El Destino del Iscariote

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25.07.08

Creyentes y pensantes

Democracia versus Teocracia
Comentarios y notas a una conferencia de José Lázaro

En su obra de 1940 Ideas y Creencias nos desvela José Ortega y Gasset que eso que llamamos «ideas» es en realidad un conjunto muy heterogéneo, de manera que permite su clasificación entre ideas propiamente dichas (aquellas que se nos ocurren, que nacen de nosotros) y creencias (aquellas que forman parte de nosotros y de nuestro sustrato de actuación inconsciente). Da lugar así Ortega a la disyuntiva desde el punto de vista personal: ideas y creencias lleva irremediablemente a pensantes y creyentes, lo que se parece peligrosamente a pensantes o creyentes.

Podemos intentar clasificar nuestros conocimientos en tres grupos: creencias, ciencias y pensamientos. Toda creencia comparte su origen social, irracional y/o cotidiano. El conocimiento científico nos proporciona verdades provisionales y normas perfeccionables. Los pensamientos cubrirían las lagunas de la ciencia, permitiendo una visión interdisciplinar de los problemas que el paradigma de espacios estancos científico aún no permite.

No todas las creencias son iguales, aunque todas ellas comparten la característica de que forman parte de nuestro sustrato más irracional. El terrorista que cree atentar por orden divina no intenta racionalizar ese hecho, sino que echa mano de instintos que operan debajo de su propia razón. El caminante que se dispone a salir a la calle no razona el hecho de que la calle esté ahí, sino que lo presupone en un nivel inferior al de su deseo voluntario y manifiesto de salir a pasear. Ambas actuaciones ejemplifican actos en los que la mayor parte de la carga recae en creencias que se encuentran bajo el umbral de nuestra capacidad de razón, como un movimiento reflejo. Sin embargo, sería extremadamente injusto poner en el mismo saco la irracionalidad del terrorista y la del futuro paseante: mientras el primero es fruto de una labor de tribalización, el segundo simplemente aplica el sentido común que dicta que la calle, si estaba ayer, estará hoy. Estas creencias sensatas pueden llamarse dignamente convicciones razonables.

Estas convicciones razonables no causan demasiados problemas, sino más bien al contrario. Nos permiten no volvernos locos al descubrir cada día las sábanas de nuestra cama, así que las dejaremos en bendita paz. Sin embargo, las creencias a secas no son tan benévolas a priori. Contrariamente a lo que se dice, el hombre no es un animal racional sino un animal consciente que a veces razona, por lo que sus actos están necesariamente marcados por sus creencias. Las condiciones en que esas creencias vieron la luz marcan determinados patrones que se dejan entrever en sus manifestaciones: en religiones, en doctrinas políticas y económicas y en sentimientos nacionalistas se reconocen aspectos tribales como sistema de nexo social basados en verdades no racionalizadas sino simplemente asimiladas que establecen fronteras entre grupos bien definidas. La pertenencia al grupo genera precisamente el sentimiento de grupo, iniciando lo que José Lázaro describió como «la pendiente resbaladiza desde la creencia al genocidio», una secuencia de fases de la creencia que no tienen por qué darse en su totalidad pero tampoco tienen por qué no seguirse:

  1. Tribalismo. Abuso de la autoafirmación por encima de los extraños, en base a una verdad autoevidente que sólo el grupo conoce, sigue o siente. Narcisismo grupal de las pequeñas cosas: lengua, historia, religión, presunta opresión, honor mancillado…
  2. Gregarismo. Tendencia al autoabastecimiento: desde el proteccionismo agrícola hasta las lecturas sectarias de sólo ciertos autores políticos.
  3. Unitarismo. La doctrina del grupo es una. La disidencia o innovación interna está mal vista.
  4. Autoindulgencia. Los errores o excesos que comete el grupo o alguno de sus miembros en determinados momentos son bien vistos y permitidos. Este punto es crítico: licencia para actuar mal en base a la aceptación grupal.
  5. Exclusión. La disidencia interna deja de estar mal vista y pasa a ser considerada delito-pecado. Los disidentes son condenados, con suerte, al ostracismo social.
  6. Elección. O conmigo o contra mí. Toda situación requiere adhesión inquebrantable y positiva o exclusión. Los externos empiezan a ser los malos.
  7. Genocidio basado en el miedo.

