Es curioso lo mal que se me da hacer vaticinios político-electorales, y quizás por eso he preferido ser un lector silente en esto de la campaña norteamericana. Teniendo cerca a gente como egócrata y sus noches de caucus y primarias en twitter, a uno le quedan ya pocas cosas que comentar. Pero me parece que queda algo en el fondo del bote, algunas ideas que no he visto a nadie poner negro sobre blanco (y valga), algunas circunstancias colaterales al efecto Obama.
Lo que ya ha hecho el presidente electo Obama
Vale, Obama es negro. O no, mulato. Medio europeo y medio africano. Con pizcas, mezclas y lo que queráis. Es negro, en el sentido cotidiano del término, y las tonterías sirven sólo para divertirse un rato.
Repasando la prensa he estado leyendo la cobertura desde Chicago que ha hecho Público, y hay algunas frases que querría resaltar. Me ha llamado poderosamente la atención el indigente que gritaba «Lo han votado hasta los blancos. Nos han votado a nosotros, sus antiguos esclavos. Somos importantes». Puedo imaginarme a los dos jóvenes negros gritando casi sin creérselo eso de «El tío lo ha conseguido». Es curioso que Obama durante su campaña repitiera incesantemente que los principales problemas raciales en Estados Unidos no venían de un racismo blanco, sino de un derrotismo y un victimismo muy enraizado en la comunidad negra. Denunciaba que muchos, bajo la manta del sentimiento de ser «ciudadanos de segunda» escondían simplemente la pereza o el temor a tomar partido en la vida política, democrática o social, sentimientos propios del pensamiento cobarde y estático. Apelaba, en suma, a la responsabilidad de todos y cada uno y a dejar atrás estereotipos. Con su victoria, los negros que aún vivían con el ciego pensamiento de ser «de segunda» despiertan a la realidad. En un efecto doble, refuerzan su propia autoestima social a la vez que, por primera vez, comienzan a darse cuenta de que los problemas no terminan en su puerta, y de que ellos forman parte de una Nación que también les necesita.
Nadie duda de lo civilizados que son los norteamericanos, que nadie vea en el párrafo anterior una acusación implícita de racismo o segregación racial. Hablo de sentimientos. Hace menos de un siglo existía esa brecha social, y aunque las leyes cambien hay memorias que perduran algo más, y sentimientos difíciles de olvidar. También hay algunos que se ha preguntado en un alarde de patriotismo dislocado cuándo veríamos ecuatorianos o gitanos presidiendo España, lo que daría para una entrada entera nombrando diferencias de situaciones y errores de enfoque, así que mejor lo dejamos y sonreímos. Ains.
No sé si alguien recuerda haber visto celebraciones en pueblos y ciudades de África tras la elección de un presidente de Estados Unidos, o que le dediquen obras de teatro. No hay fronteras para Obama, y se celebra y comenta su elección en todo el mundo. Otra cosa que ya ha hecho el presidente electo Obama: mejorar la imagen de su país en el extranjero. Seguramente no entre las personas más exigentes, que esperarán prudentemente, pero sí entre la masa, tan dada a enloquecer y quemar banderas en ocasiones. Hay literalmente millones de pares de ojos que hoy miran a Estados Unidos con un color de cristal muy distinto respecto a hacer una semana en sitios donde antes no se los quería ni ver. Los europeos siempre creemos entenderlo todo, y las formas useñas no quedan fuera, pero lo cierto es que no entendemos un carajo de la forma de vida que se estila al otro lado del Atlántico. Creemos que Obama es lo que nos gustaría que fuera, y que hará lo que querríamos que hiciera, y si no lo hace… vamos a tener un problema. Por ahora, el electo Obama ha conseguido que el 60% de los europeos (cifra aproximada y, por qué no decirlo, inventada) queramos ser estadounidenses. Prácticamente todos nos daríamos la vuelta nada más llegar y ver cómo funciona aquello, pero esa es otra historia. Eso es un logro inobjetable, y más si tenemos en cuenta la opinión generalizada sobre los estadounidenses que circula por este viejo continente (fruto del desconocimiento, la incomprensión y la pereza a partes variables). Esperemos que Obama sea capaz de usar el envoltorio para darle contenido. El Congo, por ejemplo, sería un buen comienzo.
Lo que va a hacer el presidente Obama
Personalmente, no tengo la menor idea. Hay quien comenta por ahí que Bush Jr. se presentó con un programa que en política exterior era poco menos que aislacionista, y mira cómo han pasado los años. Puedo aventurar, sin embargo, lo que podría pasar. Porque, sintiéndolo mucho, soy de los que opinan que Obama, si hace lo que debe hacer, nos va a cambiar un poquito la vida a todos.
