Publiqué la primera entrada de El Destino del Iscariote un 20-N hace ya cuatro años y un día. No creo que nadie se sorprenda si digo que trataba sobre Judas el apóstol, mi alter ego, mi nombre de guerra, pero sí puede haber alguien sorprendido por la distancia temporal. Cuatro años. Soy casi un abuelo en esto de los blogs. Y sin embargo, no he dado todo lo que he podido en este campo.
No voy a enlazar esa primera entrada, alojada en un servicio gratuito de blogs que va viento en popa y a toda vela (una casa madre donde descubrí allá por el 2003 qué eran eso de los blogs y me hice asiduo de algunos Padres de la Iglesia que ya duermen el sueño de los justos). Está todo lleno de faltas de ortografía y de lenguaje adolescente (un efecto colateral de perder tu adolescencia es que, tarde o temprano, llega y te pilla), y no consiguió su objetivo. Tampoco lo consiguió mi segundo hogar blogueril, del mismo nombre pero alojado en otro sitio. Pequeños arranques sin coro permitido en este colorido lugar definitivo tampoco consiguen su meta.
Nota al margen: A pesar de que el mundo ya ha dado once vueltas y pico, parece que se ha movido poco. Es simplemente una sensación irreal, lo sé, pero sensación al fin y al cabo. Es curioso que recuerde más vivamente y con mucho más detalle una clase cualquiera de Filosofía en el Instituto que lo que hice el martes pasado. Eres, entiéndeme el guiño que sólo tú entenderás, un resfriado muy mal curado.
Empecé un blog, este blog, con este nombre y este nick, por una razón. Una causa muy clara. Quería desahogarme. Quería soltar ese fuego que tenía dentro quemándome cada célula, cada impulso neuronal. Soltarme estas cadenas que aún me atan un poco, que me impiden asomarme al mundo y ver algo más que desinterés y nihilismo. Quería gritarle a dios que ya no lo odiaba, que había llegado al punto de lamentar su misma existencia memética. Quería contar las mentiras que me han contado, las tormentas que he vivido. El miedo. El dolor. La angustia. La soledad infinita e inevitable. No he hecho nada de eso.
Los días van sumándose, y cuando llegan a su cuenta se llevan una, como siempre. Pasan semanas, meses. La puerta a la que se asomaron hace un tiempo se ha quedado entreabierta, y los goznes chirrían cosa mala. El mismo aceite que la consiga abrir debería servir para descorrer la cremallera de los labios, pero siempre se corre el riesgo de la incomprensión y, lo que es peor, la indiferencia. Mis carnes aún duelen su presencia. La condescendencia y la pena me tienen bastante sin cuidado.
Las mismas razones que me llevaron a intentar gritar en este cubo de silicio de la Red me han llevado a cerrar la cremallera de mis labios en su versión teclado. Tengo palabras que ya suenan viejas en mi boca pero que son vírgenes de oídos aún, que han dejado una marca de desgaste en estas teclas que ahora toco, pero que nunca verán la luz de lo público. No quiero parecer demasiado dramático, dejémoslo en que me cuesta añadir peso a lo que ya sé pesado. Hay cosas que no sólo no les deseas a tus enemigos, sino a sus propios allegados por lo que les pueda salpicar. No salpiquemos, pues. Tampoco conviene olvidar que no sólo yo soy un voyeur.
En esos cuatro años y un día he sido sobre todo eso: voyeur. También actor, poniendo más máscaras de finalidades a la finalidad de mi blog. Y lo he hecho corriendo un riesgo atroz: sabiéndome capaz pero incapacitado. Lo que para cualquiera serían verdaderas oportunidades terminan diluidas en tiempo y silencio, y vergüenza de silencio y tiempo. Mi aguijón en la carne, por suerte, parece disfrutar aún del dulzor de mi sangre y algunas cosas sí se me ha cruzado. Por poner finalidades, he acabado poniendo en pie (ni más ni menos) un agregador de gafapastosos a base de autodidactismo, y el menos gafapastoso resulto ser yo aunque haya sido por falta de tiempo. Que a uno lo llamen figura valiosa en según qué sitios y por según qué inventadas causas tampoco ayuda. Lo dicho: las mismas razones para callar. Pero en el silencio he encontrado de nuevo el placer del código así que por ahí nacerá un retoño algún día, que ya hasta nombre tiene el jodío.