Obviamente no todas las creencias pasan por todos los estados. El nacionalismo en Europa, por ejemplo y a pesar de haber llegado al séptimo en el pasado, se sitúa ahora sobre el tercero, pivotando a veces sobre el segundo y peligrosamente sobre el cuarto en términos generales (ahí tenemos a ETA para destrozar estadísticas). El fundamentalismo islámico de la actualidad pone su frontera en el sexto y no sabemos si planea detenerse ahí, porque echa mano del siguiente allá donde puede. Como norma, para que la pendiente sea perfectamente resbaladiza y se toque fondo es necesario que el grupo sea suficientemente grande y fuerte, y suficientemente creyente.

Existe una falacia bastante extendida que pone en el mismo plano de valor las verdades obtenidas mediante creencias y las verdades obtenidas mediante ciencias, en un intento nihilista de negar la posibilidad real de conocimiento cuya razón de ser, en última instancia, es la pereza intelectual del que prefiere creer a saber y no quiere que le llamen ignorante con razón. La principal diferencia entre ambas verdades radica en que mientras las creencias, sean convicciones razonables o no, nacen en nosotros sin evocarlas, sin necesidad de poner en marcha ningún razonamiento, las verdades científicas demandan de nosotros una actividad de comprensión e interiorización. En las creencias se está, las ideas (en este caso, científicas) se tienen. Otra diferencia primordial es la manera en que llegamos a obtener esas verdades científicas: el método científico ha demostrado ser una herramienta fiable a la hora de conocer el funcionamiento del Universo, siendo sus aplicaciones las pruebas y sus predicciones sus avales. No sólo admite su propia limitación en determinados aspectos, sino que implementa una función propia de autocorrección que pule sus resultados. La democratización del conocimiento implica la fiscalización del fraude y la posibilidad de despejar uno mismo las dudas experimentando. Toda una maquinaria de búsqueda de conocimiento de probada solvencia que nada tiene que ver con ideales de paraísos post mortem.

Todos tenemos, en mayor o menor medida, asimiladas como verdades ciertas creencias y ciertos postulados de la ciencia. Ambos compartimentos no son estancos, y lo son menos a la hora de influir en nuestros actos. Somos, por así decirlo, imperfectamente racionales1, porque no solemos maximizar nuestra función de utilidad sino que nos dejamos llevar (por una buena idea, un buen sentimiento, una hipótesis atractiva… cualquier cosa que nos permita evitar razonar y nos haga sentir cómodos). Pero también somos capaces de ir más allá. Por encima de las verdades provisionales y localizadas que proporciona la ciencia se eleva el pensamiento, hábil para solapar conocimientos y creencias para formar un cuadro coherente de la propia existencia. Ese pensamiento admite y promociona la interdisciplinaridad científica, para ver el cuadro de la Naturaleza desde un punto más elevado. También estudia relaciones entre mitos y fábulas, coincidencias literarias y paralelismos artísticos y alfabéticos para establecer corrientes de alcance histórico. Indaga sobre el cerebro, el ADN, la evolución y el comportamiento y extrae consecuencias cruzadas. Es ese pensamiento el que da sentido al mecánico (aunque necesario) fabricador de verdades que es el laboratorio de análisis científico. «Afirmar radicalmente ser humano pensante significa renunciar a “los nuestros”» dice Lázaro, pues quien piensa no lo hace en la particularidad de su grupo, sino en la vastedad del todo, adaptando sus armas según el terreno hostil que pisa.

En la medida en que dejemos a un lado las creencias propensas a resbalar y potenciemos el hábito de pensar seremos capaces de progresar como especie. El racionalismo escéptico es el arma teórica del humanismo secular, una forma de entender las relaciones sociales que no huye de convicciones razonables pero no confía en creencias por la misma razón que diferencia el respeto que nace de la buena educación del que surge del miedo. Una corriente de pensamiento en un mundo de creencias.

