si no no hay trabajo para ti en esta ciudad, forastero. Los contratos temporales son una gran ayuda: cuesta menos despedir al que luego se arrepienta que afrontar las pérdidas por ese vago. Se está tratando de legitimar algo que ya ocurre, algo que no debería ocurrir. Algo en contra de lo que luchar, no algo que aprobar. Y todo para mantener las cuotas de beneficios empresariales, mientras la masa social se ahoga en deudas. Creo que hay demasiado encorbatado que de verdad cree que el hambre no provoca locura; yo por mi parte llevo un par de años diciendo que disfrutemos de lo que nos queda, porque en pocas décadas esto parecerá el cielo en comparación: desastre económico producto de la crisis petrolífera y de la guerra comercial con oriente, crisis humanitaria a las puertas del sur de Eurpa con una presión demográfica y migratoria imparable, despotismo ilustrado desde las altas instituciones europeas e internacionales… El caldo de cultivo para un futuro negro y totalitario.

Hay quien se ha echado las manos a la cabeza cuando se ha enterado de que la propuesta de los ministros europeos abre una puerta a la negociación individual empleador-empleado, por lo que supone de fractura en la acción sindical colectiva y la fuerza de la unión de los trabajadores. Sus lágrimas llegan muy tarde: no hay acción sindical colectiva ni fuerza nacida de la unión de ningún trabajador. Los sindicatos hace tiempo que dejaron de representar los intereses de los obreros (relataría cómo uno de los dos grandes prefirió no intervenir en un caso claro de explotación y mobbing que viví de cerca, pero para qué) y sólo son otro cuerpo más de burócratas, exactamente como los de Bruselas. Igual de prescindibles, en tanto no cumple su función de servicio a la sociedad. No cabe preguntarse qué hacen los sindicatos, sino qué piensa hacer la ciudadanía.

Europa está tocada de muerte. Suena bastante dramático, incluso para un europeísta convencido como el menda, pero es lo que hay. Ya basta de deseos, intenciones y convicciones buenistas: el mundo ahí fuera de nuestra perfecta y humanista Unión Europea es un campo de batalla que ahora usa armas económicas. Una guerra comercial que acaba de empezar y que terminará con el sueño de libertad que supuso esa isla en el Espacio y el Tiempo que llamamos democracia liberal. Sin embargo, los ciudadanos todavía tenemos una ventaja: la Europa de la Unión es vana burocracia, no algo necesario para la supervivencia estricta de los Estados que la forman. Si hay una crisis real, palpable, por decirlo desde el punto de vista del ciudadanos, es un problema de políticos creado por políticos. Y para seguir jugando a su juego (que a fin de mes les recarga la cuenta bancaria) necesitan de nuestro voto: su talón de Aquiles.

El año que viene hay elecciones al Parlamento Europeo. Los ciudadanos del Viejo Continente también queremos jugar y tenemos papelitos blancos para aburrir. De momento, vamos comenzando: ¿65 horas? ¡Ni de coña!

05.02.08

Judas en campaña (II) - Programa, programa, programa

Lo bueno que tiene ser aún jóven es que no tengo demasiados votos pasados que lamentar. No tengo pequeñas y (d)olorosas razones para no querer votar a nadie por las siglas de su partido, aunque eso no significa que me pareca normal votar a este Partido Popular.

Sin embargo, sí tengo razones para desconfiar. La teoría era que los partidos presentan propuestas, y luego las personas que sostienen esas propuestas se presentan y son votadas para defenderlas en el Parlamento. Bella teoría. La práctica es que las listas electorales están blindadas mucho antes de que los partidos tengan, en su mayoría, ideas cerradas. Está claro quién va a ocupar la silla, pero todavía no sabemos para qué, qué va a decir desde ella y por qué.

Y todo entre un maravilloso clima de pre-electoralismo, propaganda y sonrisas profidén. Los de un lado, aplauden con las orejas el ensalzamiento del salvador turolense, mientras obvian incompatibilidades y gruesas inconguencias levantinas, y su estrella polar sigue sin decidir si matrimonio o unión civil homosexual, si transvase sí o transvase no, si religión en los colegios sí o no, si divorcio express sí o no… y una ristra de indecisiones que debería acongojar (y de hecho hace, el viernes les cuento) al más burro. Los que me quedan más cerca van a un acto donde se dice mucho lo que se quiere oír, pero a la hora de la verdad, nada: sigue el culebrón SGAE, el laicismo no aparece realmente en ningún lado salvo en los golpes de pecho, la defensa de leyes como la de Dependencia (y su dotación) se minimiza en aras de la crítica al contrario, y para colmo las 400 cosas que se proponen casi te hacen golpearte la cabeza contra la parez como un autista cualquiera.