En política casera, tiene un ideal ambicioso de sanidad universal. No termino de entender la idiosincrasia yankee porque me cuesta mucho coger sus esquemas mentales, pero me hago a la idea de las razones por las que no tienen de eso, y me da la impresión de que esas razones, razonables o no, no se esfuman del ideario colectivo en un par de años. Más bien, creo que es el precursor, sí, de una europeización americana en ese aspecto. Antes de que me se salten las lágrimas de odio, ni de lejos sugiero que vayamos a ver una Caja de la Seguridad Social regulada por la Reserva Federal o un Secretario de turno, sino algo mucho más pragmático: la sanidad estadounidense es económicamente menos eficaz que la europea (cada paciente le cuesta más al Estado), es simple realismo aplicado que alguien ha debido ver ya. No se me ocurre cómo va a hacer lo que quiera que tenga pensado, pero va a ser interesante verlo.
Pero hay más que sanidad universal. Obama plantea una gran ofensiva educativa. Me da la impresión, y que se me permita la ilusión, que Obama entiende que, en un Estado (Nación o como queramos llamarlo) occidental y libre, que hace de la Libertad su bandera y que se considera grande y especial, el hecho de que la gente enferme y muera cuando es médicamente evitable y además sea analfabeta y culturalmente pobre es una vergüenza que termina decayendo. Como, por otra parte, pasa en Europa (¿o es que ya nadie se echa las manos a la cabeza con la espectacular bajada de nivel de los estudios de secundaria? ¿listas de espera interminables, falta de material y personal?) y así nos luce el pelo. No es menos cierto porque lo digan los rojos: una sociedad que no cuida de sí misma, aunque sea democrática, está abocada al fracaso.
Hay algunas cosas que Obama no va a cambiar, por mucho que muchos europeos se empeñen. Por ejemplo, la maldita manía de los presidentes de mirar por los intereses de sus votantes y no por los de los demás sitios. Eso incluye, por supuesto y por ejemplo, que defenderá su política energética hasta que tenga alternativas. O que no dudará en apretar los botones necesarios si percibe un peligro real. Personalmente no espero un gran cambio en política exterior estadounidense, más allá de cerrar Guantánamo (por fin) y tratar de suturar en Irak de un modo más o menos inteligente. Lo que sí destaca en sus discursos es su compromiso con Afganistán, y ahí es donde quería yo llegar…
Porque me da la impresión de que Obama va a ser, en algunos aspectos, justo lo contrario de lo que esperábamos, lo opuesto a lo que seguramente queremos pero irremediablemente lo que necesitamos. Estoy hablando de Europa, obviamente, a la que me barrunto van a invitar a convertirse de una jodida vez en algo más que un jarrón de adorno. En las portadas de lo que se hablará será de números de tropas de quién destinadas en dónde. No miento si digo que ya oigo a algunos quejarse de esta elección: contra McCain eso no pasaría, y viviríamos mucho mejor, pero a ver quién le dice que no a Obama después de babearle el trasero tanto. Tendremos que dejar de hablar de multilateralidad y empezar a ejercerla, con lo que ello conlleva. Si todo funcionara como debiera, Europa aprenderá que los dictadores y los radicales no caen solos si les pasas la mano por el lomo y que hay veces que es necesario disparar, y América entenderá que la democracia no se puede exportar de un día al siguiente y que para algunas cosas mejor tener amigos que MasterCard.
Por supuesto, es posible que nada de eso ocurra: que ni sanidad universal ni proyecto de, ni mejora en educación, ni despertar europeo en el Mundo, ni nada de nada. Pero ya que todos han soñado, yo también quiero.
Casi todos mis compañeros de NeoProgs y algunos de Siracusa han hablado del tema, pero no puedo dejar de invitar a la lectura de los XVI puntos de Gregorio Luri, la visión imperialista de Isidoro, la mirada desde abajo que hace Yoani, la guinda bíblica de Ismael. Si parece poco, podemos perdernos entre Barras y Estrellas. Y si hay ganas de más, leamos sobre sueños dulces y victorias incompletas.
Democracia versus Teocracia
Comentarios y notas a una conferencia de Fernando Savater
Dice Savater que tolerancia es «que a uno le guste que haya cosas en la sociedad que no le gusten», y dice bien. De nada sirve ser tolerante con las cosas que a uno le agradan: el reto es ser capaz de respetar a quien realiza actos y tiene ideas que no sólo nos parecen equivocadas, sino que nunca los haríamos o pensaríamos. Es el caso de la orientación sexual o los ideales políticos, que conllevan actitudes distintas y respetables siempre que no entren en conflicto con los derechos de los demás.