José Lázaro es profesor de Historia y Teoría de la Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid


1 Wojciech Zaluski: Evolutionary View of Human Nature and the Goals of Law - European University Institute Working Papers, Max Webber Programme (2008)

05.05.08

James Madison, Presidente

Siempre me ha parecido muy curioso que en Estados Unidos se hayan desentendido tan bien de la mochila europea de las batallas del tatarabuelo Cebolleta. Sí, tienen barrios italianos y mafia, pero también chinos y mafia, y nipones y mafia. Sí, hacen desfiles en San Patricio, pero a ver quién le dice que no a una fiesta en la que te vistes de verde, con lo que les gustan los ídem. Es como si al subirse al barco rumbo al nuevo Edén, los colonos se hubieran sometido a una buena sesión de olvido. Allí iban a formar parte de algo. Allí se declararon libres y obraron en consecuencia. Nada de reyes mandando tropas al viejo estilo europeo. Borrón y cuenta nueva, que se dice.

Aunque tenemos mucho en común (los usamericanos hablan una lengua comunitaria después de todo), lo cierto es que ambas sociedades occidentales parecen el producto de un ensayo evolutivo. Un mismo punto de partida, dos visiones distintas: que empiece la carrera. En Europa hemos preferido mantener el romanticismo del pasado, honrar a nuestros antepasados aunque fueran unos salvajes y ser políticamente correctos en todo, con el ideal seguramente platónico (que esa es otra) de que siendo bueno las cosas no salen tan mal. Tras siglos y siglos de guerra de unos contra otros, unos contra unos y dame ahora estas tierras, hemos llegado al siglo XXI, al Estado de Bienestar. Si no miras muy de cerca, todo va relativamente bien. Vivimos en modo comunitario on, somos parte de algo milenario, histórico. Tenemos un ombligo que asusta, pero es que en la escuela aprendemos dos mil años de nuestra Historia, y eso aplasta a cualquiera. Catedrales románicas y góticas se cruzan a tu paso, Gibraltar sigue sin ser español y África empieza (o empezaba) en los Pirineos. La Historia nos persigue en nuestra vida cotidiana. Europa, muchacho, existía antes que tú, y seguirá existiendo después. Europa, muchacho, no es la suma de los europeos, es algo más y más profundo. Contémplala, afortunado tú que has nacido en la cuna de la civilización. Yo lo llamo el pensamiento de campana de cristal, que te deja verlo todo pero no salir de él. Alguna consecuencia negativa debía tener acostumbrarse a la Pax Romana, que te acomodas.

Mientras, en usamérica se dedicaron a quedarse solos, reservando indios y decidiendo cómo vivir. Dado que sus enemigos objetivos no eran los de toda la vida —los gabachos, los jodíos ingleses o los moros del sur— sino la Naturaleza y los pieles rojas, no tuvieron que apelar a su larga Historia (casi siempre medio inventada y con un derecho divino que aparecía de la nada) para querer vivir juntos y ponerlo por escrito. Así, decidieron que cada uno hiciera con su vida lo que quisiese siempre que no fastidiara al resto. Y fueron lo suficientemente inteligentes como para saber que en algunos temas nunca se pondrían de acuerdo, y los sacaron del debate. Adiós guerras de religión, hola primera enmienda .

Así, cada uno ha ido tirando por su lado del Atlántico, separándonos física y socialmente. Ahora parece que en el otro lado del charco pretenden construirse su propia campana: en estas primarias se está hablando mucho de sanidad, de educación y de agenda social a la vista de que un pueblo que no guarda sus valores perece (merecidamente). El haber hecho bien los deberes permite que no necesiten tomar ninguna Bastilla, sino simplemente votar. Votar y cambiar. Aquí siempre hemos sido más de gritar y luego tragar.

Aquella noche de 1789 se plasmó en unas horas la práctica totalidad del modelo de avance social en Europa: revuelta, caos y medio pasito p’alante. Nos han puesto siempre las situaciones límite, pasar hambre hasta la asfixia y entonces, solo entonces, salir a la calle con palos, antorchas o puñales. Como súbditos en vez de ciudadanos, aguantamos hasta lo inaguantable antes de estallar, y al hacerlo siempre salpicaba sangre. Para colmo, el resultado era casi indistinguible del punto de partida, cambiando los nombres del burócrata de turno que decide al final.

