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19.10.08
… mutuamente.
Si sumamos esto con esto y no obtenemos esto es que sencillamente hemos olvidado las reglas simples de la aritmética. En cristiano, el PNV dice que apoya los Presupuestos Generales del PSOE en el Congreso y unos días después el PSOE dice que apoya los presupuestos de todos, incluído el PNV. Sin leerlos. Sin negociarlos. Unánimemente. Si esto no es pura y llanamente una barbaridad que alguien me lo explique.
Si en este país se siguiera haciendo periodismo, ya me gustaría que alguien le hiciera cuatro preguntas a don Patxi López.
19.06.08
La inciativa del equipo de Mozilla Firefox ha sido todo un éxito: en estos momentos el contador indica casi nueve millones y medio de descargas. Un número, la verdad, que da un poco de vértigo. Pero más vértigo produce mirar el mapa de descargas:

Supongo que no seré el único que nota que hay algo que no cuadra aquí. Casi todo un planeta cálido, naranja o rojo. Casi todo.
Una especie de idea colectiva ha impuesto desde hace décadas la sensación de que los occidentales, y los europeos en particular, tenemos una buena parte de culpa en la miseria de determinados países por nuestro pasado colonial. No puedo evitar no sentir como propia esa culpa por algo que no cometí, pero argumentar tu inocencia en las consecuencias de errores de tus predecesores no permite cometerlos de nuevo.
El Parlamento Europeo, en una sesión que quedará gtabada a fuego en la mente de todos los luchadores por los Derechos Humanos, ha aprobado la llamada Directiva de Retorno la vergüenza. Entre otras cosas, la medida de marras fija un plazo de detención sin juicio de hasta 18 meses y se vende como un acuerdo de mínimos entre socios muy dispares, cuando lo cierto es que los que antes estábamos por debajo tenemos pensado aumentar localmente el periodo de detención injustificada. También se abre la puerta a la deportación de menores a terceros países con los que no tengan relación. Como guinda, se plantea una política de banneos temporales que impiden la reentrada de un inmigrante sin razón por un periodo de varios años.
A mí todas estas medidas me suenan a escoba. Hemos atravesado una década de crecimiento imparable, a base de construcción y petroleo barato. Ahora ya no hay ladrillo y se encarece el crudo, y el resultado es que tenemos un exceso de mano de obra que viene bien en época de pelotazo (es decir, cuando el consumidor puede permitirse que lo estafen legalmente) pero que ahora ya no tienen dónde caerse muertos..Ya pocos recordarán las noticias contadas como anécdotas, como aquél patrón que cedía generoso una tinaja al lado del bancal para que el obrero tuviera no sólo techo, sino encima cerca de su trabajo. Los ejecutivos capitalinos ardían de envidia, claro, al pensar en sus atascos. Si has comprado una casa nueva en los últimos diez años es muy probable que gran parte de la obra la realizaran negros indocumentados que apenas saben entender el castellano. Los tomates de invernadero que compras en el supermercado los riega un moro marroquí sin papeles, sin contrato y sin derechos. El sector industrial, por eso de que hay maquinaria y tal y el idioma sí cuenta, está reservado para sudamericanos que comparten explotación y sueldos bajos con los naturales. Y tras todo eso van y no abusan de nuestros servicios sociales, a pesar de lo que digan los paranoicos.
Ahora, como digo, nos sobran. Son muchos, nos dicen, se van a quedar sin trabajo y son un riesgo de focos de delincuencia y marginalidad. Cáspita, qué visionarios. Eso se sabía desde antes de que empezaran a hacer turnos de noche en la construcción. Es el riego de acumular personal y tratarlos como animales: se animalizan y vuelven a ese estado de naturaleza sin normas sociales donde manda el que pega más fuerte. Ahora urgen medidas de fuerza porque la situación se va de las manos. Como siempre, tarde. Muy tarde. Y muy mal.
