Muchas veces, cuando vas navegando por la Red, te encuentras cosas que te aturden, te dejan mal sabor de boca e incluso te horrorizan. Hoy me he encontrado una que a todo eso suma un sentimiento de vergüenza ajena impresionante. Y no es para menos. Comienza así (comillas del autor):
Ha sonado mucho estos días las “heroicidad” de un tal “profesor Neira” que anda en coma por salvar a una mujer del ataque de un despreciable macho… pero al feminazismo oficiante se le ha caído el tenderete con la siguiente noticia: La mujer a la que defendió el profesor dice que el agresor es ‘una bellísima persona’.
Enhorabuena campeón. No quisiera ver la cara que se te queda si algún día sales de esta y te enteras que no solo la tiparraca sigue con el maromo que le zurra sino que poco le ha faltado para escupirte en la cara.
He contado hasta diez. He contado hasta veinte. He contado incluso hasta treinta y sólo se me ocurren improperios. Un tal profesor Neira. Heroicidad entre comillas. Campeón. Sí, está hablando de la persona que está en coma por intentar ayudar a una mujer maltratada, una persona que merecería ser catalogado de Héroe con mayúscula y no de «héroe» con comillas. Y termina de arreglarlo copiando un texto de un foro en el que se lee, atentos:
Una cosa es ayudar a una persona en apuros, realmente en apuros, es decir, que se vea que por ejemplo una chica joven esta a punto de ser violada por un moro o un sudamericano.
mientras se llama imbécil en repetidas ocasiones al tal Neira.
Según parece al leer los comentarios («El patético héroe en estado de coma es un imbécil.», «una mujer “maltratada” siempre se pondrá de parte de su pareja ante cualquier pagafantas que quiera ayudarla; “en el fondo es muy bueno”, “él me quiere pero a veces tiene estas cosas”, dicen todas.», «Lo dicho. Hay que ser muy imbecil para defender a estas putas.») y las explicaciones del autor, un (cómo no) sindicado en Red Liberal al que ninguno de sus colegas ha intentado siquiera rebatir, el tal Neira es un estúpido imbécil que se merece lo que le ha pasado por tonto. Uno entiende, tras repasar los comentarios a favor de la tesis talista, que lo que debía hacer el tal Neira cuando vio la paliza que le estaban pegando a una mujer era o no meterse o abrirle la cabeza al agresor, lo cual no deja de ser curioso. Y es que cuando tratamos de contemplar el cuadro completo de lo que nos quieren vender asusta, vaya si asusta.
Sus colegas ancapistas lo tendrían muy claro: no meterse. El maltratador ha iniciado una agresión, sí, pero hacia una mujer, su mujer. Como dicen algunos comentaristas de lujo de la entrada enlazada, «¿Y si la bronca era porque la tía se estaba beneficiando a su mejor amigo?» ¿Eh? ¿Sabe alguien si ese tipo tenía razones para darle esa somanta palos a su mujer? ¿Es que no sabemos todavía diferenciar un maltrato real de un par de hostias fuertes por celos, dinero o simple resaca? En cualquier caso, la ética de la libertad es clara: que se defienda la mujer o que pague un servicio de seguridad. Eso de abrirle la cabeza al maltratador es iniciar una agresión, lo cual lo convierte en imposible. Mejor cobrar por mirar, digo yo ya que estamos, no vayamos a olvidar la dimensión económica de toda la Realidad. Sí, lo que en clave de humor negro es escalofriante cuando se dice en serio es incluso peor. Pero es que estos tipos lo dicen en serio.
Encima da la mala suerte de que la mujer ya paga un servicio de seguridad: se llama Policía. El Señor Neira avisó a su empresa de seguridad, y acto seguido terminó en coma. Lo que nos quieren contar esta gentuza (pues no se me ocurre otro nombre) es que ante una agresión te calles, mires a otro lado y no te metas en líos. Luego, cuando aparecen personajes que llevan esa ideología al extremo, los llamamos monstruos, nos echamos las manos a la cabeza y suspiramos porque pasa en otros países. Años y años intentando convencer a la gente que si las paredes gritan y tus vecinas sangran hagas algo en vez de subir el volumen de tu televisor. Semanas, meses haciendo comprender a las agredidas que no están solas, que la sociedad las quiere ayudar a dejar esa miserable vida de la que no saben escapar y llegan estos niñatos y nos dicen que no, que no nos metamos donde no nos llaman. A eso, por decirlo suavemente, lo llamaría complicidad.