Llegó el siglo de las Guerras Ideológicas (en contraposición a las Religiosas), donde Estados Unidos veía una lucha de hombres libres contra totalitarios y Europa veía a Alemania atacar a Francia. Tras esos fiascos de autoafirmación territorial basada en la superioridad, en Europa, al llegar a un punto de (relativa) igualdad, hemos perdido la carga sentimental del nacionalismo y buscamos un marco conceptual que tape las vergüenzas de nuestros constructos estatales sin cimientos. El futuro está aquí en forma de conexión y globalización, y por eso aspiramos a nuestro propio borrón y cuenta nueva.

Como los colonos, los progresistas del siglo XXI y del Viejo Continente tenemos una tarea titánica: fundar. Europa se muere de vieja porque los europeos, ensimismados en su pasado, no se implican con su futuro. Dos mil años de catolicismo nos impiden ser oficialmente irreligiosos, so pena de herir sensibilidades. Quinientos años de reyes nos conminan a ser patriotas bajo riesgo de ser poco español, un mal francés o algo peor. El ciudadano europeo nace con mordazas que acumulan polvo de milenios. Sacudirlas es trabajo de hijos de dioses, y el castigo por no hacerlo es convertirse en un jarrón chino (literalmente) de aquí a nada. Europa, en suma, está mal hecha. No solo Europa, sino seguramente casi todas sus partes por arrastrar bobadas nacionales y demás sensiblerías inútiles (y gratuitas: el sentimiento no es obligatorio) en sus textos fundacionales.

Suelen decir que los izquierdistas somos antiamericanos, cuando lo cierto es que muchas veces solo discrepamos de algunas políticas useñas, que casualmente suelen ser de las que se recubren con la misma materia histórica de los grilletes europeos en su propia y corta versión. Mirando más de cerca vemos que, en realidad, los ideales progresistas e ilustrados deben basarse en el individualismo y el liberalismo de los fundadores, llegando a una defensa radical del derecho del individuo frente a la imposición arbitraria del grupo, pero manteniendo los ojos en la necesidad de una sociedad ética y por tanto humanitaria. No basta con ser una cultura mejor porque las mujeres puedan llevar falda, sino ser una sociedad de personas y para las personas.

Estos días se celebran por aquí las cadenas de la Historia, y viendo el tono de las celebraciones parece que el tiempo no pasa para el ser humano. En 1808 pudo ser valiente, heroico y loable salir con un cuchillo a la calle a rebanar cuellos gabachos invasores. Venían a eliminar la Santa Religión, abusaban de las mujeres y tenían un horrible acento, cosas todas ellas que el pueblo llano no podía soportar, como si el acento de la corte madrileña fuera la repera, la sociedad española no fuera de por sí machista hasta el extremo o la Santa Religión no se comportara como una bruja déspota. Pero se pasaron de rosca al llevarse al rey (un inútil, según parece, pero nuestro inútil), y esa gota colmó el vaso de unos miles de madrileños que defendían su monotonía españolaza de curas y condes. Hubiese sido loable que tras los franceses hubiesen caído algunos de esos en un 14 de Julio cañí, en vez de lo que vino después y después y hasta hoy. Pero no fue así, y en lugar de sentir verdadera pena por el tren histórico que perdimos por borregos lo celebramos como el concentrado de nuestra identidad nacional. Preferiría ser estadounidense, oigan.

Porque por esos lares, en 1808, elegían a James Madison como Presidente en unas elecciones (y su mandato tiene miga). No hay color.

Con esta entrada inauguro mi colaboración en HispaLibertas. Lo bueno de mi nombre y apellido es que son ferozmente corrientes…

28.04.08

Ezker Batua-Berdeak en Arrasate-Mondragón

…o el fracaso del asamblearismo

Hace ya más de un mes decía en relación al Tibet y a China que cuando dos malotes pelean y sólo uno lleva navaja no se puede apelar ni a la justicia ni a la indiferencia. Nadie duda que el pensamiento lamaísta es retrógrado y medieval, pero los que les disparan no son mejores ni tienen mayor legimidad. En esa tesitura, lo primero es lo primero y eso es y siempre será la vida humana.

