El Destino del Iscariote

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01.12.08

Descolgando crucifijos

Algunos tienen tanto deseo de cambiar el mundo que casi lo meterían en su molde a martillazos, en vez de disfrutar de la sutileza del calzador. Esta semana hemos asistido al linchamiento de una persona que simplemente exige que se respeten sus derechos. Algunos, en un afán legalista, piden ya la prohibición de los símbolos religiosos en los centros públicos. Si se hizo una ley para garantizar el matrimonio homosexual, esta libertad de conciencia debería estar más acorazada legalmente. El error de este razonamiento es que de hecho ya existe esa coraza.

Cuando el Parlamento aprobó la reforma del código civil que permitía el matrimonio homosexual, lo que hizo básicamente fue desambiguar la demarcación del matrimonio tal y como aparecía en la Constitución. El hombre y la mujer era lo suficientemente ambiguo como para permitir que ciertas interpretaciones perfectamente legítimas aunque a mi juicio profundamente erróneas dieran lugar a pleitos, apelaciones, recursos y concursos hasta las salas más altas del más alto tribunal, para acabar dependiendo de la mayoría dominante del momento. En este caso de las cruces, las cosas son muy distintas.

No es necesaria ninguna nueva Ley: con la actual es suficiente. De hecho, lo que se acaba de descubrir es que todos los gobiernos de turno desde la Constitución del 78 han hecho dejación de funciones y que lo que está pasando Fernando Pastor no es de recibo:

Desde el 29 de diciembre de 1978 cada ciudadano, y subrayo lo de cada ciudadano, es titular del derecho fundamental a la libertad religiosa y ese derecho tiene que serle respetado por los poderes públicos y por los demás ciudadanos sin excepción, ya que, como dice el artículo 9.1 CE: “Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución”.

Desde el 29 de diciembre de 1978 debería haberse procedido de oficio a la retirada de todos los crucifijos de las escuelas. La retirada o no retirada de los crucifijos no es asunto que pueda ser sometido a discusión, ya que ello obligaría a que quienes participan en la discusión tengan que hacer públicas “su religión o sus creencias” y esto es algo que está expresamente vedado por la Constitución. La simple formulación de la pregunta ya sería anticonstitucional.

Los derechos fundamentales son derechos de los individuos. Los consejos escolares no son titulares del derecho a la libertad religiosa y, en consecuencia, no pueden decidir ni por mayoría ni por unanimidad si quieren mantener o no los crucifijos en las escuelas.

Crucifijos en las aulas, Javier Pérez Royo en El País

Es este por tanto un debate estéril. No importa que a nadie moleste, afirmación ésta que por cierto es falsa. Ni que haya una mayoría que desee positivamente su presencia. Por simple definición de «público» los símbolos religiosos deben quedar fuera, y así lo estipula nuestra legislación.

Con respecto al matrimonio homosexual el gobierno socialista lideró el cambio legislativo, mas no parece que tenga el mismo interés en romper ese círculo vicioso de símbolos intocables. En varias declaraciones Zapatero ha dejado entrever que los crucifijos de las escuelas, cuarteles e incluso tomas de posesión desaparecerían cuando la sociedad lo reclamase, y añado yo que a pesar de que legalmente no deberían ya estar ahí ni nadie debería verse forzado a reclamar su salida. En otras palabras: me da la impresión de que legisló lo ambiguo pero espera apoyo popular para lo objetivo, para que sea la propia sociedad la que se sacuda los símbolos religiosos impuestos por la inercia. Evitaría además, y no entiendo muy bien la razón, un nuevo enfrentamiento razonable con la Conferencia Episcopal, pero obliga a los que den un paso al frente a recibir ese cariñoso pellizco de monja. Lo que no es posible encuadrar dentro de ninguna lógica es que la posición de la Junta de Andalucía, que toma partido… por los favorables a mantener los símbolos de algunos en el espacio de todos.

Porque no todo es tan sencillo. Si al padre lo intimidan, a su hija la insultan. Uno cree estar viviendo entre adultos, pero cuando un padre enseña a sus hijos consignas del tipo «Navidad sí, gilipollas no» lo duda y con fuerza. ¿Habrá que explicar que la Navidad es una fiesta más cultural que religiosa, y que justamente su sentido más real es el cultural y el más inventado el religioso? ¿Alguien que crea que abandonaremos el ciclo de fiestas anuales relacionadas con la cosecha para descansar? ¿Con los equinoccios y solsticios? ¿Se puede ser más cejijunto?

Se puede, incluso sin pelo.

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