El Destino del Iscariote

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28.05.09

Matrimonio tradicional

Vía @GCRMmedia.

08.04.09

Inevitable

Además de un asunto generacional (y por tanto, cuestión de tiempo) la normalización legal del matrimonio entre personas del mismo sexo es una cuestión de justicia social.

Contrariamente a lo que ha sucedido en nuestro país, donde se planteaba el debate en términos de «ampliación de derechos», en Estados Unidos se está recorriendo el camino contrario. Ya son tres los estados en los que una resolución judicial obliga a abolir decretos prohibicionistas: a Massachusetts y Connecticut se suma Iowa basándose en la simple lógica legal. El matrimonio es un derecho universal, y su restricción sólo puede deberse a razones fundadas. Sólo estableciendo que los homosexuales son constatable y científicamente diferentes podría permitirse la distinción en el ejercicio de ese derecho basándose en la orientación sexual. Como esa prueba no existe, cualquier negación es de hecho discriminación. Este argumento de la Corte Suprema de Iowa es tremendamente potente, pues no sólo valida como un derecho a respetar (y por tanto no a ser ampliado) el de los gays y lesbianas a casarse, sino que se extiende a otros campos igualmente significativos: adopción, por ejemplo. Los prejuicios morales no son pruebas judiciales, ni aquí ni allí ni en Suecia.

Con ese telón de fondo, ayer se dieron dos pasos más en el camino. D.C. reconocerá matrimonios homosexuales celebrados en el exterior, como ya hacía Nueva York. Y como guinda, Vermont se convierte en el primer estado de la Unión que aprueba el reconocimiento del derecho al matrimonio de personas del mismo sexo sin que medie sentencia judicial, sino por propia iniciativa:

Today Vermont legislators did the right thing by overriding Governor Douglas’ veto and granting equal rights to all Vermonters. The struggle for equal rights is never easy. I was proud to be President of the Senate nine years ago when Vermont led the country by creating civil unions. Today is another historic day for Vermont and I have never felt more proud as we become the first state in the country to enact marriage equality not as the result of a court order, but because it is the right thing to do.

Parece que el mismo argumento servirá para tumbar la Proposición 8 en California. Al fin y al cabo, ¿desde cuándo una mayoría tiene la legitimidad de negar un derecho a una minoría sin una razón objetiva?

Mientras tanto, otros se dedican a intentar frenar la iniciativa de la UE para despenalizar la homosexualidad a nivel global. Dicen que eso «pondría en la picota a los países que no consideran matrimonio las uniones homosexuales». ¿Y cuál es el problema? En la picota es donde deben estar. Es inevitable.

01.12.08

Descolgando crucifijos

Algunos tienen tanto deseo de cambiar el mundo que casi lo meterían en su molde a martillazos, en vez de disfrutar de la sutileza del calzador. Esta semana hemos asistido al linchamiento de una persona que simplemente exige que se respeten sus derechos. Algunos, en un afán legalista, piden ya la prohibición de los símbolos religiosos en los centros públicos. Si se hizo una ley para garantizar el matrimonio homosexual, esta libertad de conciencia debería estar más acorazada legalmente. El error de este razonamiento es que de hecho ya existe esa coraza.

Cuando el Parlamento aprobó la reforma del código civil que permitía el matrimonio homosexual, lo que hizo básicamente fue desambiguar la demarcación del matrimonio tal y como aparecía en la Constitución. El hombre y la mujer era lo suficientemente ambiguo como para permitir que ciertas interpretaciones perfectamente legítimas aunque a mi juicio profundamente erróneas dieran lugar a pleitos, apelaciones, recursos y concursos hasta las salas más altas del más alto tribunal, para acabar dependiendo de la mayoría dominante del momento. En este caso de las cruces, las cosas son muy distintas.

No es necesaria ninguna nueva Ley: con la actual es suficiente. De hecho, lo que se acaba de descubrir es que todos los gobiernos de turno desde la Constitución del 78 han hecho dejación de funciones y que lo que está pasando Fernando Pastor no es de recibo:

Desde el 29 de diciembre de 1978 cada ciudadano, y subrayo lo de cada ciudadano, es titular del derecho fundamental a la libertad religiosa y ese derecho tiene que serle respetado por los poderes públicos y por los demás ciudadanos sin excepción, ya que, como dice el artículo 9.1 CE: “Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución”.

Desde el 29 de diciembre de 1978 debería haberse procedido de oficio a la retirada de todos los crucifijos de las escuelas. La retirada o no retirada de los crucifijos no es asunto que pueda ser sometido a discusión, ya que ello obligaría a que quienes participan en la discusión tengan que hacer públicas “su religión o sus creencias” y esto es algo que está expresamente vedado por la Constitución. La simple formulación de la pregunta ya sería anticonstitucional.