Aunque parezca mentira, creo que la actuación de Ezker Batua-Berdeak, marca de IU en Arrasate, es discutible. No sólo censurable y criticable, sino discutible. De nada sirven los golpes en el pecho ni cubrirse de cenizas si los criticados ni siquiera saben en base a qué lo son. Y en este país en el que es más fácil el insulto que la pedagogía, va siendo hora de poner cordura y palabras donde antes había gritos y miradas por encima dle hombro.

Para quien no tenga miedo a leer (y recomiendo vivamente hacerlo), en la Red se puede encontrar sin mucho buscar el discurso de dicha formación, aprobado en su asamblea legítima y siguiendo los cauces democráticos que exigen sus estatutos. Éste es, por tanto, un problema de contenido, pero también de formas de llegar a él.

En el discurso se dicen algunas verdades como puños, como que de nada sirve presentar una moción de censura si no hay una propuesta viable de gobierno municipal, pues a lo que se aboca al Ayuntamiento es a la inacción por manos atadas. Como que EBB se presentó a las elecciones que les proporcionaron sus concejales con un programa concreto, y que no consideran normal apartarlo a un lado sin más garantía de que se tendrá en cuenta que el silencio de los que pueden llegar a gobernar por allí. Como que la crítica a la barbarie etarra terrorista no puede servir de cortina de humo para no hacer política real, cercana, municipal. Como que, en suma, no se puede apelar a un «conmigo o contra mí», trampa que sí pueden usar los asesinos puesto que en su enferma mente todo lo lateral es un escollo hacia su meta.

Tienen razón. Uno no se mete a político en IU, y menos en el País Vasco, para acabar de coro del PSE o del PPE. Uno tiene sus ideas, su programa y su forma de entender la política local, y se le está pidiendo que renuncie a todo para dejarle en bandeja a los «grandes» la decisión de qué hacer en tu casa. Pero tambièn se equivocan.

Se equivocan por lo mismo que decía sobre China y el Tibet: cuando dos malotes pelean y sólo uno lleva navaja… Y en este caso no es el Estado (encarnado a ojos de algunos como el malote PPSOE) el que lleva la navaja. Ni las seguras torturas que sufren algunos detenidos acusados de terrorismo equivalen al cuchillo que portan los etarras, por la sencilla razón de que ETA sí tiene por fin asesinar, mientras la Guardia Civil no tiene por fin torturar. Es la diferencia entre un error deleznable, denunciable y juzgable y el hijoputismo.

Hay momentos en que hay que ir un paso más abajo en la escalera descendente de la política. Está muy bien tener un programa y unas ideas claras de qué quieres hacer (y en la derecha les hace falta algo así como agua de Mayo), pero para poder desarrollar esas ideas y esos programas hace falta democracia y posibilidades de expresarse. Por tanto, la primera y primordial labor política de un cargo electo no es desarrollar el propio programa, sino permitir que todo el que quiera pueda tener uno propio siempre que respete las reglas. Antes de lamentarte porque tu programa se va a la basura, laméntate porque a otros, por tenerlo, los asesinan. Hace falta mucho coraje para admitir que una sola vida humana vale más que todo mi programa político, y eso es lo que se le demanda a EBB en Arrasate-Mondragón.

Sin embargo, todo tiene siempre más miga. Ahora dice Llamazares que los van a expulsar y tal y pascual, y que van a modificar los estatutos para impedir estas cosas. Estas cosas, querido Llamazares, no se pueden impedir. Las formas de EBB en Arrasate-Mondragón han sido impecables: la asamblea de afiliados decidió, y la cúpula obedeció. El problema es la asamblea. Rectifico: el problema es la gente que forma esa asamblea. No porque sean malas personas, ni siquiera se me ocurriría insinuar ninguna clase de amiguismo con el terror, sino por lo dicho arriba: han equivocado sus prioridades.