Lo que acaba de aprobar el Parlamento Europeo (elegido por nosotros) a instancia de los ministros de los estados miembros (que también elegimos nosotros) es que tras aprovecharnos de la necesidad de los inmigrantes a base de sueldos insultantes, condiciones aberrantes y trabas burocráticas asfixiantes hemos conseguido dos cosas. Primero, que los trabajadores europeos vean las orejas al lobo: o negociamos socialmente a la baja o mira la cantidad de negritos deseando trabajar. Hasta el más pintado, cuando peligran las lentejas de sus hijos, acepta 12 horas por 800 euros. Segundo, que nos encontremos con un exceso de población a la que culpar de, precisamente, ofertar esos sueldos insultantes y esas condiciones aberrantes: en vez de mirar a quien trata de explotar, miramos a quien se deja por puro hambre. Ambas dos combinadas provocan que encontremos una legión de jóvenes trabajando en precario y culpando a los inmigrantes de su precaria situación en vez de a sus patronos, que cada año multiplican los beneficios (industriales, bancarios…), propiciando un caldo de cultivo perfecto no sólo para las legislaciones regresivas como la aprobada, sino para su refrendo electoral.
Por si fuera poco, Europa se permite desterrar temporalmente a los inmigrantes, en unos ciclos de ya-no-te-ajunto/ahora-te-quiero que recuerdan demasiado a los ciclos de hago-pasta-rápida/que-viene-la-crisis. La primera vez que oí esto de los banneos temporales pensé que seguramente sería una medida tan efectiva y cínica como volar todo el País Vasco para acabar con ETA. Sin embargo, no se oye una sola voz que se cuestione cosas como la PAC, que condena al hambre (y al intento de entrar en Europa, pues) a millones de personas precisamente en los países emisores de inmigrantes.
A la vez que todo eso ocurre, mientras los miembros del partido socialista español (que se dice de izquierdas) dan su voto afirmativo a la cosificación de las personas junto a conservadores y liberales (sic…) nuestro presidente Zapatero se agarra a la bandera de la lucha contra la pena de muerte, proponiendo liderar un movimiento pro-moratoria y pro-abolición. Ya era hora, pero no deja de llamar la atención el matiz: «liderar». Debe ignorar Zapatero que ese movimiento ya existe, que lleva presionando años y que ya cuenta con algunos frutos. Si quiere subirse al carro y empujar desde su privilegiada e influyente posición, bienvenido, pero más parece que lo que busca es la foto de solidario tras varias pistas de lo contrario. No se puede apelar a principios humanitarios para aparentar sensibilidad y solidaridad mientras se expulsa a niños a terceros países y se dice que un abuelo no es familia como excusa contra la reagrupación familiar. No es creíble, Zapatero.
Porque la principal causa de muerte en el mundo es la condena al hambre, y sus políticas son cómplices.
Dentro de unos meses ese vergonzoso Parlamento Europeo renueva sus diputados. Espero que los ciudadanos sepamos identificar bien quién está de nuestro lado y quién busca mantener su propio status y llenemos las urnas de votos en blanco.
11.03.08
Si tuviera que hacer una comparación grosso modo entre disputa política postelectoral y religión, el PSOE sería la Iglesia Católica, el PP sería la FEREDE e IU sería la Conferencia Episcopal. Déjame explicarme.
Zapatero dejó caer en el segundo debate televisado que mantuvo con Rajoy la puya de la presencia permanente de su partido en todos los grandes acuerdos en España desde la Transición. Son, pues, una facción viva y activa en todas partes, con tradición de permanencia y de presencia. Son un calco a la Iglesia Católica. Con mensajes algo gastados de tanto repetirlos se siguen manteniendo en el poder con la excusa, que no entro a probar o negar, de que quedan muchas cosas por hacer por el bien de los demás. Mientras realizan ese lento trabajo no le hacen ascos al poder terrenal, llegando incluso a gustarles tanto que procrastinan la labor, no vaya a ser que al finalizar ya no hagan falta, y posponen legislatura tras legislatura casi todo lo que le da la S y la O a sus siglas. Poco a poco se van adaptando, pero ante cada cambio de escenario deben adoptar una postura nueva que, a la vez, encaje con toda la anterior desde la fundación del mundo (lo que a veces acarrea más incompatibilidades con versiones anteriores que Microsoft™ Word™).
