El Destino del Iscariote

It's better a Kiss of Death than nothing...

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02.03.09

UPyD a prueba

Lamentablemente, en ciertas ocasiones en la izquierda abrazamos la mentalidad del oprimido en vez de la del ciudadano. Queremos gobernar por el mero hecho de hacerlo, para poder declarar que nosotros disponemos sobre nuestra vida tras ser esclavizados en cuerpo y alma desde hace siglos. Sí, solemos tener ese sentimentalismo romántico de sabernos descendientes de todos los que han sufrido por cualquier causa en cualquier época. Lo que se traduce, necesariamente, en una autoindulgencia ciega y feroz y, lo que es peor, consagra el continente mientras ni se fija en el contenido.

El objetivo es arrebatar el gobierno a los que nos oprimen/imponen/disgustan/etc, llegar al gobierno, forman un gobierno de izquierdas. Que la izquierda gobierne. Hay miles de maneras de decirlo, y una sola de sentirlo. Lo novedoso es que hemos descubierto que la derecha también tiene ese corazoncito negro y latente en su interior.

Tanto los votantes del PSOE como del PP, versión gallega y vasca y entera, saben qué se siente. Votar para que gobiernen los tuyos, para que no gobiernen los otros. Muchos votantes de Zapatero en las anteriores elecciones generales sabrán bien de qué les hablo. Muchos de Rajoy también. Feijoo quiere el cambio para Galicia, Patxi López para el País Vasco. Pero nadie sabe qué quieren cambiar, salvo los nombres de los Consejeros. La campaña del PSOE en dos frases, ¿Quieres que vuelvan? y Cambio por ejemplo, es una muestra perfecta de política de tribu, de nosotros y ellos, en vez de lo que debiera ser y nos vendieron como mecanismo de la Democracia: los partidos proponen cosas y las personas deciden. Esas frases hablan de ellos mismos -«evita que vuelvan ellos a donde estamos nosotros», »permite que nosotros nos cambiemos por ellos»-, no sobre cómo piensan gobernar. Cualquiera diría que esto no es más que un concurso de popularidad cuya meta es el prestigio de obtener un título, y una vez conseguido mantener el rumbo de las mismas políticas, las mismas formas. Un cambio… de nombre.

De Galicia poco más se puede decir, los resultados hablan por sí mismos y el PP cambiará a Quintana del yate para que su lugar lo ocupe otro, con la ventaja de que sus votantes no verían en ese gesto tanto una traición de clase como una muestra de poderío del gobierno. En el País Vasco hay aún mucha tela que cortar. Y una esperanza para los que nos sentimos ciudadanos y aspiramos a un progresismo bien entendido (luego estatal, es decir, español: en toda España). Auguro además que vamos a ver (valga la expresión) hondonadas de hostias, y con todas las razones del mundo. No suelo acertar con mis predicciones, pero me lanzo sin mucho repensar.

En estas circunstancias, Patxi López no tiene muchas alternativas. No es algo que deba sorprenderle, en cualquier caso iba a necesitar los votos del PP (lo que significa negociar con ellos) o los del PNV (ídem de ídem). Seguramente Patxi contaba con tener algún escaño más, pero no debe ser tan ingenuo como para no tener ya perfilado desde hace tiempo un esquema de concesiones mínimas y máximas en cada supuesto, además de una obvia preferencia. Tras basar su campaña (en realidad, como todos) en el cambio-change-exchange el pacto con el PNV se convierte en la opción menos vendible, sobre todo si nos acordamos del sainete de Puras, el PSN y Nafarroa Bai. El acuerdo natural vendría entonces de la mano del PP. Son cosas de esta democracia, que hace naturales acuerdos entre partidos supuestamente contrarios en el eje ideológico, pero ávidos de sentir. Sentir que hemos cambiado Euskadi. Sentir que hemos ayudado a ese cambio. Luego no se traduce más que en cambios en los membretes, las políticas siguen iguales, pero son nuestros membretes. Dicen en La Vanguardia que votar a López como Lehendakari vale, al menos, la Diputación de Álava y la alcaldía de Getxo.

Creo que existe un escenario que a nadie se le ha ocurrido: que el PSE se encuentre en la Sesión de Investidura con 38 votos en contra.