Todos los domingos me propongo empezar de una santa vez la semana al día siguiente, y mis status de FaceBook lo atesiguan. Suelo arrastrar el twitt del lunes hasta el siguiente lunes. No publico en mi blog. ¿Ya he dicho todo lo que tenía que decir? Bueno, no, ni mucho menos. Pero antes necesitaba decir todo esto. Vosotros, si os incomoda, mejor haced como que no lo habéis visto. No pasa nada. Pero ya no volveré a repetirlo, y pienso enterrar estas letras que lees en avalanchas de actualizaciones que no tendrán nada que ver con la verdadera finalidad de este blog pero también serán mías.
Debería decir que me he quedado muy a gusto, totalmente desahogado, y que las cosas mañana serán mejores. Pero los cambios, y más los necesarios, no llegan al instante. Me conforma por ahora el consuelo de que no se me ha olvidado del todo escribir medianamente bien, ¿no?
Sé que alguien se puede sentir herido, así que lo mejor será avisar: lee el disclaimer de la primera linea del texto antes de continuar. Yo no he podido evitar leerlo y, por alusiones, traerlo.
Warning: Theological slash involving Jesus. Not to be taken literally, or all that seriously. Still, please don’t read it if m/m love disturbs you.
The tree-branch creaked, the noose tightened, and the next moment Judas was in the arms of the only man he had ever loved, kissing lips he had never dared to dream of kissing in his lifetime. The pleasure overwhelmed the surprise for a moment, and then the shook took over and he pulled away. “What?” he began, and then stopped, made speechless by the clarity and sweetness he saw in Jesus’ eyes.
“Come on,” Jesus said, smiling broadly. “We have to go see Father.”
Judas looked around. He was unmistakably not in Judea. “Then your father is?” Oh. “And you are?” Oh. There was a delightful giddiness in the knowledge that everything he had ever believed in his entire life was utter nonsense. Judas took Jesus’ hand and followed him into the chamber where God the Father sat in judgement.
“Well, Judas,” God the Father asked, “what have you done with your life?”
Judas thought. “I betrayed Your Son to death,” he said. “And then I killed myself.”
“I see,” said God the Father. “And do you have any explanation or excuse for what you have done?”
Judas tried to recall all the reasons that had seemed so important to him, important enough to die for. “No,” he said. “Not really.”
“Then do you think you should be allowed to remain in heaven?” God the Father asked. Judas wasn’t sure he knew what the other option was, but he didn’t think he was going to like it very much. Still, he had been given that one kiss, which was far more than he had expected. He was about to accept his fate when Jesus interrupted.
“Excuse me, Father,” Jesus said, “there is something you have forgotten.”
God the Father raised an eyebrow. “Yes?”
“I love this man,” Jesus said, “and my soul is entwined with his. If you send him away, heaven will not be heaven for me. If you send him away then I will follow him, for he is beloved to me above all the greatness of heaven.”
“Yes, there is that,” God the Father sighed. “Very well, then, Judas. You may stay.”
Jesus whooped with ecstatic laughter and grabbed Judas by the hand to lead him into heaven. He was stopped by God the Father’s booming voice. “Judas, go. Jesus, wait one moment.”
Judas bowed, and scampered off into the heaven that awaited him.
“Even since you’ve been back from earth,” God the Father began crossly when Judas was out of earshot, “you’ve been like that with everyone who’s come up here. Prostitutes, Roman soldiers, corrupt judges, and now this. ‘My soul is entwined with his,’” God the Father mimicked, “‘Beloved above heaven.’ How am I supposed to get any judging done? Are you going to carry on like this with everyone you met down on earth?”
“Just you wait, Father,” Jesus said with a grin. “Just you wait.”
Note: No, of course I don’t believe that these characters actually had a sexual relationship. Or that God the Father has eyebrows. Or is male. Etc.
Y es que si los creyentes pueden vivir tranquilos pensando que la mayor parte de la Humanidad arderá eternamente en fuego y azufre, y no sólo no se rebelan contra esa creencia sino que la encuentran justa, no sé por qué yo debería esconder la gracia que me hace esta deliciosa blasfemia. Eso sin contar los argumentos laterales: cómo ser feliz cuando tus seres queridos son desgraciados, cómo condenar a alguien malvado al que amas… Humano, demasiado humano.
Y la Historia algunos hijos de la gran puta como tú, que mienten gratis y sin que nadie les enmiende la plana, progres de mierda que vivían, o viven del Franquismo y que ahora dan lecciones de rojos cuando lo único rojo que tienen es la punta de la polla si es que se la notan; aparte de hijos de puta, ya se han encargado de que no se supieran vía LOGSE, lo que cualquier semianalfabeto puede leer. Por eso la gente vota lo que vota. Estoy esperando la DENUNCIA.