Esa coletilla, la del respeto a los derechos de los demás, suele ser omitida cuando se habla de respeto religioso. Partiendo de la base de que la etiqueta «ateo» no define, cabe destacar que los descreídos también cuentan con derechos en materia de libertad religiosa. No creer en dios es de hecho una postura religiosa y por tanto amparada en dicho derecho, y eso es algo que los creyentes suelen obviar en sus manifestaciones religiosas. Nunca en la Historia se ha visto a un creyente pararse a pensar si con sus exhibiciones y ostentaciones de fe ofende a quien no cree. Cuando intentan presionar en aspectos científico-médicos (eutanasia, células madre) no se dan cuenta de que ofenden a quien no comparte sus mitos. El Estado, al decidir proteger y apoyar activamente las distintas confesiones, deja de ser el garante de la libertad religiosa de todos y toma partido por todas las opciones menos por una: la de los que no tienen religión por propia elección. Las religiones deben ser defendidas por sus miembros, y el Estado debe tolerarlas y respetarlas, pero no protegerlas. Citando de nuevo a Savater, «hay derecho a la diversidad, pero no diversidad de derechos», aunque en la práctica no sea así: la crítica zafia y grosera de símbolos religiosos no sólo debe ser amparada por la libertad de expresión, sino por la religiosa. La mofa de la religión es una postura religiosa, y paradójicamente debería, en ese marco de errónea protección, ser potenciada.
Hay ideas que no son respetables. Uno puede tener un interés poético-filosófico en intentar entender cómo llegó a pensar el Marqués de Sade, pero nunca lo pondría a impartir educación sexual en la secundaria. Del mismo modo, las morales religiosas son útiles porque nos cuentan cómo ha evolucionado nuestra convivencia, pero no pueden marcar con sus patrones dogmáticos las relaciones sociales de los seres humanos del presente. De hecho, precisamente en aras de ejercer esa libertad religiosa, los ateos reclamamos de la religión que acepte su carácter eminentemente poético. «Las religiones son poesías tomadas en serio»: «no hay nada en el mundo que la religión no pueda explicar, y por eso la religión es falsa». En la medida en que sea aceptado el componente poético de la religión y no se trate de trasvasar el dogma a la política o la ciencia, es posible convivir y por tanto respetar esa religión, ya que se habrá asegurado la falta de conflicto con el derecho ajeno.
Esa aceptación, y su falta, es la que configura el escenario mundial en la actualidad. Contrariamente a lo que se repite, no estamos ante un choque de civilizaciones ni necesitamos una alianza de las mismas, porque sólo existe una civilización. Tal palabra simplemente designa al conjunto de soluciones que los humanos dan a sus problemas, y en el planeta ya globalizado es evidente que esas soluciones son también globales. Existe un choque cultural y/o religioso, pero ni la cultura ni mucho menos la religión definen una civilización. El conflicto que vivimos no es, por tanto, sino un cara a cara entre democracia y teocracia, entre una visión de las relaciones humanas basada en la libre elección y otra basada en la sumisión a principios inmutables. Su causa está ya indicada: la religión ocupando lugares que no le deben corresponder. Es difícil formular su solución real, pero tras haber purgado nuestra cultura de absolutismos tenemos derecho moral a purgar otras.
Serie Democracia versus Teocracia
La inciativa del equipo de Mozilla Firefox ha sido todo un éxito: en estos momentos el contador indica casi nueve millones y medio de descargas. Un número, la verdad, que da un poco de vértigo. Pero más vértigo produce mirar el mapa de descargas:

Supongo que no seré el único que nota que hay algo que no cuadra aquí. Casi todo un planeta cálido, naranja o rojo. Casi todo.
Una especie de idea colectiva ha impuesto desde hace décadas la sensación de que los occidentales, y los europeos en particular, tenemos una buena parte de culpa en la miseria de determinados países por nuestro pasado colonial. No puedo evitar no sentir como propia esa culpa por algo que no cometí, pero argumentar tu inocencia en las consecuencias de errores de tus predecesores no permite cometerlos de nuevo.
El Parlamento Europeo, en una sesión que quedará gtabada a fuego en la mente de todos los luchadores por los Derechos Humanos, ha aprobado la llamada Directiva de Retorno la vergüenza. Entre otras cosas, la medida de marras fija un plazo de detención sin juicio de hasta 18 meses y se vende como un acuerdo de mínimos entre socios muy dispares, cuando lo cierto es que los que antes estábamos por debajo tenemos pensado aumentar localmente el periodo de detención injustificada. También se abre la puerta a la deportación de menores a terceros países con los que no tengan relación. Como guinda, se plantea una política de banneos temporales que impiden la reentrada de un inmigrante sin razón por un periodo de varios años.