Los derechos fundamentales son derechos de los individuos. Los consejos escolares no son titulares del derecho a la libertad religiosa y, en consecuencia, no pueden decidir ni por mayoría ni por unanimidad si quieren mantener o no los crucifijos en las escuelas.

Crucifijos en las aulas, Javier Pérez Royo en El País

Es este por tanto un debate estéril. No importa que a nadie moleste, afirmación ésta que por cierto es falsa. Ni que haya una mayoría que desee positivamente su presencia. Por simple definición de «público» los símbolos religiosos deben quedar fuera, y así lo estipula nuestra legislación.

Con respecto al matrimonio homosexual el gobierno socialista lideró el cambio legislativo, mas no parece que tenga el mismo interés en romper ese círculo vicioso de símbolos intocables. En varias declaraciones Zapatero ha dejado entrever que los crucifijos de las escuelas, cuarteles e incluso tomas de posesión desaparecerían cuando la sociedad lo reclamase, y añado yo que a pesar de que legalmente no deberían ya estar ahí ni nadie debería verse forzado a reclamar su salida. En otras palabras: me da la impresión de que legisló lo ambiguo pero espera apoyo popular para lo objetivo, para que sea la propia sociedad la que se sacuda los símbolos religiosos impuestos por la inercia. Evitaría además, y no entiendo muy bien la razón, un nuevo enfrentamiento razonable con la Conferencia Episcopal, pero obliga a los que den un paso al frente a recibir ese cariñoso pellizco de monja. Lo que no es posible encuadrar dentro de ninguna lógica es que la posición de la Junta de Andalucía, que toma partido… por los favorables a mantener los símbolos de algunos en el espacio de todos.

Porque no todo es tan sencillo. Si al padre lo intimidan, a su hija la insultan. Uno cree estar viviendo entre adultos, pero cuando un padre enseña a sus hijos consignas del tipo «Navidad sí, gilipollas no» lo duda y con fuerza. ¿Habrá que explicar que la Navidad es una fiesta más cultural que religiosa, y que justamente su sentido más real es el cultural y el más inventado el religioso? ¿Alguien que crea que abandonaremos el ciclo de fiestas anuales relacionadas con la cosecha para descansar? ¿Con los equinoccios y solsticios? ¿Se puede ser más cejijunto?

Se puede, incluso sin pelo.

12.02.08

Matrimonio es una palabra (respondiendo a Aquiles)

Esta entrada es una respuesta a Aquiles en Madrid: El matrimonio no es un derecho, es una obligación

Comenta Aquiles que ha caído en la duda cartesiana y en su búsqueda ha descabezado a un dragón conceptual. Pregunta tras pregunta ha encontrado su animal de poder y ha resultado ser, sorprendentemente, justo la especie que esperaba. No se me malinterprete, no creo que Aquiles sea un fake (por enésima vez…) sino una persona tan inteligente que tiene que racionalizar sus sentimientos. En este caso, su distancia del concepto de matrimonio homosexual. Pero tampoco pretendo psicoanalizar a nadie. Mejor vamos a los argumentos.

Se equivoca Aquiles. No porque el concepto de matrimonio homosexual no sea discutible, que lo es, sino por el palo con el que el atiza. Realmente, los dos palos. El primero, la concepción social del matrimonio; el segundo, las ventajas sociales que se obtienen con él.

El matrimonio tradicional hombre-mujer no nace de una forma espontánea ni optimizadora en el arte de perpetuar la especie humana. La necesidad de supervivencia humana no ha dado como fruto un hogar acogedor de roles distinguidos. No es así. Esa es una visión tan localista que escuece, pero a veces hay que mirar desde más arriba. Existen comunidades humanas viables que mantienen poligamia sin ningún tipo de problema, y racionalmente es una estrategia de perpetuación de especie más eficaz. Existen culturas donde a los niños y adolescentes los cuida toda la tribu, todos son padres, todos madres. Cuando digo que son comunidades humanas viables no digo ni de lejos que sean deseables, pues eso es ya un juicio de valor moral que presupone una elección. Sí, la comunidad de Un Mundo Feliz es viable (un número reducido de antisistema no puede derribar la realidad, eso debería considerarse probado), pero eso no implica que sea beneficiosa.