UPyD apoyará la creación de un gobierno constitucionalista. Lo que me lleva a pensar que su parlamentario como mínimo debe abstenerse de votar a favor de Patxi López. La regeneración que pretende el partido de Rosa Diez tiene muchos problemas de imagen, asunto que en el País Vasco se multiplica hasta rozar el irracionalismo más sectario. UPyD habla de revisar los cupos a la baja y de devolver competencias educativas al Estado, y no apoyará más que eso. Algo perfectamente asumible, incluso deseable, para un progresista (los dineros de todos son de todos, no hay Fuero que valga, y la Educación es algo más que el cortijo sentimentalista de turno) pero que se denunciará como «ingerencias de Madrid» por parte de los que aún no se han enterado de que sí, Madrid es la capital del Estado del que forma parte su Comunidad Autónoma, dentro del marco de la Unión Europea. Somos ciudadanos vascos, ciudadanos madrileños y ciudadanos murcianos. Lo que nos une (ciudadanos) es lo que conforma nuestras instituciones; lo que no tenemos en común (la cultura local) es lo que conforma nuestras singularidades, sentimientos y relaciones sociales pero no nuestra ciudadanía. Pero ni el PSE aceptaría algo semejante ni Ferraz toleraría ese cambio de rumbo si además viene forzado por el partido de la ex-socialista.

Así las cosas, apoyar la creación de un gobierno constitucionalista bien puede significar votar no a Patxi López y dejar el acuerdo PSE-PP compuesto y sin silla. No parece que el PSE vaya a siquiera discutir esos extremos, mínimos para UPyD. El PP seguramente ni les prestará atención, aunque conociéndonos no hay que descartar que luego los use como mácula en el pacto que no funcionó, como quien se sacude el polvo de las sandalias. Veremos, si se da el caso, declaraciones uniendo la negativa de UPyD con la de Aralar en un estrambótico rizo mental que igualará sus votos ergo sus razones (nacionalismo que de pronto será algo malo, y en el caso de UPyD, por españolista, rancio). Sólo por eso merecería la pena que ocurriese.

Pero seguro que no ocurrirá. Basta que López reparta bien con el PP vasco y que Ezker Batua (como Teruel, existe) se abstenga. Mayoría simple: mucho menos glamuroso, mucho menos elegante, pero mucho más plausible. Lo que no significa que no sea un buen momento para examinar a UPyD según sus propios baremos (vídeo completo).

Publicado en HispaLibertas

26.05.08

Beatriz Rodríguez Salmones

La profecía y su debido cumplimiento. Cuánta obediencia, por Tux.

11.03.08

Chapeau por Rajoy

Al final me equivoqué.

No entro a valorar la decisión de Mariano Rajoy, porque no tengo nada claro el tema. Hay muchas interpretaciones posibles, y lo único que probará una de ellas será el tiempo. Sabremos cómo se supera el enfrentamiento que se inicia hoy con el frente mediático próximo a Aguirre, si es que existe tal y no es humo o peor cortina de humo. Sabremos si el nuevo equipo de Rajoy es el viejo equipo de Rajoy o no. Sabremos si Gallardón pinta o borda. Si la Esperanza está ya perdida por calada. Muchas cosas sabremos.

No. Chapeau, Rajoy por otra cosa. Por ofrecer una declaración pública en soledad y por exponerte después, sin cortapisas, sin exclusiones y sin censura previa a las preguntas incisivas de los periodistas. Hayas respondido o no (más bien no), una situación así hace mucho tiempo que no se veía.

Minutos después te has vuelto a convertir en mi rival político, y no olvido tus palabras estos años. Nunca. Pero esos minutos me has caído bien. Lo malo es que otra de las posibilidades es que deliberadamente hayas decidido ese gesto, para caer bien subliminalmente. La izquierda también puede ser conspiracionista.

Mientras, esta noche en La Linterna de COPE César Vidal daba pábulo a la versión 2.0 de la locura peonesca. Nunca entenderán que si algo relacionado con un atentado modifica un resultado electoral es, como fue, su reacción, sus palabras, su desvergüenza y su indignidad. Lo que se ha vivido en este país, en la Red española, esta última semana quedará grabado en muchas cabezas. El asesinato de un socialista no empuja a votar socialista: vuestro empeño en aprovechar electoralmente la sangre ajena sí.

Rajoy, si de verdad se ha desligado de eso, debería disculparse y se ganaría otro chapeau, porque le va a costar mucho votante que está en modo secta on, y ese modo es muy difícil de desactivar. Lo veremos.

Atentos a sus pantallas.

11.03.08

Judas en campaña (VIII) - Bipartidismo asimétrico

Si tuviera que hacer una comparación grosso modo entre disputa política postelectoral y religión, el PSOE sería la Iglesia Católica, el PP sería la FEREDE e IU sería la Conferencia Episcopal. Déjame explicarme.