Capítulo aparte merecen esa reflexiones, por calificarlas de algún modo, de que esas «putas» siempre defienden a su maltratador. Que aseguran que «en el fondo no son tan malos» y «si me quiere, pero se le va la mano». Empezaría a recitarles una lista inmensa de razones psicológicas y afectivas que las empujan a sufrir esa especie de «Síndrome de Estocolmo» pero daría igual: el impermeable nunca se moja, el ignorante a voluntad nunca aprende, el insensible ni siquiera sabe qué es la empatía y nunca entenderá qué se siente en la piel de otro.
Hace cerca de dos años denuncié a mi padre. Tras 25 años de malos tratos a mi madre y a mis hermanas di un paso adelante, me personé en una comisaría de la Guardia Civil y presenté una denuncia, exigiendo órdenes de alejamiento que protegieran a todos mis seres queridos. Según esta gentuza soy un feminazi, porque a mí nunca me puso una mano encima. Tuve que soportar que agentes de la Guardia Civil me dijeran que no sería para tanto, que tenía cara de buena persona, diez minutos después de que casi apuñalara a un cuñado en su lugar de trabajo. Con la orden de alejamiento de 150 metros en la mano, lo vi desfilar debajo de mi ventana procesionando en una cofradía de Semana Santa después de que tanto sus compañeros como el sacerdote de la parroquia de mi pueblo supieran que era un maltratador condenado y mi dirección. Aguardé dos años largos un juicio en el que la abogada de oficio no hizo absolutamente nada. No me quejé cuando el día del juicio simplemente nos dijeron que nos fuéramos, que no se iba a celebrar porque había un acuerdo para evitar la cárcel. Han pasado muchas cosas, muchas de las cuales me han demostrado que hay gente (o mejor gentuza) que no siente la más mínima consideración por los infiernos que otros sufren sin motivos, que terminan pensando «no será para tanto» o «se lo busca ella misma» calcando los argumentos de los justificadores de terroristas. Entiendo perfectamente que alguien no se quiera inmiscuir en una pelea ajena, o que le desagrade tanto estéticamente el color rojo que huya cuando ve dar la primera bofetada. Entiendo que una gran parte de la Humanidad no ha sido humana en su vida. Pero que no me quieran vender que eso es «lo decente» ni mucho menos «lo deseable».
Siento que tengo una fuerza moral suficiente para decirlo alto y claro: los imbéciles, los «putas», los «héroes de salón», los «campeones de silla de oficina» sois todos vosotros, erpayos and company. Y lo dejo aquí porque si no seguro que cometo un delito de injurias.
Y la Historia algunos hijos de la gran puta como tú, que mienten gratis y sin que nadie les enmiende la plana, progres de mierda que vivían, o viven del Franquismo y que ahora dan lecciones de rojos cuando lo único rojo que tienen es la punta de la polla si es que se la notan; aparte de hijos de puta, ya se han encargado de que no se supieran vía LOGSE, lo que cualquier semianalfabeto puede leer. Por eso la gente vota lo que vota. Estoy esperando la DENUNCIA.
H, se refiere a mí
Repasando mis estadísticas veo que ayer tuve unas cuantas visitas que me llegaban de este sitio, y la verdad es que hacía tiempo que no me descojonaba tanto al leer a alguien enfadado. Parece de verdad muy enfadado, y parece que lleva enfadado ya algún tiempo.
Te lo explico por última vez, H, cari, que pareces algo lento. Insúltame lo que te dé la gana («comunista», «chekista», «hijo de puta») que a mí no me importa. Pero ten los santos huevos de venir a mi casa, donde tenga acceso a tu IP, a acusar de prevaricación a un juez o de complicidad en asesinato terrorista a personas concretas con nombre y apellido de nuestros CyFSE.