El problema parte de lo mismo de siempre, y aún a riesgo de parecer pedante: el platonismo ha sido la peor idea que ha podido pensar Occidente. Cuando pensamos en matrimonio todos le asociamos una imagen mental, clásica en nuestro entorno. Un arquetipo de comportamientos históricamente relacionados con lo masculino y lo femenino. Y elevamos ese arquetipo a modelo universal válido y excluyente, cuando no es precisamente lo principal: Universal.

El modelo de familia tradicional no está grabado en nuestra evolución social como especie, sino como cultura occidental. Son conceptos distintos que a veces solemos mezclar. La familia en toda su expresión es el concepto que Aquiles busca, la familia como concepto abierto y aplicable a todas las culturas. La familia no como progenitores y descendentes directos, sino como quien efectivamente se encarga, activa o pasivamente, del perpetuamiento de la especie. Ya sea un matrimonio tradicional o un grupo formado por abuelas cuidadoras y padres cazadores.

Ese es el otro error en la crítica al matrimonio homosexual: su incapacidad intrínseca de reproducirse. Sólo con nombrar el paralelismo que existe con las parejas heterosexuales estériles no se resuelve la paradoja de mantener unos privilegios en unos grupos sobre otros. El problema viene de confundir de dónde vienen esos privilegios.

Las parejas obtienen privilegios por procrear. Privilegios que son tan corrientes como permisos de maternidad y paternidad o exenciones fiscales por gastos evidentes. También se han derivado otras ventajas, como por ejemplo las pensiones de viudedad o de manutención en caso de separación, en previsión de sostener económicamente a la pareja y a la descendencia si el matrimonio desaparece, y bajo el paradigma tradicional de un cónyuge trabajando fuera y otro dentro de casa.

Ese paradigma se ha movido bastante. Las parejas ahora no necesitan de pensiones de viudedad por si el que trae los cuartos tiene un problema y la prole se queda sin nada, sino porque con un sueldo no llegan, y ante un caso fatal un sueldo equivale a dormir bajo un puente, con hijos o sin ellos. Es decir: se ha pasado de un apoyo a la procreación a una ayuda a la simple independencia. El cambio de paradgma en la familia, en el matrimonio, en la convivencia en general, es evidente, pero los modelos de accion social y política relacionados son antiguos y caducos. Se intenta solucionar problemas que ya no existen mientras se esperan 10 o 20 años para reconocer los actuales.

Al final Aquiles y yo no estamos tan en desacuerdo. Pero creo que todo es más racionalizable. Por ejemplo, evitando las categorías de preferencias sexuales. Las ventajas por la procreación, si existen, deben ser para todos los padres (y los homosexuales adoptarán si así lo estiman oportuno los que deben: los psicólogos que evalúen si afecta o no al desarrollo de un niño, aquí y en Israel), estén casados o no. Mi hermana (a la que quiero con locura) está embarazada (se me cae la baba) y no está casada, sino que convive desde hace 10 años con su novio, y no encuentro ninguna razón para que no tengan esas ventajas. Para los matrimonios sin descendencia, sean homosexuales, heterosexuales o transexuales, son más discutibles: yo vivo con mi madre (y no, no me veo en plan Psicosis dentro de 30 años, pero tiempo al tiempo…) y nos cuesta exactamente lo mismo pagar la hipoteca, la luz y el agua que si viviera con una chica o un chico. Pero nada de eso tiene que ver con la inclinación sexual de nadie, sino con el tipo de relación que se tiene y la necesidades reales.

Necesidades reales que no encajan en tipos homo/hetero o matrimonio/pareja-de-hecho, sino más bien en el de familia y el de convivencia. Los nombres, realmente, son lo de menos. Matrimonio como pareja que se quiere y tiene como fin fundar una familia engloba perfectamente el deseo de muchos homosexuales y heterosexuales, y aunque no fuera así es simplemente una palabra, y significará lo que nosotros, hispanohablantes, queramos. Porque necesitamos una palabra para nombrar lo que sí es igual, y separarlo de lo que no lo es. Una familia no es un matrimonio. Y ninguno de los dos conceptos es exclusivamente heterosexual.

Así, tiene razón Aquiles: el Estado no puede regular el amor, sino los hechos, las ayudas a los hijos que lleguen, los apoyos una vez existente la necesidad. Si se quiere ayudar a la independencia de la juventud o a la convivencia de personas que no son pareja, para eso no hace falta apelar al concepto de matrimonio. Es decir: el Estado debe apoyar a la familia, pero no al matrimonio per se, en cuanto la familia proporciona una nueva generación de ciudadanos, y el matrimonio simplemente oficializa una relación voluntaria que ya, en nuestro tiempo, no equivale trivialmente a querer fundar una familia, en cuanto una familia no necesita de un matrimonio como marco para existir.