Bien, ya les he escuchado. Ya sé más o menos lo que propone cada uno. Algunos han tenido la delicadeza de reflejarlo en un programa electoral y hacerlo circular por la red. No, de los grandes ninguno, pero esos creen que no necesitan programa electoral.

Tomo partido. Tengo muy claro que el próximo 9 de Marzo yo iré a votar. No sé si lo haré en blanco, pero estoy barajando una alternativa que iré explicando estos días.

Quiero que mi voto sea útil. Por eso, votaré en blanco… o votaré a Ciudadanos - Partido de la Ciudadanía (C’s) - (programa electoral en pdf).

¿Alguien se lo esperaba? Yo no.

04.02.08

Judas en campaña (I) - Motivaciones

La política española apesta en su práctica totalidad. No es que de repente me haya hecho antisistema, no, es que los directores de ese sistema apestan.

Siguiendo una conversación que todo hijo de vecino con derecho a voto debería leer (uno, dos, tres, cuatro…) me he replanteado muchas cosas. Muchas cosas importantes. En estos momentos en que por encima de proyectos pongo personas y derechos, me replanteo ciertas decisiones tomadas, como sólo pueden serlo las incorrectas, sin meditación y con desgana. Como levantarse un domingo, es algo que sabes que tienes que hacer, que se espera que hagas, que en cierto modo tu propia conciencia te indica que es positivo. Algo que en el fondo de tu alma sabes que representa la antítesis de tus deseos. Aún no sé por qué es tan negativo pasar todo el domingo en la cama.

No vivimos en una democracia genial: sufrimos una partitocracia horrible. Tenemos dos estructuras gigantescas cuyo único fin es vendernos la moto para dejarles hacer lo que consideran mejor para nosotros.

Da la impresión de que, con las cadenas sacudidas en 1789 en el corazón de Europa, se perdió la oportunidad de hacer las cosas bien. Parece que el tren, caso por comodidad, caso por una idea de finalización del trayecto, pasó y no hay billetes de vuelta nii ruta alternativa. Una vez nosotros, el pueblo, la fuerza legitimadora de las cosas, nos quitamos de encima reyes (ejem) y tiranos, una vez conseguido el poder para disponer de nuestra vida y conciencia, una vez que decidimos dotarnos, como pueblo, de unas leyes justas y virtuosas… creamos una nueva casta político-sacerdotal y les permitimos que pensaran por nosotros. Es como pretender que el pan saqueado en la toma de la Bastilla calmará el hambre de toda la Historia, a base de mandar latas de conserva a Bolivia según acuerdo parlamentario. Hasta les dejamos tener lenguaje propio, y encima vemos sus peleas en la tele de vez en cuando, como si de unos Sims cualquiera se tratara. Incluso en la Tierra de las Oportunidades hizo falta que se creara es casta para que alguien pudiera firmar la Independencia.

Es francamente triste haber cambiado a reyes, cortesanos y similares por secretarios generales, secretarios de organización y responsables de economía. Nos hemos lavado las manos en opinar sobre las cosas, confiando en que en el fondo los políticos no son tan malos. Que choricean, pero tampoco tanto y es medio normal. Que se doblan más que un junco para no desentonar, pero al menos son moderados. Hemos devuelto los reyes a la tienda pero a cambio nos han endosado una profesión de fe en la bondad del pastor.

Hombre, todo no está igual. Ahora votamos. Y existe la Iniciativa Legislativa Popular. Ya. También votan en Cuba. La cantidad de cosas sonrojantes que se leen al respecto es para dejar boquiabierto al más pintado. El próximo 9 de Marzo nada más y nada menos que se nos convoca a las urnas. Toma ya. Tenemos para escoger entre los que meten miedo con el contrario y… los que meten miedo con el contrario.

El miedo es algo muy humano (nota mental: incluír el miedo en mis pullas a los liberales acerca de su Ley Natural que comprende la Naturaleza Humana). Por miedo a la muerte hemos creado una fábula increíble que apuesto que matará de risa al primer extraterrestre que tenga la desgracia de ver su grado de aceptación, y dejamos gustosos que los contadores de ese cuento nos digan con quién es bueno o no meternos en la cama, a quién votar o a qué hora cenar (si la Comunión es la Cena del Señor, ¿por qué se hace a mediodía?). Pero en nombre del miedo no se construye sociedad. Se crean bandos, amistades convenientes, pero no sociedad.

