El Destino del Iscariote

Lookin' for someone to betray...

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10.05.08

QNTC: Poner fin al chantaje libio

Boletín semanal de Que Nadie Toque a Caín

9 de mayo de 2008: “Es preciso decir basta a la política de la amenaza y del chantaje a las que se han habituado las autoridades libias desde hace mucho tiempo”, ha declarado Sergio D’Elia, secretario de ‘Que Nadie toque a Caín’, a propósito de la nota con la que el gobierno de Trípoli anunció la interrupción de la colaboración en materia de inmigración clandestina.

“Se puede decir lo peor del comportamiento de Carderoli, que me parece a mí más del género de la bufonada propagandística que de la amenaza política seria, pero eso no tiene parangón con el comportamiento de Ghadafi que emplea a los desesperados que salen de las costas libias hacia Italia como carne de cañón y masa de maniobra para desestabilizar nuestro país”.

“El último ejemplo de este comportamiento habitual –recuerda D’Elia- ha sido el de las cinco enfermeras búlgaras y un médico palestino condenados injustamente a la pena capital y puestos en libertad sólo tras siete años de negociaciones en los que Libia ha extorsionado literalmente a la Unión Europea y a Bulgaria, y también a nuestro país, millones de euros en metálico o en forma de ayudas”.

“Es preciso que la Unión Europea e Italia –concluyó D’Elia- reaccionen a la política del chantaje de la dictadura libia con el rigor y firmeza de sus propias convicciones y comportamientos. Sólo así se puede obtener el respeto de parte de un interlocutor poco habituado a respetar principios y reglas del derecho, del diálogo y de la noviolencia en las relaciones internacionales”.

Para saber más: http://www.nessunotocchicaino.it/

Noticias Flash

El Parlamento Europeo aprueba el Informe Cappato sobre Derechos Humanos en el mundo

El parlamento Europeo ha aprobado en Bruselas el Informe de Marco Cappato (Radicales Italianos/ALDE) sobre el respeto a los derechos humanos en el mundo con 533 votos a favor, 63 en contra y 41 abstenciones.

Comentando los resultados de las políticas europeas acerca de derechos humanos, el informe propone declarar el 2010 año europeo de la noviolencia y señala el derecho a la democracia como derecho humano fundamental.

Se insiste también en la importancia de la cláusula de derechos humanos en las relaciones de Europa con países terceros, en la necesidad de una política de inmigración respetuosa con los derechos humanos y el refuerzo de medidas para garantizar la libertad de expresión a partir de Internet.(+info)

Irán: Doce ejecuciones por drogas y violaciones

Un reciente Informe de Amnesty International confirma que la República Islámica está en el segundo puesto del mundo, después de China, por el número de prisioneros ejecutados en 2007. Amnesty registró el año pasado 317 ejecuciones en Irán, en fuerte aumento sobre las 177 de 2006.(+info)

EEUU: El verdugo vuelve a la actividad con una ejecución en Georgia

Un hombre ha sido ajusticiado en Georgia mediante inyección letal, terminando con la moratoria de hecho de ejecuciones en Estados Unidos, que ha durado más de siete meses.(+info)

05.05.08

James Madison, Presidente

Siempre me ha parecido muy curioso que en Estados Unidos se hayan desentendido tan bien de la mochila europea de las batallas del tatarabuelo Cebolleta. Sí, tienen barrios italianos y mafia, pero también chinos y mafia, y nipones y mafia. Sí, hacen desfiles en San Patricio, pero a ver quién le dice que no a una fiesta en la que te vistes de verde, con lo que les gustan los ídem. Es como si al subirse al barco rumbo al nuevo Edén, los colonos se hubieran sometido a una buena sesión de olvido. Allí iban a formar parte de algo. Allí se declararon libres y obraron en consecuencia. Nada de reyes mandando tropas al viejo estilo europeo. Borrón y cuenta nueva, que se dice.

