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03.03.08
Hace algunos años, cuando uno no navegaba principalmente por el mar político de la Red sino por las maravillosas aguas del exterior, di con una persona que consiguió fidelizarme como lector. Nada serio, simplemente diversión y frescura, apuntes diarios de una vida normal. Y lejana en el espacio, que no en el tiempo. Una persona que, por azares, desapareció de la Red pero que, para mi sonrojo y sorpresa, mantiene ese vínculo basado simplemente en habernos leído durante unos meses con cariño.
No sabría decidir con exactitud cómo etiquetar políticamente a esta persona. Siempre he creído que estaba ideológicamente cerca del Partido Popular, pero nunca me ha importado demasiado que fuera más conservador que yo. Tampoco ahora. Porque da gusto leer los puntos de vista ajenos cuando se exponen sin atacarte, sino en positivo. El caso es que he recibido hoy un correo de su parte (que evidentemente edito):
Al final la realidad me ha hecho cambiar el sentido de mi voto. Empezó la campaña y no fue a la pegada de carteles nadie de Ciudadanos. Los de Rosa Diez si aparecieron y la candidata me pareció flojita. [...] no me convenció, pero en fin, de lo que había era lo mejorcito.
De repente me crucé por la calle con un coche naranja, aparecieron carteles por la ciudad y me dije “estos se empiezan a mover”. Luego me llamaron, me dieron un link [...] , he conocido al candidato…me han dado el programa (como me pediste) y oye, que me he convencido. Cojo aire. Me parece un pograma valiente. Sé que no saldrán por [...], pero lo veo más util que el voto en blanco. Además, que por primera vez voy a votar algo que me gusta bastante, asi que si ves en [...] 7 votos a C’s , el mio será uno.
Cuidese caballero, pronto nos vemos por los ciberlares
Hace poco leía en los comentarios de alguna casa de las que visito (lo siento, ese enlace se me ha escapado) a alguien pontificar que nadie se leía realmente los programas electorales de los partidos. Nos hemos acostumbrado a que esos panfletos sean palabras al viento, no ya de incumplimientos de promesas, sino poque su contenido es vacuo de facto. Buenas palabras pero ninguna concreción. Algo que choca profundamente con la extensión física de los mismos. Sin embargo, cuanto más pequeño es el partido más concreto es su programa, más preciso lo que defiende y más claro su ideario. Tres días tardé en terminar de leer a conciencia el programa de C’s. Tres días de sorpresas y de suspiros esperanzados al leer lo que mi sentido común me dice que es él mismo.
Nunca he sido habitante de Equidistán. Estoy francamente enfadado de que el Partido Popular presente a los mismos candidatos que me mintieron esos tres días de marzo. Exactamente los mismos candidatos, con las mismas ideas, las mismas propuestas, las mismas mentiras y la misma prepotencia que han ido desarrollando, en vez de menguarla, durante cuatro años vergonzosos. Deseo con todo mi ser (lo que excluye el alma) que pierdan votos a decenas de miles, centenares de miles, y toquen fondo electoral. En realidad, soy tan malvado que lo que les deseo es que se den cuenta de lo que han hecho y sientan la culpa en su interior, pero eso tal vez sea pedir demasiado.
Tampoco rompo yo con Zapatero. No soy un votante socialista desencantado con el cejas. De hecho, sólo he votado socialista una vez de las dos que he podido, así que no siento que esté fallando a alguien. Hay quien se equivoca al pensa que el PSOE nos usó, a los desencantados del aznarismo, como ariete elecoral: es justo al revés. Nosotros usamos a Z como punta de lanza para romper el rodillo pepero. Z no me ha fallado porque ha ido hasta donde confié que podría ir. Por eso le voté, por eso me alegro de haberlo hecho. Ha intentado conseguir la paz, y se lo agradezco. Ha reconocido legalmente derechos de igualdad sin segregación por motivo de orientación sexual, y se lo agradezco. Ha desarrollado una política exterior propia e ilusionante, en vez de seguir a terceros sin atreverse a criticar sus ideas por seguidismo, y se lo agradezco (aunque no comparta algunas de sus lineas maestras). Ha intentado convertir a los alumnos en cuidadanos contra la clásica reacción, y se lo agradezco. Hasta ahí hemos llegado, amigo Zapatero, pero en el resto del viaje necesito otros compadres que me quieran acompañar.