El Partido Socialista Obrero Español es un partido normal, que propone políticas normales de acuerdo a los cánones de la socialdemocracia europea. Si te han contado que es extremista y te has acongojado, con poco te asustas. Ha sido el refugio del miedo. Han subido como sube la asistencia a las Iglesias tras un terremoto. Y eso no es malo: es el refugio de la moderación en España, la salida para los que tienen motivos para preocuparse con el modo y el fondo de un Partido Popular cuyas iniciativas y ocurrencias tienen evidentes paralelismos con esas actividades tectónicas: mucho ruido, pronto olvido.
Mientras, IU tiende a ser la guardiana de las esencias que administra el PSOE desde el poder terrenal. Muchos socialistas los ven como utopistas llenos de teoría pero sin un ápice de práctica, la visión exacta de buena parte de la feligresía católica sobre su Conferencia Episcopal. A más marcado carácter izquierdista, más en teoría se escora la persona a IU; a más marcado carácter católico, más cercano se siente el feligrés a la Conferencia Episcopal. Dejamos a IU decidir, incluso formar, Ayuntamientos como el que administra su propia Ciudad-Estado vaticana. Son buenos compañeros izquierdistas que nos apoyan en los principios, le dan un barniz de solemnidad institucional católica (de pureza izquierdista) a todo lo que hacen sus feligreses (socialistas), pero eso no quiere decir que pensemos que llevar sus postulados tan desnudos de matiz al Parlamento sea tan importante como mantener la compostura ante lo que se avecina (sigue el enlace y navega por allí bajo tu propio riesgo, no acepto responsabilidad en daños neuronales).
A todo esto, hay una alternativa real: la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE). La causa para esta identificación es simple. Una de las principales marcas de identidad de evangelismo (más camuflado en España, evidente en Latinoamérica y Estados Unidos, el enlace anterior sirve de muestra) es el sectarismo, el fraccionamiento, el frentismo. Dicen, al principio, lo que la gente quiere oír. Abusan de la demagogia hasta convencer a los bienintencionados de sus supuestas novedades espirituales, que en la práctica no difieren mucho de las católicas, pero se viven de una manera mucho más íntima. El evangélico dice sentir algo llamado «el bautismo del espíritu» (o bautismo de fuego en contraposición al de agua) que cree relacionado con Pentecostés, algo similar a un ataque de epilepsia autoinducido que se supone le acerca a dios, a la Luz, lo Bueno, lo Decente mediante la aprobación directa de uno de los dioses de la trinidad, mientras el exaltado popular entiende que sólo su partido está cerca de la democracia, su nuevo dios con el mismo nombre y distinta naturaleza al que todos conocemos, y es capaz de pedir la dimisión del recién elegido (horas antes) candidato rival que bate récords de voto obtenido simplemente porque en su culto de ese domingo todos gritan eso mismo. El votante popular más convencido entiende que su partido, su secta, no sólo es la mejor opción, sino que es la única opción válida. Aún cuando se le digan cosas raras como que la Iglesia Católica, con la que ha convivido toda su vida sin problemas, está compuesta de asesinos de bebés (eso lo he leído yo), el protestante medio acepta eso sin inmutarse, porque en realidad al descubrir su nuevo pasatiempo mental (en todo el significado de esa perífrasis) ha conseguido racionalizar con argumentos (sic) el odio que ha llegado a autoconvencerse siempre ha sentido. Son pues no un partido conservador con seguidores conservadores, sino que se disfrazan bajo un nombre («evangelio», «liberal»), lo vacían de significado y le ponen un lazo azul, dejándolo en una masa de anti-izquierdismo informe. Esa es la mejor prueba de que los socialistas forman parte de la hechumbre de este país: los odian por ello y quiene ocupar su puesto, pero en vez de ganárselo con acuerdos, diálogo y tradición democrática se lo quieren cobrar rapidito, y con el mismo resultado de simpatía natural. Y así les sale de mal.