Déjate de victimismos inútiles y échale cojones. Ánimo, machote. Sé como tu ídolo.
Mientras tanto, sigue con este estilo. No veas el favor que me haces.
Y lecciones, las justas. No se trata de libertad de expresión, sino de decencia y Ley. Curioso que tenga que venir un rojo a explicaros qué son ambas cosas.
Anda y hazle caso a ese comentarista que te recomienda…
Utilizar expresiones insultantes y atroces a granel - qué bien se queda uno, la verdad-, pero usando términos en desuso, arcaísmos, etc
Dhavar, sopesando razonamientos y sacando conclusiones racionales
Son como niños. Tal vez, a tenor de su estilo literario y esa manía de acusar de logseros a los demás, sin el como.
…o cómo ser coherente y dejar de hacerse pajas mentales que nadie puede tomar en serio…
…o cómo terminar de una vez la guerra en Red Liberal.
En política, lo que siempre se ha llevado es tener adversarios delante y enemigos al lado. Stalin y Trotsky, González y Guerra, Aguirre y Gallardón… Las parejas son interminables. Imagínese usted si habláramos de grupos. En la izquierda sabemos mucho de eso. En Red Progresista tenemos comunistas, socialistas, militantes de IU, pragmatistas (o realistas que tienen presente la ley de la gravedad), y más gente que sinceramente nunca enlazaría… Vaya, que tenemos más familias que las listas del exilio hebreo en Babilonia. Siempre nos ha gustado hacernos sangre. En mi opinión, porque el término «izquierda» es tan amplio que, considerándome de tal cuerda, comparto etiqueta con gente con la que casi nada tengo en común. Incluso me atrevería a decir que la izquierda como etiqueta no es sino un sentimiento sin identificar, como un diamante sin pulir, como una ley oral que se resiste a ser escrita. En una palabra: muchos son (o somos) de izquierdas porque pensamos que ser de izquierdas significa algo que nos aplicamos, pero no tiene por qué coincidir con lo que otro crea que es ser de izquierdas.
Una vez que se admite esto, es muy divertido ver cómo en la casa de enfrente se tiran (con mucha educación, o amenazando con un par de guantás, que de todo hay) los trastos a la cabeza sus corrientes internas. Algo por otra parte previsible cuando juntas a quien defiende el secuestro judicial de una revista por injurias a la corona con quien piensa que el Estado es un enemigo que debe desaparecer, y con quien defiende la Nación como concepto que dota de contenido un Estado que no debe desaparecer, y con quien dice que España se la suda, y con quien quiere (y a mi juicio, con perspectiva temporal, se queda corto) ser radical… y así hasta el infinito. Uno se da cuenta de que el término «liberal» sirve en la Red española para englobar a todo el pensamiento anti-izquierdista, y uno comprueba que incluso los que no son rematadamente anti-izquierdistas en ese sitio se complacen de tener compañeros que sí lo son. Ya dije en una ocasión que lo que más me choca de la liberalidad en Red de este país, presunta adalid de la libre competencia y la iniciativa privada, es que su Red estrella se basa en un cabeza que administra la web y elije quién está sindicado y quién no. No hay innovación, no hay inversión humana (material creo que por ahora sí, pero vaya, me importa poco) en desarrollar nuevos proyectos que den a conocer su ideología. Por una Red que se llama liberal hay al menos tres o cuatro significativas de izquierdas. Y también me choca que no haya una red liberal de izquierdas… Será cuestión de ponerse, aunque debo espaciar más mis nuevos proyectos…
Ya en situación, en Red Liberal tiene lugar una guerra soterrada que se atisba por las escaramuzas que nos dejan ver. Uno entrevé que en algún lugar alejado (véase lista de correo o similar) deben darse las batallas que no vemos. Y pueden diferenciarse los bandos de la guerra con una simple regla: están los liberales partidarios de un Estado mínimo, y los anarcoliberales (o anarcoqué en despectivo) que quieren desmantelarlo. Me siento ideológicamente mucho más cercano a los primeros (de los que me diferencia sobre todo y en la mayoría de los casos el hecho de que yo no baso mis principios en «leyes naturales» autoevidentes, por escéptico que es uno), por lo que les brindo mi inmensa inteligencia para dotarlos de un argumentario contra sus camaradas. No sean muy duros con ellos. No son más que la traducción equivocada a la política de los geeks que gustamos de la Ciencia Ficción literaria.