Decía antes que deseo con todo mi ser una debacle popular este domingo. Pero para que eso se produzca no necesito votar socialista. La falacia de la bifurcación es, en este caso, más falaz. Para que el PP pierda votos debe perderlos, si se me acepta la obviedad. Para que eso se produzca deberíamos leer menos eso de que «el objetivo es desalojar a Zapatero de la Moncloa, lo que tengamos que limar del PP ya lo haremos cuando gobierne», frase reproducida hasta la saciedad en muchos ambientes pero que de sectaria asusta. Cuando la izquierda pide para España otra derecha no lo hace (no siempre) para mantener la tensión del eje viva, sino porque en efecto nos escandaliza no que sus dirigentes pertenezcan a lo más granado del sectarismo conservador eclesiástico, sino que esas pertenencias se dejan notar en la manera en que quieren organizar lo público. Porque no entendemos cómo, si nosotros le dimos la patada a González cuando debimos dársela y no aceptamos al primer monigote que intentó sustituírle, ellos no quieren hacerlo, y manitenen a los responsables de lo peor que hemos visto en nuestra vida política (suerte del que aún no es treintañero). Nos gusta fantasear con escisiones en el partido monolítico que dice que dice lo mismo en toda España pero nadie le cree ya, que cierra bocas de manera autoritaria, que desmiente al disidente, que es rehen en suma de trepas.
Y sin embargo esa misma izquierda se echa las manos a la cabeza ante la fragmentación en sus filas, cuando por esos mismos motivos se ha producido. C’s nace porque la izquierda en España ha perdido el norte en determinados asuntos, porque se ha enquistado en postulados de buenas intenciones dejándose en el camino fundamentos, porque prefiere sentir a pensar, contentar a convencer. Con el PSOE hemos avanzado mucho en esta legislatura en aspectos sociales importantes (que deben desarrollarse en el futuro, como por ejemplo la manca y pobre Ley de Dependencia que simplemente abre un poco una puerta), y corremos objetivamente el riesgo de volver atrás si Rajoy se impone. Pero no me preocupa (tanto) que saque más votos que el PSOE (será extraño, pero no creo que si gana el PP se acabe el mundo: en 4 años podemos darles de nuevo la patada), sino que mantenga todos los que tiene con esas propuestas. Lo que me ronjora es que los liberales decidan apoyar un programa xenófobo y nacionalista, máxime cuando sí hay alternativas.
Hay alternativas. Para los que reniegan del bipartidismo de derechas o de izquierdas. Hay alternativas que, por minoritarias, son más directas y con los pies en el suelo, no tan necesitadas de contentar a demasiados (verdadero problema de los dos grandes). Hay una alternativa laica pero respetuosa con las creencias; que cree en el Estado del Bienestar pero bien gestionado; que cree en las personas y no en los teritorios, pero no impone identidades culturales a nadie; que está orgullosa de la variedad lingüística de su Estado, pero no hace guerra de los idiomas que sabe hablar; que propugna la responsabilidad de cada uno respecto a su cuerpo, pero pretende que todos tengamos elementos de juicio antes de decidir.
Hay alternativa. Se puede votar con ilusión, en positivo. IU existe, UPyD existe, C’s existe. Se puede porque los ciudadanos se han echado al Parlamento a decirles a los políticos que va siendo hora de dejar la lucha (bi)partidista y hacer cosas reales. Se debe porque intentan engañarnos con el significado de la palabra «útil»: ese voto sólo es tal si sirve para transmitir tus ideas políticas en positivo.