Zapatero dejó caer en el segundo debate televisado que mantuvo con Rajoy la puya de la presencia permanente de su partido en todos los grandes acuerdos en España desde la Transición. Son, pues, una facción viva y activa en todas partes, con tradición de permanencia y de presencia. Son un calco a la Iglesia Católica. Con mensajes algo gastados de tanto repetirlos se siguen manteniendo en el poder con la excusa, que no entro a probar o negar, de que quedan muchas cosas por hacer por el bien de los demás. Mientras realizan ese lento trabajo no le hacen ascos al poder terrenal, llegando incluso a gustarles tanto que procrastinan la labor, no vaya a ser que al finalizar ya no hagan falta, y posponen legislatura tras legislatura casi todo lo que le da la S y la O a sus siglas. Poco a poco se van adaptando, pero ante cada cambio de escenario deben adoptar una postura nueva que, a la vez, encaje con toda la anterior desde la fundación del mundo (lo que a veces acarrea más incompatibilidades con versiones anteriores que Microsoft™ Word™).

El Partido Socialista Obrero Español es un partido normal, que propone políticas normales de acuerdo a los cánones de la socialdemocracia europea. Si te han contado que es extremista y te has acongojado, con poco te asustas. Ha sido el refugio del miedo. Han subido como sube la asistencia a las Iglesias tras un terremoto. Y eso no es malo: es el refugio de la moderación en España, la salida para los que tienen motivos para preocuparse con el modo y el fondo de un Partido Popular cuyas iniciativas y ocurrencias tienen evidentes paralelismos con esas actividades tectónicas: mucho ruido, pronto olvido.

Mientras, IU tiende a ser la guardiana de las esencias que administra el PSOE desde el poder terrenal. Muchos socialistas los ven como utopistas llenos de teoría pero sin un ápice de práctica, la visión exacta de buena parte de la feligresía católica sobre su Conferencia Episcopal. A más marcado carácter izquierdista, más en teoría se escora la persona a IU; a más marcado carácter católico, más cercano se siente el feligrés a la Conferencia Episcopal. Dejamos a IU decidir, incluso formar, Ayuntamientos como el que administra su propia Ciudad-Estado vaticana. Son buenos compañeros izquierdistas que nos apoyan en los principios, le dan un barniz de solemnidad institucional católica (de pureza izquierdista) a todo lo que hacen sus feligreses (socialistas), pero eso no quiere decir que pensemos que llevar sus postulados tan desnudos de matiz al Parlamento sea tan importante como mantener la compostura ante lo que se avecina (sigue el enlace y navega por allí bajo tu propio riesgo, no acepto responsabilidad en daños neuronales).

A todo esto, hay una alternativa real: la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE). La causa para esta identificación es simple. Una de las principales marcas de identidad de evangelismo (más camuflado en España, evidente en Latinoamérica y Estados Unidos, el enlace anterior sirve de muestra) es el sectarismo, el fraccionamiento, el frentismo. Dicen, al principio, lo que la gente quiere oír. Abusan de la demagogia hasta convencer a los bienintencionados de sus supuestas novedades espirituales, que en la práctica no difieren mucho de las católicas, pero se viven de una manera mucho más íntima. El evangélico dice sentir algo llamado «el bautismo del espíritu» (o bautismo de fuego en contraposición al de agua) que cree relacionado con Pentecostés, algo similar a un ataque de epilepsia autoinducido que se supone le acerca a dios, a la Luz, lo Bueno, lo Decente mediante la aprobación directa de uno de los dioses de la trinidad, mientras el exaltado popular entiende que sólo su partido está cerca de la democracia, su nuevo dios con el mismo nombre y distinta naturaleza al que todos conocemos, y es capaz de pedir la dimisión del recién elegido (horas antes) candidato rival que bate récords de voto obtenido simplemente porque en su culto de ese domingo todos gritan eso mismo. El votante popular más convencido entiende que su partido, su secta, no sólo es la mejor opción, sino que es la única opción válida. Aún cuando se le digan cosas raras como que la Iglesia Católica, con la que ha convivido toda su vida sin problemas, está compuesta de asesinos de bebés (eso lo he leído yo), el protestante medio acepta eso sin inmutarse, porque en realidad al descubrir su nuevo pasatiempo mental (en todo el significado de esa perífrasis) ha conseguido racionalizar con argumentos (sic) el odio que ha llegado a autoconvencerse siempre ha sentido. Son pues no un partido conservador con seguidores conservadores, sino que se disfrazan bajo un nombre («evangelio», «liberal»), lo vacían de significado y le ponen un lazo azul, dejándolo en una masa de anti-izquierdismo informe. Esa es la mejor prueba de que los socialistas forman parte de la hechumbre de este país: los odian por ello y quiene ocupar su puesto, pero en vez de ganárselo con acuerdos, diálogo y tradición democrática se lo quieren cobrar rapidito, y con el mismo resultado de simpatía natural. Y así les sale de mal.