Aunque tenemos mucho en común (los usamericanos hablan una lengua comunitaria después de todo), lo cierto es que ambas sociedades occidentales parecen el producto de un ensayo evolutivo. Un mismo punto de partida, dos visiones distintas: que empiece la carrera. En Europa hemos preferido mantener el romanticismo del pasado, honrar a nuestros antepasados aunque fueran unos salvajes y ser políticamente correctos en todo, con el ideal seguramente platónico (que esa es otra) de que siendo bueno las cosas no salen tan mal. Tras siglos y siglos de guerra de unos contra otros, unos contra unos y dame ahora estas tierras, hemos llegado al siglo XXI, al Estado de Bienestar. Si no miras muy de cerca, todo va relativamente bien. Vivimos en modo comunitario on, somos parte de algo milenario, histórico. Tenemos un ombligo que asusta, pero es que en la escuela aprendemos dos mil años de nuestra Historia, y eso aplasta a cualquiera. Catedrales románicas y góticas se cruzan a tu paso, Gibraltar sigue sin ser español y África empieza (o empezaba) en los Pirineos. La Historia nos persigue en nuestra vida cotidiana. Europa, muchacho, existía antes que tú, y seguirá existiendo después. Europa, muchacho, no es la suma de los europeos, es algo más y más profundo. Contémplala, afortunado tú que has nacido en la cuna de la civilización. Yo lo llamo el pensamiento de campana de cristal, que te deja verlo todo pero no salir de él. Alguna consecuencia negativa debía tener acostumbrarse a la Pax Romana, que te acomodas.

Mientras, en usamérica se dedicaron a quedarse solos, reservando indios y decidiendo cómo vivir. Dado que sus enemigos objetivos no eran los de toda la vida —los gabachos, los jodíos ingleses o los moros del sur— sino la Naturaleza y los pieles rojas, no tuvieron que apelar a su larga Historia (casi siempre medio inventada y con un derecho divino que aparecía de la nada) para querer vivir juntos y ponerlo por escrito. Así, decidieron que cada uno hiciera con su vida lo que quisiese siempre que no fastidiara al resto. Y fueron lo suficientemente inteligentes como para saber que en algunos temas nunca se pondrían de acuerdo, y los sacaron del debate. Adiós guerras de religión, hola primera enmienda .

Así, cada uno ha ido tirando por su lado del Atlántico, separándonos física y socialmente. Ahora parece que en el otro lado del charco pretenden construirse su propia campana: en estas primarias se está hablando mucho de sanidad, de educación y de agenda social a la vista de que un pueblo que no guarda sus valores perece (merecidamente). El haber hecho bien los deberes permite que no necesiten tomar ninguna Bastilla, sino simplemente votar. Votar y cambiar. Aquí siempre hemos sido más de gritar y luego tragar.

Aquella noche de 1789 se plasmó en unas horas la práctica totalidad del modelo de avance social en Europa: revuelta, caos y medio pasito p’alante. Nos han puesto siempre las situaciones límite, pasar hambre hasta la asfixia y entonces, solo entonces, salir a la calle con palos, antorchas o puñales. Como súbditos en vez de ciudadanos, aguantamos hasta lo inaguantable antes de estallar, y al hacerlo siempre salpicaba sangre. Para colmo, el resultado era casi indistinguible del punto de partida, cambiando los nombres del burócrata de turno que decide al final.

Llegó el siglo de las Guerras Ideológicas (en contraposición a las Religiosas), donde Estados Unidos veía una lucha de hombres libres contra totalitarios y Europa veía a Alemania atacar a Francia. Tras esos fiascos de autoafirmación territorial basada en la superioridad, en Europa, al llegar a un punto de (relativa) igualdad, hemos perdido la carga sentimental del nacionalismo y buscamos un marco conceptual que tape las vergüenzas de nuestros constructos estatales sin cimientos. El futuro está aquí en forma de conexión y globalización, y por eso aspiramos a nuestro propio borrón y cuenta nueva.

Como los colonos, los progresistas del siglo XXI y del Viejo Continente tenemos una tarea titánica: fundar. Europa se muere de vieja porque los europeos, ensimismados en su pasado, no se implican con su futuro. Dos mil años de catolicismo nos impiden ser oficialmente irreligiosos, so pena de herir sensibilidades. Quinientos años de reyes nos conminan a ser patriotas bajo riesgo de ser poco español, un mal francés o algo peor. El ciudadano europeo nace con mordazas que acumulan polvo de milenios. Sacudirlas es trabajo de hijos de dioses, y el castigo por no hacerlo es convertirse en un jarrón chino (literalmente) de aquí a nada. Europa, en suma, está mal hecha. No solo Europa, sino seguramente casi todas sus partes por arrastrar bobadas nacionales y demás sensiblerías inútiles (y gratuitas: el sentimiento no es obligatorio) en sus textos fundacionales.