Vamos a ser pocos, unos puntos repartidos por la piel de toro, todos levantando la voz y clamando que somos ciudadanos, que tenemos un proyecto real, palpable, de cómo queremos que sea España: liberal y progresista.
Si tú también quieres sentir esa liberación de votar algo que sí te convence, que sí representa lo que racionalmente crees que deben ser las bases de la convivencia, tienes una ocasión inmejorable el domingo. Todavía estás a tiempo de leer este programa y quedarte sin aliento.
¿Te atreves?
26.02.08
He visto el debate Zapatero-Rajoy con otros ojos. Una vez que te quitas de encima la idea de que tienes que votar a uno de ellos es mucho más sencillo tomar distancias, así que he visto el debate como un hooligan. He disfrutado viendo a los dos echándose cosas en cara, porque son en gran medida las que yo les reprocharía.
Luego me he calmado y he bajado el ritmo cardíaco. A veces viene bien desconectar y primitivizarse, pero lo importante es volver y pensar. Lo que no me ha gustado tanto ha sido la cantidad de propuestas de futuro que se han oído, que ha sido exacta a la cantidad de elementos de los programas electorales que se han nombrado y desarrollado. Pero era de esperar.
Era de esperar porque a lo que hemos asistido no es a un debate electoral, sino a algo similar al reencuentro de dos amigos que se despidieron hace unos años en no muy buenas condiciones y que, al coincidir al cabo del tiempo, empiezan tibiamente pero terminan acusándose mutuamente de robarse la novia y deberse dinero. Daban la impresión de tenerse muchas ganas, de haber guardado durante demasiado tiempo ciertas frases hechas para escupírselas al de enfrente (y les ha pasado como al vino: se han avinagrado).
Zapatero ha hecho una buena defensa de su labor esta legislatura. En economía ha sabido recoger lo sembrado por Solbes hace unos días en el varapalo que le dio a Pizarro, salvando la cara a pesar de que existe un problema real: la percepción de la marcha de la economía es pesimista en un momento que no lo merece hasta ese punto, y en un efecto anti-placebo eso puede terminar afectando al MundoReal. En políticas sociales ha vencido claramente por incomparecencia del contrario salvo en asuntos de inmigración (donde el populismo y la xenofobia no son aceptables como argumentos). En terrorismo ha estado cauto, reprochando como único argumento la deslealtad del de enfrente. Justo y comedido, recibiendo pullas sangrantes a traición. Sin duda su peor momento el referente a política institucional: nada de la Iglesia, nada de la República, nada de racionalismo sobre nacionalismo sino todo lo contrario. Aprobadito. Soportable.
Rajoy ha estado indescriptible. En economía ha decidido caer en los mismos errores que Pizarro hace unos días (incluso en un detalle legislativo que sonrojó al turolense), repitiéndose como el ajo cada vez que se le rebatía algún dato. En política social no ha dicho nada, porque sencillamente su partido no la tiene. Van a remolque. Un momento de oro para que publicitase el Ministerio de la Familia que presupongo va a usar los fondos del Ministerio de la Vivienda a extinguir, perdidito en el vacío de las ondas. Si tenemos que hablar de inmigración, qué pena de Rajoy, qué absurdo, qué visceral, qué irresponsable. Qué nacionalista, en fin. Sobre el terrorismo y sus palabras, ahorremos comentarios para evitar sucesivos vómitos de rabia contenida por simple sentido común. Su peor momento, su obcecación con los mantras y las consignas repartido por todo el debate.
La culpa es nuestra. Aceptamos que los políticos se pueden llevar tan mal que en cuanto se cruzan con tiempo se ladran y se escupen. Zapatero ha vendido como un logro que este año ha hablado nueve (9) veces con Rajoy, nueve veces en casi 4 años. Soy totalmente consciente de que con este Rajoy es muy difícil hablar, pero lo que sí hay es otra forma de contestarle. Ambos han estallado en varios puntos simplemente porque se han dicho a la cara lo que llevan diciéndose a la espalda hace años, y sin tiempo de preparar respuesta, pose y sonrisa. Ha sido, en suma, como una sesión de juzgado de un divorcio conflictivo.