Llevan cuatro años quejándose de los males de izquierdismo patrio: medios afines, demagogia, supuesta superioridad moral autoconcedida, falta de respeto, insultos… cuando en realidad lo que quieren es tener patente de corso para hacer lo mismo. Es más, lo han hecho cuatro años con un evidente aumento de nivel de ruido frente a lo que supuestamente criticaban. No critican por convicción, sino por envidia. No quieren introducir medidas liberales en economía ni en sociedad, quieren ser ellos los que implementen su economía socialdemócrata de derechas y su ideario fundamentalista en lo moral. Quieren dejar de parecer antipáticos por hacer cosas que creen parecidas a las que hacen los demás. Pero no se dan cuenta de que, en realidad, como los credos católico y evangélico y sus modos, relajado y naturalizado por la edad el primero, exaltado y sectario el segundo, las cosas no son parecidas, los hemos calado y no nos apetece dejarlos con las manos libres.
Por eso el Partido Popular no puede ganar con el discurso radical que ha empleado esta legislatura, porque antes de desbancar a nuestros malotes por otros nuevos nos vamos a fijar en quiénes son esos nuevos. Antes de dejar el sitio que la Iglesia Católica tiene en nuestra sociedad en manos de evangelistas recién bautizados queremos asegurarnos que el discurso de los novicios no nos retrotrae 20 años en derechos y libertades. Y mientras los discursos de FAES, de Aguirre y de Losantos, ecoificados hasta la náusea por los mal llamados liberalconservadores y sus colegas de enemigos comunes sigan pareciéndose tanto a los cómics de Chick (disponibles en casi cualquier templo evangélico nacional, son colección y muy reveladores), en España la mayoría lo tendremos claro: mejor de la mano con lo inofensivo, con lo ya socializado y aceptado como propio, que ha evolucionado hasta respetar, fíjate tú, mi diversidad ideológica sin insultarme por ello, que experimentos de nuevos valores únicos y adhesiones inquebrantables.
Sí. España ha votado relativismo, relajación, normalidad en vez de Estado de Excepción y dureza de discurso. Y lo haremos las veces que haga falta para evitar que los fundamentalistas saquen a los creyentes moderados del gobierno, aunque lo que nos gustaría es que el sistema fuera laico.
Por eso vivimos este bipartidismo asimétrico, en el cual un partido es ya patrimonio de todos por su Historia, el otro intenta serlo con malas artes y el tercero, guardián de esencias, tiende a perderse cuando se enfrenta el sentido común a los nuevos Inquisidores. Existen católicos de misa diaria y católicos del «yo creo en dios pero no en la Iglesia», y eso hace que exista mucho más porcentaje de creyentes dispuestos a ir de las esencias de IU al cristiano de celebraciones (boda-bautizo-comunión-entierro) que podría ser el centro. Mucha gente capaz de dejar de ir a una misa sin remordimiento, o que en las bodas se queda en los bares. Sin embargo, dejar de ir a un culto los domingos es una afrenta al señor para un protestante evangélico. No les va a resultar nada fácil sacarse encima el sectarismo de sus directivos, sus comunicadores y sus hooligans, porque están en una creencia tan ciega que cualquier paso atrás aunque sea para ver en perspectiva se considera un acto de apostasía. Piensa en lo mal que quedan las personas al salir de una secta, la fuerza de voluntad y el apoyo que necesitan. Y mira al Partido Popular. Es para echarse a llorar.
Aunque claro, esto en el fondo son pajas mentales literarias: el sábado un compañero de 21 años (novato, pues, en las elecciones) me comentaba que votaría Partido Popular porque entendía que era mejor poner en Madrid a alguien que se llevara bien con Valcárcel aquí en Murcia. Fue contarle las últimas declaraciones de Rajoy, Losantos y varios coleguillas de esta maravillosa Red para que se echara las manos a la cabeza. Igual de efectivo que leer la biblia para dejar de ser cristiano, oye.
Aunque vistos los resultados en mi Región de Murcia, lo que necesitamos no es Educación para la Cuidadanía solamente, necesitamos una nueva oleada de párrocos y obispos decentes. Traducido quiere decir que la izquierda partidista en esta tierra es tan absurda que es incapaz de ganar a un blanco tan facil como Valcárcel, demagogo de libro al que no le he oído hilvanar una idea en su vida. A veces, aunque uno no sea socialista, dan ganas de afiliarse sólo para poder defenestrar dialécticamente a ese pobre rico servidor público.