La propuesta es bien sencilla: pedirles a todos sus anarcoliberales vecinos que hagan el j**ido favor de ser coherentes con sus palabras. Veamos algunos ejemplos.
Un anarcoliberal no puede tener nada en pertenencia en España. No, no es una contradicción. Un anarcoliberal sabe que algo es suyo, no necesita de papeles estatales para corroborarlo. Esto le genera problemas, claro está, pero sus principios en defensa de la libertad son inamovibles. Un anarcoliberal, razonando fácilmente, no puede comprar nada en España. Así, tiene el problema de la posesión resuelto: puede decir que todo lo suyo es suyo, porque de hecho nada lo es. Y un anarcoliberal no puede comprar nada en España… porque todo lo que se vende en este país viene gravado con un impuesto estatal. Bueno, no puede comprar casi nada. Un anarcoliberal nunca colaboraría al robo estatal voluntariamente (afortunadamente, es un héroe de la libertad y puede elegir morir dignamente de hambre), por lo que puede robar o estraperlar. Lo primero es contrario a su concepto de propiedad privada, luego es inviable (antes muerto que contra mis principios, dijo un anarcoliberal en los huesos al lado de un campo de melones). Lo segundo es interesante. ¿Puede vivir alguien a base de hachís y oro falso? ¿Hay un mercado negro oculto que no conozco de bienes de primera necesidad y yo sigo pagando IVA? ¿Venden besugos o tomates en la esquina oscura de las afueras de tu pueblo?
Si usted conoce a un anarcoliberal que compra en El Corte Inglés, en el Carrefour o en el Día, ya puede usted gritarle que es un incoherente a la cara.
Un anarcoliberal no puede firmar un contrato de trabajo tal y como éstos existen en España. Un anarcoliberal debe pactar con su patrón su salario y las prestaciones de su trabajo (seguro médico, vacaciones…) en libertad, y no restringido por una legislación arbitraria. No quiero decir con ello que deba aceptar cualquier trabajo malpagado sin contrato de los que abundan en España, esos los ocupan los currelas de izquierdas y él seguro que, tan leído y versado en filosofía natural como para justificar su sistema en base al mito del buen salvaje, puede aspirar a algo más. El problema no va a venir de qué trabajo tenga que aceptar, sino de qué trabajo le van a ofrecer. Ya lo adelanto yo: ninguno. ¿Cómo? Vaya un salto mortal, parece ser… No. Un anarcoliberal no dispone de conexión eléctrica ni acuática en su casa (caso de tener una por lo explicado antes) porque contratando esos servicios a una empresa que pueda dárselos en España tiene que pagar impuestos derivados. Él quiere una empresa de luz o de agua que no le meta en la factura ni el IVA ni el impuesto de basuras. Pero desgraciadamente no la encuentra. Así que ya me dirán ustedes en qué empresa van a contratar a semejante ser sin duchar y que lleva sin comer caliente meses, años, la vida entera.
Si usted conoce a alguien que se llena la boca en la Red hablando de coacciones estatales y de acuerdos voluntarios entre cabaleros mientras tiene un puesto de funcionario o un contrato con cualquier empresa, o siquiera se ha declarado legalmente autónomo, grítele en la cara que es un incoherente.