Y los hijos, como siempre, se dividen entre los de papá, los de mamá y los que se quedan sin bando de pura pena.
¿Aún no ves la necesidad urgente de renovar todo esto? ¿No ves que es no sólo deseable sino ya simplemente imprescindible contar con políticos de ideas y no de vísceras que no se falten al respeto y que propongan sus ideas en vez de dedicar su poco tiempo a criticar al contrario? Cualquiera de los dos candidatos habría ganado de calle el debate si en vez de entrar al trapo de su deseada pelea hubiera expuesto su programa sin ambages, directamente. El de enfrente habría ido a contrapié, intentando rebatir cosas que no se espera se propongan y soltando un rollo que no le interesa a nadie. Claro, que para eso hay que tener ese programa, esas propuestas.
¿Han hablado de la despenalización del cannabis? Eso me interesa. ¿Del cánon digital y las alternativas? Algo me dice que el modelo de Rajoy es similar al Francés, y quiero saberlo. ¿Eutanasia? Nada. ¿Laicismo? Menos que nada, un golpe de pecho ya en retirada. ¿Sociedad de la Información y Red? SI el ADSL está caro, búscate un segundo empleo. ¿Una solución racional al problema que se han inventado con las lenguas? Bah, mejor negar lo evidente y mirar a otro lado (ambos dos). ¿Reforma electoral que sea más proporcional y no les beneficie tanto precisamente a ellos dos? Eso no importa a los españoles, me temo.
Yo debo no ser español, porque las cosas diarias, las que me interesan realmente, ni las han nombrado.
25.02.08
Creo que el mejor sitio para hacer política es la calle, y en su defecto el sillón de pensar del salón. No soy mitinero (ya sabes, fobia social y a las aglomeraciones…), por lo que para mí no tiene importancia que la campaña electoral empiece un día antes o después. Lo único diferente al final suele ser el día de votar.
Presiento que aún sin esas fobias no iría a muchos saraos políticos. Como ex-miembro de una religión alternativa he tenido ya mis dosis suficientes de minutos de odio y de adhesión. Miles y miles de personas coreando un nombre cual salvador sólo pueden tener un efecto en mí: asco, desesperación, incomprensión intelectual. Nunca lograré entender la mente de tribu, de rebaño.
El caso es que dicen que sí, que la campaña electoral ha empezado. Y eso se nota en la vergüenza ajena que nos hacen pasar papá y mamá, el PSOE y el PP que, sin ser lo mismo (ni de lejos), tienen gestos similares en su manera de dirigirse al votante. La cantidad de tonterías por palabra que tenemos la desgracia de escuchar cada vez que miramos un medio online, leemos el periódico, vemos la tele o escuchamos la radio aumenta y aumenta, poniendo a la población en la tesitura de tener que, contra su voluntad, familiarizarse con el concepto de infinito.
Podemos hablar de xenófobos y gilipollas aunque eso suponga el uso de palabras malsonantes que me disgustan. Es tan absurdo todo el asunto del contrato de integración para inmigrantes que descoloca incluso que alguien lo proponga. Un documento que obliga al que lo firma a cumplir la Ley. Con un par. Ya me veo a la Guardia Civil con su carpetilla de impresos de contrato de integración (pagada de su bolsillo, claro) persiguiendo ilegales por las calles españolas, bolígrafo en ristre, al grito de toma tus derechos. Y lo más risible, si es que puede haber un máximo en toda esta estupidez, es que se pretende con todo ello salvaguardar la cultura y las costumbres españolas. Que me las vayan presentando, que un natural como servidor no tiene el gusto. Sería la repera que yo también tuviera que firmar el dichoso documento.