Llevan cuatro años quejándose de los males de izquierdismo patrio: medios afines, demagogia, supuesta superioridad moral autoconcedida, falta de respeto, insultos… cuando en realidad lo que quieren es tener patente de corso para hacer lo mismo. Es más, lo han hecho cuatro años con un evidente aumento de nivel de ruido frente a lo que supuestamente criticaban. No critican por convicción, sino por envidia. No quieren introducir medidas liberales en economía ni en sociedad, quieren ser ellos los que implementen su economía socialdemócrata de derechas y su ideario fundamentalista en lo moral. Quieren dejar de parecer antipáticos por hacer cosas que creen parecidas a las que hacen los demás. Pero no se dan cuenta de que, en realidad, como los credos católico y evangélico y sus modos, relajado y naturalizado por la edad el primero, exaltado y sectario el segundo, las cosas no son parecidas, los hemos calado y no nos apetece dejarlos con las manos libres.

Por eso el Partido Popular no puede ganar con el discurso radical que ha empleado esta legislatura, porque antes de desbancar a nuestros malotes por otros nuevos nos vamos a fijar en quiénes son esos nuevos. Antes de dejar el sitio que la Iglesia Católica tiene en nuestra sociedad en manos de evangelistas recién bautizados queremos asegurarnos que el discurso de los novicios no nos retrotrae 20 años en derechos y libertades. Y mientras los discursos de FAES, de Aguirre y de Losantos, ecoificados hasta la náusea por los mal llamados liberalconservadores y sus colegas de enemigos comunes sigan pareciéndose tanto a los cómics de Chick (disponibles en casi cualquier templo evangélico nacional, son colección y muy reveladores), en España la mayoría lo tendremos claro: mejor de la mano con lo inofensivo, con lo ya socializado y aceptado como propio, que ha evolucionado hasta respetar, fíjate tú, mi diversidad ideológica sin insultarme por ello, que experimentos de nuevos valores únicos y adhesiones inquebrantables.

Sí. España ha votado relativismo, relajación, normalidad en vez de Estado de Excepción y dureza de discurso. Y lo haremos las veces que haga falta para evitar que los fundamentalistas saquen a los creyentes moderados del gobierno, aunque lo que nos gustaría es que el sistema fuera laico.

Por eso vivimos este bipartidismo asimétrico, en el cual un partido es ya patrimonio de todos por su Historia, el otro intenta serlo con malas artes y el tercero, guardián de esencias, tiende a perderse cuando se enfrenta el sentido común a los nuevos Inquisidores. Existen católicos de misa diaria y católicos del «yo creo en dios pero no en la Iglesia», y eso hace que exista mucho más porcentaje de creyentes dispuestos a ir de las esencias de IU al cristiano de celebraciones (boda-bautizo-comunión-entierro) que podría ser el centro. Mucha gente capaz de dejar de ir a una misa sin remordimiento, o que en las bodas se queda en los bares. Sin embargo, dejar de ir a un culto los domingos es una afrenta al señor para un protestante evangélico. No les va a resultar nada fácil sacarse encima el sectarismo de sus directivos, sus comunicadores y sus hooligans, porque están en una creencia tan ciega que cualquier paso atrás aunque sea para ver en perspectiva se considera un acto de apostasía. Piensa en lo mal que quedan las personas al salir de una secta, la fuerza de voluntad y el apoyo que necesitan. Y mira al Partido Popular. Es para echarse a llorar.

Aunque claro, esto en el fondo son pajas mentales literarias: el sábado un compañero de 21 años (novato, pues, en las elecciones) me comentaba que votaría Partido Popular porque entendía que era mejor poner en Madrid a alguien que se llevara bien con Valcárcel aquí en Murcia. Fue contarle las últimas declaraciones de Rajoy, Losantos y varios coleguillas de esta maravillosa Red para que se echara las manos a la cabeza. Igual de efectivo que leer la biblia para dejar de ser cristiano, oye.

Aunque vistos los resultados en mi Región de Murcia, lo que necesitamos no es Educación para la Cuidadanía solamente, necesitamos una nueva oleada de párrocos y obispos decentes. Traducido quiere decir que la izquierda partidista en esta tierra es tan absurda que es incapaz de ganar a un blanco tan facil como Valcárcel, demagogo de libro al que no le he oído hilvanar una idea en su vida. A veces, aunque uno no sea socialista, dan ganas de afiliarse sólo para poder defenestrar dialécticamente a ese pobre rico servidor público.