Suelen decir que los izquierdistas somos antiamericanos, cuando lo cierto es que muchas veces solo discrepamos de algunas políticas useñas, que casualmente suelen ser de las que se recubren con la misma materia histórica de los grilletes europeos en su propia y corta versión. Mirando más de cerca vemos que, en realidad, los ideales progresistas e ilustrados deben basarse en el individualismo y el liberalismo de los fundadores, llegando a una defensa radical del derecho del individuo frente a la imposición arbitraria del grupo, pero manteniendo los ojos en la necesidad de una sociedad ética y por tanto humanitaria. No basta con ser una cultura mejor porque las mujeres puedan llevar falda, sino ser una sociedad de personas y para las personas.

Estos días se celebran por aquí las cadenas de la Historia, y viendo el tono de las celebraciones parece que el tiempo no pasa para el ser humano. En 1808 pudo ser valiente, heroico y loable salir con un cuchillo a la calle a rebanar cuellos gabachos invasores. Venían a eliminar la Santa Religión, abusaban de las mujeres y tenían un horrible acento, cosas todas ellas que el pueblo llano no podía soportar, como si el acento de la corte madrileña fuera la repera, la sociedad española no fuera de por sí machista hasta el extremo o la Santa Religión no se comportara como una bruja déspota. Pero se pasaron de rosca al llevarse al rey (un inútil, según parece, pero nuestro inútil), y esa gota colmó el vaso de unos miles de madrileños que defendían su monotonía españolaza de curas y condes. Hubiese sido loable que tras los franceses hubiesen caído algunos de esos en un 14 de Julio cañí, en vez de lo que vino después y después y hasta hoy. Pero no fue así, y en lugar de sentir verdadera pena por el tren histórico que perdimos por borregos lo celebramos como el concentrado de nuestra identidad nacional. Preferiría ser estadounidense, oigan.

Porque por esos lares, en 1808, elegían a James Madison como Presidente en unas elecciones (y su mandato tiene miga). No hay color.

Con esta entrada inauguro mi colaboración en HispaLibertas. Lo bueno de mi nombre y apellido es que son ferozmente corrientes…

25.04.08

Debate de ideas

Dice José Antonio Zarzalejos que la izquierda también lo necesita. Llega tarde, ya hemos empezado. Y sin pegarnos ni apuñalarnos. Aprendan.

31.03.08

Fundamentalismos

Me acerqué a la parte de delante de la Iglesia, con todos los jóvenes y medianamente nuevos. Era uno de mis primeros cultos, y la suerte quiso que asistiera a una reunión de iglesias locales permitiendo que conociera a amigos y allegados de mis amigos y allegados. Bailábamos, danzábamos y cantábamos con alegría, como los Salmos nos animan a adorar a dios. Pensábamos en algo más grande. Por eso, cuando se suponía que debíamos sentir a dios, muchos lo sentimos. Incluso quisimos creer que un soplo divino nos arrastraba y nos tumbaba con su poder, y caíamos al suelo como caían todos los de alrededor.

Personalmente, me faltó fe y no conseguí mi bautismo de fuego. Ni conseguí hablar en lenguas ni tener visiones o sueños, pero sí conocí a quien, con una sinceridad incuestionable, me contaba cómo había estado paseando por el infierno abrasador, cómo había visitado el cielo mientas le decían que aún no era su momento, cómo había previsto que la ciudad de sus padres ardería en un avivamiento para dios que sería la envidia de las demás iglesias.

Me reconozco bastante radical en muchos aspectos. Uno de ellos es la fe: soy incapaz de entender que alguien crea en un ser divino superior y no supedite todo lo demás a esa creencia. Una de las razones de mi ateísmo, supongo.

Una de las cosas que más me gustan de la época en que me ha tocado vivir es que tengo total libertad para cuestionarme el pasado, el presente y el futuro. Puedo ser crítico con las convenciones sociales establecidas sin tener que sentir necesariamente temor por mi integridad. Una de las cosas que menos me gustan de la época en que me ha tocado vivir es que el eterno retorno de los problemas nos parece dejar desmemoriados e indefensos. Cuando viejísimos problemas se presentan de nuevo no sabemos qué hacer.

El ser humano tiene un problema de perspectiva: cree que 1000 años son muchos, porque en 1000 años pasan muchas cosas. Cree, por tanto, que lo ocurrido hace 1000 años es tan remoto que es irrelevante, cuando un milenio es un suspiro. Hace diez siglos, en Europa campaba a sus anchas la irracionalidad, y no tenemos ninguna garantía de que eso no vuelva a ocurrir en el futuro. Nadie nos puede asegurar que el oasis de racionalismo que se inició hace tan poco tiempo no se convierta, con la Historia, en una anomalía. Cuando se dice con orgullo que el humano es un ser animal y racional se exagera: hay seres humanos que son animales racionales, hay seres humanos que son animales pensantes.

