El Destino del Iscariote

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19.08.07

Tataranieto de prostituta

Queridos hermanos, debéis perdonarme por el impetuoso título que acompaña hoy nuestra Misa de Domingo, pero una verdad es una verdad aunque duela. Los caminos del Señor son inexcrutables, y a veces hacen daño.

Hoy, en nuestra reunión semanal, vamos a disertar sobre la genealogía de nuestro Señor Jesús. Es un hecho ya conocido que la genealogía de Cristo aparece en los evangelios. Aunque existan pequeñas diferencias en nombres y cantidad de antepasados, tenemos la suerte de que ambas coincidan en el punto importante que consideraremos hoy.

Amados, abran sus Bibias por el Evangelio según Lucas, capítulo 3, versículos 23 al 38. Nos fijamos sobre todo en en 32. Nos da una parte de la línea sucesoria en la genealogía de nuestro Señor: Naasón engendró a Salmón, éste a Booz, éste a Obed, éste a Isaí y éste al maravilloso rey David del que hablamos el otro día.

Ahora muévanse por la Santa Palabra hasta el Evangelio según Mateo, capítulo 1, versículos desde el 1 hasta el 17. Y detenemos nuestra vista en los versículos 4, 5 y 6. Confirman a Lucas, y añaden valiosa información sobre la parte femenina en el arte de la procreación. Así, Booz engendró de Ruth a Obed, por ejemplo. Pero en nuestro caso, lo importante es que Salmón engendró a Booz de Rahab.

La historia de Booz y Ruth se puede encontrar fácilmente pues basta con acudir al libro llamado como la esposa, que se encuentra en la Palabra de Dios. La historia de Rahab está más escondida. Y el propósito de estas Misas de Domingo es precisamente mostrar esas historias escondidas. A ello vamos.

Rahab era una ramera de Jericó. No lo digo yo, lo dice el Señor en su Palabra (Josué 2,1):

…Y ellos fueron, y entraron en casa de una ramera que se llamaba Rahab, y posaron allí.

Contextualicemos la historia. El ejército de Israel está a punto de comenzar la conquista de la Tierra Prometida (porque la promesa divina no tiene validez inmobiliaria y se hace necesaria la toma por la fuerza humana). Han pasado el Jordán, Moisés acaba de morir (si bien Dios le permitió ver la Tierra Prometida, no le dejó entrar porque golpeó muy flojo a una roca… pero eso, otro Domingo) y Josué los dirige. Este nuevo dirigente envía dos espías a la cuidad de Jericó (los malvados científicos dicen que Jericó, en esa época, era un poblado de pastores sin muralla ni nada, pero ellos no tienen Fe) para calcular las defensas de la ciudad.

En esta situación, Rahab, la ramera, acoge en su casa a estos dos enviados y miente a su pueblo al decirle a su Rey que no sabía dónde estaban los espías. Este episodio se describe en el capítulo 2 de este libro de Josué.

Corrección: Rahab era una ramera mentirosa.

Una vez se libra de las preguntas de su Rey, Rahab hace prometer a sus dos protegidos que cuando el ejército de Israel invada Jericó, deben tener misericordia de su casa, su familia y sus bienes. Aunque suponga que todos los demás de la cuidad mueran. Curiosamente, la señal que debe marcar su casa para protegerla es una marca roja sobre el dintel de su puerta, signo que en el pasado salvó a los primogénitos de Israel cuando el Ángel de Yahveh pasó por Egipto asesinando inocentes.

Corrección: Rahab era una ramera mentirosa y una egoísta cómplice de asesinato.

Una vez aprendido ésto, veamos las consecuencias de las acciones de Rahab. Nos trasladamos al capítulo 6 del mismo libro de Josué. Este capítulo nos muestra la consabida historia de las murallas de Jericó, derrumbadas a toque de trompetas. Pero añade detalles que tal vez alguien desconozca:

…Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas y los asnos…

…Y consumieron con fuego la ciudad, y todo lo que en ella había; solamente pusieron en el tesoro de la casa de Yahveh la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro. Mas Josué salvó la vida a Rahab la ramera, y a la casa de su padre, a sus hermanos y a todo lo que ella tenía; y habitó ella entre los israelitas hasta hoy, por cuanto escondió a los mensajeros que Josué había enviado a reconocer Jericó…

Gloria al Señor, que desde entonces contó con mucho más oro y plata en su tesoro y con menos infieles en la Tierra.

Gloria al Señor, que sabe llamar en su palabra ramera a la ramera. En realidad, a la ramera mentirosa y egoísta traidora, cómplice de múltiples asesinatos.

Y esa es la antepasada de nuestro señor Jesús. Otro Domingo les cuento en base a qué otro ascendiente de Jesús éste tiene prohibida la entrada al Templo del Señor según su propia Ley.

Quizá me quedé corto en el título.

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