03.03.08
Hace algunos años, cuando uno no navegaba principalmente por el mar político de la Red sino por las maravillosas aguas del exterior, di con una persona que consiguió fidelizarme como lector. Nada serio, simplemente diversión y frescura, apuntes diarios de una vida normal. Y lejana en el espacio, que no en el tiempo. Una persona que, por azares, desapareció de la Red pero que, para mi sonrojo y sorpresa, mantiene ese vínculo basado simplemente en habernos leído durante unos meses con cariño.
No sabría decidir con exactitud cómo etiquetar políticamente a esta persona. Siempre he creído que estaba ideológicamente cerca del Partido Popular, pero nunca me ha importado demasiado que fuera más conservador que yo. Tampoco ahora. Porque da gusto leer los puntos de vista ajenos cuando se exponen sin atacarte, sino en positivo. El caso es que he recibido hoy un correo de su parte (que evidentemente edito):
Al final la realidad me ha hecho cambiar el sentido de mi voto. Empezó la campaña y no fue a la pegada de carteles nadie de Ciudadanos. Los de Rosa Diez si aparecieron y la candidata me pareció flojita. [...] no me convenció, pero en fin, de lo que había era lo mejorcito.
De repente me crucé por la calle con un coche naranja, aparecieron carteles por la ciudad y me dije “estos se empiezan a mover”. Luego me llamaron, me dieron un link [...] , he conocido al candidato…me han dado el programa (como me pediste) y oye, que me he convencido. Cojo aire. Me parece un pograma valiente. Sé que no saldrán por [...], pero lo veo más util que el voto en blanco. Además, que por primera vez voy a votar algo que me gusta bastante, asi que si ves en [...] 7 votos a C’s , el mio será uno.
Cuidese caballero, pronto nos vemos por los ciberlares
Hace poco leía en los comentarios de alguna casa de las que visito (lo siento, ese enlace se me ha escapado) a alguien pontificar que nadie se leía realmente los programas electorales de los partidos. Nos hemos acostumbrado a que esos panfletos sean palabras al viento, no ya de incumplimientos de promesas, sino poque su contenido es vacuo de facto. Buenas palabras pero ninguna concreción. Algo que choca profundamente con la extensión física de los mismos. Sin embargo, cuanto más pequeño es el partido más concreto es su programa, más preciso lo que defiende y más claro su ideario. Tres días tardé en terminar de leer a conciencia el programa de C’s. Tres días de sorpresas y de suspiros esperanzados al leer lo que mi sentido común me dice que es él mismo.
Nunca he sido habitante de Equidistán. Estoy francamente enfadado de que el Partido Popular presente a los mismos candidatos que me mintieron esos tres días de marzo. Exactamente los mismos candidatos, con las mismas ideas, las mismas propuestas, las mismas mentiras y la misma prepotencia que han ido desarrollando, en vez de menguarla, durante cuatro años vergonzosos. Deseo con todo mi ser (lo que excluye el alma) que pierdan votos a decenas de miles, centenares de miles, y toquen fondo electoral. En realidad, soy tan malvado que lo que les deseo es que se den cuenta de lo que han hecho y sientan la culpa en su interior, pero eso tal vez sea pedir demasiado.
Tampoco rompo yo con Zapatero. No soy un votante socialista desencantado con el cejas. De hecho, sólo he votado socialista una vez de las dos que he podido, así que no siento que esté fallando a alguien. Hay quien se equivoca al pensa que el PSOE nos usó, a los desencantados del aznarismo, como ariete elecoral: es justo al revés. Nosotros usamos a Z como punta de lanza para romper el rodillo pepero. Z no me ha fallado porque ha ido hasta donde confié que podría ir. Por eso le voté, por eso me alegro de haberlo hecho. Ha intentado conseguir la paz, y se lo agradezco. Ha reconocido legalmente derechos de igualdad sin segregación por motivo de orientación sexual, y se lo agradezco. Ha desarrollado una política exterior propia e ilusionante, en vez de seguir a terceros sin atreverse a criticar sus ideas por seguidismo, y se lo agradezco (aunque no comparta algunas de sus lineas maestras). Ha intentado convertir a los alumnos en cuidadanos contra la clásica reacción, y se lo agradezco. Hasta ahí hemos llegado, amigo Zapatero, pero en el resto del viaje necesito otros compadres que me quieran acompañar.