Resumiendo quizás muy ingenuamente, Europa no se libró de la barbarie por miedo a sus consecuencias,. El fundamentalismo religioso salió de nuestra política no porque las masas sociales reclamaran su libertad de culto o falta del mismo, sino porque los dirigentes civiles vieron peligrar su poderío de manos de dirigentes religiosos. En un encaje de bolillos histórico, sacaron a los hombres de fe del poder total y los desterraron a un escalón inferior en forma de ministerio, de cortesano, de influencia. La religión se transmutó desde el pilar que sustentaba la sociedad hasta una pata más en la mesa de la conviviencia. Una más, una que necesitaba de las otras. Entonces llegaron los fundamentalismos políticos y las guerras de religion antiguas contra el mal espiritual se tradujeron en guerras mundiales contra el mal objetivo.

Como reacción, quizás inconsciente, vivimos en un periodo de permanente desideología en Occidente. Hemos alcanzado el Olimpo de qué queremos con la existencia de las democracias humanistas (o repúblicas liberales), que permiten controlar y acotar las ideologías impidiendo su desviación excesiva. Hemos separado efectivamente Estado y religión, de manera que aún contra críticas somos capaces de llegar a acuerdos de conviviencia en asuntos peliagudos para el creyente. Hemos, en definitiva, separado al disidente y al pecador del criminal.

Sin embargo, si la visión de la racionalidad occidental como una isla histórica perecedera es terriblemente posible, no es menos terrible ni menos real el hecho de que esa racionalidad occidental es de hecho una isla geográfica en sí misma en medio del mundo de fundamentalismos. Hemos corrido una carrera de 1000 años, sin darnos cuenta de que el resto de la Humanidad ni siquiera sabía que existía ese deporte. El resultado es aterrador: mientras tratamos de mantener nuestro nivel de vida, nuestras libertades, nuestra ideosincrasia permisiva producto de demasiado dolor propio no nos damos cuenta de que, en efecto, parecemos más una anomalía regional que el resultado lógico de la evolución social.

La mejor de las intenciones podría llevarnos a pensar que el camino recorrido es modelo para los demás, que simplemente mirando nuestra evolución todos podrán salir de la espiral de destrucción humana que suponen los fundamentalismos, cometiendo un error de tamaño catastrófico. Porque al contrario que en nuestra situación, los líderes del terror actual no acosan a los poderes terrenales de sus lugares de origen sino que los complementan en su odio común al enemigo declarado. Hay, tienen esa suerte, un adversario formidable que eclipsa cualquier tipo de crítica de las que han permitido nuestra secularización: ese adversario es precisamente nuestra secularización. Cuando en Europa nos cansamos de tener hambre y sed de justicia, nos dio igual tener que pasar por encima de reyes, de clérigos y de cuantos se empeñaran en confiscar nuestro alimento. Pero cuando la fe está por encima del estómago no hay escasez que valga en la guerra contra el infiel.

Nuestra generación tiene una difícil tarea, si es que quiere realizarla. Por un lado, profundizar en lo que nos hace mejores, esto es, invertir en democracia humanista, en participación, en defensa efectiva del derecho. Por otro, como en un revival medieval, hacer frente a los fundamentalismos que nos amenazan. Las viejas armas no sirven pues son las mismas armas que usan los bárbaros y nosotros mismos decidimos renunciar a ellas para ser lo que somos. No tenemos forma de vencer al fundamentalismo si no es desde la convicción de que debe y puede ser vencido, y aún así es complejo ver cómo se puede convencer con argumentos brillantes a quienes no van a escucharlos por simples principios religiosos en contra.

Dicen que pesimista es como llama al realista el optimista. Cuando la inmensa mayoría de tu propia raza prefiere llamar criminal al disidente o al pecador y pretende castigarlo por su manera de pensar, cuando nuestro recurso más eficaz (y casi único) es dejar de ser lo que somos para barbarizarnos y tener alguna posibilidad de sobrevivir (contradictoriamente, pues lo superviviente ya no somos nosotros) realismo y pesimismo van de la mano. Creer ciegamente es tan sencillo que es posible que evolutivamente los que no somos capaces de ello estemos destinados a desaparecer. Pero en ese caso la raza humana se convertirá en algo que, perdonen la sinceridad, sí merecerá ser extinguido.

Tiempos sombríos nos han tocado vivir. Tiempos de tensiones que seguramente se desatarán ante nuestros ojos. Es hora de decidir si somos raman o varelse.