Previsiblemente, usted no podrá discutir con un anarcoliberal en la Red, porque todo lo necesario, desde el ordenador hasta el servicio de ADSL, pasando por la electricidad, paga impuestos. Él, en todo caso, usa mensajes en botellas. Botellas que encuentra por ahí, atiborradas de miles y miles de hojas de anotaciones de IKEA, rellenas a lápiz (también de IKEA) mostrando las bondades del anarcocapitalismo. ¡Qué gran empresa, IKEA, que les proporciona lápiz y papel de manera gratuíta y, por tanto, no gravada por impuestos! Usted seguramente no ha notado que su ciudad está llena de esas botellas. Sea más observador. Quién sabe si no encontrará un nuevo Hayek que publica sus disquisiciones economico-politicas en formato patrocinado por los suecos del móntese usted su cocina.
Si conoce algún internauta haciéndose pasar por anarcoliberal, grítele en su sitio que es un incoherente y mándelo a rellenar hojas de IKEA.
Si un anarcoliberal tiene la suerte de que alguien (papás, novia, yo qué sé, el mundo es grande…) le compran un coche (él no preguntará cómo o dónde o si ha pagado impuestos, eso es entrometerse en su privacidad y pasando hambre como está tampoco tiene que sufrir por la quiebra de sus principios por parte de otros), por supuesto no contratará un seguro de coche. No porque no esté de acuerdo con la necesidad racional de tener un colchón que cubra daños que puedas causar a terceros sino poque su reacción a la represión estatal es actuar contra lo que el Estado imponga. No en vano a los impuestos para redistribuir riqueza los llama «robos», no porque él no sea solidario, sino porquen los impuestos son obligatorios. Su reacción es decir con la boca pequeña que deberían hacer huelga fiscal.
Si usted conoce un anarcoliberal, después de gritarle que es un incoherente a la cara por hacer la declaración de la renta, grítele a la cara que es un incoherente por contratar el seguro de coche obligatorio.
Un auténtico anarcoliberal debe ser coherente o aceptar lo difícil que es lo que propone si no está dispuesto a asumirlo en persona hasta sus últimas consecuencias. En los sitios de derechas se suele tachar a los pacifistas como yo (esto es, pacifista por principios) de ingenuos y nos invitan a irnos a vivir a lugares en conflicto para probar nuestro pacifismo. Los anarcoliberales están en el lugar adecuado para plantear esa misma resistencia que nos invitan a padecer. En vez de tener que ir a Palestina, ellos simplemente tienen que dejar de aceptar tratos comerciales en donde el Estado intervenga, tratos sociales en donde el Estado intervenga o tratos de cualquier tipo en los que el Estado intervenga.
Si una tía segunda fallece (lo lamento), un anarcoliberal sabe qué es lo que le corresponde en herencia según sus deseos. Pero no piensa pagar el impuesto de sucesiones. Cuando vaya a su flamante nueva casa en la costa y vea que legalmente (esto es, estatalmente) está okupada por terceras personas, puede usar su fuerza física para echarlos. Están en su legítima propiedad, después de todo.
Si conduciendo el coche de dudoso origen huyendo de la represión estatal en forma de sirena de policía de stablishment partitocrácico por haber dado una legítima paliza al par de alemanes sexagenarios que habían robado la casa de su querida tía Mary, o Mandy, qué más da, tiene un golpe y, al no tener seguro, el otro conductor le denuncia y vienen los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y le llevan a un tribunal estatal para juzgarle según leyes estatales… y encima le condenan en una cárcel estatal… siempre puede apelar al Tribunal de los Derechos Humanos y decirles que oigan, que tengo derecho a mi propiedad y el Estado no es quién para imponerme ni impuestos, ni normativas de seguridad, ni modelos de contratos que exigen limpieza… a no, eso quien lo exije es el empresario.
Seños anarcoliberal, sea usted coherente, baje usted de su mundo ideal de nubes no-olor y ponga los pies en el suelo. No pretenda que no nos damos cuenta que mientras predica sobre los acuerdos voluntarios entre caballeros usted hace la declaración de la renta como cualquier estatista. No nos dé a entender que miente cuando defiende con tanta vehemencia las consecuencias peculiares de su divagación pseudo-teológica de la libertad pero no es capaz de asumir las consecuencias cercanas y evidentes (algunas de ellas expuestas arriba).