A mí todas estas medidas me suenan a escoba. Hemos atravesado una década de crecimiento imparable, a base de construcción y petroleo barato. Ahora ya no hay ladrillo y se encarece el crudo, y el resultado es que tenemos un exceso de mano de obra que viene bien en época de pelotazo (es decir, cuando el consumidor puede permitirse que lo estafen legalmente) pero que ahora ya no tienen dónde caerse muertos..Ya pocos recordarán las noticias contadas como anécdotas, como aquél patrón que cedía generoso una tinaja al lado del bancal para que el obrero tuviera no sólo techo, sino encima cerca de su trabajo. Los ejecutivos capitalinos ardían de envidia, claro, al pensar en sus atascos. Si has comprado una casa nueva en los últimos diez años es muy probable que gran parte de la obra la realizaran negros indocumentados que apenas saben entender el castellano. Los tomates de invernadero que compras en el supermercado los riega un moro marroquí sin papeles, sin contrato y sin derechos. El sector industrial, por eso de que hay maquinaria y tal y el idioma sí cuenta, está reservado para sudamericanos que comparten explotación y sueldos bajos con los naturales. Y tras todo eso van y no abusan de nuestros servicios sociales, a pesar de lo que digan los paranoicos.
Ahora, como digo, nos sobran. Son muchos, nos dicen, se van a quedar sin trabajo y son un riesgo de focos de delincuencia y marginalidad. Cáspita, qué visionarios. Eso se sabía desde antes de que empezaran a hacer turnos de noche en la construcción. Es el riego de acumular personal y tratarlos como animales: se animalizan y vuelven a ese estado de naturaleza sin normas sociales donde manda el que pega más fuerte. Ahora urgen medidas de fuerza porque la situación se va de las manos. Como siempre, tarde. Muy tarde. Y muy mal.
Lo que acaba de aprobar el Parlamento Europeo (elegido por nosotros) a instancia de los ministros de los estados miembros (que también elegimos nosotros) es que tras aprovecharnos de la necesidad de los inmigrantes a base de sueldos insultantes, condiciones aberrantes y trabas burocráticas asfixiantes hemos conseguido dos cosas. Primero, que los trabajadores europeos vean las orejas al lobo: o negociamos socialmente a la baja o mira la cantidad de negritos deseando trabajar. Hasta el más pintado, cuando peligran las lentejas de sus hijos, acepta 12 horas por 800 euros. Segundo, que nos encontremos con un exceso de población a la que culpar de, precisamente, ofertar esos sueldos insultantes y esas condiciones aberrantes: en vez de mirar a quien trata de explotar, miramos a quien se deja por puro hambre. Ambas dos combinadas provocan que encontremos una legión de jóvenes trabajando en precario y culpando a los inmigrantes de su precaria situación en vez de a sus patronos, que cada año multiplican los beneficios (industriales, bancarios…), propiciando un caldo de cultivo perfecto no sólo para las legislaciones regresivas como la aprobada, sino para su refrendo electoral.
Por si fuera poco, Europa se permite desterrar temporalmente a los inmigrantes, en unos ciclos de ya-no-te-ajunto/ahora-te-quiero que recuerdan demasiado a los ciclos de hago-pasta-rápida/que-viene-la-crisis. La primera vez que oí esto de los banneos temporales pensé que seguramente sería una medida tan efectiva y cínica como volar todo el País Vasco para acabar con ETA. Sin embargo, no se oye una sola voz que se cuestione cosas como la PAC, que condena al hambre (y al intento de entrar en Europa, pues) a millones de personas precisamente en los países emisores de inmigrantes.
A la vez que todo eso ocurre, mientras los miembros del partido socialista español (que se dice de izquierdas) dan su voto afirmativo a la cosificación de las personas junto a conservadores y liberales (sic…) nuestro presidente Zapatero se agarra a la bandera de la lucha contra la pena de muerte, proponiendo liderar un movimiento pro-moratoria y pro-abolición. Ya era hora, pero no deja de llamar la atención el matiz: «liderar». Debe ignorar Zapatero que ese movimiento ya existe, que lleva presionando años y que ya cuenta con algunos frutos. Si quiere subirse al carro y empujar desde su privilegiada e influyente posición, bienvenido, pero más parece que lo que busca es la foto de solidario tras varias pistas de lo contrario. No se puede apelar a principios humanitarios para aparentar sensibilidad y solidaridad mientras se expulsa a niños a terceros países y se dice que un abuelo no es familia como excusa contra la reagrupación familiar. No es creíble, Zapatero.
Porque la principal causa de muerte en el mundo es la condena al hambre, y sus políticas son cómplices.
Dentro de unos meses ese vergonzoso Parlamento Europeo renueva sus diputados. Espero que los ciudadanos sepamos identificar bien quién está de nuestro lado y quién busca mantener su propio status y llenemos las urnas de votos en blanco.