H, se refiere a mí
Repasando mis estadísticas veo que ayer tuve unas cuantas visitas que me llegaban de este sitio, y la verdad es que hacía tiempo que no me descojonaba tanto al leer a alguien enfadado. Parece de verdad muy enfadado, y parece que lleva enfadado ya algún tiempo.
Te lo explico por última vez, H, cari, que pareces algo lento. Insúltame lo que te dé la gana («comunista», «chekista», «hijo de puta») que a mí no me importa. Pero ten los santos huevos de venir a mi casa, donde tenga acceso a tu IP, a acusar de prevaricación a un juez o de complicidad en asesinato terrorista a personas concretas con nombre y apellido de nuestros CyFSE.
Déjate de victimismos inútiles y échale cojones. Ánimo, machote. Sé como tu ídolo.
Mientras tanto, sigue con este estilo. No veas el favor que me haces.
Y lecciones, las justas. No se trata de libertad de expresión, sino de decencia y Ley. Curioso que tenga que venir un rojo a explicaros qué son ambas cosas.
Anda y hazle caso a ese comentarista que te recomienda…
Utilizar expresiones insultantes y atroces a granel - qué bien se queda uno, la verdad-, pero usando términos en desuso, arcaísmos, etc
Dhavar, sopesando razonamientos y sacando conclusiones racionales
Son como niños. Tal vez, a tenor de su estilo literario y esa manía de acusar de logseros a los demás, sin el como.
Pretendo que este sitio sea mi ventana a la Red. Eso supone escribir mi impresión en determinados temas, transmitir sentimientos e ideas, ideales a veces, mostrar intereses y frikadas cuando toca, incluso guardar silencio si es necesario.
No me gusta escribir a lo loco. Mis entradas suelen ser largas, y cuando no me limito a transmitir información que recibo suelo divagar que da gusto. Muchas veces tengo que borrar medio borrador (sic) porque el tema se había ido tanto al puntualizar pequeños detalles que ya había perdido todo interés, tanto de leerlo como de escribirlo. A pesar de la tijera, me gusta cruzar muchas referencias y dejar las cosas claras. Así, me perdonaréis la extensión.
Exactamente lo que está pasando ahora: me he ido por las ramas. El caso es que he descrito las cadenas, pero tengo las llaves de los grilletes. Para desahogar y poder ir comentando escuetamente enlaces existe el MiniBlog, que filtra las entradas que selecciono y las muestra así, en pequeñito. Esas entradas suelen ser pequeños comentarios sobre lo escrito por otros. Enlaces destacados, diríamos.
Porque de eso se trata, de vida en Red. Además de escribir, la filosofía 2.0 se basa en algo que muchos han olvidado: leer, conversar, comentar, conocer. Por eso, además de esas cosillas que me permite hacer WordPress y su plugin Miniposts, yo le he añadido unas cuantas más.
Justo encima del MiniBlog está mi Twitter. En ese cajoncito aparece mi última entrada en Twitter. Cuando le coja el gusto no se verá eso de «5 days ago».
Más abajo está la madre del cordero: Judas en tu casa. Es una idea feliz. Cada vez que comento en otro sitio, guardo y etiqueto esa entrada en del.icio.us como comentado. Un simple canal RSS hace el resto. Esa idea feliz me permite seguir los sitios donde he comentado,y las razones por las que lo he hecho. A la vez que gano un poderosísimo archivo de conversaciones, mantengo enlaces desde mi casa a intercambios en las que he intervenido. Todo el mudo gana: enlazo a terceros y muestro mis opiniones.
Para los enlaces interesantes tengo el apartado del perfecto voyeur. Historias encontradas en la Red que apetece compartir aunque no comentes nada. De nuevo, del.icio.us es el secreto.
Por cierto, lo que sí puede ser desconocido es el medio: el plugin KB Advanced RSS.
Llegamos al final con mis dos hijos tontos: El Sueño de la Razón y Apocryphus. Desvaríos de juguete en los que aprendí algo de maquetación (creo) y que deberían echar a andar si no lo han hecho ya. Tiempo.
Como se ve, no me limito a ser una persona en una Red, con su cara en FaceBook y su blog temático y estático: quiero ser un nodo, un miembro de la comunicación. Hay blogs (yo los he visto) que organizan concursos cuyo premio es enlazar a terceros sólo por el placer del pagerank. Los miro por encima del hombro y les digo: para que yo te enlace, lector, sólo tienes que escribir algo interesante.