En realidad, las acusaciones de miedo sobran. El PSOE no va a romper España, véase lo que hizo en Navarra. Aunque alguno de sus militantes y/o directivos del norte tengan convicciones algo más matizadas, el PSOE nunca hará nada que ponga en riesgo su chiringuito, que dicta que al menos la mitad de las legislaturas son suyas. Con mantener el tipo en las vacas flacas de votos ya tienen bastante para repartirse cargos y, cuando toque, hacer algo por la gente (Ley de Dependencia, Matrimonio Homosexual). Tampoco van a empezar a hacer nada real contra la Iglesia y su posición destacada, ni contra los que desde sus púlpitos cedidos cometen presuntos delitos, cuando tanto a unos como a otros les viene de perlas que su gente esté cerrando filas en torno a la última parida de su jefe. Rediós, que el programa socialista ni siquiera es laicista.

No soy habitante ni visitante de Equidistán, así que mentiría si dijera que no quiero ver un varapalo gigante al PP en estas elecciones. Que quiero ver a toda la generación Aznar fuera de ese parrtido antes de considerar que sus interlocutores son éticamente válidos. Acebes hace ya tiempo debería estar esquiando, y no Lamela. Aguirre y sus cosas «liberales». Zaplana o el morro personalizado. O cierto candidato por Murcia, que es de vómito directo. Rajoy ya tiene bastante con lo que tiene. Hace tiempo dije que esta campaña yo la haría contra el PP. Voy a ir más lejos.

Se habla del voto útil. Algunos, en esa conversación a la que espero no llegar tarde, dicen que el voto útil es el más inútil, pues mantiene la situación que lo fuerza. Discrepo: el voto útil es útil en la medida en que has aceptado como normal el votar a la contra, con miedo, con la nariz tapada. Cuando no te importa tanto que se implementen políticas reales de izquierda como que el directivo derechista de turno se coma los mocos. Cuando, en definitiva, tragas almacenes de ruedas de molino porque Acebes te cae, cosa objetivamente normal, peor que De La Vega (¿dotar a la Ley de Dependencia de ese presupuesto estaría tan mal visto?). Si votas para parar a la derecha, no esperes políticas de izquierdas. Para eso, vota activamente esas políticas. Otros hablan de matemáticas para obtener el mejor resultado posible para los grupos mayoritarios, para aupar algo que asombre a la derecha, o agradeciendo lo hecho esta legislatura por Zapatero.

Muchas gracias Zapatero. No me has fallado, has hecho exactamente lo que te pedí, lo que pensaba que ibas a hacer en esos temas en que confié en ti. Irak. ETA. Dependencia. Matrimonio homosexual. Muchas gracias. Pero adiós. Todo tu agradecible talante (nada mejor que un político que no pierde los nervios) es insuficiente cuando yo busco radicalidad. Sí, Zapatero, para mi gusto, se ha quedado muy corto, y lo que le demando no puede ofrecerlo porque tiene que contentar a demasiada gente, a demasiados votantes con los que no comparto casi nada. No hace falta ser áspero para ser firme, y hay demasiadas cosas que no puedo compartir en sus propuestas, demasiadas omisiones importantes, demasiada falta de solidez en la base. Demasiadas, eso sí, coincidencias con sus mayores adversarios en relación a cómo impedir que les quiten la licencia exclusiva del carrito de helados.

Tengo apenas 27 años y no cumpliré 28 antes de las elecciones. He participado en dos comicios generales. Y me quedan muchos más donde hacerlo. Sé que el tiempo conservifica a la gente, y que tendré momentos en el futuro lejano de pensar pragmáticamente en el valor de mi voto, en la media necesaria para un escaño en mi circunscripción, en comparaciones y estimaciones. Pero no esta vez. Esta vez voy a por un programa de máximos. No quiero votar en contra, quiero ilusionarme con un proyecto, quiero depositar mi voto, si lo hago, satisfecho de que las personas que lo reciben no son los enemigos de mis enemigos sino mis amigos. No me fío de quienes se postulan como únicos salvadores de la mitad de España frente a la muerte cívica. No si se lo arrojan meméticamente entre ellos, sin la decencia de exponer el propio modelo ciudadano.

Por primera vez, quiero que mi voto sirva para lo que realmente debería emitirse: valorar las propuestas que los grupos políticos nos lanzan. De momento me debato entre el voto en blanco o el voto válido, pero…

Judas toma partido y entra en campaña. Poco a poco iré desgranando los programas electorales de diferentes partidos, comparando los enfoques de cada uno a diferentes aspectos de la vida pública. Comentando las diferentes soluciones a los mismos problemas. Destacando positivamente y criticando si corresponde.

He de decir que ya tengo un favorito. Pero eso mejor lo cuento otro día, que más de uno necesitará frotarse los ojos cuando lo lea.