Pero si eso es absurdo, no queda lejos la majadería sobre el matrimonio homosexual, que tanto y tanto he comentado por aquí. Primero uno que concede derechos, así, de pronto, cuando lo que hace es, si acaso, reconocerlos jurídicamente. Otro que los quiere quitar, como si un derecho pudiera ser otra cosa que conculcado. No me extraña que lo llamen, pues, homófobo. Hasta en Israel saben pensar con la cabeza y no con los pies.
Lo que clama al cielo como la sangre de los justos es el uso garrotesco que se da a las lenguas en este maravilloso y civilizado país. Casi nadie se siente orgulloso de contar en su Estado con tantas lenguas, tanta cultura y tanto potencial de comunicación, de pensamiento. Unos imponen una lengua, otros otra, nadie piensa en las lenguas en sí y en su uso. Las lenguas son un medio, no un fin, aunque algunos quieran hacer de ellas su medio al miedo y nos amenacen veladamente con tiros. Antes de todo eso, prefiero que todos nos quedemos mudos. Incluso de castellano.
Siguiendo con los temas mediáticos (pues los políticos profesionales gustan hablar de ellos) tocaría hablar de terrorismo. Paso. Baste decir que me encuentro mucho más cerca en este asunto de las ideas de la Izquierda (sin etiqueta partidista) que de el PP. Lo único que firmaría ahora mismo sería esto, por corto y directo.
Ah, pero si eso es lo que ocurre de cara a la galería hay muchas más cosas que pasan desapercibidas. Desde el logo del Valencia FC que mutó hasta el PSOE-DS Bain Training, con el sonrojo normal que provocan. Desde el ridículo dominguero a la estulticia jurídica que propone, y a mi libre interpretación me remito, castigar judicialmente a los médicos por no trabajar 30 horas diarias. Y si nos metemos en su entrada en la Red como el cuñado que se coje confianzas pero luego no apechuga su parte en la cuenta, nos ponemos a llorar fijo.
Han perdido totalmente la cabeza. Uno, que ya ha sido miembro de más de una secta (contando la oficial), reconoce esos tics a legua y media. Ideas, aunque sean estúpidas, pero que no falten. Que cuando alguien acabe de recibir el estímulo y la primera impresión de la propuesta A ya tenga la B delante, que se las trague sin masticar, sin matizar, sin pensar. El contrario es el demonio, nosotros salvadores. Y si no salvamos, es que la masa es estúpida. No me extraña que la masa se estupidice: de un lado, en la radio de la buena nueva se grita como sólo un mal despertador puede hacerlo. Enfrente, adoctrinan niños y adolescentes a base de Bisbal en su filial curentaprincipalesca (siempre quise meterme con ellos).
Pero no pierdas la esperanza fe, que todo puede arreglarse. Tengo la mala suerte de que nunca vienen a verme Testigos de Jehova, ni mormones, ni pirados similares. Me encataría que vinieran, porque sé que conocer la Biblia es el primer paso al ateísmo en Occidente, y ellos sólo saben lo que les han contado (a pesar de presumir de haberla leído entera, casi nunca se fijan en lo importante). Más de uno se iría de mi casa dudando. Y yo me alegraría. Pero es que estos han decidido hacer lo mismo. La próxima vez que veas por la mirilla una pareja bien vestida, lo mismo viene a convencer tu voto. Por caridad, déjalos pasar y explícales que te avergüenzas de ellos, de sus jefes y de la madre que parió al sistema electoral.
04.02.08
La política española apesta en su práctica totalidad. No es que de repente me haya hecho antisistema, no, es que los directores de ese sistema apestan.
Siguiendo una conversación que todo hijo de vecino con derecho a voto debería leer (uno, dos, tres, cuatro…) me he replanteado muchas cosas. Muchas cosas importantes. En estos momentos en que por encima de proyectos pongo personas y derechos, me replanteo ciertas decisiones tomadas, como sólo pueden serlo las incorrectas, sin meditación y con desgana. Como levantarse un domingo, es algo que sabes que tienes que hacer, que se espera que hagas, que en cierto modo tu propia conciencia te indica que es positivo. Algo que en el fondo de tu alma sabes que representa la antítesis de tus deseos. Aún no sé por qué es tan negativo pasar todo el domingo en la cama.