Señor anarcoliberal, o es usted un mentiroso o un incoherente. Sea valiente. Demuéstrele usted al mundo que ya va siendo hora de que en La Haya prohiban los Estados porque son contrarios a mi derecho natural a la libertad, así, en abstracto.
O algo así.
He decidido crear una categoría especial para el serial de los viernes que, para los que me conocen de antes, es un clásico. Si eres nuevo en mi casa, que sepas que, en este santo hogar, los viernes los dedicamos al conservadurismo cañí.
Repitamos el mantra, creado para justificar el secuestro judicial de una revista:
¿todavía no te has enterado que la libertad de expresión en los regímenes demoliberales tiene límites? Por ejemplo, el derecho al honor. (comentario 54)
…la libertad de uno no puede servir para atacar el honor de otro. La ley salvaguarda el honor de las personas. No todo es soy libre para esto y para lo de más allá… (comentario 62)
¿Está claro? La Ley debe proteger el honor de las personas. Nadie debe insultar a otra persona y quedar impune.
Qué fácil sería todo si no fuera por…
De aquí…
Polancone fallece. Polanco, el hombre que junto a González, Pujol y Arzallus convirtieron España en una terrible dictadura silenciosa de la que hablara Federico Jiménez Losantos
De aquí…
José Bono, populista, demagogo y patriotero de tres al cuarto, ha demostrado una vez más la calaña de la que está hecho. Su putrefacción moral parece que no tiene límites.
De aquí…
Si para gays, lesbianas, maricas, y demás “familia“, ser un político homosexual es la razón principal para ser votado, los heterosexuales tendríamos, siguiendo tal peregrino argumento, que pedir el voto para un candidato heterosexual.
Meneado con esto de aquí…
Señala con gran acierto José Carlos Rodríguez que “básicamente hay dos ideologías en el mundo: la de la libertad y la del poder, y dos actitudes personales: la responsabilidad y la servidumbre. El Estado de Bienestar es el poder y la servidumbre disfrazados, eso sí, de generosidad (con lo ajeno, claro) y ciudadanía”. Libertad y responsabilidad individuales son pues, los pilares del liberalismo.
Aliñado con esto de aquí…
…nos ha causado cierta gracia el numerito montado por las Hitlerjugend al ‘Führer’ Ibarretxe ante su propio auditorio nacionalista.
Mezclado sin agitar con esto de aquí…
Esta Maleni que no habla, sino que berrea, que no cae bien ni a María Magdalena, se ha descolgado hoy con unas declaraciones típicas de una sociata muy progre, renegada y contrariada, como es ella.
Agitado sin mezclar con esto de aquí…
Es decir, que según esta “gente”, por llamarla de alguna manera [refiriéndose a "socialcomunistas", nacionalistas , republicanos, anarquistas, ateos]
Y creo que ya debo parar, porque me estoy mareando.
Me gustaría saber en qué tienda compra el señor Smith sus varas de medir, si se las cortan desiguales a propósito o si tal vez se las hace en casa.
Por cierto, además de para “salvaguardar el honor de las personas”, la Ley pone cortapisas a la libertad de expresión en otros aspectos. Por citar un ejemplo, cuando alguien imputa a otro un delito sin pruebas. ¿Le apetece, Smith, que hablemos de ello? No, si lo digo por esos deslices sobre Zapatero, el 11M y el presi que vino montado en trenes.
Se ve que para algunos liberales no-fetén la Jefatura de Estado es una Institución que merece mi respeto so pena de cárcel aunque yo no haya tenido oportunidad de decidir quién la ostenta, pero la Presidencia del Gobierno es un cargo menor que no representa a nadie aunque sea elegido democráticamente. Y si puede insultar al y deslizar acusaciones delictivas sobre el Presidente del Gobierno sin problemas, que es en sí una Institución del Estado, cuánta mierda podrá tirar sobre otros, mindundis de tres al cuarto, que simplemente son Lehendakaris, ministros o simplemente personas.
¡Qué va, la Ley es Ley cuando me conviene!