Decía antes que deseo con todo mi ser una debacle popular este domingo. Pero para que eso se produzca no necesito votar socialista. La falacia de la bifurcación es, en este caso, más falaz. Para que el PP pierda votos debe perderlos, si se me acepta la obviedad. Para que eso se produzca deberíamos leer menos eso de que «el objetivo es desalojar a Zapatero de la Moncloa, lo que tengamos que limar del PP ya lo haremos cuando gobierne», frase reproducida hasta la saciedad en muchos ambientes pero que de sectaria asusta. Cuando la izquierda pide para España otra derecha no lo hace (no siempre) para mantener la tensión del eje viva, sino porque en efecto nos escandaliza no que sus dirigentes pertenezcan a lo más granado del sectarismo conservador eclesiástico, sino que esas pertenencias se dejan notar en la manera en que quieren organizar lo público. Porque no entendemos cómo, si nosotros le dimos la patada a González cuando debimos dársela y no aceptamos al primer monigote que intentó sustituírle, ellos no quieren hacerlo, y manitenen a los responsables de lo peor que hemos visto en nuestra vida política (suerte del que aún no es treintañero). Nos gusta fantasear con escisiones en el partido monolítico que dice que dice lo mismo en toda España pero nadie le cree ya, que cierra bocas de manera autoritaria, que desmiente al disidente, que es rehen en suma de trepas.
Y sin embargo esa misma izquierda se echa las manos a la cabeza ante la fragmentación en sus filas, cuando por esos mismos motivos se ha producido. C’s nace porque la izquierda en España ha perdido el norte en determinados asuntos, porque se ha enquistado en postulados de buenas intenciones dejándose en el camino fundamentos, porque prefiere sentir a pensar, contentar a convencer. Con el PSOE hemos avanzado mucho en esta legislatura en aspectos sociales importantes (que deben desarrollarse en el futuro, como por ejemplo la manca y pobre Ley de Dependencia que simplemente abre un poco una puerta), y corremos objetivamente el riesgo de volver atrás si Rajoy se impone. Pero no me preocupa (tanto) que saque más votos que el PSOE (será extraño, pero no creo que si gana el PP se acabe el mundo: en 4 años podemos darles de nuevo la patada), sino que mantenga todos los que tiene con esas propuestas. Lo que me ronjora es que los liberales decidan apoyar un programa xenófobo y nacionalista, máxime cuando sí hay alternativas.
Hay alternativas. Para los que reniegan del bipartidismo de derechas o de izquierdas. Hay alternativas que, por minoritarias, son más directas y con los pies en el suelo, no tan necesitadas de contentar a demasiados (verdadero problema de los dos grandes). Hay una alternativa laica pero respetuosa con las creencias; que cree en el Estado del Bienestar pero bien gestionado; que cree en las personas y no en los teritorios, pero no impone identidades culturales a nadie; que está orgullosa de la variedad lingüística de su Estado, pero no hace guerra de los idiomas que sabe hablar; que propugna la responsabilidad de cada uno respecto a su cuerpo, pero pretende que todos tengamos elementos de juicio antes de decidir.
Hay alternativa. Se puede votar con ilusión, en positivo. IU existe, UPyD existe, C’s existe. Se puede porque los ciudadanos se han echado al Parlamento a decirles a los políticos que va siendo hora de dejar la lucha (bi)partidista y hacer cosas reales. Se debe porque intentan engañarnos con el significado de la palabra «útil»: ese voto sólo es tal si sirve para transmitir tus ideas políticas en positivo.
Vamos a ser pocos, unos puntos repartidos por la piel de toro, todos levantando la voz y clamando que somos ciudadanos, que tenemos un proyecto real, palpable, de cómo queremos que sea España: liberal y progresista.
Si tú también quieres sentir esa liberación de votar algo que sí te convence, que sí representa lo que racionalmente crees que deben ser las bases de la convivencia, tienes una ocasión inmejorable el domingo. Todavía estás a tiempo de leer este programa y quedarte sin aliento.
¿Te atreves?