No vivimos en una democracia genial: sufrimos una partitocracia horrible. Tenemos dos estructuras gigantescas cuyo único fin es vendernos la moto para dejarles hacer lo que consideran mejor para nosotros.
Da la impresión de que, con las cadenas sacudidas en 1789 en el corazón de Europa, se perdió la oportunidad de hacer las cosas bien. Parece que el tren, caso por comodidad, caso por una idea de finalización del trayecto, pasó y no hay billetes de vuelta nii ruta alternativa. Una vez nosotros, el pueblo, la fuerza legitimadora de las cosas, nos quitamos de encima reyes (ejem) y tiranos, una vez conseguido el poder para disponer de nuestra vida y conciencia, una vez que decidimos dotarnos, como pueblo, de unas leyes justas y virtuosas… creamos una nueva casta político-sacerdotal y les permitimos que pensaran por nosotros. Es como pretender que el pan saqueado en la toma de la Bastilla calmará el hambre de toda la Historia, a base de mandar latas de conserva a Bolivia según acuerdo parlamentario. Hasta les dejamos tener lenguaje propio, y encima vemos sus peleas en la tele de vez en cuando, como si de unos Sims cualquiera se tratara. Incluso en la Tierra de las Oportunidades hizo falta que se creara es casta para que alguien pudiera firmar la Independencia.
Es francamente triste haber cambiado a reyes, cortesanos y similares por secretarios generales, secretarios de organización y responsables de economía. Nos hemos lavado las manos en opinar sobre las cosas, confiando en que en el fondo los políticos no son tan malos. Que choricean, pero tampoco tanto y es medio normal. Que se doblan más que un junco para no desentonar, pero al menos son moderados. Hemos devuelto los reyes a la tienda pero a cambio nos han endosado una profesión de fe en la bondad del pastor.
Hombre, todo no está igual. Ahora votamos. Y existe la Iniciativa Legislativa Popular. Ya. También votan en Cuba. La cantidad de cosas sonrojantes que se leen al respecto es para dejar boquiabierto al más pintado. El próximo 9 de Marzo nada más y nada menos que se nos convoca a las urnas. Toma ya. Tenemos para escoger entre los que meten miedo con el contrario y… los que meten miedo con el contrario.
El miedo es algo muy humano (nota mental: incluír el miedo en mis pullas a los liberales acerca de su Ley Natural que comprende la Naturaleza Humana). Por miedo a la muerte hemos creado una fábula increíble que apuesto que matará de risa al primer extraterrestre que tenga la desgracia de ver su grado de aceptación, y dejamos gustosos que los contadores de ese cuento nos digan con quién es bueno o no meternos en la cama, a quién votar o a qué hora cenar (si la Comunión es la Cena del Señor, ¿por qué se hace a mediodía?). Pero en nombre del miedo no se construye sociedad. Se crean bandos, amistades convenientes, pero no sociedad.
En realidad, las acusaciones de miedo sobran. El PSOE no va a romper España, véase lo que hizo en Navarra. Aunque alguno de sus militantes y/o directivos del norte tengan convicciones algo más matizadas, el PSOE nunca hará nada que ponga en riesgo su chiringuito, que dicta que al menos la mitad de las legislaturas son suyas. Con mantener el tipo en las vacas flacas de votos ya tienen bastante para repartirse cargos y, cuando toque, hacer algo por la gente (Ley de Dependencia, Matrimonio Homosexual). Tampoco van a empezar a hacer nada real contra la Iglesia y su posición destacada, ni contra los que desde sus púlpitos cedidos cometen presuntos delitos, cuando tanto a unos como a otros les viene de perlas que su gente esté cerrando filas en torno a la última parida de su jefe. Rediós, que el programa socialista ni siquiera es laicista.