Cuando una cantidad suficiente de personas se reunen y legitiman sus actuaciones en mayorías (vamos, cuando se practica el asamblearismo sin etiquetas) las cosas pueden salir regularmente bien o desastrosamente mal. Si encima esa asamblea es independiente a la hora de admitir miembros, más. Si además pertenece a una organización-madre que permite asambleas en cada demarcación territorial, ni lo cuento. Es el problema a nivel nacional de IU y demás izquierda despistada, que en Madrid son rojos por la pata abajo (nostálgicos de la Segunda…) mientras en Euskadi son abertzales y en Catalunya maulets. Yo, ingenuo, creí en el internacionalismo de la Izquierda (que con la globalización tiene una oportunidad de oro, pero preferimos demonizarla porque nos pone tener un enemigo invisible). No soy de los forofos de la lucha de clases, pero quien dice serlo debería empezar a explicar qué diferencia a un fontanero vasco de otro murciano, y justificar entonces sus políticas locales.

El problema de las asambleas, como esta de Arrasate-Mondragón, no es que puedan votar algo políticamente incorrecto o que no se deba decir en un momento. El problema es que entre todos los que forman esa asamblea nadie ha tenido los dos dedos de frente de poner por encima de su programa político la dignidad de dejar de estar gobernados por quienes miran a otro lado cuando disparan a un conciudadano. Se puede llegar a esperpentos (y viene a huevo el caso cubano: una asamblea, un Partido, un líder, unas normas irreconocibles para cualquier izquierdista que haya salido más allá del portal de su casa). El problema de las asambleas es el mismo que el de la democracia: todos tienen derecho a voto, nadie tiene obligación de pensarlo. El problema de las asambleas es el mismo que enfrenta hoy en día la eclosión liberal: hay ideología, pero no principios que la sustenten, o sí hay principios pero se dan de leches con la realidad de la gente que quieren convencer (en Ciencia, cuando eso ocurre, se varían las hipótesis, pero si hablamos ya de irracionalismo…). El problema, en suma, es que somos humanos y preferimos defendernos, gritar, patalear y expulsar antes de discutir con amabilidad pero contundencia.

El problema final, el resúmen del problema, es que hay mucho político, concejal, dirigente y opinador que nunca se ha parado a pensar qué dice, cómo lo dice y cómo piensa justificarlo. Que ante una cuestión reacciona no de acuerdo a sus supuestos principios, sino siguiendo la estela histórica de qué hizo mi grupo en momentos similares, o qué puedo sacar, o qué consecuencias habrá para mí, o qué me hace senitir bien. No hay un constructo ideológico que sale de unos principios y termina en una acción política acorde, sino una meta (el socialismo, el independentismo, la unidad de destino en lo universal) y una serie de palabrejas (libertad, igualdad, justicia) que se usan para maquillar la falta de valores reales. Ante un problema concreto, casi nadie se plantea sentarse y pensar en cómo encajar esa aituación en mi marco ideológico antes de decir esta boca es mía.

Las personas son complejas. Irracionales la mayoría dle tiempo, incluso cuando pensamos que no lo somos. Siempre creeemos tener razón (evidentemente). A las asambleas les pasa tres cuartos de lo mismo, aliñado con lo difícil que es enfrentar dialécticamente algo aprobado democráticamente. Por suerte, los que sí hemos hecho ese trabajo de asentar unos principios bajo nuestros gritos y pullas sí tenemos una respuesta digna, diría que irreprochable, a ese alarde democrático: la democracia no es nada si no es humanista.

La decisión de la asamblea de Arrasate-Mondragón es plenamente democrática. Pero es papel mojado porque no es ni un pelo de humanista. Así, pueden meterse sus votaciones en la urna que deseen, que sigue sin ser legítimo ayudar a mantener como alcaldesa a quien no condena el asesinato de Isaías Carrasco, siquiera con la inacción o la abstención.

Lo demás son capas y capas de autojustificación que tratan de ocultar la falta de principios básicos.

17.02.08

Jesús el xenófobo egocéntrico

Hola, hermanos y hermanas. Tenemos descuidada esta sección de Misa de Domingo, así que hoy toca una homilía dura. A mi lado Rouco parece una monja con voto de silencio.