No soy habitante ni visitante de Equidistán, así que mentiría si dijera que no quiero ver un varapalo gigante al PP en estas elecciones. Que quiero ver a toda la generación Aznar fuera de ese parrtido antes de considerar que sus interlocutores son éticamente válidos. Acebes hace ya tiempo debería estar esquiando, y no Lamela. Aguirre y sus cosas «liberales». Zaplana o el morro personalizado. O cierto candidato por Murcia, que es de vómito directo. Rajoy ya tiene bastante con lo que tiene. Hace tiempo dije que esta campaña yo la haría contra el PP. Voy a ir más lejos.
Se habla del voto útil. Algunos, en esa conversación a la que espero no llegar tarde, dicen que el voto útil es el más inútil, pues mantiene la situación que lo fuerza. Discrepo: el voto útil es útil en la medida en que has aceptado como normal el votar a la contra, con miedo, con la nariz tapada. Cuando no te importa tanto que se implementen políticas reales de izquierda como que el directivo derechista de turno se coma los mocos. Cuando, en definitiva, tragas almacenes de ruedas de molino porque Acebes te cae, cosa objetivamente normal, peor que De La Vega (¿dotar a la Ley de Dependencia de ese presupuesto estaría tan mal visto?). Si votas para parar a la derecha, no esperes políticas de izquierdas. Para eso, vota activamente esas políticas. Otros hablan de matemáticas para obtener el mejor resultado posible para los grupos mayoritarios, para aupar algo que asombre a la derecha, o agradeciendo lo hecho esta legislatura por Zapatero.
Muchas gracias Zapatero. No me has fallado, has hecho exactamente lo que te pedí, lo que pensaba que ibas a hacer en esos temas en que confié en ti. Irak. ETA. Dependencia. Matrimonio homosexual. Muchas gracias. Pero adiós. Todo tu agradecible talante (nada mejor que un político que no pierde los nervios) es insuficiente cuando yo busco radicalidad. Sí, Zapatero, para mi gusto, se ha quedado muy corto, y lo que le demando no puede ofrecerlo porque tiene que contentar a demasiada gente, a demasiados votantes con los que no comparto casi nada. No hace falta ser áspero para ser firme, y hay demasiadas cosas que no puedo compartir en sus propuestas, demasiadas omisiones importantes, demasiada falta de solidez en la base. Demasiadas, eso sí, coincidencias con sus mayores adversarios en relación a cómo impedir que les quiten la licencia exclusiva del carrito de helados.
Tengo apenas 27 años y no cumpliré 28 antes de las elecciones. He participado en dos comicios generales. Y me quedan muchos más donde hacerlo. Sé que el tiempo conservifica a la gente, y que tendré momentos en el futuro lejano de pensar pragmáticamente en el valor de mi voto, en la media necesaria para un escaño en mi circunscripción, en comparaciones y estimaciones. Pero no esta vez. Esta vez voy a por un programa de máximos. No quiero votar en contra, quiero ilusionarme con un proyecto, quiero depositar mi voto, si lo hago, satisfecho de que las personas que lo reciben no son los enemigos de mis enemigos sino mis amigos. No me fío de quienes se postulan como únicos salvadores de la mitad de España frente a la muerte cívica. No si se lo arrojan meméticamente entre ellos, sin la decencia de exponer el propio modelo ciudadano.
Por primera vez, quiero que mi voto sirva para lo que realmente debería emitirse: valorar las propuestas que los grupos políticos nos lanzan. De momento me debato entre el voto en blanco o el voto válido, pero…
Judas toma partido y entra en campaña. Poco a poco iré desgranando los programas electorales de diferentes partidos, comparando los enfoques de cada uno a diferentes aspectos de la vida pública. Comentando las diferentes soluciones a los mismos problemas. Destacando positivamente y criticando si corresponde.
He de decir que ya tengo un favorito. Pero eso mejor lo cuento otro día, que más de uno necesitará frotarse los ojos cuando lo lea.