Pocos de vosotros conoceréis estos pasajes, porque nuestra Santa Madre Iglesia se cuida mucho en enseñarnos rectamente decidiendo qué es bueno resaltar y qué no.

El sermón de hoy nos va a permitir conocer un poco más a nuestro Salvador en esos momentos de intimidad cuando las personas muestran su verdadero ser, la pasta de que están hechos.

Siete días antes de la Pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. Y dijo uno de los discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis.

Evangelio según Juan, cap. 12, vers. 1-8

¡Qué maravillosa manera de mostrarnos un ejemplo del superhombre nietzscheano! Él sólo va a estar por aquí un tiempo, hónrenle, aunque una anciana muera de hambre un día antes. Es la voluntad de Dios, que no deja un pelo de nuestra cabeza caer sin mantener su propósito. Tanta voluntad de poder me abruma.

Jesús, nuestro Señor, de un plumazo termina con los relativismos marxistas. Los pobres siempre estarán con nosotros, nunca habrá igualdad de clases. Ante esa profecía del mismísimo Redentor, sólo queda despreciar el socialismo, el liberalismo, el comunismo, el histerismo y cualquier ideología relativista que pretenda solucionar los problemas de la gente: ya dijo Jesús que eso es imposible.

Nota aparte merecen las insinuaciones que Juan desliza sobre Judas: no les damos mayor credibilidad. Juan escribió su libro mucho tiempo después, si acaso es suyo, y se le nota cierto resquemor. Es normal que exagerara porque al fin y al cabo Judas ya estaba muerto. Si el Maestro desperdiciaba trescientos denarios, el culpable era Judas por ladrón.

Como veis, queridos hermanos, la sabiduría de hoy es profunda. Enlaza con la vida actual, porque Cristo sigue de moda. Así que ningún daño nos hace continuar desvelando su comportamiento en la intimidad.

Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. Él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor socórreme! Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aún los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh, mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.

Evangelio según Matero, cap. 15, vers. 21-28

Meditemos profundamente este mensaje, pues es complejo. Los cananeos eran los vecinos incómodos de Israel. La costumbre impedía hablar con ellos, era un tabú. Al fin y al cabo, eran infieles, extranjeros, y la cultura israelí era extremadamente nacionalista. Además es de resaltar el matiz despectivo del término perrillos. La voz griega (Kynaria) nombra a los perros de compañía, domésticos, en vez de los perros salvajes, libres. Jesús le está diciendo que su condición de extrajera la pone al nivel de las mascotas de sus hijos, bajo su voluntad incluso siendo inconscientes de ellos. Las demás naciones, es decir, son siervas de la Gran Israel, aunque no lo sepan. Nuestro Señor parte de una postura nacionalista, pasa a otra ultranacionalista y termina siendo benevolente. Todos los ultranacionalismos son perdonavidas si les das la razón. Apaciguamiento lo llaman algunos.

El resumen, pues, de este otro pasaje privado no puede ser más claro: sométete a tu Señor, sométete a su pueblo elegido, sus costumbres, sus tabús, y sólo entonces, cuando te reconozcas inferior al pueblo que obtuvo de la mismísima mano de Dios las Tablas de la Ley, serás digno de recibir migajas. Migajas que ganarás, como él mismo prometió, con el sudor de tu frente, y añado con las lágrimas de tus ojos postrado ante unos pies. No en vano, poco después (vers. 29-ss) Jesús cura a diestro y siniestro en Israel, sólo poniéndote ante él. Que suerte de nacimiento tienen algunos.

Claro, tampoco es de esperar otra cosa de un Jesús que se supone que es el mismo Dios que maldijo a un tercio de la humanidad por una borrachera. Eso, queridos hermanos, es otra historia. Otro domingo hablaremos de ella. O del maravilloso milagro paulino, que transformó un movimiento nacionalista en una religión universal, como un agente de finanzas cualquiera que tiene éxito en una empresa. Por ahora, mediten lo que acaban de leer y den gracias a Dios si llegan a alguna conclusión.